Titulo: Algo en Comun

Clasificación : PG

 

Cometarios: Esta pareja no me gusta demasiado, demasiado Gryffindor para mí, aun así lo escribí porque Earwen me lo pidió. Bueno, para ti, y para tod@s los que gustéis leerla. Agradeceré reviews.


 

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La respiración de Harry se aceleró, pequeñas gotas de sudor se deslizaban por su frente cuando sus ojos se abrieron súbitamente.

-          ¡NO! – gritó. Una pesadilla había quebrado su sueño, pero esta no era una pesadilla cualquiera, era la misma que lo atormentaba cada noche desde hacía meses, en la que  veía a Sirius cayendo tras el velo del ministerio de magia.

-          ¡Despierta Harry! Ya pasó, ¿si? Tranquilo, ya pasó – dijo Remus abrazándolo y acariciándole el pelo. El licántropo había asumido la tutela del muchacho tras la muerte de Sirius y la renuncia de los Dursley y lo había llevado a vivir con él. Ahora, como cada noche desde aquel fatídico día, una masa llorosa, que era lo que era Harry cuando tenía aquellas pesadillas, se movía entre sus brazos.

-          Lo siento Remus. Te desperté- fue lo único que acertó a decir Harry.

-          No importa – dijo mientras lo abrazaba.

-          No me dejes. Quédate conmigo.-  Harry no sabía porque, bueno no quería aceptar porqué pero aquellos ojos dorados le daban paz.

-          Tranquilo, no te dejaré. Ahora duerme pequeño.

*             *             *

Harry despertó abrazado a Remus. Estaban en una posición un poco incomoda en la pequeña cama. Aun así el hombre se veía hermoso, la piel pálida absorbía la tenue luz que entraba por la ventana y el cabello yacía desparramado por la almohada. Harry sacudió la cabeza intentando sacar aquellos pensamientos de la misma. Aquel movimiento despertó al hombre.

-          Buenos días Harry – dijo con una voz tan dulce como el chocolate que repartía.

-          Buenos días Remus – le contestó el muchacho – l siento, anoche hice que te quedaras a dormir aquí.

-          No importa – dijo mientras se incorporaba – lo que importa es que pudieras dormir. Pero hay algo que me preocupa.... tus pesadillas, creo que tendrían que ir remitiendo y no lo hacen.

-          Mi “psicólogo” dice que es solo cuestión de tiempo – Harry iba a un “psicólogo” desde la muerte de Sirius. Aunque el se refería a él así, por motivos de seguridad (el niño-que-vivió no podía ir contándole sus pintos débiles a cualquiera con Voldemort en un punto máximo de destrucción) su “psicólogo” no era otro que Severus Snape. Al principio Harry se mostró reticente a hablar con él, pero poco a poco, el hombre había conseguido que dejara de ver al “asqueroso grasiento profesor de pociones” y viera a alguien con el que podía hablar abiertamente.

-          Supongo aquí hay heridas que tardan en curar.

-          Supongo.

-          Vamos a desayunar. Tenemos que ir a Snape Manor.

*             *             *

Harry estaba reclinado sobre un diván. Snape había conjurado algo de música clásica y había corrido las persianas para hacer el ambiente lo más relajado posible.

-          Bueno Harry – comenzó a hablar Snape – cuéntame ¿cómo te sientes?

-          No sé, confuso.

-          ¿Y eso?

-          Yo estoy bien, pero estoy preocupado por Remus.

-          ¿Por Lupin? ¿Y eso?

-          No lo dejo dormir por las noches por culpa de mis pesadillas. Cuando me despierto a media noche es él el que viene a calmarme y luego no quiero que se vaya, lo obligo a quedarse conmigo y no creo que esa falta de sueño le haga bien.

-          Bueno, él ya no sufre transformaciones

-          Pero aun sufre el influjo lunar y lo altera...

-          Tienes razón. Pero sigamos hablando de ti. ¿Por qué no quieres que Remus se vaya?

-          Porque con él me siento protegido. Cuando él está conmigo no tengo pesadillas.

-          ¿a que se debe eso?

-          No lo sé.

-          ¿En serio? Harry, yo creo que si lo sabes. Sólo tienes que dejar que tus sentimientos fluyan.

-          No entiendo.

-          Vamos Harry, claro que entiendes. ¿Sabes? Creo que estas curado, aun así puedes venir a hablar conmigo lo que quieras. Sólo necesitas poner en orden tu cabeza y ahí nadie puede ayudarte. Quizás necesites estar un ratito a solas. Te dejo aquí ¿está bien? Quédate el tiempo que consideres oportuno. Llámame si necesitas algo.

Severus salió de la habitación dejando a un muy confundido joven sobre el diván.

*             *             *

-          ¿Qué tal te fue? – preguntó Remus mientras le servia el almuerzo.

-          Mejor de lo que esperaba. Snape dice que estoy curado. Que solo necesito poner en orden mi cabeza.

-          ¿Y por qué sigues con tus pesadillas?

-          No

-          Bueno, él es el experto ¿no crees? Y si él piensa que estas curado eso es realmente fantástico. por cierto, ¿no tienes deberes que hacer?

-          Sí, un ensayo de pociones y otro de transformaciones.

-          Ya tienes ocupación para esta tarde, y quiero revisaremos cuando termines.

-          Pero  Remus, es sábado...

-          Tienes que hacerlos, después buscaremos algo entretenido con lo que matar el tiempo.

-          Está bien – dijo Harry mientras tomaba un trozo de su filete.

*             *             *

-          El de transformaciones está bastante bien – dijo Remus apartando el último de los pergaminos de Harry- aunque deberías esforzarte más en pociones.

-          Hago lo que puedo, no acabo de entenderlo.

-          Bueno, vamos a rehacerlo entre los dos. En la biblioteca 

-          ¡¡ Menudo plan para un sábado!!

-          No te quejes. Mañana podemos ir al cine si quieres.

Después de cenar, Harry y Remus pasaron horas entre libros, haciendo un ensayo. Después Harry lo pasó a limpio y sin darse cuenta de cómo, se durmió sobre el papel. Remus lo tomó en sus brazos y lo deposito suavemente en la cama. Harry aspiró el aroma del hombre y por primera vez en mucho tiempo no tuvo pesadillas sino un dulce y placentero sueño.

*             *             *

Harry despertó temprano el lunes y se duchó. Preparó las cosas para el día, bajo a la cocida y preparó el desayuno.

-          Buenos días.

-          Buenos días Harry . deberías darte prisa, el traslador se activará en cinco minutos. – dijo mientras le echaba un vistazo a su reloj.

-          Ya casi he terminado. – contestó mientras bebía su vaso de leche.

Y es que Harry estaba teniendo un sexto curso un tanto peculiar. A principio de curso se había trasladado, como todos los años, a Hogwarts pero el chico se encontró tan abatido que no comía ni dormía  así que Dumbledore se las arregló para que fuera a vivir con Remus, porque la presencia de este relajaba al Gryffindor, y cada mañana aparecía mediante trslador en la cabaña de Hagrid que lo acompañaba al colegio y cada día después de clase se producía el mismo proceso a la inversa.

-          Bueno, me voy – dijo el ojiverde poniéndose de pie – hasta la tarde, Remus.

-          Que tengas un buen día. Harry

-          Igualmente – contestó mientras agarraba la bola de cristal que hacía de traslador y sintió como algo le tiraba del ombligo.

-          Bueno días Harry – dijo Hagrid tan pronto como el muchacho apareció en su cabaña - ¿qué tal el fin de semana?

-          Buenos días Hagrid. No estuvo mal, ayer fui al cine con Remus y comimos fuera y el sábado no tuve pesadillas, aunque yo penso que es porque estaba realmente agotado ¿Y tú?

-          Bien – dijo mientras iniciaba el camino hacía Hogwarrts – es genial que no tuvieras pesadillas.

-          Supongo.

En la puerta del colegio Ron estaba esperándolos.

-          Hola.

-          Hola Ron.

-          Por fin me atreví

-          Perdona,  no te entiendo – dijo Harry mientras lo miraba con cara extrañada.

-          El sábado por din le pedí a Hermione que fuera mi novia y aceptó

-          ¡Eso es magnifico! ¿Dónde está ahora?

-          Fue a la  biblioteca. A consultar algo para la clase. Ya sabes como es...

-          Sí – sonrió el moreno- me alegro un montón por vosotros.

-          Lo sé. Ahora solo falta que encuentres tú a alguien que ocupe ese – dijo señalando el pecho de Harry – corazoncito.

-          Quizás haya alguien.

-          ¿Sí? ¿quién? ¿Lo conozco?

-          No importa, jamas me atreveré a pedírselo.

-          No seas bobo. Atrévete. Nadie rechazará al niño-que-vivió.

-          Es que aun no estoy muy seguro.

-          B uno, si necesitas hablar aquí me tienes aunque no sea “psicólogo” – esta última palabra la dijo con gran sarcasmo.

-          De acuerdo – sonrió. Y mientras avanzaba hacía las mazmorras, miles de ilusiones se dibujaron en su mente haciéndolo feliz.

Llegaron a Pociones y se sentaron. Pocos minutos después empezaron a llegar el resto de estudiantes. Harry le dio su enhorabuena a Hermione, pero en ese momento llegó Snape y no pudieron seguir hablando. Aquel día tenían que preparar un filtro amoroso que, aunque Snape dijera que era una poción inútil porque además de prohibida no merecía la pena preparar, era de una gran dificultad lo cual les ayudaría para preparar las pociones que tenían planeadas para después... la crecehuesos, el verisaterum y la matalobos. Cuando esta palabra salió de los labios de Snape, Harry no pudo más que sonreír.

Después de pociones Harry decidió que no le apetecía ir a Adivinación. Trewlany  seguía vaticinando su muerte, cada vez de una forma más dolorosa que la anterior y si faltaba seguramente dijera que era por una mancha en su aura o algo así, definitivamente no le apetecía escuchar aquel tipo de tonterías.

Fue caminando hasta el lago, Snape le había dicho que necesitaba poner en orden sus pensamientos y seguro que un lugar tan bello como aquel  ayudaría en gran medida a eso. Se tumbó sobre la hierba fresca y miró extasiado al cielo....

No sabía cuanto tiempo llevaba allí cuando escuchó alboroto.

-          Ya veo que esta aquí señor Potter  - dijo Mcgonaggal cuando estuvo a su lado – toda la  escuela está buscándolo.

-          Solo me ausente una hora, no creo que sea para tanto.

-          ¿Una hora? Quizás ese fuera su plan inicial pero lleva toda la mañana perdido. Nos asustamos cuando no vino a comer.

-          Yo... lo siento.- titubeo Harry- necesitaba poner mis pensamientos en orden.

-          ¿Lo consiguió?

-          ¿El qué?

-          Poner sus pensamientos en orden.

-          Sí, ya sé lo que siento. De eso estoy seguro – dijo mientras esbozaba una leve sonrisa – y no sé, quizás eso me ayude.

-          Bueno, me alegro por eso, pero como comprenderá no podemos dejar esta situación sin castigo. Veinte puntos serán retirados de Gryffindor, tendrá que cumplir una retención a primera hora de la tarde en su tiempo de descanso, creo que hoy está libre el profesor Snape e informaremos a su tutor.

-          Esta bien. – Harry observó como Mcgonaggal rellanaba el parte de su retención y se lo daba para que se lo entregara a Snape. Después miró su reloj y pidiendo permiso a la profesora se marchó en dirección de las mazmorras.

Cuando llegó al despacho del profesor de pociones dio dos golpes secos en la madera.

-          Adelante- dijeron desde dentro - ¿Qué sucede Harry? – como única respuesta el muchacho le extendió el papel de Mcgonaggal – Ya veo. ¿Cómo se te ocurre? ¿Por qué hiciste eso?

-          Seguí su consejo. Necesitaba poner en orden mis pensamientos.

-          Bien, no me parece el momento idóneo pero seguro aquí es el único lugar donde puedes encontrar algo de soledad. ¿Comiste algo?

-          No.

-          Bien, le pediré a los elfos que te traigan algo y hablaremos. Creo que esta retención te será útil. – Snape salió por una puerta lateral y volvió pocos minutos después con una bandeja con un par de sándwichs y un vaso de zumo de calabaza – Come.

Harry cogió la bandeja y prácticamente devoró la comida. No la había notado pero estaba hambriento. Tanto como no lo había estado en mucho tiempo, quizás Snape tuviera razón y estuviera ya curado.

-          Bien Harry, ¿conseguiste poner en orden tus sentimientos?

-          Sí – murmuró

-          ¿Y?

-          ¿No esperara que se los detalle?

-          Pues eso es precisamente lo que estoy esperando. Sabes que cualquier cosa que digas no va a salir nunca de estas paredes.

-          Ya, pero...

-          ¿Necesitas ayuda?

-          Quizás.

-          Bueno, vamos a ver. Lo primero, hablemos de Black, perdón de Sirius. ¿Qué sientes ahora con respecto a él y a su muerte?

-          Sirius fue la única figura más o menos paternal que tuve y eso no cambiará y bueno, sé que no debí ir al Ministerio de Magia aquella noche, pero no fue mi culpa que él muriera ¿no? Quiero decir, yo cometí un error pero no lo empuje tras el velo, eso es culpa de Lestrange.

-          Bien, ¿y con respecto a Bellatrix?

-          Aun sigo queriendo venganza, pero no la pienso asesinar con mis manos.

-          Eso es un gran progreso. ¿Y tus sentimientos?

-          ¿Cómo?

-          Harry, sé que amas a alguien, llevo meses escuchándote hablar y se que cuando hablas de Lupin se te ilumina la cara y no es por amistad o agradecimiento, es por AMOR , ¿me equivoco?

-          ¿Cómo lo supo?

-          Tus ojos no mienten, son como los...

-          Sí, ya se, como los de mi madre. Pero aunque yo quiera a Remus, eso no esta bien, no es correcto.

-          ¿Por qué?

-          Bueno, él amaba a Sirius y además es mi tutor.

-          ¿Y?

-          Y que le he estado mintiendo, joder. Cada noche después de mis pesadillas, lo hacía estar conmigo, no sólo para que me calmara sino porque me encanta poder respirar su aroma y observarlo. Porque cuando lo abrazo mientras duermo, sueño que comparte mis sentimientos

-          ¿Por qué no hablas con él?

-          Porque estoy seguro de que me rechazara

-          Eso no lo sabrás hasta que no se lo preguntes.

*             *             *

Harry estuvo pensativo todo el día, y los día siguientes, cuando llegaba a la casa, se encerraba en su cuarto para hacer los deberes y sólo salía para cenar. Esta actitud preocupó al licántropo. Una noche, la quinta noche desde aquel día, entró al dormitorio de Harry.

-          Tenemos que hablar, Harry

-          Dime

-          ¿Qué pasa? Antes no estabas así, antes hablabas y salías, no crees que has vuelto atrás.

-          No, sólo que... olvídalo

-          ¿Qué?

-          Que te amo – dijo lanzándose a los labios del hombre y besándolo levemente en los mismos.

El sorprendido hombre quedó en shock por unos momentos y después lo apartó.

-          Lo siento, Rem, no puedo controlar lo que siento.

-          Seguro que estas confundido, nunca has tenido a nadie que te cuide y bueno, confundes el cariño con el amor.

-          No soy tan bobo como para confundir eso.

-          Y has salido con chicas.

-          Solo por no diferenciarme del resto. Pero no he sentido nada. Hace tiempo que asumí que era gay.

-          Pero... PODRÍA SER TU PADRE.

-          Pero no lo eres.

Remus salió de la habitación. Aquella  actitud dejó al muchacho perplejo. Él estaba en lo cierto, no tendría que haberse arriesgado. Desolado lloró y lloró durante largas horas. Ya de madrugada, empaquetó sus cosas y las redujo y escribió una nota para Remus, diciéndole que se iba a quedar en Hogwarts desde la mañana siguiente.

*             *             *

-          Entonces dices que quieres volver a tener un curso normal – dijo Dumbledore a la mañana siguiente.

-          Sí.

-          ¿Y eso?

-          Bueno, ya no tengo pesadillas, creo que no hay motivo de seguir con un trato diferente

-          ¿Y lo sabe Remus?

-          Le dejé una nota. No creo que quiera verme en un tiempo. Anoche discutimos.

-          ¿Tiene eso algo que ver con tu decisión de volver?

-          Puede.

-          ¿Sabes que si te reincorporas ahora, ya no podrás salir nada mas que los fines de semana autorizados?

-          Sí.

-          ¿Aun así quieres seguir con esto?

-          Sí.

-          Pues bienvenido a Hogwarts de nuevo.

*             *             *

Remus estaba confundido. Había pasado una semana desde que se encontró la nota de Harry diciéndole que se quedaría en Hogwarts. Por otro lado, la lechuza diaria que le mandaba Severus decía que el chico estaba bien, tal vez nostálgico en algunas ocasiones.

Aquella mañana, lluviosa como la mayoría de las mañanas de febrero, decidió que no podía seguir así. Trasplanó hasta el cementerio y fue a la tumba de su difunto amante.

-          Siri, ¿qué hago? No te olvido, no te olvidaré jamas, pero no puedo negar que siento algo por Harry. Y... ¿traicionaré tu memoria si lo intento? ¿Traicionaré a James o a Lily? Joder, como le dije, podría ser su padre... no creo que sea lo que necesite. Pero... sus abrazos, está tan falto de cariño... ¿Qué hago? – como única respuesta, la foto sobre la tumba le guiñó un ojo - ¿Siempre lo solucionas todo así?

*             *             *

Remus tomaba un chocolate caliente frente al fuego. La tormenta afuera era terrible. Había grandes rayos y truenos. Su mente hizo que se acordará de que Harry tenía miedo a las tormentas. Su vida sin Harry no era nada, pero temía hacerle daño. Tomó otro sorbo de chocolate. Tomó su varita y trasplanó hasta los limites de Hogwarts.

El agua lo calaba hasta los huesos mientras caminaba hacía el castillo. Abrió las pesadas puertas y...

-          ¿Moony?

- ¿Harry? ¿Qué haces  fuera de la cama a estas horas y debajo de la capa de invisibilidad de tu

padre?

-          Paseaba. Y tú, ¿qué haces aquí?

-          Solo vine a decirte que te quiero.

-          ¿Qué?

-          Que comparto lo que sientes. Lo siento, pensaba que traicionaría a tus padres si tenía una relación contigo.

El chico abrazo al licántropo con todas sus fuerzas. La capa de invisibilidad cayó hasta los pies.

-          Te estoy mojando. Pillaras un resfriado.

-          Pues esa será nuestra primera cosa en común – dijo mientras lo besaba

Mientras, al otro lado del pasillo una figura negra sonreía.

- Al fin será feliz Potter.

 

 

FIN

 

 

 

 

 

 

 

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