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Era una noche caliente y pesada, como habían sido la mayoría de
los días de ese inclemente verano. Pero ese día no era como cualquier otro y
cualquier vecino que hubiera estado observando el lugar, se hubiera sentido muy
extrañado ante el inusual revuelo de aves frente a una de las ventanas del piso
superior del N° 4 de Privet Drive, sobre todo por el hecho de que no se trataba
de palomas o cualquier otro tipo de ave propia de la región, sino lechuzas
Una lechuza blanca se adelantó a las demás y tocó el cristal de la ventana con
su pico. Se trataba de Hedwig, la lechuza de Harry. Llevaba una carta de un
bonito azul celeste atada a su pequeña pata.
Harry se percató del ruido que provenía de la ventana y se acercó sigilosamente
y observó a cuatro lechuzas que ululaban suavemente para llamar su atención. Se
trataba de las lechuzas de Ron, Hermione, otra del colegio que solía utilizar
Hagrid y la suya propia.
Abrió la ventana para dar paso a los impacientes animales que entraron de
inmediato con un pequeño estruendo de plumas batiendo y chillidos, para irse a
posar sobre la cómoda de Harry.
Harry observó los bultos de diferentes tamaños que los animales llevaban atados
en sus patas y sonrió inconscientemente, inundado de repentina alegría. Decidió
abrir primero los paquetes enviados por sus amigos, encontrando dentro sus
regalos de cumpleaños. El paquete de Ron incluía una camiseta de su equipo
preferido de Quidditch, los Chudley Cannon y el habitual pastel de la señora
Weasley, mientras que Hermione le regaló un ‘Set Completo de Utensilios de
Urgencia Para un Buen Auror. Seguidamente abrió el regalo de Hagrid,
encontrándose con un libro con los animales más extraños que jamás se hubiera
imaginado. Además tampoco faltaron sus habituales dulces que aunque estaban
fabricados con mucho amor, realmente eran incomibles.
Impaciente por leer el contenido de la última carta, guardó a toda prisa sus
presentes dentro de su baúl y se dirigió directamente a Hedwig. Sabía quien le
había escrito esa carta, no podía ser otro que Remus, el licántropo amigo de sus
padres y Sirius, y su amor, y su novio desde la última Navidad. Rápidamente
comenzó a abrir la carta, encontrándose dentro una pequeña nota y otro sobre.
Comenzó a leer la nota que decía:
Harry,
¡Feliz cumpleaños!
Estoy deseando verte para darte tu regalo.
Tendrás que esperar apenas unos días, pero en el otro sobre te anexo un
adelanto.
No se te ocurra abrirlo antes de la una de la madrugada.
Remus
Sorprendido por la escueta y fría nota, Harry encogió los hombros mientras
miraba su reloj y comprobaba que apenas quedaban quince minutos para poder abrir
el segundo sobre. Mientras llegaba el tiempo decidió echar un vistazo al libro
que le había regalado Hermione.
El libro le sirvió de poco. No podía quitarse de la cabeza la imagen del gentil
hombre de pelo castaño y ojos ámbar que le había robado el corazón hacía unos
meses. Si no hubiera sido por él, jamás hubiera superado la muerte de Sirius y
habría enloquecido a causa del odio que le nació contra Bellatrix Lestrange, la
maldita asesina que la había quitado al único padre que había conocido en su
vida.
Los minutos pasaron más rápido de lo que Harry esperaba y dio la una de la
madrugada. Volviendo a dejar el libro en el baúl, el Gryffindor alcanzó el sobre
y lo abrió mientras un tirón conocido por él lo jalaba desde el estómago
haciendo que Harry cayera en cuenta que Remus le había preparado un traslador
para darle una sorpresa y lo había conseguido.
Harry aterrizó en el suelo. Extrañándose de que hubiera tierra debajo de él, se
levantó rápidamente muy asustado, creyendo que había caído en una trampa, pero
su sorpresa fue aún mayor cuando levantó la vista y vio lo que había frente a
si. No se dio cuenta que un par de ojos ámbar lo vigilaban desde los pies de una
palmera.
Estaba enfrente del mar; éste tenía un suave color verde-azulado y en ese justo
momento le pareció que se encontraba delante del paisaje más maravilloso que
nunca en su vida se había siquiera imaginado. Las olas del mar danzaban
suavemente en el océano hasta que rompían al llegar a la orilla de la playa
mientras que a lo lejos podía ver a los barcos de pescadores navegar muy cerca
del faro que los alumbraba. Respiro con los brazos abiertos varias veces pues un
maravilloso olor inundaba sus fosas nasales, mientras sus pulmones se abrían
para recibir de lleno ese aire tan puro que sólo se puede respirar en un paraíso
como el mar.
Avanzó lentamente hacia la orilla pues deseaba tocar el húmedo líquido que
enviaba tanta fuerza a sus sentidos y mientras lo lograba podía ver a pequeños
peces nadar en el fondo.
Cuando estaba inmerso en si mismo, contemplando a los peces, dos fuertes brazos
agarraron su estrecha cintura e hicieron que se sobresaltara. Reponiéndose de la
primera impresión, Harry reconoció a Remus con ese simple tacto y apoyó su
cabeza sobre su hombro mientras sus labios buscaban ansiosos a los labios del
ser que le había dado tan maravilloso regalo. Éstos no tardaron en responderle,
comenzando una pequeña batalla por dominar en la boca del otro mientras que sus
manos viajaban a través de sus cuerpos. Remus se separó lentamente regalándole
una de sus bonitas sonrisas y comenzó a hablar.
-Feliz cumpleaños, amor- le felicitó mientrras acariciaba su mejilla suavemente-.
Estaba deseando verte y darte tu regalo.
-Mmm, yo también ansiaba tenerte a mi lado y jamás hubiera imaginado que me
hicieras un regalo tan hermoso- Harry ocultó su rostro en la curvatura del
cuello de Remus.
-¿Regalo? ¿Cuál regalo? Oh…esto no es tu reegalo, Harry, sino el lugar que elegí
para dártelo- Remus volvió a atrapar la boca de Harry en un beso profundo,
acariciando con su lengua suavemente la húmeda cavidad de su novio, mientras que
sin que éste se diera cuenta palpaba una pequeña caja dentro del bolsillo de su
túnica-. Acompáñame…voy a darte tu regalo- jadeó sin aliento el licántropo.
-Mmm…eso suena interesante- contestó pícaraamente el más joven, siguiendo a su
novio, el cual le sostenía la mano entre las suyas.
Llegaron a los pies de una gran palmera, donde había colocada una pequeña mesa y
dos sillas. Era un lugar incomparable, y la pareja se sintió extrañamente ligada
a aquel lugar, era tan parecido el momento y al mismo tiempo tan distinto todo
al inicio de su relación. Estuvieron de pie observando el paisaje largo rato, en
silencio, y Harry se resistía a arrancarse de allí, hasta que Remus le avisó que
la cena los esperaba.
La mesa estaba servida para una romántica cena para dos; el mantel blanco tenía
unas laboriosas flores bordadas a mano de color azul pálido mientras que las
servilletas que estaban dobladas a cada lado de la lujosa vajilla cuadrada
hacían juego con el mantel. Las copas con un fino adorno de oro, estaban
servidas con un vino tinto que se veía realmente delicioso y los plateados
cubiertos tenían el mismo detalle que las copas. El centro de la mesa estaba
adornado con flores silvestres que desprendían un agradable olor bastante suave
y además eran las favoritas de Harry. Justo al lado de las flores había una
fuente de ensalada árabe que era la preferida del más joven, compuesta por
lechuga, zanahoria, patata, arroz, espárrago y remolacha, todo aderezado con una
deliciosa salsa de limón y vinagre. Y justo delante de cada uno, se encontraba
el plato fuerte. Remus había elegido pudín de Yorkshire, que era uno de los
platos que más gustaban a su amor. Pero si había algo que ninguno de los dos
podía dejar de mirar, era el delicioso pastel que había en un carrito cercano a
la mesa, como no podía ser de otra manera, era de chocolate pues ambos lo
adoraban.
Ambos comieron su cena tranquilamente mientras charlaban animados sobre
distintos temas y Remus sutilmente se acercaba cada vez más hacia lo que
perseguía con la conversación, es decir sacar información a Harry de donde
pensaba vivir al terminar la escuela. Por fin consiguió lo que buscaba
descubriendo que el ojiverde no sabía que haría al terminar Hogwarts y de
ninguna manera quería volver con los Dursley. Ese fue el momento esperado por
Remus…
-Harry, ¿quieres ir a vivir conmigo cuando termines este curso?- preguntó pues
aún se sentía inseguro para preguntar algo más-. ¿Qué dices…? Podríamos
intentarlo.
-Y…yo, n…no me esperaba esto, pero claro quue sí, acepto vivir contigo- dijo un
muy sorprendido y nervioso muchacho mientras se levantaba y se sentaba en el
regazo de su pareja para besarle apasionadamente.
-Harry…si no me dejas de besar así, no voy a poder aguantar hasta que nos
comamos el pastel…- jadeaba Remus mientras era devorado por los besos que Harry
le daba. Éste no le hizo caso y le susurró roncamente en el oído:
-Pues no te aguantes, ¿quién te ha dicho quue quiero pastel?- ronroneó Harry.
Eso fue justo lo necesario para que Remus perdiese la cordura que le quedaba. Se
levantó bruscamente, cogiendo a Harry por las nalgas mientras éste a su vez se
agarraba al cuello del más mayor, permitiendo que lo cargara hasta posarlo en la
arena. En un movimiento juguetón e infantil, Harry se levantó y echo a correr
hacia la orilla del mar, siendo seguido de inmediato por Remus que a esas
alturas sólo quería atrapar a Harry e inmovilizarlo debajo de su cuerpo. No hizo
falta llegar a ese punto pues al acercarse lo suficiente al océano, el muchacho
se sentó provocativamente en la arena y esperó a que su amante llegara hasta
allí.
Remus quedó frente a Harry y sentándose a su lado comenzó a atacar su cuello
alternando sugestivamente pequeñas lamidas y mordidas. El más pequeño respondió
agarrando el trasero del licántropo a sabiendas que eso le enloquecería y su
excitación crecería hasta ser imposible de controlar. Ambos se quitaron la ropa
desesperados, mientras se besaban en el cuello, hombros, bocas o cualquier otra
parte que se interpusiera entre ambos. Los besos del castaño bajaron desde su
cuello a los hombros del joven, donde arañó lo suficientemente fuerte para dejar
marca sin hacerle apenas daño, para después curar los arañazos con suaves y
sugestivas lamidas. Pronto sólo quedaron en ropa interior.
El mago mayor hizo su pequeño camino hasta los pezones de Harry, donde se
entretuvo succionando y lamiendo alternativamente, mientras el Gryffindor no
dejaba de gemir y agarraba la arena con fuerza a causa de su tremenda
excitación.
Cuando empezó a bajar rumbo al moreno ombligo, Remus levantó la cabeza y con una
sonrisa pícara subió de nuevo a la cara de Harry, quien le recibió con un
apasionado beso, donde sus leguas se entremezclaban y jugaban con sus salivas,
intentando conseguir succionar la lengua del otro, batalla que ganó Harry. Remus
se separó un poco, empezando a dar besos de mariposa en las comisuras de la boca
del joven, mientras que éste cegado por el placer que le producía la boca de su
pareja, suspiraba y movía la pelvis provocadoramente. El licántropo capto la
indirecta y mientras sonreía, volvió a descender masajeando incitador el cuerpo
de su novio, hasta llegar a su ombligo. Allí se entretuvo un buen rato, mientras
lo besaba y acariciaba con la lengua, al mismo tiempo que sus manos se abrían
paso desde la arena hasta el trasero de Harry, donde lo apretó, ganándose un
gritito de placer del más joven y consiguiendo lo que se había propuesto, que el
Gryffindor le pidiera a gritos que no lo torturara más. Remus reía, mientras le
bajaba sensualmente los boxer, dejando ver su creciente erección y empezó a
trazar pequeñas lamidas desde el ombligo a la ingle. Un gemido especialmente
fuerte le hizo incorporarse unos centímetros.
-¡¡¡Ah!!! Remus, por favor, no me tortures más y acaba con esto, ¡¡¡no voy a
poder aguantar ni siquiera a que me toques!!! ¡¡¡Si sigues así me correré
antes!!!- gritaba Harry, totalmente excitado. Remus totalmente sorprendido por
ese arranque de su pareja, se echo a reír.
-Mmm, Harry debes aprender que la pacienciaa es una virtud- bromeó el mayor,
recibiendo a cambio una mirada enojada del joven.
El castaño siguió con sus juegos de tortura, dirigiéndose lentamente hasta la
creciente excitación del muchacho. Besó tentativamente la punta, abriéndose un
camino de besos hacia los testículos, al mismo tiempo que los masajeaba. Lamió
el pene desde la base hasta la punta, engulléndolo completamente para liberarlo
después y volverlo a engullir, así siguió durante unos minutos, consiguiendo que
los gemidos de Harry se oyeran fuertemente en la playa. Cuando el Gryffindor
estaba por correrse, Remus se apartó lentamente provocando un gruñido del más
joven.
Una vez que el ojiverde recupero parte de su aliento, sonriendo malévolamente,
se levantó arrojándose literalmente sobre su novio, mientras que éste
previniendo lo que iba a suceder, se tumbo en la arena dejándole el camino
libre. Harry, sabiendo que el punto débil de Remus eran los pies, empezó a
masajearlos mientras los besaba amorosamente y le hacía algunas cosquillas en la
base, mientras escuchaba a su pareja gemir de satisfacción por éste hecho. Los
besos subieron lentamente alternando ambas piernas, mientras sus manos empezaban
a acariciar los testículos del hombre y subían peligrosamente a su entrepierna,
deteniéndose en la cinturilla de los boxer y jalando de ellos bruscamente,
sorprendiéndose del excitado miembro que le recibió. Poniéndose a la altura de
su cuerpo, sus penes se rozaron mandado una descarga eléctrica a sus columnas
vertebrales y haciendo que ambos gimieran largo y alto, y sus bocas se buscaran
para amortiguar esos gemidos con un beso.
Harry descendió su boca a los pezones de su pareja, succionando primero uno y
después el otro hasta dejarlos totalmente erectos, mientras sus manos volvían a
bajar a la entrepierna, masajeándola de arriba abajo, arrancando de nuevo
fuertes gemidos de placer, que avisaban al muchacho que su pareja no tardaría en
alcanzar el clímax. El Gryffindor se incorporó sonriendo, mientras el licántropo
sacaba un bote de lubricante del bolsillo de su túnica y procedió a acercarse a
su pareja, que ya estaba apoyado de rodillas y codos, esperando que su amor le
preparara. Remus no se hizo esperar, untando sus dedos con lubricante, llego al
orificio y empezó masajeándolo circularmente para después ir introduciendo muy
despacio el primer dedo, sacándolo y metiéndolo, y moviendo en círculos el dedo
en su interior. Pronto le siguió un segundo y tercer dedo, repitiendo la misma
acción hasta que Harry estaba lo bastante dilatado para recibir a su pene y
retiró los dedos.
Abriendo un poco más sus piernas, se instaló entre ellas e insertó la punta de
su miembro lentamente, mientras cogía firmemente a Harry de la cadera y seguía
introduciéndose hasta estar completamente dentro de esa húmeda y caliente
cavidad. Dejándole acostumbrarse a la invasión unos segundos, acarició su
espalda amorosamente, mientras que recibía a cambio suaves gemidos y suspiros de
su amante. Unos segundos después, retiró su pene casi completamente, para
volverlo a introducir y así sucesivamente. Harry movía las caderas contra Remus,
haciendo que sus nalgas se dieran contra la pelvis de su novio, intentando que
éste tocara su próstata con sus embestidas, instantes después lo consiguió, para
entonces ambos gemían ya sin control. El castaño buscó el pene del moreno,
masturbándolo al mismo tiempo que le embestía
-Ah, sigue, umm, más rápido, sigue, así, ummmmmmm, fóllame así- gemía sin control
Harry, mientras movía sensualmente sus caderas hacia atrás, buscando una
penetración más profunda.
-Oh, Harry, ¡qué bien te mueves! ¡Me excitoo más sólo de verte moverte de esa
manera! Sigue, sigue- decía Remus mientras aceleraba el paso.
-Remus, Remus, mi amor, voy a terminar, wowwwwww- el joven eyaculó en la mano de
su novio, salpicando la arena que había debajo de ambos, mientras que sus
músculos internos se contrajeron, prensando el miembro de Remus, dejándolo al
borde del orgasmo.
-Harryyyyyyyy, ohhhhhh- El mago mayor termiinó dentro del muchacho con un ronco
gemido, para después caer sudoroso y agotado sobre la espalda de Harry, con
cuidado de no aplastarle.
Saliendo despacio del interior del chico, Remus se tumbó en la arena, jalando a
Harry consigo. Buscando sus ojos le beso suavemente en los labios antes de
hablarle.
-Harry, te amo. Llevo toda la noche querienndo decirte algo y justo ahora veo que
es el momento adecuado para hacerlo- Remus hablaba, mientras seguía dando
pequeños besos de mariposa por la cara y boca de su amante.
-Mmm, también te amo. Debe de ser importantte lo que me tienes que decir, cuando
has esperado a hacerme el amor primero- bromeó Harry sensualmente.
-Lo es. ¿Quieres casarte conmigo?- soltó siin previo aviso el licántropo,
mientras sacaba una pequeña caja del bolsillo de su túnica, dejando al muchacho
sin habla.
-¿Qui…quie…quieres casarte conmigo?- titubeeó el joven moreno, mirando la caja y
dejando escapar una feliz sonrisa entre sus labios.
-Por supuesto que sí. Quiero que estés a mii lado por siempre y que formemos la
familia que siempre nos ha sido negada- dijo Remus, abriendo la cajita y sacando
el anillo que había dentro.
-Sí, quiero- aceptó con una sonrisa, provoccando que el otro hombre lo besara
apasionadamente, al mismo tiempo que insertaba el hermoso anillo dorado en el
dedo del joven-. Formaremos un hogar.
-Juntos por siempre- añadió Remus
-Juntos por siempre- repitió Harry
La feliz pareja siguió besándose largo rato, hasta que el alba se veía en el
horizonte y ambos quedaron dormidos en los brazos del otro.
FIN
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