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-Tienes que llevártela al trabajo, Severus- dijo Harry mientras
terminaba de colocarse la túnica para el desierto y el turbante.
-¿No iba a venir Molly hoy a encargarse dde la oficina mientras estabas fuera?-
Severus amaba mucho a Alicia, pero la idea de tenerla en la tienda pegada a sus
talones, enviaba estremecimientos de ansiedad a través de su cuerpo.
-No, se fue a Egipto con Arthur por el naacimiento del primer hijo de Bill. Te lo
dije anoche mientras estabas leyendo el último ejemplar de ‘Pociones
Independientes’. Para ser honestos, no sé por qué me molesto, te absorbes en tu
trabajo a tal punto que el resto del mundo se desvanece. El punto es que nadie
va a estar hoy aquí para cuidar a Alicia. Yo voy a estar todo el día en el
Desierto de Kalahari, buscando la serpiente Estrella de Namibia, que al parecer
ha sido localizada en algún templo oculto que sólo los magos pueden ver. Pero
espero regresar al final de la noche, aunque tenga que regresar a casa sin la
serpiente.
Harry se adelantó y enrosco sus brazos alrededor de la cintura de Severus y
frotó su rostro contra los fuertes hombros.
-Todo va a estar bien. Arabella va a estaar allí contigo, estoy seguro que podrá
evitar que Alicia esté pegada a tus talones y sobre tus preciosos calderos.
Severus suspiró, sabía que no tenía alternativa. Ciertamente, no iba a dejar a
la niña al cuidado de extraños por todo un día.
-Vale, pero si mi día resulta ser más esttresante de lo habitual, me deberás un
masaje esta noche.
-Hecho. Ahora pasa un buen día. Te amo, SSeverus- apretó fuertemente la cintura
de su amor antes de estirarse para dar un dulce beso en la nuca del hombre.
-Necesitaré más que eso para lograr superrar este día, amor- dio la vuelta entre
los brazos de Harry y bajó la boca reclamando la del chico en un hambriento
beso. Cuando se separaron, el joven tenía una mirada soñadora en su rostro.
Severus amaba esa mirada, le decía cuan satisfecho y contento estaba su esposo
con él y su matrimonio.
-Ahora sí, ese beso definitivamente me ayyudará a superar el día- sonrió y luego
salió a grandes pasos con su túnica ondeando tras él.
Se acercó a la habitación de Alicia no sin una pequeña cantidad de temor.
Usualmente, eran Harry o Molly quienes la cuidaban mientras él pasaba el día
lejos, en su tienda. Eso no quería decir que no pasara tiempo con su hija, lo
hacía, pero en un medio ambiente más abierto que su casa. Había llevado a Harry
y a su niña de picnic antes que llegara el invierno, y recientemente habían
salido al final de una reciente nevada, y habían tenido una pelea de bolas de
nieve y construido un hombre de nieve. También habían ido a patinar en el
estanque detrás de su casa. Incluso muchas noches le había leído cuentos antes
de dormir.
Sin embargo, sabía que Alicia se aburriría e impacientaría en la tienda, y él
necesitaba trabajar todo el día en un gran pedido de crema anti-arrugas que
había sido recientemente colocado por una liga de mujeres. Su almacén había
comenzado a colocar pedidos en tiendas que surtían a la alta sociedad del
Londres Muggle. Abrió la puerta de la habitación de su pequeña y vio que su hija
ya estaba levantada, y jugando al té con su muñeca.
-Alicia, cariño, hoy por la mañana tieness que acompañarme al trabajo, así que
necesito que te vistas y desayunes antes de irnos.
-Vale, papá. ¿Me trenzarías el cabello? RRecuerdo que dijiste que el cabello
extraviado alrededor de las pociones puede provocar que ocurran cosas malas.
Escuché cuando le contabas a papi el otro día que un cabello de tía Bella se
introdujo en una poción Anti-Nau......um, Anti-Nausismo que estabas preparando-
Alicia apartó el servicio de te en miniatura y fue a conseguir una blusa rosada
con adornos y un par de pequeños jeans azules.
-Se llama Anti-Náusea, Alicia- Severus soonrió satisfecho cuando escuchó la
petición de la niña, estaba tan orgulloso de que su hija lo hubiera escuchado y
puesto atención a sus historias. Era tan brillante, sabía que iría lejos dentro
del Mundo Mágico, pero su felicidad se oscureció un tanto ante la perspectiva de
tener que trenzar su cabello. No tenía idea de cómo hacerlo.
-Cariño, no sé cómo trenzarte el cabello..
-Es fácil, papá. Te mostraré- dijo Aliciaa mientras iba al lado de Severus y
tomaba su varita.
Antes de que pudiera castigarla por su temeridad, había ondeado la varita de
manera impecable y murmuró “Texeramus Capillus” y luego apuntó la varita hacia
su cabello. Severus la observó asombrado cuando el cabello se abría y comenzaba
a entrelazarse en una sencilla trenza.
-Necesitas conseguir una cinta, papá, parra asegurar la trenza- pidió la niña
mientras regresaba la varita al bolsillo del mago.
-Alicia, nunca vuelvas a hacer algo así. Una varita no es algo para jugar,
especialmente si es la de otra persona. Es como una invasión a su privacidad-
Severus casi estuvo a punto de decir ‘diez puntos menos para Gryffindor’ cuando
su impresión y asombro desaparecieron. Sonrió para si mismo; simplemente,
algunos hábitos eran difíciles de romper-. Ahora, ¿dónde guardas las cintas,
amor?
Cerca de dieciséis horas habían transcurrido desde que habían dejado la casa
para ir a su tienda, pero Severus sentía como si hubieran sido treinta y seis,
cuando Harry finalmente llegó a casa. Encontró a Severus tirado sobre el sofá,
luciendo molesto y desaliñado. El chico murmuró quedamente ‘uh-oh’ para si
mismo, antes de dejarse caer al lado de su pobre amor. Suavemente, dejó caer las
manos sobre los hombros de Severus y cuando nada pasó, empezó a sobar lentamente
músculos que podía sentir tensos bajo sus manos. Después de varios latidos del
corazón, sintió que Severus se removía y luego sintió y escucho un gemido de
placer escapar de la boca del Maestro de Pociones.
-Mi pobre amor, ¿acaso el día fue tan mallo?- preguntó en un susurro, al lado del
oído de Snape. Un breve y lacónico sí fue murmurado.
-No tienes idea. Y todo fue culpa de los gemelos- las manos de Harry se
detuvieron ante la mención de los gemelos.
-¿Alicia está bien?
-Sí, ella está bien, en realidad pasó un día maravilloso. De hecho, quería
volver conmigo a la tienda mañana- al decir eso Harry sintió que un pequeño
escalofrío atravesaba el cuerpo de Severus-. Y en realidad le dije que sí.
Harry rió disimuladamente ante el tono de cansancio en la voz de Severus, sin
querer exacerbar aún más a su esposo.
-Dime qué pasó.
-Bien, el día empezó de una forma bastantte típica.
-Papá, déjame ayudar, ¿por favor?- se queejó Alicia por centésima vez, tirando de
la blanca túnica de trabajo de su padre.
-No, cariño. Y es definitivo. ¡No me lo ppidas de nuevo!- habló Severus apretando
los dientes, mientras trataba de conservar un tono llano y cortés. Sentía que su
cabeza iba a estallar, y todavía no podía alejarse del caldero, no en esta etapa
fundamental. Llamó a Arabella, quien estaba trabajando en el mostrador del
frente. Espero y observó hasta que la mujer mayor asomó la cabeza
-Sí, Severus, ¿qué necesitas?
-Por favor, llévate a Alicia un rato, al menos hasta que esta etapa de la poción
haya terminado y pueda dejarlo cocinando a fuego lento.
-Por supuesto. Vamos, Alicia, deja a papáá con sus pociones, querida.
-Vale, tía Bella. Adiós, papá- Alicia la siguió saltando. Severus nunca abandonó
el caldero, ni siquiera después que la poción empezó a cocerse a fuego lento, y
perdió la noción del tiempo. Tres horas más tarde, acabó la crema anti-arrugas y
la envasó en pequeños recipientes que ya habían sido etiquetados por Arabella.
Los colocó a un lado y fue en busca de su empleada y su hija. Encontró a
Arabella tratando con un cliente y Severus pudo notar que su niña no se
encontraba en ningún sitio visible.
Entró en pánico. Se precipitó hacia Arabella y antes que ella pudiera terminar
su charla con el cliente, la apartó.
-¿Dónde está Alicia?- rugió.
-Cálmate, Severus. Los gemelos cayeron poor aquí y dijeron que la llevarían a ver
su tienda. Definitivamente, eso es para ella más divertido que estar aquí- le
dijo la mujer con la cara seria.
Severus parpadeó impactado. ¿Acaso la mujer nunca había sido receptora de una de
sus bromas? Se estremeció al pensar en lo que ese par de locos estarían
haciéndole a su pequeña y dulce niña, quizás la habían convertido en sujeto de
prueba de unos de sus experimentos más recientes.
Severus se apresuró a salir de la tienda por la entrada que comunicaba con el
Callejón Diagon, gritando sobre su hombro mientras partía.
-Atiende la clientela mientras regreso.
Se precipitó hacia la puerta de la tienda de Sortilegios Weasley en busca de su
hija, y lo que encontró lo dejó pasmado.
En la oficina ubicada al fondo de la tienda, encontró a George, ¿o era Fred?,
luciendo no sólo unas agallas púrpura y verdes (en serio, los gemelos
verdaderamente tenían agallas), sino que además estaba flotando en el aire y
fingiendo estar nadando en el agua, mientras sentada en una silla, su hija
aplaudía alegre.
-¿En el nombre de Merlín, qué están hacieendo ahí?- rugió Severus, haciendo que
Alicia y Fred, ¿o era George?, saltaran sorprendidos. Alicia se levantó de su
asiento y corrió al lado de su padre, con una enorme sonrisa en el rostro.
-Papá, vas a estar orgulloso de mí. Cree un nuevo caramelo para Fred y George.
Lo llamé ‘Go Fish’, como el juego infantil de cartas Muggle.
Una vez más, Severus se sintió muy orgulloso de su hija, aunque también
medianamente enojado. Ella tenía mucho talento, pero no quería que se
convirtiera en la próxima bromista, destinada a alterar Hogwarts. Ciertamente no
una Snape. Merlín lo ayudara. ¿Qué debía hacer? ¿Enorgullecerse de ella o
regañarla? Decidió que quizás ambos, en ese orden.
-Alicia, cariño, estoy orgulloso de ti. DDas muestra de una gran creatividad y no
dudo que podrás eclipsar al mejor mago que el Mundo Mágico haya visto, pero no
lo harás creando estós......estos....- hizo una pausa. Antes de casarse con
Harry, habría ampollado los oídos de los gemelos con sus cáusticas palabras
sobre sus tontas payasadas, pero esas personas, para todos los intentos y
propósitos, eran la familia de Harry y la suya por extensión. Suspiró y pellizcó
su nariz con frustración-. Todo lo que pido es que tomes tu magia y la de los
demás con seriedad, Alicia. ¿Entiendes? Es igual a mi charla de esta mañana
sobre las varitas.
Alicia frunció el ceño ligeramente, pero asintió. Antes de que pudiera decir
algo, se escuchó un fuerte jadeo mientras Fred o George, el que fuera, caía del
aire y aterrizaba bruscamente en el piso de la tienda.
-Bien, parece que el efecto del caramelo dura veinte minutos, que es una
cantidad enorme de tiempo- el joven mago se giró hacia Severus-. Honestamente,
señor, Alicia podría tener un gran futuro en la industria de las bromas. Este
‘Go Fish’ fue una idea brillante.
-¿George?- Severus elevó una ceja interroogante, mientras la sonrisa de desprecio
patentada afloraba a sus labios.
-Fred.
-Fred- Severus estaba a punto de dar al jjoven una minuciosa charla para
desanimarlo de interferir con su marcha paternal, cuando entró el otro gemelo.
-¿Si?- preguntó el alto y desgarbado peliirrojo que acababa de entrar.
-Grrrr....- gruñó Severus ante el gemelo que lo había engañado. George sonrió
apenado. Severus se encogió de hombros, mientras decía:
-No importa. Sólo, no la animen. Es todo lo que pido- lanzó a los gemelos su
mirada más feroz, reminiscencia de los días de Hogwarts, cuando presidía sus
clases con puño de hierro.
-Sí, señor. No la animaremos, ¿verdad, Geeorge?- preguntó Fred a su gemelo. Fred
estaba a espaldas de Severus mientras hablaba, y lanzó a su hermano una mirada
que claramente decía que debían complacer al hombre. Al menos por ahora.
-Sí, claro Profesor Snape. No animaremos a Alicia.
-Bien. Ahora que ya terminé por hoy, Aliccia, ¿por qué no vamos a almorzar al
Caldero Chorreante y quizás después por un helado a Fortescue?
-¡Sí! Vale, papá, vamos ya.
-Ella entonces me arrastró acá y allá porr todo el Callejón Diagon. Fuimos a
Madame Malkin y le compré algunas túnicas. Al parecer, a ella le gusta como se
viste su abuelo Albus- Severus gimió y Harry lo acompañó. Sabían cuan llamativo
vestía Albus en comparación con el resto del Mundo Mágico y pensar que su
pequeña hija siguiera los pasos del viejo mago era suficiente para provocarles
un ataque.
-¿Dónde más fueron?
-Flourish and Blotts por varios libros soobre bestias mágicas fantásticas, luego
a una tienda de juguetes que acababan de inaugurar llamada “Wonderful Surprises”.
Allí recorrió la tienda entera antes de, finalmente, quedarse con una serpiente
disecada que recuerda mucho a Sliver. Después de eso, quiso ir a Ollivanders.
-¿Olivanders? ¿Para qué?- preguntó Harry,, mientras continuaba masajeando la
espalda de Severus, sus hombros y cuello.
-Bien, ¿recuerdas que le dije que no debíía jugar con las varitas de otras
personas?
-Sí......
-Bien, entonces ella dijo que ya que no ppodía usar otras varitas, debería tener
la propia.
-Pero se supone que los niños no consigueen su varita hasta que llegan a la edad
escolar, ¿correcto?- cuestionó Harry.
-Es lo típico, sí. Y traté de explicársello, pero no me escuchó. Así que pensé
que si no aceptaba lo que yo le decía, quizás aceptaría las palabras del mismo
Ollivander. Así que la tomé y..... nunca lo imaginarías, Ollivander la estaba
esperando.
-¡¿Qué!?- exclamó Harry. Detuvo el masajee y Severus se giró para mirar a Harry
mientras terminaba de contar la historia del día.
-Así es, la estaba esperando. De hecho, yya tenía varias varitas listas para que
las probara. Al final terminó con una de diez pulgadas y media y con una pluma
de fénix y fibra de corazón de dragón en el centro.
Harry jadeó.
-¿La pluma de Fényx es de Fawkes?
-No, pero es del mismo pequeño grupo de hhuevos de fénix del que proviene Fawkes.
Pero lo asombroso no es esto, sino que su varita tiene un centro similar al tuyo
y al mío. Verdaderamente, es nuestra hija en todos los sentidos, excepto por la
sangre. Cuando nos despedíamos, Ollivander habló, y sé que sus palabras son
ciertas. Dijo: “ella llegará lejos, superando incluso a sus padres y abuelos”
Harry se sentó atónito. Luego se sacudió y sonrió.
-Bien, entonces no tenemos nada de que prreocuparnos. Si nos va a superar,
ciertamente llegará lejos, y eso significa que está destinada a mayores metas
que ser una bromista.
-Hmmm, tienes razón. Pero, aún así, estoyy ligeramente preocupado. ¿Qué ocurrirá
en el mundo para hacer que ella nos eclipse, a ti, a mí, a Dumbledore? Cada uno
de nosotros ha enfrentado al Señor Oscuro en diferentes épocas, y cada una de
ellas ha sido más mortal que la anterior. ¿Qué irá a encontrar ella?
Harry no quería pensar en eso, pues si lo hacía, la preocupación por lo que
habría de venir lo acompañaría hasta el fin de sus días. No quería eso para su
familia, vivir a la sombra de la oscuridad.
-Honestamente, Severus, no seas pesimistaa. Puede que ella simplemente sea
extremadamente poderosa, sin mayores implicaciones.
-Tienes razón. No debo obsesionarme. Estooy muy cansado, amor. ¿Por qué no vamos
a darle una vuelta a Alicia y luego nos vamos a dormir?. Además, por la forma en
que hueles, podrías tomar un largo y caliente baño antes de dormir.
-Hmmm, suena con un buen plan, ¿por qué nno me acompañas? Eso lo haría aún mejor.
Severus no necesitó mucho convencimiento y asintió su acuerdo. Alargo el brazo y
rodeó con su mano el cuello de Harry, atrayendo al joven para poder besarlo
tiernamente. Luego subieron pausadamente las escaleras y le echaron una ojeada a
Alicia, encontrándola con su varita aferrada con su mano derecha y su muñeca con
la izquierda. Se veía contenta y en paz.
-Sabes, Harry. A pesar de todo lo que passó hoy y lo exhausto que estoy, no
cambiaría esto por todos los galeones del mundo.
-Lo sé, amor, por supuesto que lo sé- y HHarry sonrió al ver una expresión
satisfecha posarse en el rostro de Severus
FIN
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