pORTALjOVENg@LLEGO
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::_Pensamiento_::121 |
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El origen del Universo |
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El principio antrópico (Alejandro Gómez Yepes) |
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Una cuestión que ha intrigado a la humanidad desde sus
comienzos ha sido el orden de la naturaleza, la perfección del cosmos, la
increíble coherencia a la que pueden llegar los modelos físicos y matemáticos
en su análisis de la realidad. A poco que indaguemos acerca de
nuestro alrededor, es inevitable que surja la pregunta acerca del porqué de
este equilibrio, orden y consistencia. De hecho, la comunidad científica por
lo general acepta como verídico el que se atribuyan al universo estas
características. Científicamente esto es un hecho pero, ahora bien, sacar
conclusiones a partir de esta observación es algo que se escapa del terreno
de lo meramente científico. Se puede demostrar que mi vecino
se ha comprado un coche. Ese es el hecho. Pero si ahora nos preguntásemos
“¿por qué se ha comprado un coche?” ya nos estaríamos desplazando a otro
terreno: no al de lo cuantificable y demostrable, sino a un terreno personal,
que es plenamente real, pero que no puede someterse a la experimentación y
análisis matemático. Es decir, a partir de un hecho
adecuadamente comprobado, descubrimos que hay otras realidades ligadas a él
que no podemos demostrar empíricamente. Pero que no podamos someterlas
plenamente a la razón de forma científica, no quiere decir que no existan
realmente. Que no tengamos la posibilidad de investigar con la mente de
nuestro vecino en un escáner o acelerador de partículas para probar que los
motivos y pensamientos que le han llevado a su decisión han sido unos
determinados, no quiere decir que estos no existan. Estas realidades “están
ahí”, pero no se pueden verificar experimentalmente, sino que la manera de
aproximarnos a ellas será más bien por medio de la metafísica. Aplicando esto al asunto que nos
ocupa, la conclusión sería la siguiente: no es posible demostrar
empíricamente la existencia de una inteligencia superior que explique el
orden presente en el universo, o esa inmensa cantidad de hechos que para
muchos son “simplemente” enormes casualidades. Pero sí es posible, mediante
un análisis basado en la razón de hechos objetivos que a continuación
enumeraremos, llegar a convicciones muy razonables acerca de la existencia de
Dios. La palabra “antrópico” proviene
de una palabra griega que significa “ser humano”. El principio antrópico nos
propone un “universo antrópico”, afirmando que sobre la base de los datos y
cálculos de la física, la conclusión más lógica es que el universo es como es
para permitir que en él se de la existencia humana. Cualquier cambio en las
características de la materia o de las condiciones iniciales y desarrollo de
la evolución habría desencadenado la inexistencia de vida humana. En palabras
de Stephen Hawking: "Vemos el universo de la forma que es
porque si fuese diferente no estaríamos aquí para observarlo". Existen varias versiones de este
principio, cuya principal diferencia viene dada por una consideración en
cierto grado subjetiva en base a los hechos: por un lado, muchos afirman que,
efectivamente, una variación minúscula en las características de la materia
habría impedido la vida en nuestro universo, pero se limitan a atribuirlo al
azar, a la casualidad. Por su parte, la versión “más fuerte” va más allá y
habla de un “diseño”, de que el universo ha sido hecho así específicamente
para dar lugar a la vida humana, de forma que ocuparíamos un lugar
privilegiado en el cosmos. Así definió a esta última Brandon Carter en la conferencia de Independientemente de si se
trata de una de sus variaciones o de otras, podemos decir que el principio
antrópico cuenta con una acogida de muy grandes proporciones entre la
comunidad científica. Las consideraciones
en que se basan son tan numerosas y restrictivas que resulta muy difícil no
sentirse abrumado ante el peso que presentan. Y es que algunas de las
constantes de las que hablamos habrían de ajustarse al menos hasta su decimal
Es bien sabido que el carbono es
un elemento imprescindible para la vida. Pues bien, una pequeña modificación
en la velocidad de desintegración de los átomos de hidrógeno en el Sol
hubiera impedido la formación de Carbono. Incluso podríamos remontarnos a
los orígenes del universo, indagando acerca de las posibilidades que hubo de
que el Carbono llegara a formarse alguna vez. Verdaderamente, esto es, si
cabe, aún más sorprendente. Durante los primeros minutos que siguieron al Big
Bang sólo se formaron tres elementos: Helio, Hidrógeno, y Litio. Todos los
demás elementos aparecieron posteriormente en las estrellas. La cuestión está
en la dificultad que conlleva producir un átomo de Carbono. Este elemento se
forma al unirse un núcleo de Helio con un núcleo de Berilio, el cual, a su
vez, se forma por la unión de dos núcleos de Helio. El obstáculo es que el
núcleo de Berilio es tan inestable que se desintegra casi inmediatamente: en
0.00000000000000001 segundos. Fred
Hoyle se aventuró a proponer que lo único que podría explicar que a
partir de estos núcleos se llegase a formar Carbono con tanta rapidez se
trataba de una resonancia. Es decir, que el Carbono tuviera exactamente la
energía de las partículas a partir de las que se forma: 7,65
megaelectrón-voltios (ese valor fue demostrado años después de que Hoyle lo calculase). Y si se hubiera
dado una resonancia parecida con el Oxígeno, prácticamente todo el Carbono
habría desaparecido para dar lugar a Oxígeno. En caso de que la constante de gravitación fuera
levemente mayor, las estrellas se quemarían demasiado rápido como para poder
mantener las condiciones necesarias para la vida en los planetas. Y si fuera
ligeramente menor, no habría elementos pesados necesarios para formar
planetas. Cuanto mayores sean las estrellas más elementos pesados dispersan a
su alrededor, pero antes se queman. Curiosamente, el valor que toma esta
constante favorece precisamente la existencia de estrellas del tamaño
adecuado para la vida (que dispersen elementos pesados pero que al mismo
tiempo tarden lo suficiente en desaparecer). Si un minuto después del Big Bang el ritmo de
expansión del universo hubiese sido menor en una parte en cien mil billones,
éste hubiera sufrido un colapso hace mucho tiempo, debido al retraimiento de
la materia. Una expansión más rápida en una parte en un millón habría
impedido la condensación de materia que se acumula formando los sistemas
galácticos, por lo que careceríamos de estrellas y planetas. No cabe duda que
la magnitud de las cifras que se manejan es espectacularmente reducida. Nuestro universo es muy
entrópico (hablamos ahora de entropía, un concepto diferente a “antrópico”),
gracias a que posee 10^8 fotones por cada barión. Esto quiere decir,
empleando términos termodinámicos, que tiene gran tendencia a actuar
eficientemente como radiador. Si la entropía fuera menor, los sistemas
galácticos atraparían la radiación y tenderían a condensarse, de forma que
estos no se fragmentarían en estrellas. Si, por el contrario, la entropía
fuera mayor, no se llegarían a formar los mencionados sistemas galácticos, ni
las estrellas. Otro punto fundamental es la
interacción entre las fuerzas gravitatorias y las electromagnéticas, ya que
si la fuerza electromagnética relativa a la fuerza de gravedad fuera
incrementada en sólo una parte en 1040 sólo se formarían estrellas
pequeñas. Y si fuera disminuida en sólo una parte en 1040 sólo se
formarían estrellas grandes. Pero para que la vida sea posible en el universo
deben existir tanto las estrellas grandes como las pequeñas. Las estrellas
grandes deben existir porque sólo en sus hornos termonucleares se producen la
mayoría de los elementos esenciales para la vida. Las estrellas pequeñas,
como el sol, deben existir porque sólo las estrellas pequeñas arden durante
el tiempo suficiente y en la forma suficientemente estable como para sostener
un planeta con vida (John P. Cox
and R. Thomas Giuli, Principles of
Stellar Structure, Volume II: Applications to Stars (New York: Gordon and
Breach, 1968), págs 944-1028). También debemos tener en cuenta
la uniformidad del universo. Esta característica se da gracias al corto
tiempo de expansión inflacionaria durante el principio del universo. Una
uniformidad mayor habría tenido como consecuencia que ni siquiera se formasen
las galaxias; y un carácter menos uniforme hubiera dado lugar a muchos
agujeros negros, y entre ellos… únicamente vacío. La masa del universo juega un
papel no menos importante en nuestro principio antrópico. Imaginemos que
fuera mayor. En ese caso, se favorecería la combustión nuclear durante el
enfriamiento del cosmos, dando lugar a un aumento del deuterio existente; y
esto, a su vez, provocaría que las estrellas se quemasen más rápido. Esto es
debido a que el deuterio funciona como un gran catalizador en las estrellas.
En cambio, si la masa fuera menor la escasez de helio impediría que las
estrellas hubieran producido elementos más pesados (necesarios para llegar a
la vida). La distancia media que separa
las estrellas en la zona de la galaxia en la que nos encontramos es
justamente la que puede posibilitar la formación de un planeta como Afortunadamente (o quizás no
precisamente gracias a la fortuna, he ahí la cuestión…), la vida del protón
es suficientemente larga como para no suponer un problema para el ser humano.
Sencillamente, porque cuando un protón se descompone, libera radiación letal. Llegados a este punto, hemos
tratado ya con gran número de constantes físicas. La velocidad de la luz, una
de las más conocidas, no iba a ser menos, y también tiene reservada su parte
del pastel. Dada su íntima unión y dependencia con las fuerzas fundamentales
de la física, bastaría la más mínima variación de su valor para negar
cualquier posibilidad de vida en el universo. Otro concepto que no podemos
dejar pasar es el de la fuerza nuclear débil. La cuestión es que si ésta se
viera disminuida, los neutrones habrían reducido rápidamente su número, de
forma que prácticamente no se habría producido nada de helio durante los
primeros segundos tras el Big Bang; y sin helio, careceríamos de suficientes
elementos pesados procedentes de las estrellas. Resulta fácil imaginar que
hubiera ocurrido si esta fuerza tuviera un valor menor: casi todo el hidrógeno
se habría transformado en helio, produciendo tal cantidad de elementos
pesados que sería inconcebible la vida en el universo. Por su parte, la fuerza nuclear
fuerte (que, para los no entendidos en la materia podemos definirla como
aquella que mantiene unidas las partículas de los núcleos atómicos), si fuera
levemente más fuerte, ocasionaría la escasez de un elemento tal fundamental
como el hidrógeno, e incluso de otros elementos esenciales producidos por
fisión. Sigamos a nivel atómico. Es el turno
de la constante electromagnética que liga los electrones a los protones en el
interior de los núcleos. Y es que una pequeña variación en su valor haría
imposible la formación de moléculas (resulta difícil imaginar un mundo sin
moléculas, ¿verdad?). Al aumentar el valor de este parámetro, un átomo no
compartiría sus electrones con otros átomos; y al disminuir, provocaríamos
que los electrones dejasen de orbitar alrededor de los núcleos. La relación de masas entre el electrón y el protón
también imposibilitaría la formación de moléculas en caso de ser diferente.
Un protón es 1836 veces más masivo que un electrón. Y si no fuera así, las
moléculas no se formarían. La carga
eléctrica del electrón es 1,602*10^8(-19) C. Si hubiera sido sólo un poco
diferente, las estrellas o bien no hubieran podido quemar hidrógeno y helio,
o bien no explotarían. Podríamos seguir enumerando ejemplos casi
indefinidamente, pero consideramos que no es oportuno continuar exponiendo
hechos que ya poco pueden aportar a la esencia del principio antrópico.
Recomendamos vivamente a todo aquél que desee ver una lista más extensa y
condensada que recurra a la tabla 14.1 de la página http://espanol.leaderu.com/docs/ciencia/universo.html.
Tomaremos una última muestra directamente de Stephen Hawking, en su libro “Historia del tiempo”: “Un ejemplo del uso del principio antrópico débil
consiste en "explicar" por qué el big bang ocurrió hace unos diez
mil millones de años: se necesita aproximadamente ese tiempo para que se
desarrollen seres inteligentes. Como se explicó anteriormente, para llegar a
donde estamos tuvo que formarse primero una generación previa de estrellas.
Estas estrellas convinieron una parte del hidrógeno y del helio originales en
elementos como carbono y oxígeno, a partir de los cuales estamos hechos
nosotros. Las estrellas explotaron luego como supernovas, y sus despojos
formaron otras estrellas y planetas, entre ellos los de nuestro sistema
solar, que tiene alrededor de cinco mil millones de años. Los primeros mil o
dos mil millones de años de la existencia de Y concluye de este modo su
exposición: “Uno podría sentirse más satisfecho con el principio
antrópico, al menos en su versión débil, si se pudiese probar que un buen
número de diferentes configuraciones iniciales del universo habrían
evolucionado hasta producir un universo como el que observamos. Si éste fuese
el caso, un universo que se desarrollase a partir de algún tipo de
condiciones iniciales aleatorias debería contener varias regiones que fuesen
suaves y uniformes y que fuesen adecuadas para la evolución de vida
inteligente. Por el contrario, si el estado inicial del universo tuvo que ser
elegido con extremo cuidado para conducir a una situación como la que vemos a
nuestro alrededor, sería improbable que el universo contuviese alguna región
en la que apareciese la vida. En el modelo del big bang caliente descrito
anteriormente, no hubo tiempo suficiente para que el calor fluyese de una
región a otra en el universo primitivo. Esto significa que en el estado
inicial del universo tendría que haber habido exactamente la misma
temperatura en todas partes, para explicar el hecho de que la radiación de
fondo de microondas tenga la misma temperatura en todas las direcciones en
que miremos. La velocidad de expansión inicial también tendría que haber sido
elegida con mucha precisión, para que la velocidad de expansión fuese todavía
tan próxima a la velocidad crítica necesaria para evitar colapsar de nuevo.
Esto quiere decir que, si el modelo del big bang caliente fuese correcto
desde el principio del tiempo, el estado inicial del universo tendría que
haber sido elegido verdaderamente con mucho cuidado Sería muy difícil
explicar por qué el universo debería haber comenzado justamente de esa
manera, excepto si lo consideramos como el acto de un Dios que pretendiese
crear seres como nosotros.” Por su parte, Einstein
afirmaba en los últimos días de su vida, que para él la gran pregunta era si
el Creador tuvo alternativas cuando creó el mundo o si, una vez que tomó la
decisión de crearlo, tuvo que hacerlo exactamente como lo ha hecho, para que
la vida humana fuese posible. Resulta tambien interesante lo
que nos comenta Octavio Rico en
Aceprensa (http://www.aceprensa.com/art.cgi?articulo=9940)
acerca de la opinión de otro científico: “Steven Weinberg, (…) suele ser citado
como uno de los teóricos que ha aceptado el principio antrópico a
regañadientes, como una especie de trágica necesidad para explicar el
problema más complejo de todos: es –afirmaba en su conferencia, refiriéndose
al principio antrópico– "el tipo de materialización histórica que los
científicos se han visto obligados a realizar de vez en cuando…". De
hecho, en su disertación comparó la situación con la de una persona que, en
un torneo de póquer, recibe una escalera real a la primera. "Podría ser
casualidad…", dijo Weinberg. La probabilidad de recibir casualmente una escalera
real a la primera es del orden de una entre casi cien millones de jugadas
posibles diferentes. De modo que, como dijo Weinberg, "podría ser
casualidad"; aunque hay que reconocer que se trataría de una casualidad
prácticamente milagrosa. Los amigos del azar y de las casualidades
"necesarias" siempre podrán argüir que esa ínfima probabilidad
realmente no es tan pequeña si se tiene en cuenta el gran número de galaxias
que se estima existen en el universo observable (unos cien mil millones, o
sea, tantas galaxias como estrellas se calcula que hay en En efecto, Weinberg añadió: "Pero hay otra
explicación: Vamos a ver, ¿no será que el organizador del torneo es amigo
nuestro? Pero eso nos lleva al argumento de la religión".” Aquí tenemos los hechos, que el lector decida cuáles
le parecen las conclusiones más razonables. ¿Todo este orden es fruto de una
serie de extraordinarias casualidades, o será que existe una inteligencia
superior que lo ha dispuesto todo de manera que pueda haber vida inteligente? |
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