Ese
cliente, ¡que no escape!

Cuando entramos en una tienda, los
expertos en técnicas de mercado han desplegado una serie de dispositivos que
tratan de seducir al cliente para que compre. Casi nada es casual: desde la
colocación de los productos hasta la música que suena. Son trucos que
conviene conocer para estar alerta. Por Karelia Vázquez.
Nada
es casual
en una tienda, ni los colores, ni la música, ni la luz, ni el olor, ni la
temperatura. Desde que se entra en un establecimiento, sobre todo en las
grandes superficies, el cliente está expuesto a una batalla donde cada bala
va dirigida al corazón, al cerebro o a los recuerdos. Otra cosa es que
consigan dar en el blanco. El vencedor será la marca que consiga hacerle
comprar algo que no estaba en sus planes o el producto que consiga metérsele
por los ojos en el último momento sin que usted sepa muy bien para qué
sirve. Eso se llama compra por impulso, un comportamiento casi normal hoy día,
pero que es inducido hasta límites inimaginables por las técnicas de
mercado. Algunas son casi secretos guardados como oro en paño porque rozan la
manipulación sentimental; otras son más conocidas, pero igual de eficaces.
Ellas son las responsables de que vayamos al súper a por leche y volvamos con
dos bolsas llenas y con 30 euros menos; trucos que ha analizado con detalle
Javier Garcés en La adicción al consumo. Manual de información y
autoayuda.
Luces
y escaparates. El verdadero responsable de que la tentación sea
irresistible es el marketing y sus técnicas perfectamente medidas y
estudiadas y que aparecen en nuestro camino en forma de colores cálidos o fríos,
luces tenues o brillantes, música relajante y agradable o estridente e
insoportable.
Aunque
los expertos aseguran que al consumidor no se le impone nada, nadie se atreve
a jurar que no se tiendan ciertas trampas en los establecimientos. Es
lo que se denomina en la jerga profesional publicidad en el punto de venta,
bajo cuya influencia se realiza casi el 30% de las ventas. Todo empieza por
los escaparates, que persiguen situar al cliente en un contexto específico y
provocarle una emoción que le incite a la compra. Todo está cuidado. El uso
de la luz, por ejemplo. Los manuales de marketing aseguran que las
tiendas caras, selectas y exclusivas optan por colocar un solo objeto rodeado
de un ambiente lujoso e iluminado con varios focos. Si se pretende dar una
imagen popular, se coloca una montaña de productos un poco desordenada.
Además,
antes de que entremos en una tienda se ha producido un pulso de fuerza entre
las marcas por situarse en el mejor sitio del local, que no es otro que aquél
donde se vende más. Son las llamadas zonas calientes, que suelen coincidir
con la entrada, la cabecera de los pasillos y la cola de la caja registradora.
Altura
y orden. La altura a la que se colocan los productos también se ha
negociado. Se sabe que se vende más lo que queda a la altura de los ojos; un
poco menos, lo que nos queda cerca de las manos, y muy poco, lo que tenemos a
nuestros pies. Se supone que por tendencia natural miramos más a la derecha;
pues en esa dirección suelen colocarse productos que normalmente no se
planifica comprar en esa tienda. Un cambio de lugar puede subir las ventas en
casi el 80%.
El
movimiento de los clientes por el pasillo es también objeto de estudio. Es
frecuente que los objetos básicos y de primera necesidad se coloquen al
fondo, de manera que estemos obligados a atravesar toda la tienda para
encontrarlos. En el camino, algo mas irá cayendo. Otras tiendas, como la
multinacional sueca Ikea, han establecido un recorrido, con una entrada
y una salida, que hay que hacerse de cabo a rabo.
¿Rápido
o despacio?
Las tiendas que apuestan por un hilo musical suave y relajado y una decoración
color pastel están invitando claramente a permanecer allí todo el tiempo del
mundo, a comprar tranquilamente.
Sin
embargo, las que escogen música tecno a todo trapo prefieren que las
compras se hagan deprisa. Un experimento realizado en un hipermercado y citado
frecuentemente en los manuales de marketing demostró que la música italiana
elevaba las ventas de pasta. Con la luz también se manipula nuestra
sensibilidad. La iluminación cálida y color pastel nos hace estar mas a
gusto en la tienda. La luz brillante nos hace comprar rápido; en esto son auténticos
expertos los Restaurantes fastfood, que nos animan a comer a su ritmo.
Artículo publicado en EL PAÍS SEMANAL
Marzo 2004
Actividades.
1. Responde a las siguientes cuestiones sobre el
contenido del texto.
a)
Según
los profesionales del marketing, ¿qué es la publicidad en el punto de
venta?
b)
¿Dónde
se sitúan las llamadas zonas calientes de los centros comerciales?
c)
¿Cómo
nos influye la altura a la que se coloca un producto a la hora de elegirlo?
d)
¿Por
qué los artículos de primera necesidad suelen colocarse al fondo de los
pasillos?
e)
Según
el artículo, indica tres influencias que puede provocar la música en los
consumidores.
f)
¿Cómo
influye la iluminación de los locales?
2. Sobre tu experiencia como consumidor.
a)
¿Has
podido comprobar en los centros comerciales alguna de las trampas de las
que habla el texto?
b)
¿Recuerdas
alguna vez que hayas comprado en un centro comercial algo que no tenías
previsto pero te entró por los ojos?
c)
¿Crees
que alguna persona de tu entorno hace habitualmente compras por impulso?
d)
Piensa
en cinco consejos para no caer en las trampas de los centros comerciales.