Comite Paritario POR-PTS
COMENTARIOS SOBRE LA LUCHA FRACCIONAL EN EL PTS
Rosario, 28 de setiembre de 1998
Estimados camaradas del Comit� Central del PTS (con solicitud de
publicaci�n en vuestro r�gimen de circular interna, en el marco de lo
acordado en el Acta de formaci�n del Comit� Paritario (punto 2 de Pasos Organizativos).
En primer lugar, como queda se#alado p�blicamente en MASAS 130, ignorabamos al
suscribir el Acta mencionada la existencia de la TBI. En segundo lugar, en permanente
comunicaci�n y consulta con T. Moreira, y a solicitud de la TBI, hemos trabado
relaci�n con ellos, los que nos han propuesto formalmente su incorporaci�n al
Comit� Paritario. Nuestra respuesta ha sido que, mas alla de que el propio caracter
de este organismo requiere acuerdo de partes (en este caso, tambi�n de vuestra
parte), lo primero es una definici�n pol�tica concreta de la TBI sobre
el Acta, la que prometieron hacernos llegar en forma escrita.
En tercer lugar, confesamos que nos es dificultoso precisar nuestro
papel en cuanto a derechos de admisi�n, en la medida que la velocidad y magnitud
de los acontecimientos hacen complicado precisar si la TBI es parte del PTS, o
configura ya otra organizaci�n pol�tica. Finalmente, creemos nuestro derecho y
nuestro deber aproximar algunas opiniones sobre vuestro debate fraccional interno.
Estas se realizan con las limitaciones de que seguramente nuestra informaci�n sea
parcial (especialmente en cuanto a los aspectos que hacen al balance pol�tico
organizativo de vuestra organizaci�n).
Se realizan tambi�n con la provisoriedad de estar pendiente a�n un debate colectivo en nuestro Comit� Central.
Pero creemos que gozaran de la ventaja de estar completamente despojadas
de prejuicios, de calculos fraccionales oportunistas, as� como de
compromisos formales contra�dos.
LA CONCEPCI�N DE PARTIDO ES UNA CUESTI�N PROGRAM�TICA
En primer lugar, creemos que comete un error el camarada Emilio
Albamonte cuando desjerarquiza la importancia de este tema crucial, con
frases como: Aunque la discusi�n comenz� por puntos relativamente secundarios como
la relaci�n entre una serie de desviaciones pol�ticas del partido en los �ltimos dos
a#os y el r�gimen interno partidario (La Verdad Obrera N: 39, pagina 17), o bien
establece una categorizaci�n artificial de etapas en las discusiones pol�ticas: Incluso
con compa#eros como el POR con los cuales iniciamos una relaci�n exploratoria, sin
discutir antes problemas de programa como el que esta planteado con el FUA, no
pensamos discutir estatutos. Este parrafo es, por cierto, poco feliz: extrema la
discusi�n del tema a la precisi�n del articulado estatutario, a fin de reforzar el
sentido de rid�culo. Pero lo hace al servicio de NEGAR que la CONCEPCI�N DE PARTIDO
es una CUESTI�N PRINCIPISTA, PROGRAMATICA, que esta muy por encima inclusive de las
cuestiones de programa mencionadas por Albamonte (como la tactica de frente �nico).
As� lo entendimos al conformar el Comit� Paritario, que en varios puntos del Acta
(1, 5 y 12) se define expl�citamente por una clara concepci�n de partido leninista.
Mas a�n, como no podr�a ser de otra manera, el Acta del Comit� Paritario
es un claro documento de delimitaci�n en cuanto a CONCEPCI�N DE PARTIDO
con varios grupos de los cuales provenimos, o con quienes estamos
discutiendo: con la LCRI, en el tema CUARTA INTERNACIONAL; en la
concepci�n de partido de combate, con el GTR, lastimosamente ajeno a todo compromiso
elemental efectivo con esa pr�ctica, como lo demostraron en Rosario ante el despidos
de dos camaradas nuestros del PAMI por quienes no fueron capaces ni siquiera de
vender un bono (a pesar de contar con compa#eros en el sector); con el morenismo y el
altamirismo, en todas sus variantes; con el lorismo, con su concepci�n nacionalista
de la excepcionalidad, y su caudillismo idealista funcional a dicho
trotskochauvinismo. Y FINALMENTE, NUESTRO ACTA ES TAMBI�N UNA DELIMITACI�N CON EL
PLANTEAMIENTO EQUIVOCADO DE LA TBI DE REFUNDACI�N PRINCIPISTA DEL TROTSKYSMO ARGENTINO,
ante el cual Albamonte, felizmente, recurre a la formulaci�n cuartainternacionalista
de nuestro Acta. Como no podr�a ser de otra manera, tal delimitaci�n en la cuesti�n de
partido es inseparable del resto de los acuerdos principistas, que encuentran su
s�ntesis en el punto 8 del Acta. Por eso, s� encuentra felicidad Albamonte en su frase:
Por eso no quiero discutir el r�gimen leninista por fuera de la estrategia y la pol�tica,
para luego, correctamente, se#alar el marco general de discusi�n del Manifiesto
Programatico de principios del 98, que marc� un salto en nuestras relaciones
pol�ticas (recordamos nuestras observaciones al mismo, que dieron base escrita
a nuestras intervenciones orales en la Sesi�n Especial de vuestro Congreso de
Semana Santa).
Pero lo contrario, discutir la estrategia y la pol�tica al margen de la
concepci�n de partido, es lo mismo que concebir la obra art�stica sin
encontrar la forma concreta que la exprese: un artista es un artista,
pero no es un artista si no logra expresarse como escultor, como pintor,
como escritor, como poeta, como m�sico.
En la Italia florentina, nace la palabra diletante, que define al oficio de comentar
cr�ticamente la obra art�stica de los demas. Si efectivamente la crisis de humanidad
se reduce a la crisis de direcci�n revolucionaria del proletariado, caer�amos
seriamente en el peligro de la diletancia si no logramos materialezar en OBRA
PARTIDARIA nuestra cr�tica al capitalismo, por mas aguda y l�cida que esta sea.
A nuestro modo de ver, la concepci�n de partido sintetiza y expresa la
esencia misma de la lucha revolucionaria. Haber suscripto con ustedes el
punto 12 de nuestro Acta nos parece fundamental, sin perjuicio que es
parte de nuestra mutua exploraci�n (para usar un t�rmino tan caro a vuestro l�xico)
la verificaci�n en la pr�ctica de esa concepci�n puesta en palabras.
EL CENTRALISMO
DEMOCRATICO SE VE NEGADO POR LA MAYOR�A Y POR LA MINOR�A
!En fin! La vida misma nos
ha metido en ciertos detalles �ntimos del PTS.
Sin embargo, tanto por el hecho de que no hemos recibido (o estando en
nuestro poder, no hemos podido seguirlo en sus detalles) todos los
documentos que testifican la gestaci�n y el decurso del proceso
fraccional, no nos detendremos en esos detalles, ya que ello implicar�a
cierto desv�o hacia la promiscuidad.
Vayamos a los trazos gruesos del problema.
El centralismo democratico es una ecuaci�n compleja, cuya finalidad es
la mejor intervenci�n posible de los revolucionarios en la lucha de
clases. Y la mejor intervenci�n posible implica la ecuaci�n compuesta por las
dos proposiciones basicas: amplia democracia en la discusi�n, absoluta unidad de acci�n.
La historia del marxismo marca diferentes lmmites a la amplia discusi�n, tanto en el
tiempo, como en los participantes. As�, la discusi�n puede exceder el l�mite partidario,
cuando en la comprensi�n de las partes del debate hay acuerdo y claridad que el tema
interesa directamente a la vanguardia, y no viola ninguna norma de tabicamiento y
seguridad. As� tambi�n el tiempo de discusi�n esta siempre supeditado al tiempo de
intervenci�n concreta en la lucha de clases. En este sentido, el concepto centralista de
la ecuaci�n supone la defensa de la acci�n com�n partidaria, en la que la minor�a se
subordina a la mayor�a. En el ejemplo t�pico de la insurrecci�n rusa de octubre del 17,
el planteo de Lenin de expulsar a Kamenev (especialmente), no proven�a de su disidencia,
sino de su acci�n practica contra la insurrecci�n. En cualquier caso, la discusi�n
debe ser CONCRETA, y el concepto ideol�gico-metodol�gico del centralismo democratico
debe estar al servicio del proceso vivo de construcci�n del partido, no como un fin en
s� mismo, sino como la herramienta insustitumble para la preparaci�n, la
victoria y la consolidaci�n de la revolucisn proletaria. En este
sentido, y desde este punto de vista, creemos sinceramente que mayor�a y minor�a del PTS
han competido por quien viola mas el concepto del centralismo democratico. Vayamos a
algunos ejemplos:
*El planteo inicial de HR y P de conformarse como Tendencia del Comit� Central
es un planteo burocr�tico. Incluso contradice su tesis de que hab�a que quebrar
el r�gimen de consenso al interior del Comit� Central. Es criticable que, de haber
habido disidencias anteriormente, �stas no se hubieran vehiculizado por escrito
mediante bolet�n interno. La pertenencia al Comit� Central no quita derechos al
militante (llamese HR, P. o quien fuera) a defender sus discrepancias al interior del
partido. Quizas esto tiene que ver con lo que consideramos una
desviaci�n burocratica en el PTS, seg�n la cual los miembros del Comit�
Central no estan afectados a un funcionamiento celular regular (la
denominaci�n que ustedes hacen de equipos es tambi�n todo un s�ntoma terminol�gico).
*Posteriormente, ambos dirigentes violan claramente tal caracter reservado al CC de
su Tendencia, ya que se presentan con una veintena de firmas que mas bien sostienen
posiciones orales que una tesis escrita.
*Si efectivamente estan dentro de esas firmas (o de posteriores
adherentes a la TBI) compa#eros que hac�a tiempo ya no militaban (como
denuncia la mayor�a), esto configura otra violaci�n al centralismo
democratico, ya que, en el mejor de los casos, la TBI se esta
aprovechando de la laxitud del PTS en cuanto a concepci�n de partido
para engordar su tienda con disidentes no militantes.
*La renuncia de ambos camaradas al CC es incomprensible. Aparece como un
golpe de efecto m�s que como el mejor recurso para librar lucha
pol�tica. En qu� conspiraba contra la propia conformaci�n de la
Tendencia -inclu�da la proporcionalidad de miembros al CC- mantenerse
dentro del organismo para el que fueron votados en el �ltimo congreso
partidario?
*La convocatoria al Congreso Extraordinario por parte de la mayor�a (en
el t�rmino de 48 hs) aparece como una primereada a fin de terminar de desarmar a la no
muy armada TBI. No es valido el argumento del peligro de paralizaci�n del partido.
*La definici�n de FRACCI�N que la mayor�a atribuye a la TBI (contra la voluntad de �sta,
al menos al principio del proceso) tambi�n es arbitraria (mas alla de los incidentes del
doble discurso de HR o del trabajo fraccional aspiradora), ya que no pone en la balanza
la inmadurez pol�tica del debate en su conjunto, para lo cual el mejor camino es la
cautela y la pacienca, permitiendo que sedimenten posiciones.
*La exclusi�n de los miembros de la TBI de los equipos en los que ven�an funcionando
quiebra el concepto basico del centralismo democratico. En esto tiene raz�n la TBI,
ya que se privan (mayor�a y minor�a) de someter el debate al juicio de la acci�n pr�ctica
partidaria cotidiana, votada e implementada por organismos comunes. Lo mismo vale
para todos los organismos de trabajo que tiene el PTS (Comit� de
Redacci�n del peri�dico, Revista Estrategia, etc.). Para el leninismo,
la disciplina propia de una fracci�n debe estar al servicio y
subordinada, a la disciplina del conjunto del partido, conducido por su
Comit� Central entre Congreso y Congreso. La �NICA manera de defender
este criterio es OBLIGANDO a los miembros de una fracci�n (ni hablar de
una Tendencia) a someterse a la disciplina celular. Por otra parte, el
no haber aplicado esta disciplina leninista a la TBI, estimamos, ha
paralizado seguramente mucho mas al partido.
*La fracci�n puede y debe tener disciplina propia, pero justamente
porque es parte del partido, debe admitir la presencia de los
representantes del Comit� Central en sus plenarios. La informaci�n oral
que hemos recibido de que la TBI lo impedi�, es una nueva violaci�n al
centralismo democratico.
EL P.T.S. ESTA PAGANDO EL PRECIO DE SU FALTA DE ESTATUTOS Y DE PROGRAMA SANCIONADOS EN CONGRESO
No casualmente, este proceso fraccional (que se ve, se ven�a incubando)
estalla al tener que abordarse la discusi�n estatutaria.
A nosotros siempre nos result� sinceramente incomprensible que un grupo
pol�tico que contaba con cuadros de la calidad pol�tica vuestra no
tuviera normativa reglada por estatutos.
Nos hace acordar (en este aspecto) a Pol�tica Obrera, cuyo origen data
de mediados de la d�cada del 60, y cuyo primer Congreso se produce 11
a#os despu�s, en 1975, donde se aprueban los estatutos. A esa altura ya
estaba consolidada una camarilla burocr�tica de las peores que hemos
conocido, con Altamira a la cabeza.
En el mismo sentido, tambi�n nos parec�a sorprendente que quienes hab�an
dado pasos tan importantes en la maduraci�n program�tica en cuanto a la
ruptura con su tronco de origen (el morenismo), no se hayan preocupado
en sistematizar la misma en PROGRAMA APROBADO POR CONGRESO PARTIDARIO.
Cuando ustedes chanceaban en las reuniones (con la wildeana virtud de
re�rse de s� mismos) que no ten�an la cuenta de los congresos que hab�an
hecho, que se los confund�an con conferencias, etc., estaban confesando,
como m�nimo, un emp�rico y aluvional m�todo de constru�rse a s� mismos,
cuyo movimientismo de hecho entra en contradicci�n con vuestras
proclamas cuartainternacionalistas, leninista, trotskystas.
Es posible que esto se explique por vuestro origen (del mismo modo que
el raquitismo cong�nito se explica por la desnutrici�n materna en
materia de calcio y Vitamina D), pero ser�a un grave error NO TRATAR EL
CUADRO LO ANTES POSIBLE. Ser�a un grave error seguir conviviendo con ese
error, y peor a�n, hacer un culto del mismo.
EL M.N.P.T.R. (Y ANTES EL P.T.): DESVIACIONES TACTICISTAS Y
MOVIMIENTISTAS RE#IDAS A LA CONCEPCI�N LENINISTA DE PARTIDO, SON
PRODUCTO TAMBI�N DE LA INCOMPRENSI�N DE LA TACTICA DE FRENTE �NICO
En vuestra lucha fraccional se da una extra#a paradoja:
La TBI, que se planta en toda su plataforma (en especial en la Parte 5)
en defensa de la concepci�n leninista de partido, aparece como la
defensora a ultranza del Movimiento Nacional por un Partido de
Trabajadores Revolucionarios(MNPTR), que originariamente ustedes
lanzaran como Movimiento por un Partido Obrero Revolucionario.
En contraste, la mayor�a, que maldice tal tactica, que incluso tiende a
caracterizarla como el extremo de la desviaci�n nacional-trotskysta por ustedes
autocriticada, es atacada por la TBI de movimientista.
Afortunadamente, establecimos
una cr�tica principista al MNPTR (como antes a la de Partido de Trabajadores -PT), en
los tiempos en que ustedes nos daban poca bola (por no decir ninguna). El eje de esa
cr�tica se centraba en la confusi�n que introduc�a vuestra formulaci�n en cuanto a la
TAREA ESTRATIGICA (antes y ahora), cual es la construcci�n del Partido Obrero
Revolucionario como secci�n de la Cuarta Internacional reconstru�da.
En alg�n balance ustedes indican que la tactica fracas� porque no se dio el agrupamiento
de la vanguardia que ustedes pronosticaban. !Menos mal! Porque si se hubiera dado,
ustedes habr�an contribu�do desde los dientes de leche a la gestaci�n de un partido
obrero centrista, bastante a la derecha del centrismo de izquierda que ustedes mismos se
auto-atribuyen en sus or�genes.(Notable coincidencia con nuestra caracterizaci�n en
aquel momento, cuando Altamira les sobaba el lomo demag�gicamente -ver Folleto sobre el
Morenismo, del camarada Fernando Armas).
Pero adem�s, esta t�ctica (formular de una manera pedag�gica la
necesidad de la independencia pol�tica de la clase obrera), debe tener
en cuenta, muy especialmente, si existe una tendencia significativa de
la vanguardia en ese sentido. Trotsky la recomienda para Estados Unidos
en la d�cada del 30, ante un vigoroso movimiento de sindicalizaci�n
independiente, de ruptura de la clase obrera con sus tradiciones de
pertenencia al Partido Dem�crata. En cierto modo, debe interpretarse la
tactica del Partido Obrero Independiente de Trotsky para Estados Unidos
como una particularidad concreta de la aplicaci�n de la tactica del
Frente Unico Proletario, en ausencia de partidos obreros-burgueses, como
en el caso de Europa.
En Brasil, surge como expresi�n de un proceso significativo de luchas y
de sindicalizaci�n por fuera de los pelegos (bur�cratas sindicales), el
PT. S�lo un sectario incorregible se hubiera privado de intervenir desde
su interior en esa fase explosiva de su nacimiento.
Por eso, nosotros jamas criticamos la posibilidad tactica de un PT, sino
su transformaci�n en estrategia, bastardeando incluso el nombre de
Partido Obrero Revolucionario, as� como la concepci�n leninista, al
disolver organizativamente a los trotskystas en ese eventual PT.
Vuestro error de c�lculo (finalmente, no se dio), es sintomatol�gico de vuestro error
mayor, cual es el hacer de un recurso tactico circunstancial y oportuno, una estrategia.
!Por eso el error adquiri� la magnitud que ustedes mismos le atribuyen, cual es imprimir
un giro de derecha, nacional trotskysta, avuestro desarrollo pol�tico y
organizativo!
Es ac� donde cobra importancia la maduraci�n del debate acerca del
FRENTE �NICO. Con la Internacional Comunista, lo concebimos como una
TACTICA. En nuestras reuniones de conformaci�n del Comit� Paritario,
ustedes se#alaron con justeza el alcance ESTRATIGICO que Lora le hab�a
dado, y que nosotros repet�amos, al punto de colocarlo como una
constante en la tapa de nuestro peri�dico, a la altura de la DICTADURA
DEL PROLETARIADO. As� mismo, en nustras propias Pautas Programaticas y en
los 12 puntos del CERCI hay una formulaci�n, al menos confusa, que da a
entender una equivalencia entre gobierno obrero y campesino, y Frente
Unico Antimperialista. Personalmente, quien suscribe esta carta, ha
recogido estas observaciones como validas, y esta estudiando y
revalorizando el alcance de la tactica del Frente Unico en general, y
sus expresiones concretas. Pretendemos organizar el debate al interior
de nuestra organizaci�n al respecto, y hacerlo extensivo al Comit�
Paritario, como a la vanguardia en general.
De lo que s� estamos convencidos es que la vida pol�tica cotidiana
impone permanentemente la necesidad del Frente Unico, en una amplia gama
de posibilidades de aplicaci�n que ustedes llaman unidad de acci�n. Para la
Internacional Comunista, para sus Tesis de Oriente, para Trotsky
(ver escritos sobre Alemania), y tambi�n para nosotros, el frente �nico
es siempre de acci�n, y parte de la necesidad del partido revolucionario
(justamente por su debilidad relativa), de imponer en la acci�n sus
consignas concretas, para que sean tomadas por sectores de las masas, que
lamentablemente, estan dirigidas por partidos obreros-burgueses (PC,PS),
por el sindicalismo amarillo, o, como es el caso de las naciones
oprimidas como Argentina, movimientos nacionalistas burgueses o
peque#oburgueses. Por eso el frente �nico (proletario o antimperialista)
es un recurso tactico para fortalecer el trabajo del partido
revolucionario, entendido como secci�n de la Cuarta Internacional que
hay que reconstruir. Por eso es indispensable profundizar la cr�tica
hacia los aliados circunstanciales del frente �nico, a fin de que, en el
decurso mismo de la acci�n com�n, podamos ganar a sus mejores elementos
al programa y a la construcci�n del partido revolucionario.
NI OBRERISTAS POPULISTAS, NI ACADEMICISTAS. LA LUCHA INTERNA Y LA LUCHA DE PARTIDOS
COMO EXPRESI�N DE LA LUCHA DE CLASES. IMPORTANCIA DE UNA CORRECTA CARACTERIZACI�N DE
LA CORRELACI�N DE FUERZAS ENTRE LAS CLASES PARA DEFINIR LAS TAREAS PARTIDARIAS.
Finalmente, pero no menos importante, tambi�n queremos opinar sobre el tema que aparec�a
al comienzo de vuestra discusi�n como central, la que, al momento de escribir nuestra
nota en MASAS, pudimos reflejar con las limitaciones de nuestra informaci�n y tambi�n
de nuestra comprensi�n del conjunto del debate.
Para la mayor�a del PTS, la TBI se desv�a a una posici�n obrerista
populista, expresi�n de una supuesta resistencia al giro internacionalista. Para la TBI,
el PTS, dirigido por esta mayor�a, se desv�a hacia una posici�n academicista, contraria
al concepto de lucha pol�tica de partidos. Por esa v�a, afirma la TBI, el giro
internacionalista es un taparrabos para cultivar otro centro nacional trotskysta. Desde
el punto de vista de la evaluaci�n de los movimientos de lucha, los obreristas-populistas
se desv�an (para la mayor�a) a una apolog�a objetivista de las revueltas, de las acciones
espontaneas de las masas. Por el contrario, la TBI acusa a la mayor�a de despreciar estas
manifestaciones de los sectores mas explotados, y de ah�, la acusaci�n de
estudiantilistas o academicistas.
Es relativamente inevitable que surjan debates
cotidianos en un partido vivo (el vuestro lo es) que reflejan a manera de tendencias a
su interior, la propia actividad militante en las masas. Una de las tareas fundamentales
de una direcci�n es lograr una s�ntesis
de esos inevitables matices (a veces, hasta se presentan como verdaderos
contrastes), entre las distintas regiones y frentes de masas.
Una visi�n internacionalista del problema, obliga a elevarse al nivel de
comprender de conjunto esos desniveles, para poder lograr una
CARACTERIZACI�N JUSTA de la correlaci�n de fuerzas entre las clases, a
escala mundial.
Nosotros consideramos que ustedes de conjunto (mayor�a y TBI), han
cometido el error de sobre estimar el salto en las luchas DEFENSIVAS a
partir de 1995, despreciando como factor decisivo para la
caracterizaci�n lo que mencionan como crisis de la subjetividad as� como la cualidad
que actualmente tiene la crisis de direcci�n pol�tica del proletariado. Por eso hablan
de contraofensiva de masas y tendencia a la huelga general pol�tica. El error de esta
definici�n estriba en que configura de conjunto una minimizaci�n de las derrotas sufridas
por los explotados a escala mundial, al punto de interpretar unilateralmente el hecho
cierto de que la socialdemocracia, el stalinismo e incluso el nacionalismo burgu�s y
peque#oburgu�s, no pueden ya jugar su papel contrarrevolucionario como
antes.
Lo que corresponde es estudiar y combatir csmo lo juegan ahora, como
aparatos funcionales al Imperialismo (en los principales pa�ses de
Europa, desde el propio Gobierno).
Y todo este cuadro general configura una situaci�n mundial de OFENSIVA
del Imperialismo, que se apoya en las derrotas previas, en la p�rdida de
conquistas de los explotados, en la crisis de subjetividad y en el
atraso de las masas, en la crisis de direcci�n revolucionaria.
Que las masas respondan con luchas defensivas, que incluso las mismas
puedan transformarse en ofensivas en algunos pa�ses (Indonesia,
Ecuador), no modifica a�n la caracterizaci�n general de la etapa.
Ustedes (y en esto, ambas fracciones) mencionan las limitaciones que
tiene el movimiento de masas, pero lo hacen menospreciando su peso en la
lucha de clases en concreto.
Por eso destacan los rasgos de debilidad econ�mica y pol�tica del
Imperialismo unilateralmente, sin relacionarlos (como corresponde a un
abordaje marxista) con la debilidad de la clase obrera.
Por eso notamos (y as� lo hemos manifestado en todas las oportunidades
que compartimos un debate) una divergencia acerca de las tareas que
configuran el TRABAJO PREPARATORIO. Por ejemplo, nos llam� siempre la
atenci�n que vuestros trabajos en los frentes de masas (inclu�dos
aquellos con mayor peso hist�rico de vuestra corriente, como el de la
Universidad) tengan una relativa inestabilidad en las formas
agrupacionales. Nos parece que en general ustedes minimizan la
importancia del trabajo preparatorio en las organizaciones tradicionales
de las masas (centros de estudiantes, sindicatos) con el peligro
incluso de despreciar la inserci�n natural de vuestra militancia. Es
discutible, desde luego c�mo se trabaja en esas organizaciones de masas,
c�mo se combate contra el adocenamiento burocratico al reformismo, c�mo
se desarrolla una pol�tica hacia el doble poder (en esto �ltimo creemos
haber tomado vuestras cr�ticas), pero este trabajo revolucionario s�lo
es posible si se realiza profundizando la inserci�n, dando el tiempo y
la continuidad necesarios al plan de trabajo.
Nos parece, sinceramente, que el propio surgimiento de la TBI, y
especialmente la velocidad con que se ha desarrollado el proceso
fraccional con claras tendencias a la ruptura, es una expresi�n
deformada de una suerte de frustraci�n en las expectativas de desarrollo
y de acci�n de masas alimentadas ilusoriamente por ustedes mismos.
Esta breve introducci�n no esta al servicio de agotar el debate
(consignado como tal en el Acta que firmamos), sino de se#alarles que la
discusi�n que los ha fraccionado en obreristas-populistas versus
academicistas-estudiantilistas, gira sobre un eje FALSO, cual es una equivocada
caracterizaci�n de la correlaci�n de fuerzas entre las clases a nivel mundial.
Es por esto que la polarizaci�n alcanzada es claramente artificial.
Dir�amos que ni tan obreristas ni tan academicistas. Al punto que de nuestro primer
estudio de los materiales de la lucha fraccional apreciamos una exagerada polarizaci�n
de los argumentos (desde ambas partes), para poder sostener las respectivas
caracterizaciones. En su momento les se#alamos (en especial respecto a la discusi�n sobre
la situaci�n boliviana) que notabamos en vuestras notas al respecto un silencio sobre
la caracterizaci�n lorista de situaci�n revolucionaria con tendencia a la insurrecci�n.
Aclarado el punto que es antimarxista disociar caracterizaci�n de l�nea pol�tica de acci�n,
nos parece fundamental relacionar este debate sobre la situaci�n boliviana con la
situaci�n mundial. Uno de nuestros combates contra el nacional-trotskysmo
(excepcionalidad boliviana) fue justamente combatir la especie de que, en un cuadro
general de ofensiva imperialista, la Bolivia trotskysada gozaba de una suerte de virtud
excepcional, por la cual el stalinismo hab�a sido pulverizado, el nacionalismo superado
y la insurrecci�n esperaba a la vuelta de la esquina.
Esa caracterizaci�n err�nea (a esta altura de los acontecimientos es
totalmente indefendible esa caracterizaci�n exitista del lorismo) tuvo
consecuencias severas en el POR boliviano: tanto nuestro fraccionamiento
como el de la Oposici�n Trotskysta de Bacherer surgieron a partir de esta
pol�mica. No pocos cuadros de envergadura del POR (incapaces de formar
partido), se fueron alejando de la militancia, desmoralizados, sin poder
relacionar el exitismo oficial con la dura realidad cotidiana en los
frentes de masas.
Ustedes (mayor�a y minor�a) debieran revisar sus caracterizaciones,
precisar balances mas rigurosos de la intervenciones concretas en los
frentes de masas donde intervienen, subordinando incluso los �xitos
parciales obtenidos (especialmente en la tarea de crearse un Auditorio,
como dir�a Emilio Albamonte), a la tarea paciente y sistematica de avanzar en el
agrupamiento de la vanguardia, no s�lo en t�rminos de
partido cuartista, sino tambi�n, como un proceso inseparable, en cuanto
al agrupamiento elemental, clasista, del activismo que nos rodea.
Queridos camaradas de TODO el PTS:
Hemos pretendido tan s�lo aproximar algunas observaciones (con cierto
apuro, ya que nos importa intervenir al calor mismo de vuestros
vertiginosos acontecimientos fraccionales, a fin de incidir en el
desarrolo y desenlace de los mismos), que esperamos sean �tiles.
Con saludos trotskistas y revolucionarios: Gustavo Gamboa ad referendum del Comit� Central del POR
Aprovado por el Comit� Central en la secci�n del 3 de octubre de 1998, sobre la base del texto presentado por Gustavo Gamboa ya antes enviado a la direcci�n del PTS. En la misma reuni�n tambi�n se resolvio solicitar coordinar inmediatamente una reuni�n del Comit� Paritario.
Masas