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San
Francisco y La Virgen María (cont.)
Expresiones
del amor de Francisco a María
Su
profundísima comprensión del cometido llevado a cabo por la «paupercula
Virgo» en el designio de salvación, condujo a Francisco, como hemos podido
constatar, tanto a la contemplación admirativa de María consagrada por la
Trinidad, como a recurrir a ella lleno de confianza a lo largo de todo su
itinerario espiritual. No es, pues, extraño cuanto relata Tomás de Celano:
«Le tributaba peculiares alabanzas, le multiplicaba oraciones, le ofrecía
afectos, tantos y tales como no puede expresar lengua humana» (2 Cel 198).
De sus
«Laudes», sólo ha llegado hasta nosotros el maravilloso Saludo.
Al igual que otros fragmentos, nos demuestra la influencia de la liturgia en
Francisco y, sobre todo, cómo su amor filial sabía también traducir en imágenes
poéticas, sencillas y apropiadas, el Misterio de María, de manera que se
sintiese impregnado por él incluso el hombre más rudo.
De sus
oraciones, ha quedado la Antífona del Oficio de la Pasión,
presentada anteriormente junto con el Saludo. María es invocada
también en el «confiteor» de la Carta a toda la Orden (CtaO 38)
y en la petición de perdón de la Paráfrasis del Padrenuestro (ParPN 7).
Esto es tradicional. Pero ya sabemos la intensidad de la oración de
Francisco: ¡Reconocerse también pecador ante María, contar también con
sus méritos para obtener perdón, no podían ser fórmulas recitadas distraídamente
por Francisco!
Por último,
volvemos a encontrar a María en un aspecto original de la piedad de
Francisco. Él es el pobre que se sabe constantemente colmado
inmerecidamente por Dios, Soberano Bien y Autor de todo bien. De ahí su
actitud fundamental de agradecimiento. Pero se siente, a la vez, tan indigno
e incapaz de dar gracias por todo lo que Dios ha realizado y no cesa de
realizar por los hombres y por él, Francisco, en particular, que ruega al
Hijo amado que Él mismo, junto con el Espíritu Santo, dé gracias al Padre
como a Él le agrada. Luego dirige la misma petición a María (y a todos
los ángeles y santos) (1 R 23,5-6). ¡Admirable hallazgo: pedir a María
que dé gracias a Dios por nosotros, pues nosotros nos reconocemos incapaces
de hacerlo! (6).
La
piedad mariana de Francisco es fruto de la historia personal del Poverello,
iluminada por la mejor doctrina tradicional, tomada sobre todo de la
liturgia, y vivida con su personal sensibilidad hacia un determinado número
de valores centrales del Evangelio. Por ello, y por su contenido, sigue
siendo ejemplar.
______________El
Perdón de la Porciúncula
Textos extraídos de www.franciscanos.org
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