8
de diciembre
LA SOLEMNIDAD DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN DE MARÍA
Mons. Julián López
Martín (“El año litúrgico”, BAC 1982)
Los
primeros indicios de esta fiesta hay que buscarlos en Oriente durante los
siglos VII u VIII. En Occidente aparece en la Italia meridional, en la
región habitada por los bizantinos. La celebración tardó en difundirse,
a causa principalmente de la lenta penetración de la teología en este
misterio mariano de la preservación de la María de toda mancha de pecado
original. En Roma entró en el calendario litúrgico en 1476. La fecha
elegida está en relación con el 8 de septiembre, la fiesta de la
Natividad de la Virgen, más antigua. Entre la Inmaculada Concepción y la
Natividad se da, por tanto la misma dependencia que entre la Anunciación
del Señor y la Navidad.
La
Concepción Inmaculada de María fue solemnemente declarada como verdad de
fe definida por el Papa Pío IX el 8 de diciembre de 1854. Veinticinco años
después, el Papa León XIII elevó la fiesta a la máxima categoría litúrgica.
Actualmente es –al menos en España- fiesta de precepto, una de las que
por acuerdo de la XXXIII Asamblea Plenaria de la Conferencia
Episcopal, celebrada en noviembre de 1980, debe conservarse en todo el
territorio nacional.
El
misterio de la concepción inmaculada de María por un singular
privilegio, en previsión de los méritos de Cristo, nos lleva a todos los
bautizados a contemplar el amor de Dios Padre, siempre dispuesto a
extender a todos los hombres las maravillas de la salvación. María,
<preservada de todo pecado> para constituir una <digna morada
para el Hijo de Dios> es la representación más acabada de la Iglesia:
<
Porque preservaste a la Virgen María
de toda mancha de pecado original,
para que en la plenitud de la gracia
fuese digna madre de tu Hijo
y comienzo e imagen de la Iglesia,
esposa de Cristo,
llena de juventud y de limpia hermosura.
Purísima había de ser, Señor,
la Virgen que nos diera el Cordero inocente
que quita el pecado del mundo.
Purísima a la que, entre los hombres,
es abogada de gracia,
y ejemplo de santidad> (Prefacio de la Eucaristía de la
Inmaculada Concepción)
La
solemnidad de la Inmaculada, al caer dentro del tiempo de Adviento, se convierte
en un motivo de esperanza para toda la Iglesia cuando se prepara para recibir al
que viene a <bendecirnos con toda clase de bienes espirituales y
celestiales> (Ef 1,3-6.11-12: 2ªlect.). Y en efecto, María, <llena de
gracia>, como la llama el ángel (Lc 1, 26-38:evang.), nos recuerda que Dios
también <nos eligió a nosotros en la persona de Cristo para que fuésemos
santos e irreprochables ante él por el amor> (2ªlect.)
La
eucaristía de esta fiesta, <reparando en nosotros los efectos del primer
pecado, del que fue preservada de modo singular la Inmaculada Virgen María>
(poscomunión) permite a los fieles <llegar a Dios limpios de todas las
culpas>.
De
este modo, los fieles que viven con la liturgia el espíritu del Adviento, al
considerar el inefable amor con que la Virgen madre esperó al Hijo, se sentirán
animados a prepararse, vigilantes en la oración y cantando su alabanza>. (Marialis
cultus 4)
Al
coincidir esto año 2002 la Solemnidad de la Inmaculada con el 2º domingo de
Adviento, por disposición de la Santa Sede para España, la liturgia de este día
será la propia de la Inmaculada, incluyendo la 2ª lectura de la misa del 2º
domingo de Adviento, y como oración final de las preces la oración colecta de
este mismo 2º domingo de Adviento.
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