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CARTA
APOSTÓLICA
ROSARIUM VIRGINIS MARIAE
DEL SUMO PONTÍFICE JUAN
PABLO II AL EPISCOPADO, AL CLERO Y A LOS FIELES SOBRE EL SANTO ROSARIO
El
silencio
31.
La escucha y la meditación se alimentan del silencio. Es conveniente
que, después de enunciar el misterio y proclamar la Palabra, esperemos unos
momentos antes de iniciar la oración vocal, para fijar la atención sobre
el misterio meditado. El redescubrimiento del valor del silencio es uno de
los secretos para la práctica de la contemplación y la meditación. Uno de
los límites de una sociedad tan condicionada por la tecnología y los
medios de comunicación social es que el silencio se hace cada vez más difícil.
Así como en la Liturgia se recomienda que haya momentos de silencio, en el
rezo del Rosario es también oportuno hacer una breve pausa después de
escuchar la Palabra de Dios, concentrando el espíritu en el contenido de un
determinado misterio.
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