| SEMBLANZAS Zarpasos Por: Alberto El Felino EL ZAMBO CAVERO Mi primera enamorada en Lima, viv�a a dos cuadras de mi casa. Casi todos los domingos se armaban verdaderas jaranas en la suya, y yo, que ya era consentido, sol�a ir a algunas de ellas. Ya me conoc�a con las amistades de sus padres, y dentro de aquel c�rculo de amigos frecuentes, hab�a uno en particular: el popular Caverito. Caverito era un moreno bajito, gran contador de chistes y con cara de buena gente. Sus tres hijos varones eran futbolistas profesionales, uno de los cuales, incluso, falleci� tr�gicamente en el accidente del fokker en Ventanilla. Adem�s Caverito era hermano de nuestra gloria del criollismo, el gran Arturo �zambo� Cavero. Hubo un domingo en que Caverito asegur� que su hermano vendr�a a compartir con nosotros la reuni�n, pero como no era la primera vez que lo dec�a, y no ocurr�a, nadie le crey� y no nos entusiasmamos con la idea. Sin embargo, a las 9 de la noche, y cuando ya nos desped�amos de los due�os de casa, desde el fondo de la quinta, donde viv�a mi enamorada, vimos entrar al mism�simo Zambo Cavero. Por aquella �poca, finales de los ochenta, mi hermano y yo nos hab�amos hecho hinchas del maestro. Hab�amos juntado en un viejo cassette, las mejores interpretaciones del Zambo Cavero, acompa�ado por el gran Oscar Avil�s. Nos gustaban sobre todo aquellos valses de F�lix Pasache, Jos� Escajadillo, Augusto Polo Campos, Alberto Haro, valses que interpretados en la voz del maestro, eran el fondo musical obligado en las noches de bohemia compartida con nuestra �mancha� de amigos, en Lince. As� que no dud� en llamar a mi hermano, quien r�pidamente se hizo presente. Todos rode�bamos al maestro. Ya se sab�a que su bebida preferida era el ron, as� que el anfitri�n no dud� en abrirle una botella. Yo me ofrec� a ser su barman particular y cada vez que le preparaba el Cuba Libre, el maestro me dec�a: �sobrino, �chele mas de eso� se�al�ndome la botella de l�quido �mbar. Ya por aquellos a�os circulaba un chiste que dec�a que el tel�fono del maestro no sonaba �Rin � Rin� sino �Ron � Ron�. Y ah� and�bamos contemplando y brindando con el Zambo Cavero y ya algo �picado� me atrev� a conversar con �l. Le dije que el periodista y escritor Guillermo Thorndike hab�a escrito una cr�nica memorable sobre su reciente galard�n dado por la OEA, a �l y a cuatro artistas m�s, por ser grandes glorias del criollismo y cultura peruana, y que al escucharle cantar �Contigo Per�� en los mismos salones de la OEA, el periodista contaba como todo el auditorio, lleno en su mayor�a por peruanos, se hab�an conmovido hasta el llanto. Tambi�n me atrev� a discutirle la letra de un vals, y por �ltimo, fue tanta la emoci�n, que me sali� una huachafeada, le dije �quiera dios que mis hijos, tengan la dicha y la suerte de poder verle y escucharle cantar maestro�. Y luego se dio lo que todos esper�bamos. Animado por algunas se�oras y ya varios Cubas Libres, el Zambo Cavero nos regal� a capela algunos temas. Y mientras todos le ped�an los valses cl�sicos, mi hermano y yo le pedimos al maestro que cante ese vals que dice: ��Quiz�s mi coraz�n preguntar� que si es verdad / que nunca m�s regresar�s porque �l te extra�a m�s que yo / Y yo le mentir� no le dir� que fuiste cruel / no quiero que llegue a saber, como eres t�: mala mujer�. Y como lo bailado y lo cantado nadie te lo quita, el cantar abrazado con mi hermano junto a nuestro �dolo, es una de los recuerdos m�s grandes que llevo en el alma. Y todo este episodio me vino a la mente a prop�sito de la �ltima visita del maestro a Chimbote, en Septiembre �ltimo. Me cuenta mi amigo Gibe Armijo que apenas veinte personas fueron a verlo. Y no importa maestro, all� ellos que se lo perdieron. No saben que no s�lo de pan vive el hombre, sino tambi�n de dicha y felicidad y es una dicha y felicidad verlo a usted cantar y tocar maestro. Y mire que chico es Chimbote, que mi �pata� Guillermo Almeyda el popular �Chilavert�, el taxista de las estrellas, le hizo a usted. la carrera. Me cuenta el buen �chila� que usted apenas pod�a con su cuerpo, que ten�a que ser ayudado por un asistente, y que al darse cuenta de la mirada compasiva de mi amigo usted le dijo: �Ay hijo, a estas alturas lo �nico que me queda es la voz�. Y mire que modesto es usted maestro, a usted no solo le queda la voz, le queda la gloria y el orgullo que es el mismo que sentimos todos quienes hemos cantado, bailado y quiz�s llorado con alguna de sus canciones. Y como dicen que el agradecimiento es la memoria del coraz�n, sepa usted. maestro que vivir� por siempre en nuestros corazones. Y como no hay primera sin segunda, a ver si Dios me da la dicha de encontrarme otra vez con usted, yo con un pisquito, usted. con su roncito, y disculpe maestro una vez m�s la huachafeada en estas l�neas, estas l�neas que humildemente han pretendido ser un peque�o homenaje para usted. |