| JULITO Y cr�eme Julito, cuando te digo que una de las mejores cosas que me ocurri� al volver a Chimbote, fue verte de nuevo hermano. Porque t� formabas parte de ese grupo de amigos de la infancia que viv�amos aqu� en la cuadra tres de Ruiz y alrededores. Amigos de la infancia, amigos para toda la vida. Y t� Julito eras parte de aquella �manchita� que en patota recorr�amos nuestro territorio aqu� en el centro, en el casco urbano, y que a veces nos anim�bamos e �bamos todos juntos, buscando nuevas �tierras� y lleg�bamos emocionados a la Caleta o al Vivero forestal. Tiempos aquellos Julito, en que jug�bamos al trompo, a las canicas, a la guerra, y t�, a pesar que eras diferente siempre te esforzabas por ser uno m�s y nosotros apenas nos d�bamos cuenta que hab�as nacido sordomudo. Y es que en nuestros juegos infantiles no necesit�bamos palabras; hab�a en nuestras mentes inocentes un lenguaje universal que sal�a del coraz�n y rebotaba en nuestras almas. Y as� como antes, hoy Julito, en que viniste a verme despu�s de tantos a�os al negocio familiar que hoy administro y al que tantas veces ven�as de ni�o a buscarme, la gente se queda admirada como nos ponemos a �conversar� y a�orar tiempos idos. Recuerdo que llegaste con una ni�a en los hombros, y me dijiste que era tu hijita, y emocionado me explicaste que ella si hablaba. Luego nos confundimos en un sincero abrazo, para dar paso a la tertulia. Me explicaste que hab�as formado una asociaci�n de sordomudos aqu� en Chimbote, y por los documentos que cargabas y que afanosamente me ense�abas, supe que ocupabas un cargo muy activo. Luego empezaste a vacilarme. Con gestos me dec�as que como hab�a cambiado tanto, que de ni�o era un �palo� y ahora que gordo que estaba; me preguntaste si segu�a soltero y para que te dije que s�, sigui� el �cochineo� y yo que me mataba de la risa Julito. Y luego instintivamente caminamos juntos a la puerta del negocio, para en silencio contemplar aquella cuadra tres de Ruiz que alguna vez fuera nuestro patio, nuestro sal�n de juegos. Y as� con mirada c�mplice, a�eja y nost�lgica volvimos a ver aquella calle que nunca volver� a ser la misma. Con una leve sonrisa en los labios, ambos volvimos a ser aquellos ni�os jugando a las canicas con los hermanos Saito, los gordos de �Los Campeones�, los hijos de Serapio, haciendo el �ojito� con c�scara de sand�a all� en la pista. Ay Julito, tantos recuerdos compadre, tanta nostalgia �chochera�, y tantas ganas de volver a ser ni�o. Por eso la alegr�a inmensa de volverte a ver, de retroceder el tiempo y confirmar ahora que si Dios te hizo diferente, fue solo para darte este don de hacer feliz a la gente solo con tu presencia, solo con tu mirada, solo con tu sonrisa. Y ven a verme siempre Julito, como lo haces cada quince d�as, as� sea para pedirme un �bolo para tu Asociaci�n. Y no importa que no acepte tu invitaci�n para conocer el local donde �sta funciona Julito, claro que te creo hermano, que t� a�n sin voz tienes m�s palabra que muchos otros que he conocido en mi vida. Y no importa que vengas con tus politos viejos y tus camisas remendadas porque hoy al verte despu�s de tantos a�os puedo confirmar con emoci�n que como cuando ni�o a�n conservas en el fondo, bordada junto a tu alma, esa camisa blanca e impoluta que llevas dentro. Esa, esa nunca la manches amigo. Esa, esa nunca la cambies Julito� Chimbote, 03 de Abril de 2007 |