ZARpasos
                             Por: Alberto "El Felino"


                          AMOR EN TIEMPO DE CHIFA


Finales de los noventa. Lima, septiembre. Cumplea�os de una de mis hermanas. Mis padres se encontraban ausentes, y de los siete hermanos s�lo cuatro and�bamos en Lima. Fieles a nuestra tradici�n nos reunimos en la casa familiar para cenar y compartir con el cumplea�ero eventual, la t�pica y suculenta cena  de cumplea�os: Chifa.
Mi hermana, la mayor, heredera de los secretos  orientales gastron�micos de mi padre y de la saz�n de mi madre, fue la encargada de realizar aquellos exquisitos platos que esper�bamos con ansias en todas nuestras fiestas familiares. El men�, el de siempre: Huevo a vapor con salchicha china, gallina con hongos, saltado de pollo con orejitas, fans�, y arroz blanco.
Acabada la cena y ya todo consumido, empez� la sobremesa. Mi hermana, la menor, reci�n casada, se debat�a entre la alegr�a y la tristeza. Estaba feliz porque su esposo, un importante ejecutivo de una empresa trasnacional, hab�a sido ascendido, y triste a la vez porque ese nuevo cargo los obligaba a dejar el pa�s. Mi hermana, la mayor, contaba con orgullo como su hijo, hab�a sido nombrado Jefe de �rea  en su trabajo. Yo, me encontraba preparando para sustentar mi t�tulo profesional, mientras que mi hermana, la cumplea�era, la pasaba mal por aquella �poca. Ahogada en problemas familiares, trataba de llevar la procesi�n por dentro. Ni todo el cari�o y amor fraternal que le d�bamos aquella noche, eran suficiente para verla sonre�r y caer contagiados como tantas veces, con aquella sonrisa franca y espont�nea que sol�a tener. De pronto, y cuando ya mis hermanas se retiraban, suena el timbre de casa. Eran las 10 de la noche, y ya no esper�bamos a nadie. Sin embargo, luego de abrir la puerta, la empleada se aparece con un inmenso ramo de flores. Mis tres hermanas corrieron a ver la tarjeta del remitente, y al leerla la cumplea�era, con los ojitos llenos de alegr�a y aquella sonrisa que tanto le extra��bamos, exclama: �Ay, este loco�.
Aquel �loco� no era otro que un compa�ero de trabajo, un amigo que hab�a tenido la feliz idea de enviarle aquel presente y firmar con el seud�nimo de Florentino Ariza, como el protagonista de la  magistral novela de Garc�a M�rquez, �Amor en los tiempos del c�lera�, quien en la sombra y en silencio, am� plat�nicamente a Fermina Daza, la otra protagonista de la novela, durante toda una vida. Aquella �locura� de este amigo fue un peque�o remanso de paz en aquella noche sin estrellas de mi hermana, y yo, en silencio agradec�  el gesto y ya en mi cuarto promet� escribir alguna vez esta historia como lo hago ahora despu�s de tanto tiempo.
Hoy mi hermana, su esposo y sus tres hermosos hijos, radican en el extranjero. Quiz�s cuando lea estas l�neas apenas recuerde este episodio, pero yo ten�a que cumplir con mi promesa, �liberarme de mis demonios� que le dicen.
Y para terminar, que mejor que una frase del maestro Garc�a M�rquez: �Ninguna persona merece tus l�grimas y quien las merece, no te har� llorar�.
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