| LOS HOMBRES BUENOS SON ETERNOS
Don Benito V�squez no est� m�s con nosotros, y esta aciaga circunstancia amerita m�s que estas simples l�neas. No s�lo porque su ausencia nos duela y nos perturbe directamente ni porque Henry, su hijo menor y Director � Fundador de esta revista sea, como se dice, �mi pata del alma� y el dolor del amigo nos ensombrezca tambi�n el esp�ritu, sino porque este rinc�n, que se ufana de su chimbotanismo, acusa recibo de esta tremenda perdida y Touche! dice su autor y pasa a exponer a continuaci�n. La Historia de nuestra tierra deber� recordar que dos tipos de personas moldearon su actual circunstancia: en primer lugar, el grupo de individuos que decidi� hacer de esta �su� tierra, su ciudad, el lugar donde vivir�an, donde concebir�an y crecer�an sus hijos y donde finalmente reposar�an sus restos. Este grupo de gente construy� Chimbote, y lo hizo invirtiendo su poca plata en riesgosos negocios pioneros, con el orgullo y la esperanza de traer prosperidad a �su� tierra y bienestar a sus hijos. All� est�n la primera tienda, la primera panader�a, la primera lavander�a, el primer cine, y un respetable etc�tera. No incluimos, por supuesto, a los pillos que aprovech�ndose del cargo p�blico robaron terrenos a placer para instalar all� negocios maldecidos por aquel hurto inicial, mencionarlos con nombre y apellido es tarea ociosa: todos los conocemos. Y en segundo (y despreciable) lugar esta esa �otra� gente, la que vino a hacer dinero y s�lo dinero a nuestra ciudad y a pasar en ella �a rega�adientes- el menor tiempo posible, a depredar nuestro mar, reventarnos los pulmones y malograr a nuestra juventud en todas las maneras posibles, corrompi�ndola como pueden dar cuenta la DINANDRO y los organismos de protecci�n al menor. �Que crearon puestos de trabajo? �Pero si uno de esos �por ejemplo- se ufana de s�lo contratar gente de su remota aldea, nunca a Chimbotanos! Don Benito, por supuesto, perteneci� al primer grupo y no s�lo am� la tierra que lo acogi� sino que cri� en ella a una prole vasta, honrada, trabajadora y orgullosa de Chimbote. El d�a de su velorio, en medio de tantas personas conocidas y queridas, volv� a ver por dentro el cine de Don Benito, El Primavera, al que estaba tan apegado, y un recuerdo se me vino de golpe: la primera mataperrada de ni�o, entrar al cine a ver una pel�cula para mayores. Todav�a recuerdo la emoci�n de entrar �tras burlar la atenci�n del serio boletero- a ese espacio amplio que se intu�a en la oscuridad junto a los amigos y esperar temblando como un pollito la proyecci�n de esa pel�cula que era el colmo de la procacidad y la desverg�enza de esos d�as: Los diamantes son eternos, del 007. Una frase que proviene de la Cultura de e-mail, creaci�n de alg�n �yuppie� ocioso, se me viene a la cabeza: Cuando naciste, t� llorabas y todos sonre�an a tu alrededor. Que cuando mueras ocurra lo contrario: Que lloren quienes te rodean y t� sonr�as, feliz, satisfecho y reconciliado. Perd�neme la huachafer�a pero eso, eso le pas� a usted, Don Benito. �Hasta pronto, pues, viejo querido. Que ya nos encontraremos para tomar un solo vaso �rayado� y bailar sin parar toda la noche |