Al principio pens� que era una tonta actitud contestataria de ni�a rica queriendo conocer el otro lado de la vida, pero aquello fue tomando un cariz terrible: a tono con la vida desenfrenada del �negro Cal�n� empezaron sus desapariciones durante toda la noche y sus padres comenzaron a prohibirle las salidas y consecuentemente ella buscaba cualquier pretexto para escaparse. Empez� a beber y yo empec� a pegarme a ella � a ellos y a convertirme en una especie de chaper�n de Baby Schiaffino. In�til. Los acompa�aba durante toda la noche a los lugares m�s inveros�miles y trataba de defenderla del lugar, de las porquer�as que inger�a, del maltrato del pat�n ese, de salvar lo que quedaba en ella de bueno. Muchas veces me li� a golpes con �Cal�n�: cuando la golpeaba, cuando la insultaba, cuando me echaba de los lugares y yo pretend�a seguir all�, terco ... Cuando en mi borrachera le suplicaba a Baby irnos y le cantaba en el oido �An everlasting love� de Andy Gibb y un pu�etazo de �Cal�n� me separaba de su lado y se perd�an en la noche. ��Qu� tanta huevada, cojudo? �Bien que querr�as tirarte tambi�n a la gringuita!� �Me dijo una vez �Cal�n�. Talvez ten�a raz�n. Pero yo no quer�a hacerle da�o a Baby.

  Por aquellos d�as me ofrecieron practicar en un canal de televisi�n como redactor de noticias y ayudante del camar�grafo �si la comisi�n lo ameritaba�. Por aquellos d�as tambi�n ocurri� el incidente del Cd y termin� perdiendo contacto con Baby Schiaffino, ya hundida totalmente en el mundo infernal de �Cal�n� al cual no me dejaban acercarme. Entonces me enfrasqu� totalmente en mi trabajo procurando olvidarme de ella. Y a punto estuve de lograrlo ... de no ser por alg�n viernes por la tarde cuando nos �bamos con los muchachos a la fonda a la vuelta del canal a tomarnos unas cervezas y yo me quedaba en silencio y una l�grima tonta me mojaba la cara. Pero no, no. Yo me la secaba y a otra cosa mariposa porque definitivamente yo ten�a como los boxeadores �esa gran capacidad�.

                                                          
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  La �ltima vez que vi a Baby Schiaffino estaba tirada en el piso de tierra del antro ese, mientras polic�as y fumones corr�an junto a nosotros y los gritos y los tiros al aire lo entreveraban todo. Raro espect�culo el nuestro: de rodillas yo con mi escandaloso chaleco de prensa, abrazando a la bell�sima y andrajosa ni�a que se mor�a en mis brazos. Alguien me cont� luego que Baby ya �viv�a� pr�cticamente all�, en el �Fuerte Apache�, haciendo no s� que cosas terribles para agenciarse drogas. Hab�a tocado fondo. Hab�a ca�do demasiado bajo, incluso para el hijo de puta de �Cal�n� que ya la hab�a abandonado. Maldije ese momento y me maldije yo mismo por est�pido, porque ni a�n all� pod�a sacarme de la cabeza las citas, las frases hechas. �Las palabras, siempre las palabras! Sab�a que ella no pod�a ya decirme nada, sab�a que se mor�a, que se enturbiaba para siempre el celeste de sus ojos � y sin embargo, a trav�s de mis l�grimas, mientras limpiaba in�tilmente su carita de �ngel, pude ver por un segundo titilar una luz en el cielo de su mirada vac�a y sus labios finitos moverse para decirme como Natasha a Vania al final de �Humillados y Ofendidos�: ��Mart�n, que felices hubi�ramos podido ser juntos!�
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