De los alcalde Buend�a y nuestros 100 a�os de �


�El Per� est� lleno de Macondos�, hemos dicho alguna vez. Y esta frase �aunque dolorosa- grafica lamentablemente bien la situaci�n de much�simos pueblitos de nuestra patria que, signados por la ignorancia y el oscurantismo, nos recuerdan el celebre poblado �real-maravilloso� donde discurre su existir la familia Buend�a de �Cien a�os de soledad�, inspirado seg�n el propio Gabriel Garc�a M�rquez en su Aracataca natal. Yo he vivido en uno de ellos durante alg�n tiempo, y recuerdo con tribulaci�n el asfixiante microcosmos ese que se cerraba sobre si mismo y donde no hab�a nada m�s que lo que acontec�a en sus pocas cuadras y donde gente ignorante, chismosa y floja hablaba argumentando con sabidur�a primariosa de todo tema y ten�a todo el tiempo del mundo para resolver los problemas de otra gente, nunca los propios. Recuerdo a los �periodistas�, un grupo de gente que no podr�a escribir ni dos reglones sin errores ortogr�ficos pero que se permit�a despotricar y llevarse por delante la honra de los escasos profesionales que por all� llegaban. Y recuerdo a sus �autoridades�, un grupo de pillos descarados que o hab�an sido enviados all� por castigo o hab�an sido elegidos por ofrecer m�s cerveza, polladas y relajos, pero que se consideraban amos absolutos de ese �spero reino de hosquedad y estupidez. Muchas cosas recuerdo haber atestiguado que sorprender�an hasta al buen Robert L. Ripley, pero seguramente la m�s pasmosa fue la acontecida un d�a de elecciones municipales, cuando los palurdos propietarios de una radioemisora pirata prometieron dar � ��el resultado a boca de urna!! �al estilo de las televisoras de Lima! �Que encuestadoras, estad�sticas ni que ocho cuartos!: ellos dar�an el resultado gracias al seguimiento de sus �periodistas�. Cuando a las cuatro de la tarde anunciaron el resultado, una ola de j�bilo se apoder� de los partidarios del �ganador� que -emocionado hasta las l�grimas y hasta las patas de borracho- se atrevi� a dar un mitin (transmitido en directo por la radioemisora de marras) y encabezar una caravana de la victoria de medio centenar de mototaxis para celebrar este triunfo �inobjetable� (hay que recordar que todos en el pueblo compart�an la misma �simpleza�, hasta alg�n contrincante salud� al justo �ganador�). A las ocho de la noche la Odpe dio el resultado oficial: Ni primero, ni segundo ni tercero: cuarto, cuarto hab�a quedado el victorioso candidato. A su padre le dio un infarto, quisieron incendiar el local de la radioemisora y tuvieron que tragarse una verg�enza horrible y una cuenta de varias decenas de cajas de cerveza. Punto.

Punto digo porque tras esta larga introducci�n quiero decir algo sobre nuestro Chimbote: Este tipo de cosas absurdas y otras que se parezcan, propias de pueblitos satelitales, ya no pueden darse en absoluto en nuestra tierra: por m�s que escuchemos a fuere�os expresarse malamente sobre nuestra ciudad y nosotros repitamos sus sandeces con doloroso sarcasmo, debemos los chimbotanos darle a nuestra demogr�ficamente grande urbe, cuna de tres universidades y poderosas empresas pesqueras, el lugar que se merece, sin retace�rcelo ni desmerecerla y de la manera m�s cercana nosotros: con nuestra opini�n y nuestros actos. Porque no podemos permitir imp�vidos que el descaro y la abierta corrupci�n de nuestras �autoridades� nos reduzcan a la simple condici�n de villorrios miserables de gente ruda e incompetente que contempla sin mover un dedo como destruyen su ciudad para llenarse los bolsillos. Sino, hay que ver a nuestro  mofletudo y veleidoso alcalde de las coquetas maneras, que se empe�a en hacerse un lugar destacado en la historia del horror de nuestra ciudad, y as� como no tuvo empacho en destruir, inaugurar y reinaugurar a su antojo nuestra plaza de armas, de un solo plumazo tambi�n y  como quien mueve sus volubles pompas, tir� abajo el Malec�n Grau el primer d�a de su gesti�n, sin presupuesto, estudio t�cnico, planos ni ninguna de esas molestas cosas, y cerca del �ltimo pretende llevarnos de la mano y boquiabiertos a los ingenuos chimbotanitos a entregarnos sus fe�simos y sobrevaluados mamotretos de �ltima hora � casi, casi como un d�a llev� su padre al pobre Aureliano Buend�a a conocer el hielo. �Cien a�os de soledad dijo alguien? Otros calificativos nos vienen a la cabeza.
Hasta la pr�xima.
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