| �Promisi�n?, ��Promici�n� (sic)? �o perdici�n?
El librito es de color m�s bien amarillo y unas grandes letras rojas retorcidas anuncian su pomposo y halagador t�tulo. Las fotos que adornan su interior, redondeadas y en blanco y negro que recuerdan las estampitas de Melchorita Saravia y entre las que se destaca la de mi abuelo, dejan en el alma el desasosiego de ver a tanta gente vieja viviendo antes donde hoy lo hace uno. El libro es la edici�n pr�ncipe del �Chimbote, Tierra de Promisi�n�, de Tovar, y lo conozco de siempre de la biblioteca familiar. Por eso cuando caminando por la calle, pegado en una pared al costado de un supermercado vimos el poster que a todo color celebraba los 100 a�os de �promici�n� (sic) de Chimbote, un escalofr�o nos recorri� el cuerpo y entendimos para siempre que ese no era sino un s�mbolo cabal del centenario de nuestra tierra. �Que �Huanchaquera� ni la �Moby Dick� ni que ocho cuartos!: El poster celebrando la �promici�n� de 100 a�os de Chimbote es lo que mejor pinta de cuerpo entero nuestra realidad. Luego supe que el papel ese de marras no era un afiche oficial de la Comisi�n. (Felizmente). Supe que era un fruto del emocionado deseo de participaci�n de los propietarios del supermercado que, m�s acostumbrados a almorzar sobre los mostradores que a hojear esas cosas rectangulares con p�ginas, no se percataron de la horrorosa falta ortogr�fica � ni que m�s bien suena a insulto recordarle a algo o a alguien (en este caso a Chimbote) que lleva �Cien a�os! �Un siglo! siendo una promesa que no llega a convertirse en realidad. Y es que esa es la realidad de nuestro Chimbote: formado a trancazos, a empujones, a carajazos por gente simple y trabajadora, claro, pero con la informalidad del ambulante que se volvi� mayorista y del pescador que se hizo empresario. Falta un hilo conductor intelectual, la mirada superior, digo yo. Sino, miremos a la Comisi�n del Centenario (�!) y su absurdo programa de celebraciones � y movamos la cabeza y suframos y busquemos que cambiar las cosas � a menos que queramos esperar impasibles otros cien a�os de �promici�n�. |
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