| THE LAST DAYS OF PISCO El t�tulo, por supuesto, es un gui�o a la pel�cula �The last days of Disco�, que protagonizan las muy apetecibles Kate Beckinsale y Chloe Sevigny, y no pretende preludiar alguna perorata en contra del excelente momento por el que pasa nuestra deliciosa bebida de bandera. El t�tulo, querido lector, quiere m�s bien dar pie, en esta p�gina de confidencias e infidencias, a la historia de un amor breve pero tormentoso entre este pechito y el mejor fruto de las vides. Antes que nada debo decir que no fueron f�ciles nuestros primeros encuentros: primero debimos quitarnos de la boca el sarro del licor ese que preparan don Alfredito Mayorga y otros afanosos all� por tierras morinas. Tuvimos que aprender que exist�an uvas pisqueras y otras que no lo eran, y tuvimos que �deliciosamente- descubrir sus variedades de puro, italia, acholado y mosto verde � y porqu� a los tres primeros ��bombas� mediante- se les conoce como caballero, se�orito y mechador. Y descubrimos que con el Pisco pod�an prepararse delicias como el Pisco � Sour o la Algarrobina � pero siempre nos pareci� un sacrilegio eso de mezclarlo, y lo disfrut�bamos puro en nuestros sabatinos �acholamientos�, con m�s arrobos y pasi�n que cualquiera. Y as� estuve, perdido primero entre Queirolos y Ocucajes, y totalmente deslumbrado luego con los Gran Cruz, Tres Generaciones y la maravilla de los Viejo Tonel, feliz como una lombriz. � hasta que un d�a (un aciago d�a) descubr� que una impertinente somnolencia me empezaba a acechar en lo mejor de los brindis, y que el pescuezo se me iba tercamente a un lado sin que pudiera hacer nada para evitarlo � y que ah� s� se me terminaba la noche, prematura y vergonzosamente. Entonces ca� en cuenta que el br�o de sus 43 grados, como una amante fogosa, estaban arrasando conmigo, y ya fuera por edad, carga laboral o lo que fuera, �la quebranta� quebrantaba en exceso mi cuerpo y alma, a diferencia del grupo de amigos, y me expon�a a penosos espect�culos fuera de tiempo y lugar. As�, tratando de �no perder el paso�, ca� primero (�maldita herej�a!) en la hipocres�a de la Ginger Ale (el famoso �Chilcanito�), trat� de dosificar las dosis � e inclusive me obligu� a una lucidez a ultranza que me hac�a abrir los ojos como alucinado � pero �nada! Ya estaba cantado nuestro adios, que dejo sentado en estas p�ginas, as� como mi humilde retorno a los 4 grados de la inocua y refrescante �chelita�. Y sin embargo, algo me dice que no este un adi�s definitivo, y que quiz�s alg�n domingo durante el almuerzo o talvez en alguna cena con los amigos, volver� furtivamente a mi riqu�simo pisco, subrepticiamente y con m�ximos cuidados, como quien torna a las puertas de alg�n amor prohibido cuyas delicias jam�s se podr�n olvidar. |
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