10 SIMPLIFICACIÓN EXCESIVA
Varios son los
supuestos filosóficos que llevan a simplificaciones excesivas llegando a
soluciones fáciles de poner en práctica y fáciles de asimilar por la mayoría de
los seres humanos. Entre tales simplificaciones podemos mencionar las
siguientes:
a)
Inexistencia del Bien y del Mal
b)
Inexistencia de la verdad
objetiva
c)
Inexistencia de factores
hereditarios
Generalmente
clasificamos a las acciones humanas según los efectos que producen. Decimos que
algo es bueno cuando produce efectos deseables, y malo cuando produce efectos
indeseables, o mejor aún, bueno es lo que produce felicidad y malo lo que
produce infelicidad. La existencia, o no, del Bien y del Mal, implica, por lo tanto,
la validez, o no, de vínculos existentes entre causas y efectos.
Quienes afirman que no existe el bien y el
mal, sostienen que son conceptos que cambian con las épocas, de ahí que, a
cierta causa, le seguirán distintos efectos. Ello se debe a que, supuestamente, cambian las leyes naturales con el tiempo,
incluso las leyes que gobiernan el comportamiento humano.
También se supone que el hombre actúa sólo
por influencia del medio social, de ahí que, cambiando las ideas predominantes
en la sociedad, a igual causa le seguirán distintos efectos, ya que, lo que
antes se consideraba bueno, en otra época, o en otro lugar, podrá considerarse
malo, y viceversa.
Hemos llegado así a la primera gran
simplificación. Se trata de una simplificación por cuanto la mente de los
filósofos, como la de los humanistas, no tendrá que trabajar intensamente
tratando de descubrir cuál es el mejor camino hacia la felicidad, o cuál es el
camino hacia el Bien, simplemente porque dicho concepto depende de las convenciones
y de los acuerdos humanos. Ya la ética no existirá, ni tampoco la religión, ni
la filosofía práctica, ni las teorías de la acción tendrían sentido. La
educación perdería toda posibilidad de llegar a sustentarse en contenidos
objetivos, a no ser por aquellos estrictamente intelectuales. El camino hacia
el relativismo moral se inicia de esta forma.
Hay quienes, al adherir al relativismo
moral, también adhieren al relativismo de la verdad. Así, se admite la
existencia de una verdad religiosa distinta a la verdad científica y a la
filosófica. Algo verdadero en religión podría ser falso en ciencia, y
viceversa. Luego, los pensadores deberían dejar de preocuparse por llegar a una
verdad única y objetiva, ya que ésta tampoco habría de existir. Cada individuo
no sólo debería hacer lo que le viene en ganas, sino que también debería
suponer, respecto del mundo real, lo que le viene en ganas.
También hay quienes afirman que existe una
moral asociada a la clase social a la que se pertenece y también una mentalidad
de clase, lo que anularía todo intento unificador. Así como en la India cada
individuo pertenece a una casta social desde nacimiento, se afirma que en los
demás países pasa algo similar, ya que los pobres, o los proletarios, nunca
podrán dejar de serlo. Se ignora la existencia de la clase media, tan
importante en muchos países.
El origen de estas ideas puede encontrarse,
posiblemente, en una creencia básica, tal la creencia de que el hombre actúa
sólo por la influencia del medio social, no existiendo ninguna influencia de
aspectos hereditarios. De ahí que podríamos diseñar una sociedad ideal
(comunismo, por ejemplo) y luego se le enseñaría a los
niños que eso es “bueno” por definición, y “malo” lo contrario, y así se
lograría un mundo feliz.
Esta es la tercera gran simplificación, la
ignorancia de los aspectos hereditarios. Tal simplificación implica ignorar las
leyes de la genética, una ciencia constituida no sólo por palabras, sino por
hechos verificados experimentalmente. El rechazo de la genética, por parte de
los jerarcas de la ex-URSS, y la aceptación de la “genética de la influencia
del medio”, elaborada por Lisenko, condujo a la
agricultura soviética a serios problemas.
La creencia en que el hombre actúa sólo por la
influencia del medio social, hace que nadie se sienta culpable de nada, por
cuanto se supone que “la culpa es del sistema (social y económico)”. Así como
el adolescente se siente libre de culpa cuando el grupo al que pertenece
realiza algún acto delictivo, aduciendo que él no hizo nada, sino que “fue el
grupo”, el adulto adopta una actitud similar. Las ideas predominantes en la
sociedad no lo hacen sentir un individuo, sino una anónima parte de un grupo
que carece de ideas y de orientación.
El auge del relativismo moral tanto como el
del relativismo de la verdad, está conduciendo a las sociedades actuales a
niveles de crisis bastante serios. Se critica severamente a quienes tratan de
“imponer” verdades sectoriales, ya que se descarta la posibilidad de que puedan
ser verdades objetivas, pero no se hace ninguna crítica a los que tratan de
imponer a los demás la fundamental creencia en la inexistencia del Bien, del
Mal y de la Verdad.
11 CRISTIANISMO SIN MISTERIOS
Son muchos los
pensadores que han interpretado al cristianismo como una religión sin
misterios. Ello se debe a que todos los aspectos extraños, o lógicamente
incoherentes, han sido interpretados como simbologías que son sólo un medio
para expresar ideas simples y profundas. Pero se acepta que son mensajes
acordes a la realidad.
Esta postura se ha denominado religión
natural y descarta la existencia de milagros, como intervenciones directas de
Dios por las cuales interrumpe momentáneamente las leyes naturales.
¿Es posible que el cristianismo pueda ser
efectivo al ser considerado como una religión natural? Para contestar esta
pregunta podemos ubicarnos imaginariamente en las épocas en que Cristo
predicaba y muchos de sus oyentes aceptaban sus palabras. Esos creyentes eran
así denominados porque creían en la veracidad de esas palabras.
Varios de ellos no contemplaron ningún
milagro, ni tampoco necesitaban hacerlo para creer en la veracidad del mensaje
recibido. De ahí que, podemos decir, es posible la existencia de un
cristianismo sin misterios.
Posteriormente se denominó “creyente” al que
poseía determinada postura filosófica respecto del funcionamiento del mundo
real. Esa creencia implicaba aceptar que Dios interrumpía sus leyes o
intervenía en el mundo cuando los hombres se lo pedían.
El creyente en la palabra de Cristo es el
que, generalmente, adopta una actitud ética compatible con el mensaje
escuchado, mientras que el que adopta una postura filosófica determinada puede,
o no, adoptar una actitud ética adecuada.
La interpretación del cristianismo como una
religión natural, hará que muchos acepten su contenido ético cambiando
radicalmente sus vidas. Sin embargo, las distintas Iglesias cristianas
consideran tal interpretación como algo sacrílego, por lo que no es de esperar
grandes cambios en la religión, al menos en lo inmediato, a pesar de la grave
crisis moral que afecta a la mayoría de las sociedades de todo el mundo.
Pareciera que es más importante la popularidad de Cristo que el nivel de
sufrimiento de gran parte de los seres humanos.
Se supone prioritaria la actitud filosófica
a la actitud ética. Esto resulta algo poco práctico, porque es muy difícil que
todos los hombres adopten posturas filosóficas similares. Este fracaso evidente
hace que una minoría se suponga elegida por Dios para la vida eterna, cuando lo
que en realidad hacen es ahuyentar a gran parte de la población respecto de la
religión ética.
12 LOS ALCANCES DE LA SOCIOLOGÍA
La sociología fue
iniciada por Auguste Comte en
el siglo XIX. Varias son las ideas importantes que asoció a la rama de la
ciencia por él creada. Sin embargo, la sociología no llegó todavía a
consolidarse como una ciencia experimental influyente. Esto se debe,
principalmente, a que se ha ignorado gran parte de sus ideas. Alfred Whitehead escribió: “Una
ciencia que duda si olvidar o no a sus fundadores está perdida”.
La investigación sociológica posterior a su
obra no tuvo presentes los grandes objetivos por la que fue creada, ya que
renunció en forma implícita a desempeñar un rol protagónico como factor de
solución de los grandes problemas sociales que se sucedieron. Alfred Whitehead escribió: “Es
característico de una ciencia en sus primeras etapas….que sea ambiciosamente
profunda en sus objetivos y trivial en los pequeños detalles”. Mientras que Nicholas S. Timasheff escribe:
“El mejoramiento de la sociedad se convirtió pronto en la principal
preocupación de Comte, en la verdadera finalidad de
su vida. Pero creía que para mejorar a la sociedad es necesaria una ciencia
teórica de la sociedad. Como esta ciencia no existía, se dispuso a crearla. En
su opinión, esta ciencia nueva depende de otras ciencias y en consecuencia
decidió estudiar toda la serie de ciencias teóricas que él identificó con la filosofía
positiva. A base de los resultados de estos estudios procuró formular un
sistema de leyes que gobiernan la sociedad, a fin de poder, a base de ellas,
postular un tratamiento curativo para aquélla” (De “La Teoría Sociológica” –
Fondo de Cultura Económica).
No sólo se ha perdido de vista el gran
objetivo del mejoramiento de la sociedad, sino que también hay quienes ignoran
que la sociología, como toda otra ciencia, debe buscar las leyes naturales
invariantes que serán su fundamento. Al respecto, George
Ritzer escribe: “Hasta nuestros días la sociología
recuerda a Comte por su defensa del positivismo. Aunque este término tiene
multitud de acepciones, se utiliza generalmente para referirse a la búsqueda de
las leyes invariantes del mundo natural, así como social. En la versión comtiana del positivismo estas leyes se obtienen a partir
de la investigación sobre el mundo social y/o de la teorización
sobre ese mundo. Se requiere investigación para descubrir esas leyes, pero
según Comte los hechos derivados de la investigación
tienen una importancia secundaria comparada con la especulación reflexiva. Así,
el positivismo de Comte no excluye la investigación
empírica, pero esa investigación está subordinada a la teoría” (De “Teoría
Sociológica Clásica” - McGraw Hill).
Como toda ciencia, la sociología debe tener
una base científica con principios evidentes, u observables, que puedan ser
contrastados con la propiedad realidad. Luego se desarrollará una deducción a
partir de los mismos que podrá ser similar al pensamiento filosófico corriente,
con la diferencia esencial de que es un conocimiento fundamentado
adecuadamente. Tal deducción constituirá una ideología que habrá de ser la que
efectivamente influirá sobre cada individuo, y de esa forma podrán lograrse los
grandes objetivos vislumbrados por Comte. Al
respecto, George Ritzer
escribe: “En este estadio (positivo) las personas abandonan su infructuosa
búsqueda de las causas originales. Lo único que conocemos son los fenómenos en
sí y las relaciones entre ellos, no su naturaleza esencial ni sus causas
últimas. Las personas abandonan las ideas no científicas, como los seres
sobrenaturales y las fuerzas misteriosas, y se centran en la búsqueda de las
leyes naturales invariables que gobiernan todos
los fenómenos. La exploración de los fenómenos aislados se orienta hacia su
vinculación con un hecho general. La búsqueda de estas leyes supone practicar
tanto la investigación empírica como la teoría. Comte
distinguía entre leyes concretas y abstractas. Las concretas se descubren
inductivamente mediante la investigación empírica, mientras las abstractas se
obtienen deductivamente mediante la teorización. A Comte le interesaba más crear leyes abstractas que
concretas. Aunque el positivismo se caracteriza por la búsqueda y obtención de
una gran variedad de leyes diferentes, su meta es la de enunciar una cantidad
cada vez menor de leyes generales abstractas”.
Una de las leyes enunciadas por Auguste Comte es la de las etapas
por las que atraviesa cada una de las ciencias. Existiría una primera etapa,
teológica, una segunda etapa, metafísica y la última, la etapa positiva o
científica. Se pasaría de una etapa en que se supone la existencia de fuerzas o
seres sobrenaturales, luego a una etapa racional y finalmente a una etapa en
que se hacen explícitas las leyes naturales que rigen al individuo y a la
sociedad. No es difícil ver que también esta descripción se adaptaría a la
evolución de la propia religión, en la que se pasa desde la creencia en seres
sobrenaturales de comportamiento impredecible, a la existencia de un Dios
personal que nos exige una conducta ética, para llegar finalmente a la religión
natural en la cual debemos adaptarnos a las leyes naturales establecidas. De
ahí que, de lograrse la etapa positiva en la sociología, se logrará
simultáneamente la etapa positiva en la religión y la unificación de ambas. George Ritzer escribió: “La
historia primitiva del mundo era el estadio teológico; posteriormente, el mundo
alcanzó el estadio metafísico, por último, en vida de Comte,
el mundo estaba entrando en el estadio positivo. Creía que en el estadio
positivo llegaría a comprender mejor las leyes invariantes que los dominaban y
a adaptarse a ellas «con menores dificultades y mayor rapidez». La comprensión
de estas leyes también guiaría a la gente cuando tuviera que tomar las
decisiones que facilitarían la aparición de los desarrollos sociales
inevitables, aunque no alterarían su curso”.
Es esencial, en la teoría sociológica,
encontrar una ideología de adaptación. Ésta será un conjunto reducido de ideas
básicas que podrán orientar al individuo por una vida ética dándole un sentido
básico para su vida. George Ritzer
escribió: “Es interesante e importante subrayar el hecho de que para Comte la crisis de su tiempo era una crisis de ideas y que esta crisis podía resolverse sólo mediante la
aparición de una idea dominante (el positivismo)”.
En cuanto al método utilizado en las
ciencias sociales, es necesario afirmar que sólo es necesario encontrar leyes y
principios que permitan realizar una descripción causal de los hechos
estudiados. No es imprescindible establecer predicciones de nuevos fenómenos,
tal como lo hacen las ciencias exactas. George Henrik von Wright
escribió: “En las ciencias naturales, las ideas deterministas vienen asociadas
a otras ideas como las de regularidad universal, repetibilidad
y control experimental. En las ciencias humanas, las conexiones inmediatas
tienen lugar con ideas como motivación y presión social, orientación hacia una
meta e intencionalidad. En las ciencias naturales el determinismo sirve en gran
medida a propósitos prospectivos de predicción; en las ciencias humanas hay una
insistencia relativamente mucho mayor en la explicación retrospectiva, o en la
comprensión, de lo que ya constituye un hecho consumado” (De “Ensayos sobre
explicación y comprensión” J. Hintikka y otros –
Alianza Universidad).
13 METODOLOGÍA DE LAS CIENCIAS SOCIALES
Respecto del
método utilizado por las ciencias sociales existen dos posturas distintas. Una
es la que afirma la unidad de la ciencia y supone que la sociología ha de
utilizar el mismo método que el empleado por la física, que es la más exacta de
las ciencias naturales. De ahí que Auguste Comte, que adhería a esta idea, denomina primeramente a la
sociología como “física social”. Mario Bunge
escribió: “Las respuestas tradicionales a la cuestión de la naturaleza de la
sociedad y las ciencias sociales son el naturalismo social y el idealismo. De
acuerdo con el primero, la sociedad es parte de la naturaleza, mientras que el
segundo sostiene que flota por encima de ésta por ser más espiritual que
natural. La primera respuesta implica que los estudios sociales se incluyan
dentro de las ciencias naturales, en tanto la segunda hace que pertenezcan a
las humanidades” (De “Las ciencias sociales en discusión” – Editorial
Sudamericana).
Existe un principio general, enunciado por
Pierre Teilhard de Chardin,
que pone de manifiesto la tendencia impuesta por el proceso de la evolución. En
este proceso aparece, como primer eslabón, la propia materia, estudiada por la
física y por la química. Esto implica que surgen primero las partículas
fundamentales, que dan lugar a los átomos, moléculas, células, organismos,
hasta llegar a la vida inteligente. Desde este punto de vista, existe una
transición gradual desde la materia a la vida inteligente, lo que justificaría
considerar a las ciencias sociales dentro del ámbito de las ciencias naturales.
El principio mencionado, denominado Ley
Cósmica de Complejidad-Consciencia, implica que
existe una tendencia, que progresa con el tiempo, y que está asociada tanto a
un crecimiento de la complejidad de los distintos organismos como también de un
aumento en el grado de consciencia que esos
organismos van adquiriendo. Esta es una visión de la mayor generalidad, con una
base experimental bastante aceptable, por lo que deberíamos tenerla en cuenta
para darle sentido no sólo a la ciencia, sino a la propia existencia y
finalidad del hombre.
Respecto del positivismo, Georg Henrik von
Wright escribió: “Una de estas posiciones es la
filosofía de la ciencia típicamente representada por Auguste
Comte y John Stuart Mill. Es la comúnmente
llamada positivismo”. “Uno de los
principios del positivismo es el monismo
metodológico, o la idea de la unidad del método científico por entre la
diversidad de objetos temáticos de la investigación científica. Un segundo
principio es la consideración de que las ciencias naturales exactas, en
particular la física matemática, establecen un canon o ideal metodológico que
mide el grado de desarrollo y perfección de todas las demás ciencias, incluidas
las humanidades. Por último, un tercer principio consiste en una visión
característica de la explicación científica. Tal explicación es «causal», en un
sentido amplio. Consiste, más específicamente, en la subsunción
de casos individuales bajo leyes generales hipotéticas de la naturaleza,
incluida la «naturaleza humana». La actitud hacia las explicaciones finalistas,
i.e., hacia los ensayos de dar razón de los hechos en términos de intenciones,
fines, propósitos, conduce o bien a rechazarlas como acientíficas, o bien
mostrar que, una vez debidamente depuradas de restos «animistas« o
«vitalistas», vienen a transformarse en explicaciones causales” (De
“Explicación y comprensión” Alianza Editorial).
Hay quienes sostienen que la ciencia debería
dejar de lado cuestiones tales como la finalidad de la vida del hombre, o la
finalidad del universo. Sin embargo, es posible partir del conocimiento
científico básico para dar un paso deductivo (denominado conocimiento
filosófico, si se prefiere) hasta llegar a conclusiones prácticas. El Principio
Cósmico antes mencionado es un ejemplo de tal actitud. De ahí que no debería
verse como antagónicas las posturas causalistas y
finalistas, sino complementarias. Von Wright escribió: “Por lo que se refiere a sus respectivos
puntos de vista sobre la explicación científica, el contraste entre ambas
tradiciones es caracterizado habitualmente en los términos de explicación
causal versus explicación
teleológica. También se ha llamado mecanicista al primer tipo de explicación,
finalista al segundo. La tradición galileana en el
ámbito de la ciencia discurre a la par que el avance de la perspectiva
mecanicista en los esfuerzos del hombre por explicar y predecir fenómenos, la
tradición aristotélica discurre al compás de sus esfuerzos por comprender los
hechos de modo teleológico o finalista”.
El sociólogo Émile
Durkheim es el autor del libro titulado “Las reglas
del método sociológico”, respecto del cual Susana de Luque escribe:
“En Las reglas del método sociológico”, este autor plantea una
serie de normas que deben estar presentes en el proceso de investigación
social. En este libro expone su concepción acerca de cómo debe ser abordado el
objeto de estudio de la sociología. La primera regla que enuncia es que los
hechos sociales deben ser tratados como cosas. Esto significa tratarlos en sus
características externas (por ejemplo, tratar la moral de una sociedad no a
través de una filosofía reflexiva acerca de estos hechos sino a través de una
manifestación concreta: los códigos). Más allá de una cosificación aparente, lo
interesante de esta regla es que obliga al investigador a una reflexión acerca
de su particular objeto de estudio. El estudioso debe tener presente que su
objeto es estudiar lo que los hechos son (consecuencias observables) y no lo
que él cree que son”.
“Durkheim plantea que es necesario hacer una ciencia moral
que estudie los valores y las normas con criterios de objetividad científica.
Los fenómenos morales son sumamente complejos porque no se dejan ver
directamente sino que hay que buscarlos en las consecuencias observables que
provocan. Entre otras reglas, Durkheim también
plantea que el investigador debe eliminar sistemáticamente las prenociones.
Esto significa que debe negarse a utilizar categorías que no fueron definidas
científicamente, a partir de la observación, y que pueden provenir del saber
vulgar. Este tipo de prenociones nos alejan de un estudio objetivo de los hechos
sociales” (De “La posciencia” de Esther Díaz –
Editorial Biblos).
Por otra parte, Helmut
Schoeck escribe: “En opinión de Durkheim,
la sociología debe ser independiente de cualquier filosofía. La sociología no
debe tomar posiciones de las hipótesis que dividen a los metafísicos, ni puede
tampoco defender la libertad o el determinismo. Lo único que la sociología
pretende es aplicar el principio de causalidad a los fenómenos sociales” (De
“Historia de la Sociología” – Editorial Herder). En
dicho libro cita el siguiente escrito de Durkheim:
“Para ello presenta ese principio (causalidad) no como una necesidad natural,
sino como un postulado empírico, como el resultado de una inducción justa. Dado
que el principio causal se ha verificado en los diferentes campos de la
naturaleza, de tal modo que ha ido extendiendo progresivamente su dominio de lo
físico-químico a lo biológico, y de aquí al terreno psicológico, es justo
suponer que de igual modo será válido también en el campo de lo social”.
14 EMILE DURKHEIM Y LA MORAL
La existencia de
severas crisis morales es uno de los principales motivos por los cuales algunos
sociólogos buscan conocer los fundamentos del comportamiento social de los
seres humanos en la búsqueda de soluciones a esas crisis. De ahí que tanto Auguste Comte como Emile Durkheim orientaron sus
actividades científicas buscando una mejora ética para la sociedad en donde
vivieron. George Ritzer
escribe: “Durkheim pensaba que la reforma estructural
dependía, en última instancia, de los cambios que se produjeran en la moralidad
colectiva. Creía que los problemas esenciales de la sociedad moderna eran de
índole moral y que la única solución real residía en reforzar la intensidad de
la moralidad colectiva” (De “Teoría Sociológica Clásica” – Ed.
Mc Graw Hill).
Emile Durkheim
escribió:
“La pasión
individualiza, pero también esclaviza. Nuestras sensaciones son esencialmente
individuales; pero somos más personas cuanto más nos apartamos de nuestros
sentidos, y más capaces somos de pensar y actuar de acuerdo con nuestros
pensamientos”. “Es la civilización la que ha hecho al hombre tal como es; es lo
que le distingue del animal: el hombre sólo es hombre debido a que ha sido
civilizado”.
“En general, creemos
que la sociología no habrá cumplido del todo su tarea, mientras no haya
penetrado en el fuero interno de los individuos para relacionar las
instituciones que intenta explicar con sus condiciones psicológicas…el hombre
es para nosotros no tanto un punto de partida como un punto de llegada”.
“El conjunto de
las reglas morales forma alrededor de cada hombre una especie de barrera ideal,
al pie de la cual viene a morir la marea de las pasiones humanas, sin poder
pasarla. Así es posible satisfacer las pasiones humanas, por cuanto están
contenidas. Tanto, que si la barrera se debilita en un punto cualquiera, las
fuerzas humanas contenidas hasta entonces se precipitan tumultuosamente por la
brecha abierta; pero una vez liberadas no encuentran término en donde
detenerse”.
Los efectos sociales, en épocas de crisis,
son causados principalmente por fallas morales a nivel individual. La ausencia
de normas (anomia) favorece la existencia de tendencias autodestructivas, como
es el caso del suicidio, respecto del cual Durkheim
escribe:
“Cada grupo social
tiene realmente por este acto una inclinación colectiva que le es propia y de
la que proceden las inclinaciones individuales; de ningún modo nace de éstas.
Lo que la constituye son esas corrientes de egoísmo, de altruismo y de anomia
que influyen en la sociedad…Son estas tendencias de la sociedad las que,
penetrando en los individuos, los impulsan a matarse”.
“La religión
protege al hombre contra el deseo de destruirse,…lo que constituye la religión
es la existencia de un cierto número de creencias y de prácticas comunes a
todos los fieles, tradicionales y, en consecuencia, obligatorias. Cuanto más
numerosos y fuertes son estos estados colectivos, más fuertemente integrada
está la comunidad religiosa y más virtud preservativa tiene.” (Citado en
“Teoría Sociológica Clásica” de George Ritzer – Ed. Mc
Graw Hill).
15 SOCIOLOGÍA Y NEUROCIENCIA
Siguiendo la
propuesta inicial de su fundador, Auguste Comte, es necesario que la sociología deje de ser una rama
de la filosofía y se afiance como una rama de la ciencia experimental. Por ello
es necesario recalcar cuáles han de ser los aspectos esenciales que se deben
contemplar. Entre los aspectos prioritarios considerados por Comte aparecen los siguientes:
1)
Existe una evolución de las
ramas del conocimiento que va desde una etapa teológica, seguida de una etapa
filosófica para, finalmente, llegar a la etapa científica.
2)
La “física social” (como Comte denomina primeramente a la sociología) deberá
construirse en forma análoga a las ciencias exactas.
3)
El conocimiento, por lo tanto,
ha de estar asociado al conocimiento de leyes naturales invariantes y habrá de
estar organizado en forma axiomática.
Como toda rama de
la ciencia, la sociología deberá ser compatible con otras e, incluso, habrá de
fundamentarse en alguna de ellas, como puede ser el caso de la neurociencia.
Uno de los conceptos básicos y esenciales
para la descripción del comportamiento del hombre es la actitud característica.
Por medio de esta relación entre respuesta y estímulo, podemos considerar las
cuatro actitudes básicas del hombre: amor, odio, egoísmo y negligencia. Estas
serían las actitudes predominantes asociadas a un comportamiento normal. Es
oportuno aclarar que cada individuo responde con una superposición de estas
actitudes básicas, siendo posible una modificación de la actitud característica
debido a la influencia del medio social.
En neurociencia se ha considerado no sólo el
comportamiento normal, sino también las variaciones de las actitudes que son
consideradas como “trastornos emocionales”. Daniel P. Cardinali
escribe:
“Las enfermedades
emocionales se caracterizan por la anormalidad de las experiencias emocionales
y expresivas que constituyen la afectividad. En condiciones normales, la
afectividad de una persona se encuentra en la neutralidad, con episodios leves
de euforia (llamados «felicidad») y episodios leves de tristeza (llamados «infelicidad»).
Cuando se sale de estos límites, se entra en la patología emocional” (De “Neurociencia
aplicada” – Editorial Médica Panamericana). En el mencionado libro aparece el
siguiente cuadro:
|
Depresión grave |
Depresión
moderada |
Normal |
Hipomanía |
Manía |
|
Por lo menos dos
semanas de insomnio, desesperanza, apatía, anorexia. |
Similar a la
depresión grave pero menos intensa. |
La emocionalidad puede variar de día a día pero no
interfiere con la vida normal |
Por lo menos cuatro
días de euforia, disminución del sueño, autoestima aumentada, grandiosidad. |
Por lo menos una
semana de máxima manía, a veces estados mixtos de manía y depresión. |
Según predomine
uno de estos estados, u oscile entre varios, Daniel P. Cardinali
hace la siguiente clasificación:
Depresión: Depresión
grave
Distimia: Depresión moderada
Ciclotimia:
Depresión moderada – Normal – Hipomanía
Bipolar 2:
Depresión grave – Depresión moderada – Normal – Hipomanía
Bipolar 1:
Depresión grave – Depresión moderada – Normal – Hipomanía – Manía
Desde este punto de vista, nos imaginamos
que algún día se propondrá como “normal” la actitud del amor, y como “trastorno
emocional” al odio, el egoísmo y la negligencia. Al menos debemos tener en
claro cuáles son las actitudes básicas del hombre y cuáles son sus efectos
inmediatos.