1 TENDENCIAS SOCIOLÓGICAS

 

 

Quienes proponen cierta neutralidad de la ciencia, afirman que la sociología debería describir los fenómenos sociales sin involucrarse en sugerencias prácticas. Esta postura insinúa, además, a quienes se dedican con mayor interés al estudio de la sociedad, abstenerse de dar tales sugerencias. Por el contrario, son las personas idóneas las adecuadas para esa actividad.

 

   Mientras que la sociología no se muestre unificada mediante una teoría que la sintetice, mostrará cierta fragilidad. Sin embargo, es oportuno destacar que posee una fortaleza intrínseca que radica en la posibilidad de hacer consciente, al ciudadano común, de una gran variedad de fenómenos sociales. Así como existe una introspección individual, que es el primer paso hacia un posible mejoramiento personal, disponemos también de la “introspección sociológica” observando cómo funciona la sociedad de la que somos parte.

 

   Las distintas ciencias sociales muestran sus debilidades a través de chistes surgidos desde sus propios ámbitos. Así, los economistas dicen que, luego de haber una reunión en la que participan tres de ellos, surgen, como conclusión, cuatro opiniones distintas. Los sociólogos, por otra parte, afirman que puede reconocerse a uno de ellos por las siguientes cuatro razones: a) Llega adonde no lo llaman, b) Obtiene información por el método más difícil, c) Tal información ya es conocida y d) No le sirve a nadie. Si hay algo de cierto en esta aseveración, se sugiere tener en cuenta la posibilidad de constituirse en “despertadores de conciencias”, que tanta falta le hacen a la sociedad.

 

   Uno de los criterios de selección que puede aplicarse a las teorías sociológicas propuestas, ha de consistir en verificar su grado de vinculación a los aspectos básicos del hombre estudiados por la biología. En ella encontramos la evolución biológica, y posterior adaptación progresiva, que nos insinúan continuarlas mediante la adaptación cultural al orden natural. De ahí que debemos tener presentes tanto la herencia genética de cada individuo como la influencia que recibe desde su medio social.

 

   La sociología nazi (Escuela racial de Gobineau y seguidores) supone que cada individuo está determinado principalmente por su raza, mientras que las sociologías marxistas suponen que está determinado principalmente por la influencia social. Eugenio Pucciarelli escribió: “Ni en la Unión Soviética se sostiene hoy la teoría de Lysenko, que rechazaba la herencia a favor del medio, ni en Alemania se aprueban las teorías racistas que reducían la influencia de los factores ambientales y sobrevaloraban la herencia” (De “Ideología y ciencia”).

 

   La ideología marxista influyó en muchos jóvenes llevándolos hasta la rebelión armada, exponiéndolos a la violenta represión del terrorismo estatal. El guerrillero Che Guevara sigue siendo el modelo a seguir, ya que ha de ser el resultado de la “introspección sociológica” que se logra leyendo con entusiasmo al “Manifiesto comunista”. Para el marxismo no puede haber cambio sin revolución armada (guerra civil), por cuanto, supone, la gente que vive en una sociedad capitalista tiene una forma de pensar acorde a este tipo de sociedad y no puede darse cuenta que es un “explotador” o que es un “explotado”. De ahí que sólo los seguidores de Marx pueden promover el cambio social.

 

   Las ideologías incompletas, que ignoran aspectos básicos de la naturaleza humana, engendran personajes como Hitler y Stalin, quienes han escrito  las páginas más sangrientas de la historia humana. Las ideologías  extremistas pueden lograr bastantes adeptos en los adolescentes, que tienden  a fanatizarse fácilmente. El sociólogo Fernando H. Cardoso expresó: “Si se es joven y no se es de izquierda, no se tiene corazón. Si se es viejo y no se es de derecha, no se tiene cerebro.

 

   Otra de las divergencias existentes en sociología es la interacción entre individuo y sociedad. Para unos, la sociedad determina la acción individual, ya que su influencia predominaría sobre los atributos personales. El progreso se logrará cambiando la sociedad antes de cambiar al individuo. Esta es la tendencia que deriva del pensamiento de Kart Marx, como se mencionó antes.

 

   Una postura distinta sugiere que son los individuos quienes influyen sobre la sociedad y la determinan. Cambiando al individuo, cambiará la sociedad, y así se producirá el progreso. Esta es la postura que tiene como representante máximo a Max Weber. El cristianismo, en el plano religioso, propone una mejora individual como acción prioritaria.

 

   Es esencial analizar la validez del punto de partida adoptado para la descripción sociológica. Quien parte desde la influencia social, tomará como variables a las clases sociales, la “burguesía”, el “proletariado”, etc. Hará referencias a grupos, y no a individuos. Esta forma descriptiva no tendrá en cuenta los atributos particulares y ha de generar conflictos, como siempre ha ocurrido. El principal aliado del marxista es el egoísta que vive lujosamente aun cuando esté rodeado de gente muy pobre, dando motivos valederos para las protestas.

 

   Es distinta la postura del que supone prioritaria la acción individual, de donde surgen términos como “prójimo”, “honrado”, “trabajador”, etc. Se trata incluso de “disolver” al subgrupo para insertar al individuo en el grupo constituido por la humanidad. Sin embargo, aun desde la religión se forman agrupamientos como “creyentes”, “infieles”, “ateos”, etc, generándose antagonismos en forma inmediata.

 

   Las tendencias más importantes de la sociología actual derivan de los nombres de Marx y Weber, pasando por un estado similar al de la astronomía del siglo XVI, cuando coexistían el modelo ptolemaico y el copernicano. El primero suponía que el Sol y los planetas giraban alrededor de la Tierra, mientras que el segundo afirma que la Tierra y los planetas giran alrededor del Sol. En la actualidad algunos parecen decir: “el individuo gira alrededor de la sociedad”, mientras que otros parecen afirmar: “la sociedad gira alrededor del individuo”.

 

   Posiblemente, el término medio esté más cerca de la verdad, ya que admitirá una transición gradual entre ambas posturas. Peter Berger y Thomas Luckman propusieron en su libro “La construcción de la realidad” los siguientes puntos básicos: a) Externalización: la sociedad es producida por hombres, b) Objetivación: la sociedad es una realidad objetiva, independiente de los hombres, c) Internalización: el hombre es un producto de la sociedad . (Citado en “Sociología para principiantes”  de M. Lafforgue y Sanyú).

 

   Desde el punto de vista económico también existen dos posturas principales: el capitalismo privado, o economía de mercado (autoregulado), descripto por Adam Smith, y el capitalismo estatal, o socialismo (economía planificada desde el Estado). En realidad, la concentración de poder es mayor en las sociedades comunistas que en las liberales, ya que se acentúan todos los inconvenientes criticados al capitalismo privado. El remedio puede resultar tan malo como la propia enfermedad. Nicolai Berdiaeff escribió: “La organización del Estado, de la unidad espiritual y de la concepción única del mundo, lleva en la práctica principalmente al fortalecimiento de los órganos de espionaje y de la policía política. El deseo en sí de vencer la anarquía espiritual e intelectual y alcanzar la unidad del espíritu y la concepción única del mundo, es un deseo justo que no merece más que aprobación. La era del liberalismo formal, del pancismo liberal y del escepticismo se está terminando, pero en estos caminos acechan las tentaciones del Gran Inquisidor, la dictadura de la concepción única del mundo es justamente la tentación del Gran Inquisidor y ella ha llevado a consecuencias desastrosas en el comunismo ruso y en el nacional socialismo alemán. La dictadura de la concepción única del mundo no es una victoria real sobre el caos, sino una organización formal del mismo caos; es la creación de un orden despótico detrás del cual se sigue removiendo el caos” (De “El destino del hombre contemporáneo”).

 

   Estas palabras, escritas hace varios años, nos recuerdan que el egoísmo y el desinterés por los demás, incluso por uno mismo, hacen que las sociedades entren en crisis. Surgen las tendencias totalitarias como reacción al libertinaje económico. Luego surgirá otra decepción más, y así seguirán las cosas hasta que seamos conscientes de que debemos cambiar nuestras actitudes a nivel individual ya que ningún sistema social está hecho para funcionar aceptablemente a pesar de las excesivas falencias de las conductas individuales.

 

   Muchos emplean la “lógica del neumático”, que establece que “el neumático siempre se desinfla en la parte inferior”. En forma similar, se afirma que la culpabilidad social es proporcional al dinero que se posee. En realidad, existe una mentalidad generalizada, aceptada por la mayoría, que hace actuar a las personas en forma egoísta, y quien llegó a una posición superior en la escala económica, tiene una mentalidad similar a la de quienes están en los peldaños inferiores, ya que comparten los mismos defectos y las mismas ambiciones. De ahí que proponer, como solución, algo similar a la “dictadura del proletariado”, es algo absurdo (si se busca mejorar la sociedad). Si alguien afirma que el marxismo es una ideología del pasado, se le puede sugerir que lea varios libros de sociología y observe  la vigencia que todavía tiene.

 

   Aún cuando se pueda disponer de un conocimiento accesible y coherente, no faltarán quienes nieguen lo evidente por cuanto la realidad no se ajusta a sus opiniones, o a sus creencias previas, o a sus gustos particulares. Estas actitudes hacen recordar a los adversarios de Louis Pasteur, quienes observaban con el microscopio a los microbios; por lo que nadie dudaba de su existencia. Sin embargo, mientras que Pasteur los consideraba causantes de las enfermedades, dichos adversarios suponían que eran efectos de la enfermedad. En sociología no es necesario encontrar leyes naturales precisas, ya que muchas veces  tan sólo hace falta conocer cuáles son las causas y cuáles los efectos de determinados fenómenos sociales.

 

   El hombre tiene una esencia dual, biológica y cultural, que en cierta forma deriva del antiguo dualismo entre cuerpo y alma. En la etapa biológica predomina el espíritu competitivo, de donde surgen el egoísmo y el odio. Luego vendrá una etapa cultural en la que prevalecerá la cooperación y la búsqueda de un beneficio simultáneo en cada acción entre individuos. San Agustín escribió: “Una es la sociedad de los hombres que quieren vivir según la carne; la otra es la de quienes desean vivir según el espíritu” (De “La ciudad de Dios”).

 

   Y ya tenemos una finalidad del hombre y de la sociedad; buscar el predominio  de nuestra esencia cultural sobre nuestra esencia biológica. Buscar el predominio de la cooperación sobre el egoísmo y la competencia.

 

   Muchos temen hablar de “finalidad” o del “sentido de la vida” dentro de la ciencia, como si hablar de tales conceptos implicara necesariamente estar dentro del ámbito de la religión o de la filosofía. Por el contrario, la esencia biológica y cultural, y la transición de una a otra, son aspectos básicos dentro del pensamiento científico, por lo que podemos tomarla como una finalidad inmediata, accesible a nuestra indagación y a nuestra acción.

 

   Puede interpretarse a la acción que conduce desde lo biológico a lo espiritual, como una manera de encauzar el espíritu competitivo desde la búsqueda de objetivos dirigidos a satisfacer el egoísmo hacia la búsqueda de objetivos que traerán beneficios compartidos. La conversión propuesta por la sociología no habrá de ser distinta a la sugerida por la religión.

 

 

 

2 SISTEMAS FILOSÓFICOS Y SOCIOLOGÍA

 

El pensamiento filosófico nos hace recordar un experimento realizado por Newton consistente en dejar pasar un rayo luminoso a través de un orificio practicado en una ventana cerrada. Intercalando un prisma transparente, la luz del Sol se descompone en los colores básicos que lo forman. Análogamente, los sentidos del hombre perciben la realidad exterior para transmitirla a los demás a través de las ideas y del lenguaje. Hay quienes transmiten “un solo color”, mientras  que otros difunden el “espectro completo”.

 

   El interés que despiertan los distintos intentos que el hombre realiza para reproducir en su mente al orden natural, es comparable al atractivo intrínseco a la propia naturaleza. Así, la historia de la filosofía y de la ciencia nos deleitan relatando los distintos intentos que la intelectualidad humana realiza en su afán por disponer de la información suficiente para lograr la plena adaptación al mencionado orden.

 

   Mientras más especializado sea el conocimiento, mayor será la probabilidad  de que sea verdadero; de ahí que, a mayor generalidad, menor esperanza de que sea compatible con la realidad. Se dice que el especialista es el que “conoce todo de nada”, mientras que el generalizador es el que “conoce nada de todo”, siendo el término medio el más deseado.

 

   Entre los filósofos encontramos a los especialistas, como Sócrates (dedicado principalmente a la ética), Wittgenstein (filosofía del lenguaje), Carnap (lógica), Popper (epistemología), etc. Otros establecen sistemas filosóficos que abarcan gran parte del conocimiento existente en la época de su realización. Victor Cousin escribió: “Un sistema sólo puede ser totalmente comprendido en tanto que se conocen todas las consecuencias reales que la historia se ha encargado de sacar de sus principios. Por otra parte, no se conoce un sistema si no se sabe de dónde viene, cuáles son sus antecedentes, qué sistemas presupone. Platón, por ejemplo, apenas puede ser comprendido sin sus sucesores los neoplatónicos; pero tampoco puede serlo sin sus antecesores, sin sus padres, por decirlo así, Heráclito y Pitágoras” (De “Necesidad de la filosofía”).

 

   En la física también encontramos especialistas, mientras que otros establecen teorías que incluyen a varios fenómenos particulares. El físico hindú Satyendrenath Bose se comparaba a un cometa, que aparece para luego desaparecer casi en forma definitiva, por cuanto su único aporte a la física consistió en la estadística de partículas conocida como “estadística cuántica de Bose-Einstein”.

 

   La síntesis de varios fenómenos permite dar una significación plena a cada uno de ellos. En forma parecida a cómo adquiere importancia una palabra dentro de determinado contexto, lo particular adquiere plena significación dentro de una síntesis general. Así, la teoría de la selección natural, acerca de la evolución biológica, le da sentido a toda la biología, mientras que antes de su formulación sólo se podía clasificar y asignar nombres a los distintos hallazgos. Incluso la teoría atómica permitió darle sentido a un ordenamiento previo, tal la tabla periódica de los elementos químicos.

 

   Existe una diferencia esencial entre el “hombre informado”, que conoce una gran variedad de datos y el “hombre con conocimientos”, que ha podido sintetizarlos en forma coherente. La axiomatización del conocimiento es una necesidad primordial para el establecimiento de una cultura general, tanto en el individuo como en la sociedad.

 

   En cuanto a la sociología, puede observarse que en ella coexisten varias posturas filosóficas distintas; lo que no es criticable, pero sin que exista una base común de leyes o de principios. En este sentido, se parece más a la filosofía que a la ciencia. Así como el siglo XX presenció el estudio científico del comportamiento humano, es de esperar que el siglo XXI presencie  la consolidación de una teoría sociológica que permita aceptar los aportes de los distintos investigadores sociales. Ello surgirá al establecerse un “edificio único” en forma similar a lo que sucede en otras ramas de la ciencia experimental.

 

   Podemos vislumbrar las partes que constituirán tal sistema descriptivo. En primer lugar vendrá una “teoría del conocimiento”, que habrá de identificarse con la filosofía de la ciencia. Luego vendrá una “teoría de la acción”, que incluirá a la ética y a la religión natural, y habrá de identificarse con la filosofía práctica. Ambas partes serán los “cimientos” del edificio mencionado. Luego vendrá una “ideología”, que hará “habitable” la construcción hecha, siendo su parte más vistosa.

 

   La actitud científica tiende a reemplazar el subjetivismo imperante en la filosofía por la objetividad inherente a dicha actitud. Nicolás Berdiaev escribió: “La filosofía es un acto de vida. Los metafísicos de otrora que no sabían nada de la vida, de los hombres del mundo, se retiraban a un mundo enteramente abstracto e ideal de conceptos. No es de admirar que la figura del metafísico haya podido convertirse en objeto de curiosidad y de burla. Se terminaba por ver en él no un sabio, sino un hombre ignorante de la vida. Pero lo que corresponde es exactamente lo contrario;  si puede haber una metafísica, es en cuanto conocimiento de vida, de la realidad concreta, del hombre y su destino. Debe nutrirse de experiencia viviente, como los filósofos tienen que tomar parte en el movimiento creador de la vida, en su drama” (Citado en “N. Berdiaev. Introducción a su vida y obra” de A. Klimov).

 

   Los defensores del subjetivismo se oponen al conocimiento ordenado axiomáticamente. Gabriel Marcel criticaba la tendencia a “querer encapsular el universo en un conjunto de fórmulas más o menos rigurosamente encadenadas”. En realidad, se busca “encapsular” las propias descripciones, para que sean mejor comprendidas y para que puedan servir como base para establecer el pensamiento individual. Cuando se puede ordenar el conocimiento, se puede encontrar mucha más información que la previamente existente.

 

   Auguste Comte propuso, como fundamento de la ciencia, al principio de “invariabilidad de la ley natural”. Dicho enunciado define la diferencia esencial entre la ciencia, por una parte, y la filosofía y la religión, por otra parte. De ser válido, excluye lo sobrenatural y supone la existencia de una substancia única regida por leyes naturales. Quien no se define al respecto, deja abierta la posibilidad de variadas interpretaciones y de posibles contradicciones lógicas en aquello que piensa o expresa.

 

   El atributo común de lo viviente y de lo no viviente, es la respuesta característica. Dicha respuesta es un vínculo invariante entre estímulo y respuesta, o entre causa y efecto. Este concepto, que aparece en la mecánica como masa inercial, y en los circuitos eléctricos como resistencia, implica un comportamiento definido e invariable, o bien cambiante según leyes muy simples. En el ser humano dicha respuesta puede ser modificada por la influencia de otros seres humanos o por la información adquirida, en una forma no tan simple. De ahí que no sólo tenemos una semejanza entre lo viviente y lo no viviente, sino también una diferencia esencial; tal el grado de complejidad de la respuesta característica y de su cambio.

 

   Si clasificamos las posibles actitudes del hombre en amor, odio, egoísmo y negligencia, tenemos las causas del Bien y del Mal, dándole cabida a la ética. La teoría de la acción correspondiente está sustentada en la mencionada respuesta característica, teniendo como finalidad orientar nuestras acciones hacia el Bien común. Emile Durkheim escribió: “Nuestro principal objetivo es extender a la conducta humana el racionalismo científico, destacando que, considerada en el pasado, puede reducírsela a relaciones de causa y efecto, y que mediante una operación no menos racional es posible luego transformar estas últimas en reglas de acción para el futuro” (De “Las reglas del método sociológico”).

 

   No olvidemos que la ciencia busca saber cómo funciona la realidad dejando de lado el porqué. Además, siempre se construye en el lugar donde el terreno está más firme. De ahí que la sociología, si pretende ser una ciencia, debe fundamentarse en leyes simples y evidentes, abandonando los principios metafísicos, o aquellos mal definidos, que casi siempre se han propuesto. La respuesta característica en el ser humano puede ser el cimiento a partir del cual se habrá de elevar el “edificio único” de la sociología. El resto de la “construcción” provendrá de la existencia de sistemas realimentados que aparecen dando una continuidad natural al sistema autorregulado constituido por la selección natural y la adaptación biológica de ella derivada. Así, la adaptación cultural no es más que un complemento de aquélla hacia niveles de adaptación más elevados. Nuestro cerebro es el principal artífice de dicho proceso.

 

   La lógica natural, o analógica, implica operaciones de la mente que permiten al hombre reproducir gran parte del orden natural existente. Este proceso se proyecta desde el individuo hacia la sociedad hasta llegar a la ciencia experimental. El método de prueba y error, depurado por la experimentación, es el sistema realimentado básico en todo proceso adaptativo. Y aquí tenemos el fundamento de la “teoría del conocimiento”.

 

   La actitud característica se define, matemáticamente, mediante el cociente de dos cantidades (estímulo y respuesta), mientras que un sistema realimentado, además de la respuesta característica de sus partes, agrega una resta (comparación). Es de destacar que esta descripción permite obtener una objetividad esencial. De todas formas, en sociología no es tan importante lograr una precisión extrema, sino tan sólo una precisión suficiente como para permitir establecer una ideología con una aceptable coherencia lógica y una aceptable adecuación a la realidad.

 

   La sociología debe establecerse a partir del individuo, ya que la sociedad es una suma de individuos, aun cuando se repita frecuentemente  que el todo puede ser distinto a la suma de sus partes. Además, debe describir la sociedad pensando en aquello que deberá ser, pero observando lo que en realidad es.

 

   Es oportuno mencionar, respecto de la actitud científica, la opinión del biólogo Santiago Ramón y Cajal, quien escribió: “…las principales fuentes de conocimiento son: la observación, la experimentación y el razonamiento inductivo y deductivo”, “Me limitaré a recordar que en las ciencias naturales han sido ya, desde hace una centuria, definitivamente abandonados los principios apriorísticos, la intuición, la inspiración y el dogmatismo”.  “Aquella singular manera de discurrir de pitagóricos y plutonianos (método seguido en modernos tiempos por Descartes, Fichte, Krause, Hegel y recientemente –aunque sólo en parte- por Bergson-, que consiste en explorar nuestro propio espíritu para descubrir en él las leyes del Universo y la solución de los grandes arcanos de la vida, ya sólo inspira sentimientos de conmiseración y de disgusto. Conmiseración, por el talento consumido persiguiendo quimeras, disgusto, por el tiempo y trabajo lastimosamente perdidos” (De “Los tónicos de la voluntad”).

 

   Una teoría sociológica presenta una semejanza estructural a un sistema filosófico, sólo que sus principios son simples y evidentes, antes que metafísicos y abstractos. La construcción de dicha teoría implica varios viajes de ida y vuelta desde los principios hacia los fenómenos (deducción) y desde éstos a los principios (inducción).

 

   Una teoría sociológica es como el reflejo de cierta emisión que proviene del orden natural y que se introduce en la mente de un hombre. El destello luminoso, por él transmitido, ayudará a encontrar el camino a quienes todavía no lo hallaron.

 

 

3 SOCIOLOGÍA

 

A veces, el todo es distinto a la suma de sus partes. El grupo social adquiere propiedades distintas a las de los individuos que lo componen. La sociología estudia a los grupos humanos y al vínculo entre el grupo y el individuo. Auguste Comte (1798-1857) describe el desarrollo histórico de las distintas ramas del conocimiento considerando la secuencia teología-filosofía-ciencia (o estados teológico, metafísico y positivo). Para que la sociología llegue a la etapa científica, debe partir del principio tácitamente aceptado por todas las ramas de la ciencia experimental: el principio de invariabilidad de la ley natural, propuesto por Comte.

 

   Los astrofísicos utilizan las ecuaciones de la física para describir el comportamiento de objetos estelares muy distantes; de ahí que la validez de dichas ecuaciones sea invariante en el espacio. También las aplican a épocas pasadas y siguen teniendo validez, por lo que pueden considerarse invariantes en el tiempo. En el caso del hombre, el principio mencionado implica que las leyes que describen su comportamiento han de tener  la misma validez en distintas épocas y en distintos pueblos. De ahí que toda ley natural humana (que describe la ley natural propiamente dicha) debe cumplir con estos requisitos; de lo contrario no formará parte de la ciencia. Además, aunque no sea difícil comprender su método, la dificultad mayor reside en poder pensar científicamente. Comte dijo: “Conocer es conocer científicamente”.

 

   Comte denominó sociología a la física social, y distinguió una estática y una dinámica sociales. Encuentra la división que ya existía de la filosofía, con una filosofía teórica (teoría del conocimiento) y una filosofía práctica (teoría de la acción ética) Podemos decir que la estática social describe al ordenamiento social teniendo en cuenta lo que el hombre es, y lo que ha sido, mientras que la dinámica social debe apuntar hacia lo que el hombre debe ser. La mitad de la palabra sociología tiene origen griego (logos) y la otra mitad origen latino (socio), lo que hace recordar la actitud teórica de los griegos y la actitud práctica de los romanos.

 

   Las teorías de tipo axiomático, como las realizadas en física, no sólo son útiles para sistematizar y divulgar el conocimiento, sino para permitir razonar en base a ellas. Esto es esencial en una teoría sociológica, ya que debe describir al grupo humano hasta llegar a sugerir algo práctico. Una teoría axiomática, que reduce a unos pocos principios verificables a gran parte de la realidad social, habrá de constituirse en una ideología que permitirá cierta introspección sociológica.

 

   Es importante saber hacia donde dirigirnos. Si buscamos una ideología de tipo axiomático, tendremos definidos muchos aspectos de la solución a encontrar, y tendremos descartados muchos caminos que no llevan a ninguna parte., lo que también forma parte del conocimiento científico.

 

   Si hemos de asociar algo concreto a la palabra personalidad, ello será la respuesta (o actitud) característica que da a cada individuo sus atributos sociales únicos. Tal concepto es la relación siguiente:

 

               Actitud característica = Respuesta / Estímulo

 

Esta relación proviene del hecho de que cada individuo responde de igual manera en iguales circunstancias. Entonces, la actitud característica es el conjunto de pares  (respuesta / estímulo) asociado a cada individuo. Podemos imaginar una lista de cien preguntas, que actuarán como estímulos, y que darán lugar a cien respuestas, dando una idea precisa de la forma de pensar de cierto individuo. Otra persona responderá en forma diferente a las mismas preguntas, mientras que un muestreo estadístico, ante ese requerimiento, indicará la existencia de una mentalidad generalizada del grupo social, que actúa con una “personalidad propia”, y que puede ser distinta a las de los individuos que lo componen.

 

   La actitud característica se puede clasificar mediante cuatro posibles tendencias básicas predominantes: amor, odio, egoísmo, negligencia. A la primera asociamos el Bien y a las restantes el Mal, de donde podemos extraer una ética natural.

 

   La respuesta característica del individuo depende de dos aspectos principales:  herencia e influencia. Depende de la herencia genética que cada uno trae desde su nacimiento y también depende de la influencia recibida del medio social en donde realiza su vida. También la humanidad ha llegado hasta el presente debido a la evolución biológica y , además, debido a la evolución cultural asociada al conocimiento adquirido.

 

   Cada ser humano guarda en su memoria parte de la influencia recibida en el pasado, ya sea reciente o lejano. Decimos que existe una influencia del pasado para distinguirla de la influencia del futuro, en la que la información que guardamos en nuestra memoria nos permite proyectarnos hacia el futuro en una dirección que asociamos al sentido de la vida.

 

   Con la influencia recibida, cada individuo se forma una imagen del mundo en donde vive. Las ideas que lleva en su mente serán la causa principal de su conducta. De ahí que podemos hablar de una influencia de la sociedad, como influencia directa del medio social. Si tenemos en cuenta la idea de Dios (inmanente, trascendente, o bien una visión del mundo que lo excluya) podemos hablar de una influencia de Dios que puede tener un efecto mayor que el producido por el medio social.

 

   Acontecimientos tan personales como el suicidio, tienen causas sociales, según la investigación de Emile Durkheim (1858-1917). Encontró que un débil vínculo entre individuo y sociedad, favorece el suicidio. También describe la tendencia autodestructiva de personajes famosos (deportistas, artistas, etc.) que sienten estar por encima de la sociedad y dejan de percibir las limitaciones y el control de la misma.

 

   El conocimiento de las leyes naturales precede a la acción, ya que nos hemos de adaptar al mundo real. Así vemos materializada la evolución cultural del hombre que trata de lograr mayores niveles de adaptación. El conocimiento es el primer paso hacia la acción posterior. El conocimiento progresivo de la ley natural es el medio que ha de promover un cambio social efectivo.

 

 

                                                   

4 INDIVIDUO Y SOCIEDAD

 

Casi siempre surge la controversia entre quienes suponen que la sociedad influye sobre el individuo determinando su comportamiento, y entre quienes suponen que es el individuo el que caracteriza a la sociedad. En realidad, existe una influencia mutua. Decimos que es un “sistema realimentado” por cuanto los efectos controlan a las causas, es decir, el conjunto de las mentalidades individuales (causa) produce la mentalidad generalizada del grupo social (efecto), pero a su vez cada mentalidad individual es influida por la mentalidad generalizada.

 

   El accionar de la sociedad será el resultado de las influencias individuales: más precisamente será el “promedio” del amor, del odio, del egoísmo y de la negligencia individuales. Así como a un hombre podemos describirlo en función de su cuerpo, de su mente y de su sociabilidad, será posible describir al ordenamiento social emergente como la superposición de un ordenamiento económico, de uno cultural y de uno político, que depende de los vínculos sociales entre individuos y grupos y que, en general, podrán producir conflictos y requerirán de la existencia del Estado, o algún tipo de gobierno humano.

 

   Albert Einstein admiraba a Gandhi por cuanto promovía la libertad del hombre, respecto de lo material y de los demás hombres, teniendo mínimas necesidades materiales, pero también admiraba a Roosevelt por cuanto promovía la libertad mencionada teniendo bienes materiales suficientes. Si nos contentamos con lo mínimo, al estilo de Gandhi, pero aplicamos un “factor de seguridad”, al estilo de Roosevelt, seguramente nos sentiremos liberados de los demás hombre respecto de toda dependencia material. Cuando buscamos la felicidad, es posible que también logremos buenos resultados materiales, mientras que quienes persiguen lo material, terminan esclavos de su ambición.

 

   Así como una persona puede ser importante para otros, ya sea porque mucho se la ame, o porque mucho se la odie, existen materialistas que rinden culto al dinero y otros que rinden culto a la pobreza, pero para tomar una actitud antagónica respecto del dinero. En realidad, deberíamos valorar poco lo material, no porque realmente poco valga, sino porque hemos encontrado algo que vale mucho más.

 

   Mientras que Gandhi y Roosevelt buscaban métodos liberadores, muchos hombres buscan el dinero por el poder que otorga sobre otros hombres. En una sociedad, de quien más dinero tiene, más se espera en cuanto al efecto social que producirán sus decisiones económicas. No debemos conformarnos tan sólo con cumplir con las leyes humanas, ya que nunca nos exigen hacer el Bien, sino tan sólo nos prohíben hacer el Mal.

 

   Otra de las causas por las que el hombre busca más dinero que el necesario, es la búsqueda de lo permanente y de lo indestructible, tal como un objeto material o una propiedad. De alguna forma inconsciente trata de aferrarse al mundo a través de esos elementos. Jacques Attali escribió: “Me ha parecido descubrir que, detrás de todas esas concepciones que se han sucedido y opuesto desde siempre, había como una señal siempre presente, como una obsesión insoslayable que yo resumiría así: lo que oculta la propiedad es el miedo a la muerte” (De “Historia de la propiedad”).

 

   Si el hombre adquiere una adecuada dimensión social, habrá de estar interesado por la comunidad en que vive, y en el mundo en que vive, tanto como en su propia persona. De esta forma será casi tan importante su destino  como el de los demás; y así no temerá tanto su fin individual.

 

   Los hombres que han promovido el progreso de la humanidad (científicos, pensadores, etc.) se han caracterizado por compartir sus realizaciones con los demás y por no recibir casi ninguna recompensa material a cambio, mientras que muchos de los que tienen habilidad para comprar a un precio y vender a un precio superior, se caracterizan por las ilimitadas ambiciones materiales y por compartir muy poco sus logros obtenidos. Uno son motivados por las satisfacciones morales, los demás por la satisfacción de lo material.

 

   Así como la oferta y la demanda, en una economía de mercado, regulan los precios y la producción, en una sociedad, los valores culturales también son sometidos a una especie de “oferta y demanda cultural”. Si a pocos les interesa el conocimiento y a muchos el dinero, dicha mentalidad impondrá una “escala de éxitos y fracasos” que fomentará aún más a esa tendencia. Se controlará así a los “precios” (valores humanos) y a la “producción” (cantidad de personas que responden a esos valores).

 

   Cuando se tiene en cuenta la ley de Dios, es posible que surjan diferencias respecto a una escala de valores impuesta por los hombres. Así, es posible que el “pobre y miserable” nos ayude si alguna vez sufrimos un accidente y quedamos tendidos en la calle, mientras que el “poderoso y soberbio”, al que muchos admiran, es posible que se desinterese totalmente por la situación. Como alternativa cultural podemos pensar en el “hombre espiritual” que adquiere libertad cuando alcanza la esencia del orden natural. Se adapta (se hace apto) para vivir de acuerdo a las leyes naturales, mientras que el hombre actual tan sólo busca adaptarse al medio social en que vive.

 

   Toda ideología que pretenda orientar al hombre, deberá sugerir un ordenamiento social (cultural, económico y político) que habrá de ser “el alma de la sociedad”; de ahí que un pueblo sin religión será como un hombre sin alma, o sin sentimientos. La política sin ideología es politiquería, la economía sin ideología es economismo; la religión sin ideología verificable es paganismo.

 

   La política, la economía, la religión, y toda actividad humana con trascendencia social, debe cumplir con los mismos requisitos cumplidos por la ley natural (si la ha de tener en cuenta); tendrá validez para todos los hombres y para todas las épocas. Este sencillo, pero muy general principio, invalida las ideologías parciales e incompletas. El economista Henry Hazlitt escribió: “El arte de la economía consiste en considerar los efectos más remotos de cualquier acto o política y no meramente sus consecuencias inmediatas; en calcular las repercusiones de tal política no sobre un grupo, sino sobre todos los sectores” (De “La economía en una lección” – Unión Editora)

 

 

 

 

 

 

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