1 CONSUMO Y FELICIDAD
Cuando el hombre pierde de vista su esencia humana, tanto intelectual
como social, no busca incrementar su nivel de conocimientos ni sus vínculos
afectivos, sino que trata de obtener todo lo que proporcione beneficios a su
cuerpo. Trata de satisfacer su esencia biológica antes que su esencia cultural.
Para contrarrestar esta tendencia deberíamos intentar lograr una masiva
difusión del conocimiento. Gandhi escribió: “La
característica distintiva de la sociedad moderna es esa multiplicidad
indefinida de las necesidades humanas. La característica de la civilización
antigua es la restricción imperativa y la regulación estricta de aquellas
necesidades”.
Siendo la sociedad de consumo
un efecto de la mentalidad generalizada de la sociedad, no tiene sentido culpar
a los que mejores resultados han logrado respecto de las ambiciones de la
mayoría. Aldous Huxley
escribió: “La guerra existe porque la gente quiere que exista”. Podemos generalizar
la idea y decir que “existe el pedestal que premia el éxito monetario porque la
gente quiso que así fuera”.
Con el lujo y la ostentación
se busca despertar la envidia de los demás. Quien los busca, muestra una
actitud agresiva hacia el medio social. Así, muchos desean vengarse de la
sociedad que pocos los valoró con anterioridad al logro de cierta notoriedad.
Se ha dicho al respecto: “Si quieres conocer a alguien, dadle poder”.
La mentalidad generalizada parece cambiar con las épocas. En la década
de los años cincuenta, el piloto de Fórmula Uno Peter
Collins relega sus aspiraciones deportivas para
cederle su auto al que luego sería campeón mundial: Juan M. Fangio.
Incluso Stirling Moss, su
gran rival, escribe un libro sobre la vida de Fangio.
Puede decirse que en esa época había una rivalidad deportiva que no impedía una
verdadera amistad. En la década de los noventa, por el contrario, se choca
deliberadamente el auto de un rival para que queden ambos autos fuera de
carrera y así permitir el triunfo, en el campeonato, del que lo lidera hasta
ese momento. Siendo la sociedad la que premia o castiga las distintas
actitudes, existe cierta complicidad en ella, respecto de lo mencionado.
En el ejemplo mencionado pueden observarse dos actitudes opuestas: en un
caso se sacrifica el éxito deportivo por el logro de algo más valioso: el honor
personal. En el otro caso se sacrifica el honor por el éxito deportivo (y el
dinero asociado). La existencia de enfermedades sociales es favorecida por la
sociedad que no crea “anticuerpos”. Cada individuo recibe, desde el medio
social, premios y castigos que orientarán sus decisiones. Si alguien nunca
recibe críticas implica que nunca recibe castigos, aún cuando su actitud sea
negativa al medio social. Se supone que el que hace alguna crítica “está
discriminando”, aunque el que hace esta afirmación está ubicando en el “grupo
de los malos” al discriminador, siendo ésta la peor de las discriminaciones
posibles.
Al físico Albert Einstein
se le requirió, en el Instituto de Estudios Avanzados, de Princeton,
que colocara en un sobre la cifra de dinero que deseaba ganar anualmente como
investigador. Luego, los directivos decidieron otorgarle algo más de cinco
veces la cantidad solicitada. Esto contrasta con las desmedidas ambiciones
económicas de quienes sólo tienen como actividad laboral comprar a un precio y
vender a un precio superior. Respecto de las ambiciones egoístas, Cristo
sugiere: “Habéis recibido por gracia, dad por gracia”.
Si la mayoría de los hombres buscáramos, como forma de vida, una
“pobreza franciscana”, las economías regionales colapsarían. Deberíamos, más
bien, adoptar posturas culturales adecuadas, mientras que el accionar económico
sólo ha de ser un efecto de la postura adoptada. No debemos buscar una actitud
antagónica hacia el dinero y lo material, sino una actitud favorable a la
cultura y al conocimiento.
Cuando el hombre mantiene una actitud predominantemente competitiva,
logra sólo un reducido nivel de felicidad. En vez de tener en su mente las
ideas orientadoras hacia una posible finalidad de la vida humana, tiene en su
mente la existencia de personas a quienes debe superar en algún aspecto. De ahí
que la competencia deberá reemplazarse por la cooperación.
La vida inteligente está asociada a los “aparatos de representación del
mundo”, según la expresión de Konrad Lorenz. Con ellos podemos conocer leyes naturales más
profundas que aquellas leyes tenidas en cuenta por la adaptación biológica. Así
como la vida es una suma de materia e información, la vida inteligente se ha de
fundamentar en el conocimiento y en la difusión de la verdad, es decir, el
problema de la felicidad y de la competencia se reduce, en última instancia, al
problema del conocimiento de la ley natural que rige nuestro comportamiento.
Surge el interrogante respecto de la posible supremacía, en el
individuo, de sus características biológicas heredadas o bien de la influencia
cultural adquirida. De ahí aparecen dos posturas extremas: la pesimista supone
que lo biológico siempre predominará sobre lo cultural, mientras que la postura
optimista supone que lo cultural predominará finalmente sobre lo biológico. El
conocimiento no sólo debe prevalecer sobre nuestra esencia biológica, sino
también sobre las creencias subjetivas. Epicteto
escribió: “No nos afectan las cosas, sino nuestras representaciones de las
cosas”.
Si las leyes naturales han determinado la existencia de la vida
inteligente, con su capacidad de proveernos cierto nivel de adaptación,
seguramente contemplarán la mayor importancia de lo cultural sobre lo
biológico. La cultura, como conocimiento universal, al actuar sobre la
sociedad, predominará finalmente sobre las características biológicas
heredadas. La razón triunfará sobre el instinto y la solidaridad sobre la
competencia.
Hay quienes opinan que la competencia es necesaria para el progreso
humano. Sin embargo, la mayoría de los éxitos científicos, intelectuales,
artísticos, empresariales, etc., fueron logrados por individuos en los que
predominaba la actitud de “competir con uno mismo para superarse
continuamente”, sin tomar como referencia a ningún otro hombre, ni a grupo
social alguno.
Las absurdas luchas por establecer gobiernos del hombre sobre el hombre,
nos indica un predominio de la naturaleza biológica sobre nuestra naturaleza
inteligente. El hombre biológico se caracteriza por sus ilimitadas ambiciones
personales, mientras que el hombre culto se caracteriza por realizar una vida
destinada a la búsqueda de los grandes ideales que deben orientar a la
humanidad. El matemático J. L. Lagrange dijo: “Las
pretensiones de la gente son inversamente proporcionales a sus valores”.
El grado de evolución biológica de una especie se mide por medio de la
variación de alguna característica respecto del tiempo empleado por el proceso
evolutivo para que se produzca dicha variación. En forma similar, podemos medir
la evolución cultural a partir de la
variación (aumento) de nuestro conocimiento en relación al tiempo empleado para
que se produzca tal aumento. Ello no es otra cosa que la “velocidad de
adquisición de conocimientos” que da lugar a la mencionada denominación de
“vida inteligente”.
Un mayor nivel de información no debe sólo significar un mejor nivel de
adaptación, sino también un mejor nivel del grado de felicidad logrado por los
seres humanos. De ahí que la vida inteligente tienda hacia un óptimo nivel de
conocimientos, aunque no lo logre. Es la tendencia hacia Dios, en la postura de
la religión natural. Se le da sentido así al “amor intelectual de Dios”
mencionado por Spinoza, y que es similar al amor a
Dios predicado por Cristo. El conocimiento científico actual permite darle un
sentido religioso a la humanidad, y ese sentido le ha de dar un significado a
la vida de cada hombre.
2 TIEMPO Y VIDA
Los
hombres tenemos una limitada visión de la realidad. Ello hace que exista una
gran variedad de actitudes y tendencias
adoptadas. Aún así, es posible
encontrar aspectos comunes, o generales, que caracterizarán a nuestro
comportamiento individual. El conocimiento de estos aspectos posibilitará
nuestra orientación en la vida. Stephen Crane escribió: “El que puede cambiar sus pensamientos
puede cambiar su destino”.
Las decisiones adoptadas en el presente son una consecuencia de la
información que hemos adquirido en el pasado. En esas decisiones se contemplan
los efectos que producirán en el futuro. Así como las dimensiones de un árbol
son comparables a las de sus raíces, nuestra proyección hacia el futuro
dependerá bastante de la importancia que le damos a nuestro pasado, tanto a
nivel individual como colectivo. Walter S. Landor
escribió: “El presente, como una nota musical, nada significa sino en cuanto
está ligado a lo pasado y a lo que ha de venir”.
Cuando alguien corre contra el paso del tiempo, generalmente lleva una
vida activa, llena de acontecimientos, y el tiempo disponible es utilizado
eficazmente. La juventud es, en este caso, una época de anhelos y de proyectos,
mientras que la edad adulta, e incluso la vejez, son etapas de realizaciones.
Los esfuerzos y el trabajo asignado a cada proyecto son tan intensos como
importante sea su logro. Alfred de Vigny escribió: “Una vida lograda es un sueño de
adolescente realizado en la edad madura”.
También existen quienes no establecieron proyectos para sus vidas, o
bien sus anhelos no fueron tan importantes como para asignarles todos los
esfuerzos posibles, o bien las circunstancias particulares lo impidieron. De
todas formas, casi nunca se tienen del todo claros los proyectos planteados.
Tampoco es conveniente colocarse un reloj imaginario que va determinando la
eficacia de nuestras acciones. André Maurois escribió: “La vida es una lucha contra el tiempo”.
Hay quienes consideran que perder el tiempo, para sentirse bien, es una
buena manera de invertirlo. Pero esto vale para el descanso posterior al
trabajo. De lo contrario se transforma en un ocio que diluye la vida y la hace
intrascendente. Arthur Schopenhauer
escribió: “La gente vulgar sólo piensa en pasar el tiempo; el que tiene talento
piensa en aprovecharlo”.
Muchas veces miramos nuestro pasado como el origen de los proyectos que
no pudimos lograr. Cuando escuchamos canciones de épocas pasadas, nos surge
cierta nostalgia al no haber utilizado el tiempo como hubiese sido conveniente.
De ahí que a veces resulta conveniente observar nuestra vida como una parte de
la humanidad. Apuleyo escribió: “Uno a uno, todos
somos mortales. Juntos, somos eternos”.
Las personas se asocian a partir de ambiciones compartidas. De ahí que
la sociedad deba formarse también bajo la contemplación de metas comunes a
todos sus integrantes. Una vez que se han establecido estas metas, sentiremos
la tranquilidad de no tener que elegirlas. Para la adecuada acción cotidiana,
Cristo recomendaba: “A cada día le baste su propio afán”, sugiriendo realizar
diariamente todo lo que sea accesible a nuestras posibilidades reales.
Muchos de los que no encuentran un sentido
para sus vidas sienten la necesidad de que exista una vida posterior a la
muerte. Por el contrario, deberían buscar la finalidad trascendente de nuestro
existir que es, además, el camino para una posible vida posterior. Anatole France escribió: “La
mayoría de los hombres que no saben qué hacer con su vida, quieren otra que no
termine nunca”.
La vida nos impone siempre un precio para lograr nuestros anhelos. Si
nos da la libertad, nos exige elegir entre el Bien y el Mal. Si nos da una
larga vida, nos exige aceptar la vejez. Si nos da felicidad, nos exige conocer
el sufrimiento para poder valorarla adecuadamente. Michel
de Montaigne escribió: “”Quien arrancase del hombre
el conocimiento del dolor, extirparía al mismo tiempo el conocimiento del
placer y reduciría al hombre a la nada”.
Existe una influencia del futuro que presenta dos aspectos: la esperanza
del Bien y el temor al Mal. Mientras mayor sea el temor, menor será la
esperanza. Al respecto podemos decir que un temor excesivo nos paraliza
(pesimismo), un temor normal nos hace previsores (realismo), mientras que la
ausencia de temor puede hacernos sufrir riesgos innecesarios (optimismo). Tales
de Mileto escribió: “La esperanza es el único bien común a todos los hombres;
los que todo lo han perdido la poseen aún”.
El aprovechamiento del tiempo es mayor en el intelectual ya que puede
realizar su actividad pensante en forma simultánea con otras actividades.
Cierta vez, alguien se disculpa ante el físico Albert
Einstein por haber llegado tarde a una reunión
lamentando haberle hecho perder parte de su valioso tiempo, a lo que Einstein respondió: “No se haga problema; para pensar es lo
mismo este lugar a cualquier otro”.
La verdadera alegría es la que perdura y es la que se transmite a los
demás. Este sentimiento nos indica que andamos por el buen camino, lo que nos
dará confianza para seguir adelante. Blaise Pascal
escribió: “Una persona me decía un día que sentía una gran alegría y confianza
al finalizar su confesión. Otro me decía que quedaba con temor. Yo pensé acerca
de esto que con ambos sentimientos se hacía uno bueno y que cada uno fallaba en
no tener el sentimiento del otro” (De “Pensamientos”).
Generalmente es la persona activa la que siente que el tiempo perdido no
se podrá recuperar. Por el contrario, el negligente despilfarra su tiempo y su
vida. Lucio Anneo Séneca escribió: “No hemos recibido
una vida breve, sino que la hemos hecho tal, y no somos pobres, sino pródigos
con respecto a ella. Así como grandes y regias fortunas, cuando caen en manos
de un mal dueño al punto son dilapidadas, mientras, aunque sean modestas, si
son confiadas a un buen administrador, crecen por el uso que se les da, así
nuestra existencia se extiende mucho para el que sabe aprovecharla bien” (De
“Sobre la brevedad de la vida”).
La palabra “preocupación” nos sugiere una ocupación anticipada aunque,
en realidad, se trata de un sufrimiento anticipado. Al respecto es conveniente
tener presente un método sugerido por el industrial Willis
H. Carrier y consta de tres etapas: a) Pregúntese qué
es lo peor que puede pasarle, b) Prepárese a aceptar lo peor, c) Proceda a
mejorar lo peor. Muchas veces, “lo peor” es una incomodidad que está lejos de
ser algo trágico y definitivo, por lo que no se justifica hacerse demasiado
problema.
La vida del hombre apunta a su inserción en la sociedad y en el mundo.
El medio utilizado es la búsqueda y difusión de la información. Samuel Butler escribió: “La vida es el arte de sacar conclusiones
suficientes a partir de datos insuficientes”. Podemos decir que la probabilidad
de disponer de la verdad es proporcional a la cantidad de opiniones
coincidentes emitidas por los grandes pensadores. Donde todos coinciden, es más
probable encontrarla que en los casos en que la mayoría difiere. Marcel Schwob escribió: “Las ideas de los grandes hombres son el
común patrimonio de la humanidad”.
Quien busca el mejoramiento individual, recorre una y otra vez su vida
pasada grabada parcialmente en su memoria. Allí encontrará errores cometidos y
de esa manera es posible que no los vuelva a cometer. Por ello es necesario
tener información acerca de lo que el hombre debe ser y así disponer de una
referencia concreta. El biólogo Francoise Jacob
escribió: “¿ Acaso no debe uno mismo pasar por ciertas situaciones
desagradables, incluso odiosas o ridículas, para que se nos grabe lo que
ninguna palabra puede enseñar ?. No hay mejor
instructor que el amor propio para hacer un recorrido que nadie puede llevar a
cabo en nuestro lugar” (De “La estatua interior”).
Así como el artista esculpe el aspecto exterior de un hombre idealizado,
los pensamientos de los filósofos van dando forma al interior de ese hombre. La
humanidad ha de ser la realización del pensamiento de los grandes hombres. De
la misma forma en que el pensamiento individual requiere de cierta
introspección (mirar hacia uno mismo), el mejoramiento social deberá partir de
cierta autocrítica colectiva. René Descartes escribió: “La lectura de todo buen
libro es como una conversación con los hombres que lo han escrito, los más
dignos de las edades pasadas, una conversación selecta, en la cual no nos
descubren sino sus mejores pensamientos”.
Para el logro del Bien común debemos partir del mejoramiento individual,
pero tal mejoramiento se ha de dar como consecuencia de la búsqueda previa de
dicho objetivo. Montesquieu escribió: “La sociedad no
son los hombres, sino la unión de los hombres”.
3 CONTRADICCIONES E INCOHERENCIAS
Cuando se realiza una investigación acerca de la autoría de alguna
acción ilícita, sobre la cual existen testigos, es posible saber si alguno de
ellos mintió. Ello se debe a que existe la posibilidad de detectar contradicciones
e incoherencias lógicas. De manera similar, es posible detectar la falsedad de
una descripción, ya sea que provenga de un filósofo, de un político o bien que
forme parte de las creencias de una sociedad. Pío Baroja escribió: “A una
comunidad se la engaña siempre mejor que a un hombre”.
Quien diga mentiras, deberá poseer buena memoria para no contradecirse
posteriormente y deberá tener habilidad para no caer en alguna incoherencia. El
hábito de la mentira surge del que encuentra más fácil cambiar la realidad
antes que hacerlo con sus convicciones y costumbres. Esquilo escribió: “La
mayor parte de los hombres, falseando la verdad, prefiere parecer a ser”.
Una descripción será insatisfactoria ya sea porque resulte incompleta, o
porque resulte incoherente, o bien porque sea contradictoria. Generalmente,
estos tres requisitos se cumplen, o no, en forma simultánea. Así, si un
pensador expresa opiniones opuestas, sobre un mismo aspecto de la realidad, en
un mismo momento, decimos que se contradice, mientras que si lo hace en dos
etapas distintas de su vida, puede deberse a la simple y normal evolución de su
pensamiento.
Las incoherencias lógicas implican pensamientos que resultan
incompatibles con las leyes naturales. El pensamiento cercano a la realidad,
por el contrario, no ha de presentar contradicciones ni incoherencias, y podrá
ser completo, ya que sus fundamentos permitirán sustentar al conjunto de los
hechos descriptos. Así se podrá llegar al ideal planteado por Baruch de Spinoza: “El orden y
conexión de las ideas es el mismo orden y conexión de las cosas”.
El origen más frecuente del pensamiento erróneo consiste en la lucha
interna que en cada individuo se desarrolla entre el razonamiento y las
pasiones. Quien por ellas esté dominado, tenderá a hacerse dogmático y tratará
de encerrar la realidad en una “pequeña bolsa”. Incluso se sentirá satisfecho
cuando pueda colocarle un rótulo a los distintos
pensadores, como si una palabra alcanzara para definir algo bastante extenso.
El dogmatismo no sólo implica una mentalidad estrecha, que estará dominada por
ideas ajenas, sino que rechazará cualquier conocimiento que pueda provenir de
otro origen. Así van surgiendo los grupos cerrados que, tarde o temprano,
terminarán enfrentándose.
Miguel de Unamuno escribió: “Varias veces, en
el errabundo curso de estos ensayos, he definido, a pesar de mi horror a las
definiciones, mi propia posición frente al problema que vengo examinando, pero
sé que no faltará el lector insatisfecho, educado en un dogmatismo, cualquiera,
que se dirá: ‘Este hombre no se decide, vacila: ahora parece afirmar una cosa,
y luego la contraria: está lleno de contradicciones: no lo puedo encasillar;
¿Qué es?’. Pues eso, uno que afirma contrarios, un hombre de contradicción y
pelea, como de sí mismo decía Job: uno que dice una cosa con el corazón y la
contraria con la cabeza, y que hace de esta lucha su vida. Más claro, ni el
agua que sale de la nieve de las cumbres” (De “Del sentimiento trágico de la
vida”).
El mejoramiento del hombre
consiste en hacer coincidir los objetivos de la razón con los deseos de las
pasiones. La razón actúa como un maestro que busca educar a su alumno. También
el mejoramiento de la humanidad se deberá dar como una consecuencia de hacer
coincidir los objetivos de la ciencia y de la filosofía con los objetivos de la
religión. La ciencia debe sugerir límites a la religión para evitar
contradicciones e incoherencias lógicas.
Aún hoy, se denomina
“creyente” sólo al que supone la existencia de un Dios que lo ayudará en las
situaciones de emergencia. El problema puede plantearse a partir del
antagonismo entre racionalismo (mediante el cual el hombre razona en base a la
existencia de un orden natural establecido) y las pasiones (cuando el hombre es
guiado por sus instintos básicos). Wolfgang Goethe escribió: “El verdadero, único y más hondo tema de
la historia del mundo y de la humanidad, al cual están subordinados todos los
demás, es el conflicto entre la incredulidad y la fe”.
La mentalidad reinante promueve una valoración
económica de las personas. Si mucho se valora al que posee bienes materiales,
poco se valorará a quien no los posea. Así se llega a una reducida autoestima
que emerge en forma de actitudes intolerantes y violentas, especialmente en
épocas de crisis. José Luis Aranguren escribió: “Los valores morales se pierden
sepultados por los económicos”.
Será adecuado adoptar una
actitud similar a la de los antiguos estoicos, quienes observaban los bienes
materiales con indiferencia ya que, estimaban, no favorecían ni al logro de la
virtud ni tampoco al de la vida en armonía con el orden natural. Afirmaban que
las dificultades de la vida cotidiana favorecían la necesidad de llegar cuanto
antes a la virtud, siendo la adversidad un medio hacia el logro del éxito
personal. Francis Bacon escribió: “La prosperidad
descubre mejor los vicios y la adversidad las virtudes”.
La actitud competitiva no se
da sólo respecto de lo económico, sino también respecto de lo intelectual. Hay
quienes repiten con cierto entusiasmo que el físico Albert
Einstein recibía la ayuda de su mujer para realizar
sus trabajos de investigación; incluso que ella era la “verdadera creadora” de
sus teorías. Esta actitud surge del abismo intelectual existente entre un
físico de alto nivel y el hombre común. Incluso podemos suponer que no sólo le
ayudaba, sino que su mujer hizo todos los trabajos atribuidos a Einstein. Entonces, la diferencia abismal surgirá entre la
mujer de Einstein y los demás. Luego, para disminuir
tal abismo, podríamos decir que el propio Einstein le
ayudaba a su mujer.
Debe mencionarse que, al
realizar la teoría de la relatividad especial, Einstein
estaba casado con su primera esposa, que era física, mientras que al realizar
la teoría de la relatividad generalizada, su mayor contribución a la física,
estaba casado con su segunda mujer, que nada sabía de física. Einstein alguna vez comentó que la relatividad especial
parecía un juego de niños comparada con la generalizada. También se afirma que
las obras creativas surgen de personas con “problemas psicológicos”. Es
evidente que tal actitud poco favorece al desarrollo y a la difusión del
conocimiento.
A partir de los fenómenos
naturales contraintuitivos, que ocurren a nivel
atómico y nuclear, pareciera lícito abandonar uno de los criterios para validar
el conocimiento, tal la coherencia lógica que posea. Sin embargo, la
descripción de esos fenómenos mantiene una “coherencia matemática”. Así como el
telescopio y el microscopio prolongan nuestra visión, en uno y otro sentido, la
matemática detecta la coherencia lógica cuando nuestra mente ya no es capaz de
alcanzarla.
Ante el vandalismo y la
barbarie, surgen los poderes militares que tratan de garantizar la libertad de
los pueblos. Así, actuando en forma imperialista, Roma ofrecía protección a sus
aliados. El imperialismo protector puede fácilmente convertirse en un
imperialismo opresor, siendo poco visible la frontera entre ambos.
En el siglo XX, el “soldado
libertador soviético” se introducía en otros países para “protegerlos” del
avance capitalista. También los nazis, cuando invaden Rusia, durante
Quienes siempre odiaron a los
EEUU, ven confirmadas sus creencias. Quienes teníamos algunas dudas al
respecto, nos sentimos engañados y defraudados. Así como las personas que
muestran dos caras (la buena y la mala), tienen en la segunda a la verdadera,
los países que muestran dos caras tienen en la peor a su verdadero rostro. A la
actual gestión presidencial de EEUU debemos agradecerle el haber mostrado al
mundo ese verdadero rostro.
Muchos “pacifistas” que reniegan
contra EEUU, festejaron en su momento el atentado contra las torres de New York. De esa forma apoyaron
el terrorismo de algunos grupos que terminó despertando al terrorismo de
Estado, ya que en ambos casos se atenta contra inocentes. Lo opuesto al Mal es
el Bien, y no una variante del Mal.
Siempre esperamos en la
religión un último recurso contra la guerra y contra el odio existente entre
los pueblos. Sin embargo, quienes utilizan los medios más violentos para
solucionar los conflictos, aducen estar “inspirados en Dios”. Ello nos recuerda
la siguiente expresión de Hitler: “Cuando combato al
judío, combato a favor de la obra del Señor”.
Así como una vivienda se
construye con ladrillos, y una ciudad se construye con viviendas, la sociedad
se construirá con individuos y la humanidad con sociedades. De ahí que cuesta
el mismo trabajo mejorar a un hombre que mejorar a toda la humanidad (al menos
respecto de la información que para ello se necesita). La construcción del
orden social deberá estar inspirada en el orden natural. El pensamiento es la
esperanza concreta que tenemos para lograr la humanidad tan anhelada.
4 TRABAJO Y OCIO
Cerca de una tercera parte del tiempo que dura nuestra vida la
destinamos a dormir. Al resto lo repartimos entre el trabajo y el ocio. El
tiempo empleado para dormir responde a una necesidad biológica, mientras que la
utilización del resto del tiempo dependerá de nuestras decisiones. Sócrates
dijo: “Los ratos de ocio son la mejor de todas las adquisiciones”.
Los antiguos griegos destinaban sus momentos de ocio al
perfeccionamiento estético, a través del deporte. Los espartanos lo dedicaban
al adiestramiento militar; los romanos a la vida política, mientras que el hombre
actual lo utiliza desde la realización de viajes hasta la simple diversión. Una
persona, como un pueblo, se ha de caracterizar no sólo por su actividad
laboral, sino por el empleo del tiempo libre.
Muchos errores provienen de nuestra incapacidad para disponer
adecuadamente de la libertad. Incluso el exceso de ocio puede perjudicar
seriamente a algunos individuos, tal el caso del que hereda una buena posición
económica careciendo de aspiraciones de tipo intelectual, artístico, etc. Todas
sus posibles ambiciones materiales le fueron concedidas sin tener que trabajar
para lograrlo. Ello, a veces, conduce al vicio y al libertinaje, y hace que
malogre su vida. De ahí que, en algunos países, es común que los padres
impongan a sus hijos el saber ganarse la vida por sus propios medios, a una
temprana edad, aún cuando dispongan de dinero en abundancia. Bertrand Russell escribió: “Ser
capaz de ocupar inteligentemente los ocios es el último producto de la
civilización”.
El tiempo de ocio, disponible por cada individuo, depende bastante de su
situación económica. De ahí que el ideal de muchos sea el logro de una posición
económica que les permita vivir sin trabajar; incluso hasta se busca esa
situación por medios ajenos al trabajo. Son personas orientadas por el “ideal
del parásito social”. Como la base del capitalismo es el trabajo y el ahorro
productivo, tal mentalidad impide el fortalecimiento económico del individuo y
de la sociedad.
El trabajo es un medio por el cual nos sentimos partes de la sociedad,
mientras que el ocio sólo está justificado como un descanso para nuestra
actividad laboral. Debemos vivir para el trabajo y no para el ocio, y así
disfrutaremos del ocio con mucha mayor intensidad. Por el contrario, quien vive
para el ocio, sólo logra el aburrimiento. El duque de Levis
escribió: “El aburrimiento es una enfermedad cuyo remedio es el trabajo: el
placer sólo es un paliativo”.
Con el trabajo y el ocio sucede algo similar a lo que acontece con el
invierno y el verano. Cuando hace frío, deseamos el calor; cuando hace calor
deseamos el frío. Así, deseamos lo opuesto al ocio y al trabajo según el
momento en que predomina uno u otro. William Shakespeare
escribió: “Si todo el año fuera fiesta, el deporte sería tan tedioso como el
trabajo”.
La vida consiste en una suma de momentos
agradables y de otros que no lo son tanto. Para muchos, la felicidad está
asociada sólo a las vacaciones y a los días feriados. Sin embargo, no debemos
dejar de buscar momentos felices durante nuestras actividades laborales, ya que
significan una parte de nuestra vida. La sensación de libertad, además, debe
asociarse, sobre todo, a la libertad del pensamiento. Aristóteles escribió: “La
felicidad reside en el ocio del espíritu”.
Al trabajo personal podemos clasificarlo en manual e intelectual. El
primero está asociado a cierto esfuerzo físico, el segundo está asociado al
manejo de información. La mayoría de las actividades laborales son una mezcla
de ambas. El físico Richard Feynman, cuando era un
adolescente, reparaba radios. Se decía de él que “reparaba las radios
pensando”, ya que muchos se asombraban porque debía razonar para reproducir en
su mente, previamente, las posibles causas de una falla determinada.
Así como el trabajo manual deja libre la mente y favorece al
pensamiento, el trabajo intelectual favorece al entrenamiento mental que ha de
servir para todo tipo de razonamientos. El físico Albert
Einstein valoraba su empleo como inspector de
patentes de invención como un eficaz “entrenador mental”. Durante el tiempo
libre que le ofrecía su trabajo de oficinista, elaboró parte de sus más
importantes trabajos de investigación.
El físico Paul A.M. Dirac comentaba que en algunos momentos de ocio se le
presentaban ideas de gran importancia para su trabajo como investigador. Al
respecto escribió: “Quisiera mencionar el hecho de que generalmente alcancé mis
mejores ideas, no cuando las perseguía activamente, sino cuando me encontraba
en un estado de relajamiento. El profesor Bethe nos
contó cómo se le ocurrían ideas viajando en tren y que aún antes de terminar el
día a menudo las tenía elaboradas. A mí no me pasaba eso. Solía dar largas
caminatas solitarias los domingos, durante las cuales me ponía a pasar revista de
la situación actual en un espíritu de ocio. Esas ocasiones frecuentemente
resultaron fructíferas, aun cuando (o quizás a causa de ello) la finalidad
principal del paseo era relajarse y no investigar” (De “La unificación de las
fuerzas fundamentales” de Abdus Salam).
Con la ayuda del control automático y las comunicaciones, no sólo los
trabajos manuales tienden a ser reemplazados por las máquinas, sino también
varios trabajos intelectuales. El desempleo tecnológico actúa como una sombra
que oscurece la seguridad económica de muchos trabajadores. Un deficiente
desarrollo tecnológico esclaviza al hombre sometiéndolo a tareas rutinarias,
mientras que un excesivo desarrollo tecnológico lo desplaza del trabajo. El
punto medio se logra mediante un arduo proceso de adaptación tecnológica.
En
Durante el siglo XX, Gandhi encuentra en la
rueca (un antiguo utensilio casero) el medio para que una gran cantidad de
campesinos utilicen su tiempo libre construyendo sus propias vestimentas y, de
esa forma, dejen de comprarlas a los ingleses. Además, por medio de la rueca, Gandhi introduce en
Nuestras pertenencias son valoradas según el trabajo que nos demandó su
logro. También podemos apreciarlas según el “valor de mercado”. De ahí que
muchos universitarios se sientan defraudados por no obtener resultados
económicos acordes al tiempo invertido en sus estudios. Debemos, sin embargo,
valorar los estudios realizados como una adquisición intelectual independiente
de los resultados económicos. La actitud errónea consiste en estudiar
vislumbrando tan sólo una posibilidad económica; lo que implica que no existe
una verdadera vocación por la profesión elegida.
En épocas de crisis se ofrecen pocos puestos de trabajo. Ello se debe,
entre otras causas, al temor que siente un empresario de contratar a alguien
que le traerá problemas, o que vendrá con un “abogado acompañante” buscando
demandarlo por cualquier motivo. Ello está favorecido por una mentalidad en la
cual cada uno se interesa sólo por sus derechos, pero pocas veces por sus
deberes.
En nuestras épocas es común que un empleador considere a sus empleados
como simples instrumentos para la producción, que se pueden intercambiar o
desechar por el más mínimo motivo. Los empleados, por otra parte, no sienten
ningún tipo de responsabilidad ni de fidelidad laboral hacia la empresa que les
permitió lograr gran parte de sus realizaciones personales.
Hay granjas en Italia (y seguramente en otros países) que están
autoabastecidas de alimentos, y en las cuales varios jóvenes, que han sido
drogadictos, encuentran en el trabajo un nuevo significado para sus vidas. Se
identifican con el ideal medieval de los monjes benedictinos quienes valoraban
el trabajo no sólo por la satisfacción que sus productos brindaban a sus
necesidades primarias, sino por los beneficios que el trabajo produce en
nuestro espíritu.
Muchos piensan que los éxitos deportivos que logran algunos países se
deben sólo a la disponibilidad de “medios económicos” suficientes. Con la
“falta de medios” se justifica toda inactividad y todo fracaso, mientras que se
le resta todo mérito al que logra triunfar. Además, la posesión de medios
económicos también depende del trabajo realizado.
Las modas y las costumbres cambian con las
épocas. A veces se las asocia a los medios económicos que determinan el tiempo
de ocio disponible por cada individuo. Así, las mujeres distinguidas de los
principios del siglo XX se caracterizaban por lucir una piel muy blanca, ya que
evidenciaban de esa forma, que no realizaban actividades laborales bajo el sol,
como lo hacían las mujeres de menor nivel social. Con el tiempo, a fines del
siglo XX, las mujeres distinguidas lucen su piel bronceada por los rayos solares,
mostrando de esa forma que disponen de tiempo de ocio suficiente, mientras que
las mujeres de menor nivel económico deben trabajar bastante y lucir su piel
normal. También la gente toma sol por la simple moda imperante o por los
beneficios que esa práctica trae a nuestra salud.
Si el hombre tuviese una conducta eficiente, no harían falta los
trabajos asociados a la vigilancia, la justicia, el castigo, etc. Los gastos
mundiales en esos aspectos podrían utilizarse de una forma más eficiente y
constructiva. El problema del hombre y la pobreza se solucionaría muy
fácilmente. Lo que no resulta fácil es conducir al hombre por un camino ético.
La actitud favorable hacia el trabajo surge del individuo cuya vida
tiene un sentido social; para quien la sociedad es un medio que le permitirá
establecer numerosos vínculos afectivos. Por el contrario, la búsqueda del ocio
es un síntoma de ver en la sociedad sólo un conjunto de individuos indiferentes
y egoístas. El predominio de la actitud que favorece al trabajo o bien de la
que favorezca al ocio, no son más que síntomas de la mentalidad reinante en una
sociedad.
5 CLASES SOCIALES
Las diferentes actividades que desempeñan los integrantes de una
sociedad, así como sus características personales, son valoradas de distintas
maneras. A partir de los valores aceptados, se establecen vínculos
preferenciales que dan lugar a las clases sociales.
Los valores estarán asociados a nuestra parte afectiva (valores éticos),
a nuestra mente (valores intelectuales) y a nuestro cuerpo (valores
materiales). Así como una sociedad debe mantener un equilibrio entre política,
cultura y economía, cada individuo debe mantener un equilibrio entre lo ético,
lo intelectual y lo económico. Las clases sociales aparecen cuando en los
individuos se desequilibran estos aspectos.
Cada vez que los hombres se agrupan en sectores, surgen posibilidades de
conflicto. En forma similar a lo que ocurre con el agrupamiento de partículas
eléctricas, se crean “tensiones” que crean un “desequilibrio social”.
La milenaria idea del Reino de Dios impulsa al hombre a encaminarse
hacia una humanidad unida, en lugar de la humanidad actual; fraccionada en
múltiples sectores. A través de los años, el hombre ha intentado formar parte
de un grupo, o de una clase social, a veces sin pensarlo. Cada grupo tiene su
propia escala de valores y su “mentalidad de clase”.
El Reino de Dios es un proyecto que orienta hacia una humanidad en la
cual ha de predominar la vigencia de la ley natural, que es la ley de Dios. Por
el contrario, en las variadas agrupaciones existentes, predominan los criterios
y las costumbres humanas. Esta es una forma de desadaptación
a las leyes mencionadas y, por lo tanto, una tendencia que trae asociado algún
tipo de sufrimiento. Quien está adaptado al orden natural es un hombre libre
por cuanto ejerce el gobierno sobre sí mismo, mientras que quien se sienta
parte de algún sector ha de estar gobernado, parcialmente, por la mentalidad
generalizada del grupo, y ello implica estar gobernado por otros hombres.
El Bien está asociado a toda acción que apunte hacia una humanidad
unida, mientras que el Mal ha de estar asociado a las acciones que conducen a
una humanidad fraccionada. En ambos casos, las acciones dependen de las ideas
que cada hombre lleva en su mente. Mariano Grondona escribió: “La moral no es
en ellos (en los países subdesarrollados) la de cada cual, sino aquella que
impone un partido, una iglesia o el Estado. Pero el fenómeno moral consiste
precisamente en lo contrario; que cada individuo se sienta obligado, por lo
pronto, consigo mismo. La persona auténticamente moral se da sus propias
normas, se atiene a ellas. Es....autónoma (del griego autos ‘uno mismo’, y
nomos ‘ley’). Un ser es autónomo cuando se obliga ante sí mismo aunque nadie lo
vea, cuando ‘ha decidido tener una conciencia’, según la expresión de Martín Heidegger” (De “Bajo el imperio de las ideas morales”).
Es necesario considerar a los demás en forma igualitaria, como a un
ciudadano del mundo; como a un integrante más de la humanidad. Esta actitud
surge como consecuencia de tener un pensamiento religioso, o filosófico. En
cambio, el trato no igualitario surge del que tiene en su mente la pertenencia,
propia o de los demás, a algún grupo determinado.
Una sociedad dividida ha sido la que admitía la esclavitud. Se dice que
un partidario de Gengis Kan
le convence de hacer trabajar a los chinos, como esclavos, en vez de matarlos
luego de su conquista. De ahí que la esclavitud, en su momento, fue un progreso
social. En la época romana, se sugería no dar monedas a los esclavos, ya que,
de esa forma, podrían juntarlas para comprar su libertad. Uno de los esclavos
que logra ascender socialmente fue Epicteto, cuyo
pensamiento filosófico ha llegado hasta nuestros días.
Se atribuye a Gandhi haber expresado (respecto
de los ingleses): “Podrán tener nuestros cadáveres, pero jamás nuestra
obediencia”. Hacía referencia a la posibilidad de una
libertad y de una esclavitud asociadas a la mente y al cuerpo,
respectivamente. Hay veces en que la posesión de ideas erróneas lleva a la
esclavitud de la mente, que puede ser tan cruel como la esclavitud del cuerpo.
De ahí que quienes difunden ideas erróneas actúan como esclavizantes de
personas, aunque crean lo contrario.
La religión actual es una de las causas de división y de discordia. Se
asocia la palabra “religión” a “unir a los adeptos”, de ahí que, en realidad, lo
que existe, mayoritariamente, son pseudoreligiones
que sólo sirven para fraccionar la humanidad y para que reine el odio más
profundo: el “odio religioso”.
En
En la antigua Grecia, Platón realiza sus actividades educativas en
En
Cuando se hunde el Titanic, el porcentaje de
ahogados de las clase económica fue mayor que el de la
primera clase. En los transportes de pasajeros se hace notoria la estratificación
social. Cuando Gandhi viaja por Sudáfrica, como
abogado de una empresa hindú, es obligado a desalojar su asiento durante un
viaje en tren, por cuanto el vagón correspondía a los pasajeros de raza blanca.
Varios personajes destacados en distintos ámbitos culturales debieron
padecer, alguna vez, ser poco valorados por su “bajo rango social”. Así, María Slodowska Curie, en su Polonia natal, se enamora de alguien
cuya familia la rechaza, El propio Paul McCarney, integrante de Los Beatles,
no era bien mirado por la tía de John Lennon, debido a su rango social inferior, cuando ambos
eran adolescentes.
Estos aspectos hacen que muchos busquen en el ascenso económico un
ascenso social. También temen que un descenso económico ocasione el descenso
social correspondiente. Cuando se piensa en un cambio de mentalidad, debemos
pensar en un cambio en los valores aceptados por la sociedad, y ese cambio
podrá lograrse cuando los seres humanos tengan en su mente ideas importantes de
tipo científico, filosófico o religioso. De lo contrario, pocos cambios podemos
esperar.
La existencia de clases sociales, que provocan situaciones desagradables
a quienes tengan que vivir siendo partes de las clases sociales consideradas
inferiores, muchas veces surgen, no porque alguien se eleva demasiado, sino
porque muchos se degradan en la vulgaridad, la grosería y la bajeza moral.
Luego protestan porque son “discriminados”, aunque se trata, en realidad, de
una autodiscriminación.
También se hacen críticas, cuando predomina una severa crisis económica,
a los que más tienen, como si fuesen los únicos culpables de todos los males.
Muchos están convencidos de que es el
Estado el responsable de mantenerlos sin que ellos deban trabajar. La
negligencia es el producto de un desinterés generalizado y sería adecuado que
al menos alguien critique este aspecto de la sociedad. El que está acostumbrado
a la vagancia, sólo escucha críticas al Estado y a los poderosos; y por ello se
siente eximido de toda responsabilidad social.
Durante la década de los 20 y parte de los 30, en el siglo XX, la
cervecería Carlsberg, de Dinamarca, aporta los fondos
necesarios para que en Copenhague funcione un Instituto de Física que iba a ser
dirigido por Niels Bohr.
Asisten físicos teóricos de varios países y se le da va dando una forma casi
definitiva a la mecánica cuántica. Uno de esos físicos, el holandés Paul Ehrenfest, valoraba
excesivamente los atributos intelectuales y, en vez de considerarse afortunado
al estar en el grupo que lideraba las investigaciones de física, se siente mal
al no poder hacer aportes de primer nivel. Incluso llega a la drástica
determinación de suicidarse, luego de matar a su propio hijo, afectado con el
síndrome de Down. En este caso se hizo notoria una
valoración del aspecto intelectual sobre el aspecto afectivo de las personas.
El éxito en la vida consiste en ubicar nuestras actividades en función del
sentido previamente asignado, y no la vida en función del éxito en alguna
actividad emprendida.
Las ideologías establecidas a partir del fanatismo, y no de la ética,
crean divisiones sociales que resultan peligrosas para la humanidad, tales los
casos del nazismo y del comunismo. La propagando hizo, en ambos casos, que
muchos creyeran que se trataba de movimientos dirigidos hacia el logro del
Bien. Incluso los que apoyan la realización de guerras civiles (revoluciones)
son los que aparecen como “defensores de los derechos humanos”. Descartan
cualquier forma civilizada para establecer un mejoramiento del hombre.
El marxismo se ha caracterizado por promover la lucha de clases. De ahí
que una de sus figuras representativas sea el guerrillero Che Guevara. Cuando
llegan al poder, establecen una férrea dictadura de tipo fascista y ya no es posible
disentir con la ideología establecida por el Estado. El físico Lev Landau, quien estuvo varios años en Occidente (incluso en
el Instituto de Copenhague) es sospechado de
“pensar en base al idealismo y no en base al materialismo dialéctico” y
acusado de espionaje a favor de los nazis. Le asignan una reclusión carcelaria
de diez años y realiza trabajos científicos para llamar la atención y así
salvar su vida.
La gente con mentalidad de clase alta, independientemente del dinero que
efectivamente posea, a veces muestra actitudes inhumanas, como la de la
adolescente que pide perdón a sus padres, en televisión, en vez de hacerlo con
los padres del adolescente al que le quitó la vida luego de embestirlo con su
automóvil y darse a la fuga.
Quienes alientan y justifican la violencia
asociando crímenes absurdos a la situación económica, y no al odio intenso que
padecen quienes encuentran en la sociedad toda la culpa de sus males, deberían
ser conscientes de su accionar. Así, se han dado varios casos en que un
adolescente, de un barrio marginal, mata a otro adolescente, de un barrio de
clase media, por la simple necesidad de calmar su envidia.
Cuando Cristo sugiere: “Amarás al prójimo como a ti mismo”, en la
palabra “prójimo” viene implícita la igualdad esencial de todo ser humano. Las
penas y alegrías ajenas nos han de producir efectos similares a los producidos
por nuestras propias penas y alegrías. En el mandamiento mencionado aparece en
forma explícita el sentido de la vida que debe adoptar cada hombre. Es la
información básica para cambiar al individuo, a la sociedad y a la humanidad
entera.