1 RELATIVISMO MORAL

 

Puede considerarse al relativismo moral como una actitud social por la cual se rechaza la validez definitiva de los valores éticos, que pasan a depender de las opiniones humanas. Por el contrario, el absolutismo moral acepta su validez por cuanto los asocia a la revelación religiosa o bien al propio orden natural. La adhesión al relativismo, o bien al absolutismo moral, responde a dos posturas opuestas que están relacionadas con el antiguo conflicto entre ateísmo y fe. Si no existiesen leyes morales objetivas, cada uno haría lo que le viniese en ganas y existiría un caos básico en toda sociedad humana. Incluso esto es lo que sucede en las sociedades en crisis.

 

    La existencia de una moral objetiva y absoluta, hace que muchos se sientan poseedores exclusivos de la verdad. Así, la religión revelada se basa en la creencia en una comunicación directa, desde Dios hacia los hombres, en la que expresaría su voluntad. Como son varias las religiones reveladas, y varias las interpretaciones asociadas a cada una, surge un conjunto de “éticas absolutas” que presentan diferencias esenciales, por lo que no ofrecen garantías ni soluciones concretas. De todas formas, alguna de ellas se aproximará de mejor manera al orden natural, siendo el grado de aproximación una medida de su veracidad.

 

   La alternativa restante es el “absolutismo moral oculto”, es decir, se supone que existe una moral absoluta (implícita en la ley natural) que no está escrita en ninguna parte, sino que es el hombre quien debe buscarla en su propia naturaleza humana. De esa manera se rechaza tanto el caos relativista como también el dogmatismo exclusivista y generador de conflictos.

 

   Toda asociación de personas que carezca de reglas aceptadas por la mayoría, o que las tenga pero no las respete, no podrá ser considerada una sociedad, sino un simple conjunto de seres humanos. Si se considera que no existen el Bien ni tampoco el Mal, pocas veces se buscará al primero y se tratará de evitar el segundo.

 

   El conjunto humano típico se caracteriza, entre otros aspectos, porque sus integrantes consideran “bueno” lo que desean y lo que les resulta agradable, y tan sólo por ese motivo. Por el contrario, la sociedad humana se caracteriza por el deseo de lograr lo que previamente se ha considerado como “bueno”. En el primer caso el hombre se guía por las pasiones, predominando su esencia biológica; en el otro caso se guía por el razonamiento, predominando su esencia cultural.

 

   La ignorancia de la existencia del Bien y del Mal conduce al hombre al pecado. En esto coinciden Sócrates y Cristo, ya que asocian la virtud al conocimiento de la verdad. Por el contrario, quienes promueven el relativismo moral también promueven el relativismo de la verdad; la que tampoco revestiría un carácter absoluto y universal.

 

   La verdad, respecto de algún aspecto de la realidad, también está oculta y no viene escrita en ninguna parte. Toda propuesta ética (religiosa, filosófica, científica) ha de provenir de los intentos del hombre por hacer explícito lo que se halla oculto.

 

   Según la postura relativista, el aborto, la burla, la deshonestidad, la vagancia, etc., alguna vez y en algún lugar podrán ser considerados como “buenos”, porque alguien los desea realizar. En realidad, si observamos los efectos que estas acciones producen en los demás, y en el propio individuo, veremos que serán similares en cualquier lugar y en cualquier época.

 

   No resulta extraño que en un conjunto dominado por el relativismo moral alguien proponga “despenalizar” el aborto, o legalizar el consumo de drogas. Como se rechaza la posibilidad de que exista una ética objetiva, se trata de adaptar las leyes a los deseos y a las costumbres del sector mayoritario.

 

   La realidad es vista como una obra de arte. La visión estética del mundo permite afirmar, respecto de cada acción humana, que para algunos resultará agradable y para otros será desagradable, pero que nadie tendrá derechos a considerarse dueño de la verdad.

 

   George D. Birkhoff  escribió: “Una analogía muy interesante entre estética y ética es la siguiente. Individuos de temperamento llamado artístico consideran a menudo sus experiencias personales como una sucesión de aventuras estéticas de las que tratan de sacar el mayor goce posible. De modo parecido, personas de tipo predominantemente moral, se apuran por conseguir un máximo de satisfacción moral tomando cotidianamente aquellas decisiones morales que han de promover el mayor bienestar material y espiritual a sus semejantes.” (De “Una aproximación matemática de la ética” en “El mundo de las matemáticas” de James R. Neuman – Ediciones Grijalbo SA).

 

   Varios de los medios masivos de comunicación promueven la grosería y el libertinaje, y se han convertido en corruptores de menores a nivel masivo. Sin embargo,  como se ha establecido tácitamente que la culpa de todos los males es del “sistema capitalista”, se sigue tranquilamente con la tarea destructiva. Incluso justifican sus acciones aduciendo que “el mercado manda”, es decir, aceptan que es “bueno” lo que les proporciona mayores ingresos económicos. Si el  sistema de mercado permite el accionar egoísta y destructor, entonces (piensan) no debemos perder la oportunidad de usarlo para nuestro beneficio inmediato.

 

   Ante esta agresión, la sociedad se encuentra indefensa. Ello se debe, en parte, a que se supone que la ética es una cuestión inherente sólo a la religión revelada. Como existe la posibilidad concreta de que los individuos adhieran a otras posturas filosóficas, distintas a la que sustenta tal religión, abandonan también la postura ética por ésta promovida. No estar de acuerdo con el modelo del mundo que admite un Dios personal, implica, muchas veces, el rechazo a la ley moral que provendría de ese Dios. Si, por el contrario, consideramos al orden natural como una instancia superior a toda religión, a toda creencia y a todo ser humano, se le dará a la ley moral el carácter universal y absoluto que le corresponde.

 

   Muchas veces se justifica cualquier actitud amoral diciendo que tal individuo está determinado por su código genético. Ello proviene de dejar de lado el aspecto cultural del hombre. De ahí que se excluya todo tipo de influencia cultural y toda posible mejora individual. Al legitimar los deseos inmediatos, el lema del grupo será: «Nadie debe prohibirme lo que mi estructura genética me pide, ya que ésa es mi naturaleza». Se ha llegado al extremo de tomar una actitud similar a la adoptada respecto de un animal, ya que al animal debemos aceptarlo tal cual es, con sus tendencias inscriptas en su código genético.

 

   En las sociedades en crisis varios son los “generosos” con los bienes ajenos, ya que “están dispuestos” a repartir lo de los demás. También son partidarios de que cambien los demás; de ahí que nada cambia.

 

   En la sociedad en crisis es considerado “negativo para la sociedad” el empresario que da trabajo, ya que se trataría de un “explotador”. Es negativo todo lo que se oponga al ideal oculto del socialismo. También se rechazan dictaduras, imperialismos y asesinatos masivos que no sean surgidos de la ideología marxista, en cuyo caso se las contempla con mucho respeto y admiración. Se simpatiza con el ex-imperio soviético y con quienes trataron de expandirlo por el mundo, a pesar de los millones que murieron al imponérseles el comunismo en forma violenta.

 

   El hombre que ha perdido su dignidad, poco le importa la opinión de los demás sobre cuestiones éticas asociadas a su comportamiento y, peor aún, no le interesa su propia opinión al respecto. Ello surge de la inexistencia de valores éticos absolutos aceptados por el grupo humano.

 

   Se sugiere que en las escuelas se “contenga” a los alumnos. Ello significa, muchas veces, que el docente deje de lado su dignidad humana y soporte estoicamente toda la grosería, toda la agresividad y todas las burlas que el alumno aprendió en la televisión. También al alumno se le enseña a conocer sus derechos, pero no los de los demás (que son sus obligaciones). Entre esos derechos está el de no ser castigados, ante serios delitos cometidos, debido al amparo que la ley otorga a los menores. Se les inculca, de esa forma, que sus actos no serán castigados de ninguna manera.

 

   Como se acepta que todo es relativo, en materia de ética y moral, se trata de imponer la “moral cínica”, que tiene sus antecedentes en Diógenes, un griego que escandalizaba a sus contemporáneos. La palabra “cínico” deriva de “como un perro”, ya que su comportamiento era asociado al de tal animal.

 

   Algunos, pareciera, tienen como ideal comportarse como animales, pero reaccionan violentamente si uno dice que son como animales. Se sienten discriminados, pero pretenden imponer su estilo de vida a los demás. También los demás nos sentimos discriminados por quienes quieren imponernos una “ética animal”, ajena a nuestra naturaleza humana.

 

   También de la época griega proviene el escepticismo. Esta postura filosófica rechaza la existencia de una verdad absoluta y objetiva. Incluso rechaza la posibilidad de que el hombre adquiera esa verdad. En la actualidad sabemos que el hombre, mediante la ciencia, ha logrado conocimientos importantes y accesibles a todo ser humano. Estamos cerca de llegar a una ética natural objetiva y universal. Pero el inconveniente es que, una vez lograda, quienes tengan una “fe negativa” la rechazarán buscando imponer sus propios criterios.

 

   La sociedad actual presenta posturas filosóficas similares a las existentes en la Antigua Grecia. La diferencia esencial es que ahora  la moral cínica cuenta con el apoyo de los medios masivos de comunicación. Es evidente que están teniendo un “éxito” notable. Ello se nota especialmente en la juventud que no tiene metas ni esperanzas para el futuro. En la actualidad, la imagen del hombre y de la mujer está totalmente degradada, ya que se los puede considerar como seres vivientes que buscan sólo el consumo y el placer, perdiendo de vista la existencia de elevados ideales.

 

   El relativismo moral afecta principalmente a niños y adolescentes que carecen de un ambiente familiar adecuado. En cambio, en los otros casos, la influencia negativa de los medios masivos de comunicación se verá neutralizada, o compensada, por la buena influencia familiar. Se dice que la sociedad de consumo favorece la brecha existente entre ricos y pobres; podemos hacer una analogía y decir que el relativismo moral acentúa severamente la brecha existente entre la gente culta y la gente marginada socialmente por seguir las tendencias impulsadas por la televisión pública.

 

 

 

2 IDEOLOGÍAS, CREENCIAS Y METAFÍSICA

 

Un sistema es un conjunto de objetos reunidos con una finalidad. De ahí que un sistema descriptivo ha de ser un conjunto de partes reunidas para realizar una descripción. Una de esas partes ha de ser la metafísica, o “filosofía primera”, la ciencia de los principios. A partir de los principios se deducirán las normas de conducta que darán lugar a la ética, o ciencia del comportamiento. Así como la metafísica es la filosofía teórica, la ética es la filosofía práctica. El vínculo entre ambas es la ideología, o ciencia de las ideas, quedando así constituido el sistema descriptivo general. Immanuel Kant escribió: “Un sistema es un conjunto de conocimientos ordenados según principios”.

 

   La ideología apunta hacia la formación de un orden social que concuerde con el orden natural subyacente a todo lo existente. La palabra “orden”, asociada a grupos humanos, nos sugiere la existencia de hombres apuntando hacia un mismo objetivo: mirando en una misma dirección. Vincenzo Gioberti escribió: “La palabra orden significa a un mismo tiempo mando, precepto, y la razón universal de los seres que está establecida por Dios, o por mejor decir, es el mismo Dios”.

 

   La fortaleza de los pueblos proviene del acatamiento generalizado de cierto orden. Esto contrasta con los pueblos débiles, en los que impera el caos y la desunión. Marco Tulio Cicerón escribió respecto de Roma: “Hemos superado a todas las gentes y naciones, no en número a los hispanos, en fuerza a los galos, en astucia a los cartagineses y en arte a los griegos, sino en la piedad y religión y en esta sabiduría por la que todas las cosas están regidas y gobernadas por el numen de los dioses inmortales”.

 

   Una ideología tendrá principios explícitos y sugerirá normas de conducta concretas. Los Evangelios, por ejemplo, tienen como principio “realizar la voluntad de Dios” y como sugerencia práctica se propone el “amor al prójimo”. Así como existen ideologías religiosas, debemos considerar también la existencia de ideologías filosóficas y científicas. Así como el vínculo entre el dogma y los mandamientos es la ideología religiosa, la ideología filosófica será el vínculo entre la metafísica y la ética propuesta. También la ideología científica será el vínculo entre la teoría de la acción establecida y la ética natural. De ahí que es posible la existencia de coincidencias entre los tres medios que llevan a la verdad.

 

   La actitud del creyente difiere de la actitud del científico y de la del filósofo, por cuanto, para él, la verdad ya fue revelada, mientras que para los últimos la verdad está al final de un sendero de búsqueda e investigación. El creyente rechaza las verdades a otros reveladas, mientras que los buscadores de la verdad  tratan de ofrecer sus conocimientos a los demás. Rafael Cambra escribió: “Vosotros los creyentes –se ha dicho- no podéis hacer filosofía porque cada uno, en el fondo, sabéis muy bien cuál es el origen, la esencia y el fin del universo y de vosotros mismos, y antes de empezar se puede ya saber en lo que vais a terminar. Vuestra especulación no puede ser nunca libre, racional, sincera, sino sólo una especie de apologética interesada en demostrar lo que de antemano creéis” (De “Historia sencilla de la Filosofía” – Ediciones Rialp SA).

 

   La filosofía no es sólo amor a la sabiduría, sino una necesidad imperiosa de conocimientos. Johannes Hessen escribió al respecto: “[La filosofía] como teoría de la concepción del universo se ocupa de alcanzar una interpretación del sentido del universo y, con ello, también una interpretación de la existencia humana. Sin una concepción del universo y de la vida, el hombre no puede vivir de un modo verdadero” (De “Tratado de Filosofía”- Editorial Sudamericana SA).

 

   Mientras que casi siempre buscamos fundamentar nuestras ideas en principios generales tales como “la voluntad de Dios” o “la aparente finalidad del universo”, Ignace Lepp trata de justificar la inmortalidad del hombre mediante “la demostración por el absurdo”, en forma similar al método utilizado por los matemáticos. Escribió al respecto: “¿Podría concebirse que el mundo evolucione durante miles de millones de años hasta originar la vida espiritual, consciente de sí misma….para que dicha vida vuelva a caer al fin nuevamente en la nada ? Todo mi ser se rebela contra tal hipótesis, que rebajaría y reduciría  a un absurdo al mundo, en el que tan firmemente creo” (De “La nueva Tierra” – Ediciones Carlos Lohlé).

 

 

 

 

3 CONCIENCIA MORAL

 

Podemos decir que a través de la conciencia moral podemos distinguir entre el Bien y el Mal, para orientar nuestras acciones hacia la búsqueda del Bien común. A través de ella podemos realizar el proceso de introspección, que nos permitirá lograr el mejoramiento individual, siendo nuestro propio “control de calidad” personal. Jean Jacques Rousseau escribió: “La conciencia es la voz del alma; las pasiones, la voz del cuerpo; ella es al alma lo que el instinto al cuerpo” (De “Emilio”).

 

   En el siglo XIX, un minero de EEUU, llamado Phineas Gage, sufre un accidente que le produce cierto deterioro cerebral. Luego de un tiempo se observó que su comportamiento moral cambió notablemente. Éste, y otros casos similares, hicieron que se llegara a la conclusión de que existe, a nivel cerebral, cierto proceso asociado al comportamiento ético de los individuos. Si no dispusiéramos de tal proceso, el hombre sería distinto a lo que somos y, posiblemente, nunca se hubiese establecido la cultura y la civilización.1

 

   La conciencia nos permite prever los efectos futuros que ocasionarán nuestras acciones realizadas en el presente. Si vislumbramos que los efectos serán perjudiciales para alguien, la conciencia moral inhibirá la acción correspondiente, mientras que la permitirá si se vislumbran efectos favorables. Ésta sería la secuencia natural de cualquier proceso imaginativo, ya que, por ejemplo, no saldremos a pasear si llueve; decisión que poco tiene que ver con la moralidad de nuestras acciones. La diferencia entre las decisiones morales y las demás, radica en la presencia necesaria del factor emotivo, o afectivo, en el primer caso. Es posible que nuestra conciencia realice, en cada circunstancia, una “simulación” de los efectos que nuestros actos ocasionarán a los demás. Luego de “sentir” lo que habrá de ocurrirle a los demás, tomaremos la decisión correspondiente. De ahí que no habrá un comportamiento ético adecuado sin que existan sentimientos asociados a las demás personas.

 

    Varios pensadores han sugerido la existencia de una ética natural que tenga en cuenta estos procesos de la mente, intentando la tan ansiada unificación entre ciencia y religión. En esta misma página web se ha mencionado las ideas del biólogo Julián Huxley, del paleontólogo Pierre Teilhard de Chardin, del médico Alexis Carrel, entre otros. Esta vez se mencionarán los escritos del psiquiatra H. Baruk, que permitirán observar la gran semejanza entre su opinión y la de los otros autores. H. Baruk escribió: “A cierto número de autores les ha parecido sorprendente ver poner a la orden del día la noción de conciencia moral, noción que consideraban ligada a un pasado metafísico y teológico, e inaccesible a los métodos científicos. Para estos autores, la noción de conciencia moral es solamente cuestión de fe y de obediencia dogmática, por lo cual queda fuera de la experiencia y del conocimiento científico. Podría creerse que la certidumbre de la fe es una certeza elevada de golpe al máximo, afirmada sobre una creencia y un impulso afectivo intenso y a priori, por lo cual escapa a toda verificación. Pero, en nuestra época de acción y verificación a ultranza, la certidumbre de la fe, por estar colocada en un plano inaccesible y separado de la vida práctica, termina por convertirse en una certidumbre formal que ya no tiene aplicación a la vida. Se efectúa una separación en virtud de la cual, sin discutirse, la certidumbre de la fe no es más que un ideal, una esperanza y, mientras parece ser absoluta, de hecho se la elimina cada vez más de la vida práctica y se halla en un plano cada vez más apartado de la realidad”.

    “Si nos limitamos a ordenar que no se cometan actos injustos por amor al cielo, muchas personas, si no ven los riesgos que corren, o si creen sacar provecho de sus injusticias, no vacilarán en cometerlas, con la seguridad, aun si son creyentes, de que obtendrán el perdón gracias a diversas ceremonias. El primer monoteísmo consideró que las consecuencias de la conducta se producían en este mundo, y que los acontecimientos de la vida formaban parte de una suerte de experimentación perpetua. Cuando se han arrojado al cielo las consecuencias de los actos, y cuando se ha separado el mundo terrestre injusto del mundo celeste ideal, por eso mismo se ha causado un debilitamiento y una escisión en la noción moral, que no podría menos de agravarse cada vez más en lo sucesivo” (De “Psiquiatría moral experimental” – Editorial Fondo de Cultura Económico)

 

   Así como en el ámbito de la economía existen amplios debates ideológicos, mientras se deja de lado la elemental regla de que no se debe gastar más de lo que ingresa en forma de impuestos (una simple resta aritmética), en el ámbito de la religión, y de la psicología, aparecen amplios debates sobre cuestiones inaccesibles a nuestras decisiones, mientras se dejan de lado aspectos inherentes a la conciencia moral. H. Baruk escribió: “….el conocimiento de la personalidad individual es inseparable del conocimiento social. Psicología y sociología son ciencias que no pueden separarse. ¡Una sociología aislada de las demás ciencias del hombre, es decir, de la psicología y la fisiología, está condenada al fracaso!”.

 

   El reconocimiento de la existencia de la conciencia moral no garantiza buenos resultados, ya que alguien puede cometer injusticias siendo plenamente consciente de lo que hace. También, por egoísmo o por negligencia, muchos ni siquiera se plantean los efectos que sus acciones podrán ocasionar. Finalmente tenemos el caso de quienes no admiten la existencia y las funciones de la conciencia moral, y son los que, pareciera, están gobernados por los deseos y necesidades de sus respectivos cuerpos. De ahí que el camino elegido por gran parte de la sociedad pueda denominarse ”relativismo moral”, o “libertinaje” o también “lo que el cuerpo decida”.  Así, en un programa televisivo aparece una mujer que tiene novio, pero también aparece en su vida una posible “novia”. Quienes dirigen el programa (de orientación social) le sugieren optar “por lo que su cuerpo le ordene”, legitimando cualquier posible elección. Si bien utilizan otras palabras, la actitud es similar a la mencionada. Se acepta que el hombre ya no deberá guiarse por ideales éticos, o religiosos, sino que deberá hacerlo en base a lo que satisfaga a su cuerpo.

 

   En otro programa televisivo aparece un hombre, padre de cuatro hijos, quien decide vincularse “matrimonialmente” con otro hombre. Comenta conmovido que uno de sus hijos avala tal elección diciéndole que “decida por lo que lo haga sentir mejor”, mientras que una psicóloga, luego de legitimar la “normalidad” de la situación, ataca a quienes no comparten su opinión diciendo que están “discriminando” a ese “padre ejemplar”.

 

   Hemos visto, varias veces, que una persona fallecida es despedida con aplausos, aunque no los escuche; siendo una forma de homenaje póstumo efectuado por quienes lo apreciaron en vida. Resulta que este tipo de homenaje también fue recibido por el violador serial de Córdoba (por parte de sus familiares y amigos). Pareciera que las sesenta víctimas no eran tan importantes como la satisfacción de tal individuo respecto de “lo que su cuerpo y sus instintos le ordenaban hacer”. Con el mismo criterio, muchos viven en el lujo y la ostentación aduciendo lo que aduce la mayoría: “el cuerpo me pide lujos y comodidades”. Al menos debemos reconocer que si desconocemos toda obligación moral, tampoco tenemos derecho a exigírsela a los demás.

 

   Quien busca normas éticas para la sociedad, no busca decidir la vida de los demás (como generalmente se afirma), sino que trata de que sea la conciencia moral, antes que los deseos corporales, la que oriente nuestras acciones. Trata de encontrar coincidencias respecto de las causas que producen el Bien y el Mal. Luego de llegar a esas coincidencias, que cada uno haga de su vida lo que crea más conveniente. Es necesario tener presente que “estamos todos en el mismo barco” y que las ideas predominantes, y sus consecuencias, nos afectarán a todos. Quienes rechazan todo tipo de orden ético, deben pensar que en nuestro propio cerebro existe una región encargada del control moral del individuo y, por lo tanto, de la sociedad. H. Baruk escribió: “El dominio de lo humano está regido por una síntesis de la inteligencia y de los sentimientos afectivos y emotivos. No se puede llegar a descomponer esta síntesis en factores simples aplicables a la realidad humana. El método atómico no tiene aplicación al hombre. El hombre es una realidad especial, que no obedece a las mismas leyes que los demás elementos del cosmos. Es una realidad de la cual la vida misma es función de la unidad y de la síntesis. En cuanto queremos disociar esta unidad mediante fragmentaciones, matamos la humanidad, o mejor dicho, la cortamos en fragmentos diferentes, vaciados totalmente de su carácter humano. Por eso la ciencia analítica y disociadora es mortal para la humanidad. La ciencia del hombre debe tomar al hombre en su unidad y estudiar experimentalmente las leyes de sus reacciones. Con ello, esta ciencia puede llegar a convertirse en ciencia verdadera y establecer tan bien como las demás ciencias leyes rigurosas verificadas por la experiencia y por el éxito práctico. Esta ciencia se convertirá también en la ciencia de la paz”.

 

   “Uno de los errores gravísimos de nuestra época es haber cerrado los ojos a los sentimientos para conducir al hombre a la animalidad. Es una verdadera mutilación. Es así como, a pesar del interés enorme puesto en el estudio de los sexos, muchos psicólogos modernos desconocen el amor, constituido por un instinto enriquecido, amplificado y reforzado en proporciones gigantescas, fuerza milagrosa que eleva toda la personalidad tanto física como mental, y la unifica hasta el punto de que la conciencia moral, lejos de oponerse como cree Freud al amor, saca parte de sus fuerzas de este sentimiento inmenso específicamente humano y de una amplitud infinita”. “…no se dan cuenta de que los remordimientos son en el hombre normal el mecanismo regulador esencial que controla las conductas. Sin este mecanismo regulador, el hombre se volvería un monstruo, un pervertido, un loco moral. Ahora bien, parece ser que para algunos psiquiatras actuales la meta que hay que alcanzar es transformar la humanidad en una sociedad de seres desprovistos de conciencia moral, es decir, de pervertidos y de monstruos. Pues bien, ese fin diabólico ni siquiera puede alcanzarse, puesto que la conciencia moral no puede suprimirse ni rechazarse. Como he mostrado, constituye la parte integrante esencial y específica de la naturaleza humana, que no se puede suprimir sin cometer una verdadera mutilación” (De “Psiquiatría moral experimental”).

 

 

 

 

4 NUEVA INTELECTUALIDAD

 

La crisis actual hace que nuestra sociedad requiera, en forma prioritaria, de una clase intelectual que favorezca el resurgimiento de la Nación. Ningún país está predestinado al éxito o al fracaso, ya que toda situación alcanzada será una consecuencia de nuestras decisiones.

 

    La intelectualidad de los hebreos estaba constituida por los profetas, mientras que los filósofos lo eran de la antigua Grecia. Los sacerdotes influían en forma decisiva en la Europa medieval, mientras que en la actualidad son los científicos los más escuchados, si bien no son influyentes de una manera decisiva como en los casos anteriores.

 

   En los dos últimos siglos aparecieron ideologías incompletas que se trató de imponer a través de la propaganda. Todavía hoy resuenan los ecos de las armas que pusieron en peligro a toda la humanidad. Así, los nazis fragmentaron al ser humano describiéndolo como un ser viviente determinado sólo por su herencia genética, considerando como “raza superior” justamente a quienes impulsaban esas ideas. Por otra parte, el marxismo lo describe como un ser determinado sólo por la influencia social recibida, considerando que la mejor influencia ha de ser la impartida, justamente, por los seguidores de Marx una vez establecida la sociedad comunista. Incluso suprimen la ética natural, la religión y la economía, ya que caen fuera del esquema propuesto.

 

   La solución (al menos en principio) no es tan difícil de lograr. Si se identifica la ley natural (descripta por la ciencia) con la ley de Dios (descripta por la religión), se puede llegar a la identidad entre ciencia y religión. También puede identificarse la idea del Reino de Dios con la adaptación cultural al orden natural. De esa forma, sin pretender reemplazar a la religión, se la reinterpreta y se la fundamenta para hacerla más efectiva y más accesible.

 

   De ahí que la intelectualidad del nuevo milenio deberá compatibilizar el pensamiento filosófico y religioso, con los lineamientos básicos de la ciencia experimental. De lo contrario se seguirá con las descripciones parcialmente verdaderas que impiden establecer visiones completas de la realidad.

 

   Si adoptamos una actitud científica, debemos aceptar las consecuencias necesarias e inevitables de tal adopción. En primer lugar, la existencia de una ley natural invariante. De ahí sigue la existencia de una ética objetiva y de una religión natural. Ello implica también aceptar la posibilidad de un sentido de la vida objetivo, impuesto por el propio orden natural.

 

   El método de la ciencia es una consecuencia de la actitud adoptada, ya que ésta se orienta sólo a la búsqueda de la verdad. Se dejan de lado las ideas preconcebidas, las creencias y los dogmas. Se toma como referencia, para la validación de todo pensamiento, al propio orden natural.

 

   La sociología parece ser la ciencia adecuada para establecer la nueva y definitiva intelectualidad, ya que incluye temas tales como religión, ética, economía, política, educación, etc. Mientras que el individuo ha crecido gracias a cierta introspección individual, también podrá hacerlo en forma más efectiva por medio de la introspección sociológica.

 

   La ideología (como ciencia de las ideas) requiere establecer modelos adecuados del hombre y de la sociedad. Ellos han de permitir extraer ideas básicas que servirán de soporte para establecer el pensamiento individual. Tales ideas no son, esencialmente, muy distintas del “saber de salvación” que aparece en la religión.

 

   Gran parte de las acciones individuales están orientadas, para bien o para mal, por la mentalidad predominante en la sociedad. Aunque existen personas menos influenciables que otras, es necesario luchar contra las ideologías incompletas o caóticas, que llevan a la destrucción del orden social. Mauricio Rojas escribió: “En un país dominado por poderosos conflictos sociales, desconfianza y expectativas negativas, es el estado mental de los ciudadanos lo que primero hay que cambiar para tornar posible el inicio de un proceso de reconstrucción sostenible” (De “Historia de la crisis argentina” – Ed. Distal)

 

   Nuestra época se caracteriza por la aceptación del relativismo moral; de ahí que predomine cierta anarquía social. Se supone que no existe un orden natural previamente establecido, o bien un Dios personal. El hombre, en épocas de crisis, oscila entre dos extremos igualmente peligrosos: el del fanatismo (en el que todo lo cree) y el de la incredulidad (en el que duda de todo). Henri Poincaré escribió: “Dudar de todo o creerlo todo son dos soluciones igualmente cómodas, pues tanto una como la otra nos eximen de reflexionar”.

 

   Debido a varios factores, entre ellos por la baja proporción de empresarios existentes en una sociedad, la pobreza y la desocupación se mantienen en niveles bastante altos. De ahí que es necesario mentalizar a la población respecto de las ventajas que provienen del hábito del trabajo y del ahorro. Sin embargo, las tendencias populistas sólo favorecen el antagonismo y la violencia, ya que culpan de todos los males al reducido porcentaje de empresarios. Otros tratan de mostrarse, delante de la sociedad, como personas sensibles a la pobreza y a la marginalidad, pero no hacen absolutamente nada para darles un empleo, o un trabajo circunstancial.

 

   Sugiriéndole que intente formar parte de la nueva intelectualidad, que la Nación reclama y espera, lo invito a seguir leyendo estas páginas y a realizar las consultas convenientes en el correo electrónico que aparece en la portada.

 

 

 

 

5 EL BIEN Y EL MAL

  

Una de las ideas predominantes en las sociedades actuales es la del relativismo moral. Esta idea está asociada a la inexistencia del Bien y del Mal, como aspectos objetivos de la realidad, ya que, se supone, son conceptos puramente subjetivos que dependen sólo de las opiniones personales de los individuos. Con ello, la sociedad tiende a dar un cierre casi definitivo a la ética y a la religión que se fundamenta en la ética.

 

   Incluso se ha culpado de todos los males de la sociedad a un ser impersonal: el sistema. Es una forma de aceptar que nadie es culpable de nada, sino que todos somos víctimas de esa abstracta entidad con que hemos organizado nuestra sociedad y establecido nuestras costumbres. Por supuesto, se supone también que hay quienes favorecen al sistema, y ellos serían los principales culpables del mal existente. Marco Tulio Cicerón escribió: “La ignorancia del bien y del mal es lo que más perturba la vida humana”.

 

   Tanto la ética como la religión buscan, en principio, mejorar al ser humano distinguiendo las causas que producen tanto el Bien como el Mal. Localizan ambos conceptos en las actitudes predominantes en cada ser humano. Sin embargo, si se supone que tales conceptos carecen de toda objetividad, queda sin efecto todo tipo de posible mejora individual.

 

   Quienes se oponen a esta postura, generalmente aceptan la existencia del bien y del mal sectorial (en vez de serlo a nivel individual). Así, para los marxistas existe el “Mal absoluto”: los capitalistas, mientras que ellos mismos representan el “Bien absoluto”, de ahí que Lenín decía que “moral es lo que favorece el advenimiento del comunismo”. Para los nazis, el mal está en los judíos y ellos mismos son el bien (la raza superior). Para muchos islámicos, el mal es EEUU y el bien es el Islam.

 

   Pareciera que quienes favorecen al relativismo moral adoptan como lema el hacer lo que a cada uno le viene en ganas. Sin embargo, todos protestan contra el empresario que poco les paga a sus empleados. Simplemente ese sujeto está cumpliendo con lo que la sociedad ha elevado hasta convertirse en el fundamento de la misma, ya que hace lo que se le da la gana.

 

   Si uno critica a alguien que, supuestamente, hace el Mal, se lo acusará de estar discriminándolo. De ahí que deberíamos aceptar en silencio toda costumbre social que quiera generalizarse e imponerse. Además, el discriminador pasa a ser parte del mal existente en la sociedad por ser un defensor del sistema vigente.

 

   En conclusión, se rechaza la existencia del bien y del mal si estos conceptos se han de utilizar para mejorar al individuo, pero se los acepta cuando se trata de eliminar o de castigar a todo sector racial, social o nacional distinto al sector al cual se pertenece o por el cual se simpatiza.

 

 

 

 

 

 

 

 

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