19 EL “TODO VALE”, EN CIENCIA Y FILOSOFÍA

 

En el caso de la ciencia, existen tendencias anarquistas que predican el “todo vale” dentro de la metodología científica. Tal es el caso de Paul K. Feyerabend, quien escribió:

 

“La idea de un método que contenga principios científicos, inalterables y absolutamente obligatorios que rijan los asuntos científicos entra en dificultades al ser confrontada con los resultados de la investigación histórica. En este momento nos encontramos con que no hay una sola regla, por plausible que sea, ni por firmemente basada en la epistemología que venga, que no sea infringida en una ocasión o en otra” (De “Contra el método” – Editorial Planeta De Agostini SA)

 

En realidad, cuando se habla acerca del método de la ciencia, algunos suponen que consiste en una especie de recetario que indica los pasos necesarios para llegar a la innovación, a la creatividad, al nuevo conocimiento, lo que resulta totalmente absurdo. Es el mismo caso en que alguien quisiera establecer una lista de pasos necesarios para llegar a ser un gran pintor o un gran músico.

 

Por el contrario, la actividad científica puede compararse al proceso de la evolución biológica en el cual, por medio de mutaciones genéticas y tiempo, se produce la selección natural y posterior adaptación al medio ambiente. En ciencia, aparecen varias propuestas respecto de la descripción de cierto tema, pero la experimentación se encarga de seleccionar sólo la que está más cerca de la realidad.

 

Donde en realidad existe cierta anarquía y una total ausencia de reglas, es en la elaboración de las diversas teorías propuestas. En donde aparecen las “reglas del método” es en la etapa necesaria de la confrontación de la teoría con la realidad (experimentación). Al respecto, el físico Richard P. Feynman (Premio Nobel) escribió:

 

“Ahora les explicaré cómo buscar una nueva ley. Por regla general, la búsqueda de nuevas leyes sigue los pasos que voy a describir. Primero la conjeturamos. A continuación calculamos las consecuencias de nuestra idea primitiva para ver cuáles serían las consecuencias de ser cierta nuestra conjetura. Comparamos luego los resultados de nuestros cálculos con lo que sabemos, por los experimentos o por la experiencia, acerca de la naturaleza para ver si cuadran. Si están en desacuerdo con los experimentos es que la conjetura está equivocada. En esta simple afirmación radica la clave de la ciencia. No importa que nuestra conjetura sea preciosa, ni lo listo que sea uno, ni el nombre del autor. Si los cálculos no concuerdan con lo observado la conjetura no vale. Y esto es todo” (De “El carácter de la ley física” – Tusquets Editores SA)

 

En su libro, Feyerabend escribe:

 

“Recordando que la separación existente entre las ciencias y las artes es artificial, que es el efecto lateral de una idea de profesionalismo que deberíamos eliminar, que un poema o una pieza teatral pueden ser inteligentes a la vez que informativas (Aristófanes, Hochhut, Brecht), y una teoría científica agradable de contemplar (Galileo, Dirac), y que podemos cambiar la ciencia y hacer que esté de acuerdo con nuestros deseos. Podemos hacer que la ciencia pase, de ser una matrona inflexible y exigente, a ser una atractiva y condescendiente cortesana que intente anticiparse a cada deseo de su amante”.

 

Cuando este autor hace una comparación entre ciencia y arte, abre un gran interrogante en el científico, para quien la ciencia es una actividad orientada a la búsqueda de leyes de la naturaleza. De ahí que convendría conocer exactamente a qué ciencia se refiere Feyerabend, o qué entiende por esa palabra.

 

Respecto del relativismo que profesa Feyerabend, Mario Bunge escribe:

 

“El relativismo epistemológico es la doctrina según la cual toda la verdad es relativa al sujeto, el grupo social, o el periodo histórico. En otras palabras, no habría verdades objetivas universales”. “No debe sorprender por lo tanto que los constructivistas-relativistas, empezando por Paul Feyerabend, niegan las diferencias entre ciencia y no-ciencia” (De “Sistemas sociales y filosofía” – Editorial Sudamericana SA)

 

Mientras que desde la ciencia se trata que la filosofía tienda a adquirir cierta objetividad, nos encontramos con la sorpresa que desde la filosofía se trata que la ciencia tienda a adquirir cierta subjetividad. Peor aún, atribuyen a la ciencia un valor totalmente subjetivo, lo que no se ajusta para nada con la realidad.

 

En ciencia, cuando una descripción es errónea, se la rechaza, mientras que en la filosofía, al no existir un criterio de validez objetiva, se acepta todo. De ahí la necesidad de que el filósofo estudie directamente los lineamientos básicos de la ciencia para fundamentar sus trabajos (si es que pretende que tengan cierta objetividad). Por ello se distingue entre filosofía científica (objetiva) y filosofía especulativa (subjetiva).

 

Podemos mencionar la opinión del físico Steven Weinberg (Premio Nobel), quien escribió:

 

“Los físicos llevan consigo una filosofía operativa. Para la mayoría de nosotros, esta filosofía es un crudo realismo, una creencia en la realidad objetiva de los ingredientes de nuestras teorías científicas. Pero esto ha sido aprendido a partir de las experiencias de la investigación científica y raramente de las enseñanzas de los filósofos”.

 

“De cuando en cuando he tratado de leer los trabajos en curso sobre la filosofía de la ciencia. He encontrado que algunos de ellos están escritos en una jerga tan impenetrable que sólo puedo pensar que pretendían impresionar a aquellos que confunden la oscuridad con la profundidad. Otra parte de estos trabajos constituían una buena, e incluso ingeniosa, lectura, como es el caso de los escritos de Wittgenstein y Paul Feyerabend. Pero sólo raramente me parecía que tuvieran algo que ver con el trabajo de la ciencia tal como yo lo conocía”.

 

“Anteriormente planteé el problema de lo que Wigner llama «irrazonable efectividad» de la matemática: aquí quiero considerar otro fenómeno igualmente enigmático: la irrazonable inefectividad de la filosofía” (De “El sueño de una teoría final” – Editorial Crítica SA)

 

El predominio del subjetivismo y del relativismo, en sus variadas formas, afecta tanto a la ciencia como a la filosofía e, incluso, a la sociedad, porque abre las puertas al “todo vale”, permitiendo el acceso de pseudointelectuales, haciendo perder de vista la existencia de la verdad objetiva, sin cuya ayuda pocas posibilidades de progreso humano habrá. La rebelión de las masas, descripta por Ortega y Gasset, está en plena vigencia.

 

 

 

20 CONTRA LA VERDAD

 

Cuando nos preguntan si hemos dicho la verdad, también podrían habernos preguntado si hemos descrito cierto aspecto de la realidad con un pequeño error, o con ninguno. También en la ciencia experimental existe un error entre nuestras descripciones de la realidad y la propia realidad:

 

Error = La descripción ─ Lo descrito

 

En caso de que el error sea nulo (o muy pequeño) decimos que hemos llegado a la verdad. Si las leyes de la naturaleza son invariantes, el grado de aproximación que tenga una descripción científica, no varía en el tiempo. Sin embargo, es posible la aparición de otras descripciones más cercanas a la realidad.

 

Quienes dedican sus vidas a la búsqueda de la verdad, ya sea desde la filosofía, desde la religión o la ciencia, se encuentran con la sorpresa de que algunos intelectuales afirman que tal verdad no podrá nunca tener una validez universal. Esto contradice, sin embargo, el hecho de que la ciencia ha acumulado un gran caudal de conocimientos de validez universal. Por ejemplo, las leyes de Newton de la mecánica se siguen utilizando en la actualidad y tienen igual validez en la China, como en la India o en Occidente.

 

Si el propio ser humano está regido por leyes naturales, investigadas por la medicina, o incluso por la neurociencia, será posible encontrar leyes científicas de validez universal, tal como ocurre con la física y con otras ramas de la ciencia. También aquí, el error cometido depende de la diferencia entre nuestras descripciones y la propia realidad.

 

Todo esto es muy simple. Sin embargo, existen muchos escritores que promueven el relativismo cognitivo, sosteniendo que no es posible encontrar verdades de validez universal. De ahí que las leyes de Newton antes mencionada serían utilizadas por todo el mundo por una simple conveniencia, y no por el grado de adaptación de las mismas a las propias leyes naturales.

 

Mario Bunge escribió: “El movimiento «posmertoniano» o anticientífico de la sociología del conocimiento surgió en los años sesenta bajo la influencia de T.S. Kuhn y P.K. Feyerabend, la filosofía lingüista de Wittgenstein y el irracionalismo «continental» (vale decir, alemán y francés). Rápidamente tuvo adhesión popular por negar que la investigación científica básica fuera peculiar, racional, objetiva, desinteresada, benigna. Este movimiento se caracteriza por el externalismo radical, el constructivismo, el relativismo y el pragmatismo – y el amateurismo-Más adelante mostraremos que externalismo implica constructivismo y éste, a su vez, relativismo y pragmatismo”

 

“El externalismo global radical sostiene que todo fragmento de conocimiento es una construcción social. Por otra parte, en cierto modo se referiría a la sociedad, esto es, tendría un contenido social, de manera que, en última instancia, no habría distinciones entre contenido y contexto, ciencias naturales y ciencias sociales y ni siquiera entre discurso y praxis. Esto sería válido aun para la matemática, tradicionalmente considerada como la más pura de todas las ciencias”

 

Wright afirma confiado –pero sin pruebas, por supuesto- la tesis de que la física es en realidad una teoría social disfrazada y que la totalidad de la ciencia debe entenderse como referida a la estructura del lenguaje más que a las cosas que están allí afuera”.

 

“Semejante paso de lo interior a lo exterior viene de perillas a los que insisten en hablar de ciencia sin molestarse en aprenderla. Incluso alimenta la ilusión de que quien está afuera puede «explicar a quien está adentro cómo funciona todo» (Latour)”

 

“A su turno, el constructivismo implica el relativismo epistemológico, esto es, la concepción de que no hay verdades objetivas. En efecto, si todos los hechos son creación de uno u otro grupo social, no puede haber verdades objetivas referidas a ellos. Y si ése es el caso, no puede haber pruebas de la verdad o «controles de la realidad»”

 

“En conclusión, la sociología posmertoniana de la ciencia es falsa, superficial y anticientífica. Es crítica de la ciencia genuina pero crédula con la pseudociencia, así como culpable de ideología. Recurre a filosofías irracionalistas, en particular la hermenéutica filosófica, la fenomenología y el existencialismo, esa cumbre del sinsentido poco común. No ha hecho una sola contribución sólida a su campo” (De “Las Ciencias Sociales en discusión” – Editorial Sudamericana SA)

 

Es oportuno mencionar las opiniones del físico Steven Weinberg (Premio Nobel):

 

“Es sencillamente una falacia lógica pasar de la observación de que la ciencia es un proceso social a la conclusión de que el producto final, nuestras teorías científicas, es el que es a causa de las fuerzas sociales e históricas que actúan sobre este proceso. Un grupo de escaladores podrá discutir sobre cuál es la mejor vía hacia la cima, y estas discusiones pueden estar condicionadas por la estructura histórica y social de la expedición, pero al final encuentran o no una buena vía hacia la cima, y cuando lo hacen la reconocen. (Nadie pondría a un libro sobre escalada el título de «La construcción del Everest»).

 

“El relativismo es sólo un ataque más al amplio y más radical a la propia ciencia. Feyerabend apelaba a una separación formal entre la ciencia y la sociedad como la separación entre Iglesia y Estado, razonando que «la ciencia es sólo una de las muchas ideologías que impulsan a la sociedad y debería ser tratada como tal»”

 

“Sospecho que Gerard Holton está cerca de la verdad al ver el ataque radical a la ciencia como un síntoma de una hostilidad más amplia hacia la civilización occidental, una hostilidad que ha envenenado a los intelectuales occidentales desde Oswald Spengler en adelante. La ciencia moderna constituye un blanco obvio para esta hostilidad; el gran arte y la gran literatura han surgido de muchas de las civilizaciones del mundo pero, desde Galileo, la investigación científica ha estado abrumadoramente dominada por Occidente”.

 

“Creo que esta hostilidad está trágicamente equivocada. Incluso las más aterradoras aplicaciones occidentales de la ciencia, tales como las armas nucleares, representan sólo un ejemplo más de los incesantes esfuerzos de la humanidad para destruirse con cualquier tipo de armas que se puedan concebir. Si frente a esto sopesamos las aplicaciones beneficiosas de la ciencia y su papel en la liberación del espíritu humano, pienso que la ciencia moderna, junto con la democracia y la música de contrapunto, es algo que Occidente ha dado al mundo y de lo que debemos sentirnos especialmente orgullosos”.

 

“A la postre, esta cuestión desaparecerá. El método y el conocimiento científico moderno se han difundido rápidamente a países no occidentales como Japón y la India y, de hecho, se está extendiendo por todo el mundo. Podemos prever el día en que la ciencia ya no podrá ser identificada con Occidente sino que será considerada como posesión compartida del género humano” (De “El sueño de una teoría final” – Editorial Crítica SA)

 

 

 

21 PSEUDOINTELECTUALIDAD 

 

El pseudo (o falso) intelectual, se caracteriza principalmente por negar la existencia de una verdad objetiva sobre cualquier aspecto de la realidad. De ahí que niega también validez a la ciencia, entre otros aspectos de su accionar. Se identifica con los antiguos sofistas griegos, o con la idea que generalmente se tiene de ellos.

 

Forma parte de ciertas “sectas” de pseudointelectuales creadas alrededor de ideólogos que profesan las mismas creencias. Escriben en forma oscura tratando de hacer pasar tal defecto como “profundidad” de pensamiento. Están sometidos intelectualmente a las posturas de los líderes, que en realidad es sólo una actitud destructiva.

 

Reniegan contra la ciencia  y la degradan. Suponen saber más de ciencia que los propios científicos. Ignoran totalmente la mayor parte de sus ramas y suponen que las teorías tienen éxito según el apoyo social que reciban, y no por su correspondencia con la realidad.

 

Al no creer en la existencia de la verdad objetiva, raramente se pondrán a buscarla. De ahí que es muy raro encontrar algún aporte concreto por ellos hecho al conocimiento universal. Al no creer en la existencia de una ética objetiva, rechazan las éticas elementales y simples, aunque sean evidentes y eficaces.

 

No tienen posturas concretas ni definidas, por lo cual no se los puede atacar. Son como fantasmas que emiten sus difamaciones y burlas, pero no muestran ningún punto vulnerable porque no existe de ellos ninguna realización concreta.

 

La soberbia de los débiles se muestra cuando protestan porque alguien se “entromete” en los temas sobre los que reclaman cierta “concesión exclusiva”. Incluso protestan contra el que, siendo parte de la sociedad, tiene la obligación moral de denunciar todo tipo de engaño generalizado.

 

Tratan siempre de destruir y casi nunca de construir. Enfatizan sus pensamientos en el rival de turno, pero pocas veces en los propios temas de consideración, porque carecen de fundamentos suficientes. El pensamiento racional es el basado en los hechos, mientras que el pensamiento irracional se traduce en simple palabrerío hueco.

 

El que escribe con responsabilidad social, porque está imbuido en sus problemas y trata de que su mensaje sea concreto, útil y accesible al ciudadano común, es descalificado como “chapucero” por quienes escriben cuestiones carentes de sentido y utilidad, lo que quizás ellos consideren como un síntoma de profundidad y de liderazgo intelectual.

 

Ignoran completamente conceptos tan importantes como “ley natural”, “actitud”, “adaptación cultural”, “evolución”, “orden natural”, etc. Luego, hacen que muchos temas de la filosofía sean tratados directamente por las ciencias sociales, como si ellos tuvieran el consentimiento de los filósofos serios a hacer semejante concesión.

 

Tratan de ser “cabeza de ratón” en lugar de “cola de león”. Apuntan, no a la universalidad de la ciencia y de la verdad, sino a destacarse ante quienes los admiran por su aparente erudición.

 

Adhieren a todo tipo de nihilismo y relativismo, ya que ello los exime de lograr objetivos intelectuales concretos. Si el filósofo y el científico buscan la verdad, ¿qué busca en realidad el pseudointelectual que no cree en la existencia de la misma?

 

Se refugian en las ramas del conocimiento que menos exigencias presentan a su ingreso, tales como la filosofía y la sociología, posiblemente porque sea menos fácil su detección. Una vez dentro de la filosofía, se refugian en su historia, porque pocos aportes personales podrán lograr, por cuanto de entrada renunciaron a la verdad.

 

Han infectado de tal forma la filosofía, que han movido a pensadores como Mario Bunge a hacer un listado respecto de los vicios que afectan a la integridad de la propia actividad. Bunge hace el “trabajo sucio” al denunciarlos y es por ello el menos aceptado por los pseudointelectuales. La lista es la siguiente:

 

1)      Reemplazo de la vocación por la profesión

2)      Confusión entre filosofar e historiar

3)      Confusión entre profundidad y oscuridad

4)      Obsesión por el lenguaje

5)      Subjetivismo

6)      Refugio en miniproblemas

7)      Formalismo sin sustancia y sustancia informe

8)      Desdén por los sistemas: preferencia por el fragmento y el aforismo

9)      Divorcio de los dos motores intelectuales de la cultura moderna: la ciencia y la técnica

10)   Desinterés por los problemas sociales

 

 

Cuando un escritor como Mario Bunge, que lee la bibliografía filosófica y sociológica de actualidad, presenta un listado de los vicios que atentan contra la filosofía y, por otra parte, casi todos estos atributos pueden ser fácilmente observados por el lector de un foro de Internet, se concluye de que existe bastante coincidencia que sólo puede justificarse por la objetividad de ambas descripciones.

 

Como contrapartida de los “diez mandamientos” de Bunge, podemos citar los correspondientes “mandamientos” propuestos por Paul Feyerabend:

 

1)      Las tradiciones no son ni buenas ni malas, simplemente son. Entre el humanitarismo y el antisemitismo no cabe un juicio «objetivo»: la racionalidad es una tradición entre otras, y no el árbitro de ellas.

2)      Una tradición adopta propiedades deseables o indeseables cuando se compara con otra tradición.

3)      Las tesis 2 y 3 pueden recordar al relativismo de Protágoras; y efectivamente, dicho relativismo es razonable y civilizado.

4)      Cada tradición tiene sus formas peculiares de ganar adeptos: por convencimiento, por la fuerza, por medio de la propaganda…

5)      Los criterios de evaluación de un proceso histórico no pueden ser determinados previamente, ni en general: surgen en virtud de las acciones que engendran dichos procesos, y por lo mismo, sólo pueden ser evaluados por comprensión de esas acciones.

6)      Hay al menos dos formas de decidir colectivamente una cuestión: el cambio dirigido y el cambio abierto. En el primero, algunos partidarios (por ejemplo los educadores) adoptan una tradición bien determinada y sólo aceptan las respuestas que se corresponden con esos criterios. En el segundo, la tradición que ha de adoptarse no está determinada: se desarrolla a medida que el cambio sigue su curso.

7)      Una sociedad libre es una sociedad en la que se conceden iguales derechos e igual posibilidad de acceso a la educación y a otras posiciones de poder a todas las tradiciones.

8)      Una sociedad libre no se impone: surgirá cuando la gente que resuelve problemas concretos colabore en su creación.

9)      Las discusiones para sentar las bases de una sociedad libre son discusiones abiertas, y no dirigidas.

10)   Una sociedad libre insiste en la separación entre la ciencia y el Estado (De “Introducción a la Metodología de la Ciencia” de Javier Echeverría – Ediciones Cátedra SA)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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