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EL “TODO VALE”, EN CIENCIA Y FILOSOFÍA
En el caso de la ciencia, existen tendencias anarquistas que predican
el “todo vale” dentro de la metodología científica. Tal es el caso de Paul K. Feyerabend, quien
escribió:
“La idea de un método que contenga principios científicos,
inalterables y absolutamente obligatorios que rijan los asuntos científicos
entra en dificultades al ser confrontada con los resultados de la investigación
histórica. En este momento nos encontramos con que no hay una sola regla, por
plausible que sea, ni por firmemente basada en la epistemología que venga, que
no sea infringida en una ocasión o en otra” (De “Contra el método” – Editorial
Planeta De Agostini SA)
En realidad, cuando se habla acerca del método de la ciencia, algunos
suponen que consiste en una especie de recetario que indica los pasos
necesarios para llegar a la innovación, a la creatividad, al nuevo
conocimiento, lo que resulta totalmente absurdo. Es el mismo caso en que
alguien quisiera establecer una lista de pasos necesarios para llegar a ser un
gran pintor o un gran músico.
Por el contrario, la actividad científica puede compararse al proceso
de la evolución biológica en el cual, por medio de mutaciones genéticas y
tiempo, se produce la selección natural y posterior adaptación al medio
ambiente. En ciencia, aparecen varias propuestas respecto de la descripción de
cierto tema, pero la experimentación se encarga de seleccionar sólo la que está
más cerca de la realidad.
Donde en realidad existe cierta anarquía y una total ausencia de
reglas, es en la elaboración de las diversas teorías propuestas. En donde
aparecen las “reglas del método” es en la etapa necesaria de la confrontación
de la teoría con la realidad (experimentación). Al respecto, el físico Richard
P. Feynman (Premio Nobel)
escribió:
“Ahora les explicaré cómo buscar una nueva ley. Por regla general, la
búsqueda de nuevas leyes sigue los pasos que voy a describir. Primero la
conjeturamos. A continuación calculamos las consecuencias de nuestra idea
primitiva para ver cuáles serían las consecuencias de ser cierta nuestra
conjetura. Comparamos luego los resultados de nuestros cálculos con lo que
sabemos, por los experimentos o por la experiencia, acerca de la naturaleza
para ver si cuadran. Si están en desacuerdo con los experimentos es que la
conjetura está equivocada. En esta simple afirmación radica la clave de la
ciencia. No importa que nuestra conjetura sea preciosa, ni lo listo que sea
uno, ni el nombre del autor. Si los cálculos no concuerdan con lo observado la
conjetura no vale. Y esto es todo” (De “El carácter de la ley física” – Tusquets Editores SA)
En su libro, Feyerabend escribe:
“Recordando que la separación existente entre las ciencias y las artes
es artificial, que es el efecto lateral de una idea de profesionalismo que
deberíamos eliminar, que un poema o una pieza teatral pueden ser inteligentes a
la vez que informativas (Aristófanes, Hochhut, Brecht), y una teoría
científica agradable de contemplar (Galileo, Dirac),
y que podemos cambiar la ciencia y hacer que esté de acuerdo con nuestros
deseos. Podemos hacer que la ciencia pase, de ser una matrona inflexible y
exigente, a ser una atractiva y condescendiente cortesana que intente
anticiparse a cada deseo de su amante”.
Cuando este autor hace una comparación entre ciencia y arte, abre un
gran interrogante en el científico, para quien la ciencia es una actividad
orientada a la búsqueda de leyes de la naturaleza. De ahí que convendría
conocer exactamente a qué ciencia se refiere Feyerabend,
o qué entiende por esa palabra.
Respecto del relativismo que profesa Feyerabend,
Mario Bunge escribe:
“El relativismo epistemológico es la doctrina según la cual toda la
verdad es relativa al sujeto, el grupo social, o el periodo histórico. En otras
palabras, no habría verdades objetivas universales”. “No debe sorprender por lo
tanto que los constructivistas-relativistas,
empezando por Paul Feyerabend,
niegan las diferencias entre ciencia y no-ciencia” (De “Sistemas sociales y
filosofía” – Editorial Sudamericana SA)
Mientras que desde la ciencia se trata que la filosofía tienda a
adquirir cierta objetividad, nos encontramos con la sorpresa que desde la
filosofía se trata que la ciencia tienda a adquirir cierta subjetividad. Peor
aún, atribuyen a la ciencia un valor totalmente subjetivo, lo que no se ajusta
para nada con la realidad.
En ciencia, cuando una descripción es errónea, se la rechaza, mientras
que en la filosofía, al no existir un criterio de validez objetiva, se acepta
todo. De ahí la necesidad de que el filósofo estudie directamente los
lineamientos básicos de la ciencia para fundamentar sus trabajos (si es que
pretende que tengan cierta objetividad). Por ello se distingue entre filosofía
científica (objetiva) y filosofía especulativa (subjetiva).
Podemos mencionar la opinión del físico Steven
Weinberg (Premio Nobel),
quien escribió:
“Los físicos llevan consigo una filosofía operativa. Para la mayoría
de nosotros, esta filosofía es un crudo realismo, una creencia en la realidad
objetiva de los ingredientes de nuestras teorías científicas. Pero esto ha sido
aprendido a partir de las experiencias de la investigación científica y
raramente de las enseñanzas de los filósofos”.
“De cuando en cuando he tratado de leer los trabajos en curso sobre la
filosofía de la ciencia. He encontrado que algunos de ellos están escritos en
una jerga tan impenetrable que sólo puedo pensar que pretendían impresionar a
aquellos que confunden la oscuridad con la profundidad. Otra parte de estos
trabajos constituían una buena, e incluso ingeniosa, lectura, como es el caso
de los escritos de Wittgenstein y Paul
Feyerabend. Pero sólo raramente me parecía que
tuvieran algo que ver con el trabajo de la ciencia tal como yo lo conocía”.
“Anteriormente planteé el problema de lo que Wigner
llama «irrazonable efectividad» de la matemática: aquí quiero considerar otro
fenómeno igualmente enigmático: la irrazonable inefectividad
de la filosofía” (De “El sueño de una teoría final” – Editorial Crítica SA)
El predominio del subjetivismo y del relativismo, en sus variadas
formas, afecta tanto a la ciencia como a la filosofía e, incluso, a la
sociedad, porque abre las puertas al “todo vale”, permitiendo el acceso de pseudointelectuales, haciendo perder de vista la existencia
de la verdad objetiva, sin cuya ayuda pocas posibilidades de progreso humano
habrá. La rebelión de las masas, descripta por Ortega y Gasset,
está en plena vigencia.
20 CONTRA
Cuando nos preguntan si hemos dicho la verdad, también podrían
habernos preguntado si hemos descrito cierto aspecto de la realidad con un
pequeño error, o con ninguno. También en la ciencia experimental existe un
error entre nuestras descripciones de la realidad y la propia realidad:
Error = La descripción ─ Lo descrito
En caso de que el error sea nulo (o muy pequeño) decimos que hemos
llegado a la verdad. Si las leyes de la naturaleza son invariantes, el grado de
aproximación que tenga una descripción científica, no varía en el tiempo. Sin
embargo, es posible la aparición de otras descripciones más cercanas a la
realidad.
Quienes dedican sus vidas a la búsqueda de la verdad, ya sea desde la
filosofía, desde la religión o la ciencia, se encuentran con la sorpresa de que
algunos intelectuales afirman que tal verdad no podrá nunca tener una validez
universal. Esto contradice, sin embargo, el hecho de que la ciencia ha
acumulado un gran caudal de conocimientos de validez universal. Por ejemplo,
las leyes de Newton de la mecánica se siguen utilizando en la actualidad y
tienen igual validez en
Si el propio ser humano está regido por leyes naturales, investigadas
por la medicina, o incluso por la neurociencia, será posible encontrar leyes
científicas de validez universal, tal como ocurre con la física y con otras
ramas de la ciencia. También aquí, el error cometido depende de la diferencia
entre nuestras descripciones y la propia realidad.
Todo esto es muy simple. Sin embargo, existen muchos escritores que
promueven el relativismo cognitivo, sosteniendo que no es posible encontrar
verdades de validez universal. De ahí que las leyes de Newton antes mencionada
serían utilizadas por todo el mundo por una simple conveniencia, y no por el
grado de adaptación de las mismas a las propias leyes naturales.
Mario Bunge escribió: “El movimiento «posmertoniano» o anticientífico de la sociología del
conocimiento surgió en los años sesenta bajo la influencia de T.S. Kuhn y P.K.
Feyerabend, la filosofía lingüista de Wittgenstein y el irracionalismo «continental» (vale decir,
alemán y francés). Rápidamente tuvo adhesión popular por negar que la
investigación científica básica fuera peculiar, racional, objetiva,
desinteresada, benigna. Este movimiento se caracteriza por el externalismo radical, el constructivismo, el relativismo y
el pragmatismo – y el amateurismo-Más adelante mostraremos que externalismo implica constructivismo y éste, a su vez, relativismo y pragmatismo”
“El externalismo
global radical sostiene que todo fragmento de conocimiento es una construcción
social. Por otra parte, en cierto modo se referiría a la sociedad, esto es,
tendría un contenido social, de manera que, en última instancia, no habría
distinciones entre contenido y contexto, ciencias naturales y ciencias sociales
y ni siquiera entre discurso y praxis. Esto sería válido aun para la
matemática, tradicionalmente considerada como la más pura de todas las ciencias”
“Wright afirma
confiado –pero sin pruebas, por supuesto- la tesis de que la física es en
realidad una teoría social disfrazada y que la totalidad de la ciencia debe
entenderse como referida a la estructura del lenguaje más que a las cosas que
están allí afuera”.
“Semejante paso de lo interior a lo exterior
viene de perillas a los que insisten en hablar de ciencia sin molestarse en
aprenderla. Incluso alimenta la ilusión de que quien está afuera puede
«explicar a quien está adentro cómo funciona todo» (Latour)”
“A su turno, el constructivismo implica el
relativismo epistemológico, esto es, la concepción de que no hay verdades
objetivas. En efecto, si todos los hechos son creación de uno u otro grupo
social, no puede haber verdades objetivas referidas a ellos. Y si ése es el
caso, no puede haber pruebas de la verdad o «controles de
la realidad»”
“En conclusión, la sociología posmertoniana
de la ciencia es falsa, superficial y anticientífica. Es crítica de la ciencia
genuina pero crédula con la pseudociencia, así como
culpable de ideología. Recurre a filosofías irracionalistas, en particular la
hermenéutica filosófica, la fenomenología y el existencialismo, esa cumbre del
sinsentido poco común. No ha hecho una sola contribución sólida a su campo” (De
“Las Ciencias Sociales en discusión” – Editorial Sudamericana SA)
Es oportuno mencionar las opiniones del físico Steven
Weinberg (Premio Nobel):
“Es sencillamente una falacia lógica pasar de la observación de que la
ciencia es un proceso social a la conclusión de que el producto final, nuestras
teorías científicas, es el que es a causa de las fuerzas sociales e históricas
que actúan sobre este proceso. Un grupo de escaladores podrá discutir sobre
cuál es la mejor vía hacia la cima, y estas discusiones pueden estar
condicionadas por la estructura histórica y social de la expedición, pero al
final encuentran o no una buena vía hacia la cima, y cuando lo hacen la
reconocen. (Nadie pondría a un libro sobre escalada el título de «La
construcción del Everest»).
“El relativismo es sólo un ataque más al amplio y más radical a la
propia ciencia. Feyerabend apelaba a una separación
formal entre la ciencia y la sociedad como la separación entre Iglesia y
Estado, razonando que «la ciencia es sólo una de las muchas ideologías que
impulsan a la sociedad y debería ser tratada como tal»”
“Sospecho que Gerard Holton
está cerca de la verdad al ver el ataque radical a la ciencia como un síntoma
de una hostilidad más amplia hacia la civilización occidental, una hostilidad
que ha envenenado a los intelectuales occidentales desde Oswald
Spengler en adelante. La ciencia moderna constituye
un blanco obvio para esta hostilidad; el gran arte y la gran literatura han
surgido de muchas de las civilizaciones del mundo pero, desde Galileo, la
investigación científica ha estado abrumadoramente dominada por Occidente”.
“Creo que esta hostilidad está trágicamente equivocada. Incluso las
más aterradoras aplicaciones occidentales de la ciencia, tales como las armas
nucleares, representan sólo un ejemplo más de los incesantes esfuerzos de la
humanidad para destruirse con cualquier tipo de armas que se puedan concebir.
Si frente a esto sopesamos las aplicaciones beneficiosas de la ciencia y su
papel en la liberación del espíritu humano, pienso que la ciencia moderna,
junto con la democracia y la música de contrapunto, es algo que Occidente ha
dado al mundo y de lo que debemos sentirnos especialmente orgullosos”.
“A la postre, esta cuestión desaparecerá. El método y el conocimiento
científico moderno se han difundido rápidamente a países no occidentales como
Japón y
21
PSEUDOINTELECTUALIDAD
El pseudo (o falso) intelectual, se caracteriza principalmente por
negar la existencia de una verdad objetiva sobre cualquier aspecto de la
realidad. De ahí que niega también validez a la ciencia, entre otros aspectos
de su accionar. Se identifica con los antiguos sofistas griegos, o con la idea
que generalmente se tiene de ellos.
Forma parte de ciertas “sectas” de pseudointelectuales
creadas alrededor de ideólogos que profesan las mismas creencias. Escriben en
forma oscura tratando de hacer pasar tal defecto como “profundidad” de
pensamiento. Están sometidos intelectualmente a las posturas de los líderes,
que en realidad es sólo una actitud destructiva.
Reniegan contra la ciencia y la
degradan. Suponen saber más de ciencia que los propios científicos. Ignoran
totalmente la mayor parte de sus ramas y suponen que las teorías tienen éxito
según el apoyo social que reciban, y no por su correspondencia con la realidad.
Al no creer en la existencia de la verdad objetiva, raramente se
pondrán a buscarla. De ahí que es muy raro encontrar algún aporte concreto por
ellos hecho al conocimiento universal. Al no creer en la existencia de una
ética objetiva, rechazan las éticas elementales y simples, aunque sean
evidentes y eficaces.
No tienen posturas concretas ni definidas, por lo cual no se los puede
atacar. Son como fantasmas que emiten sus difamaciones y burlas, pero no
muestran ningún punto vulnerable porque no existe de ellos ninguna realización
concreta.
La soberbia de los débiles se muestra cuando protestan porque alguien
se “entromete” en los temas sobre los que reclaman cierta “concesión
exclusiva”. Incluso protestan contra el que, siendo parte de la sociedad, tiene
la obligación moral de denunciar todo tipo de engaño generalizado.
Tratan siempre de destruir y casi nunca de construir. Enfatizan sus
pensamientos en el rival de turno, pero pocas veces en los propios temas de
consideración, porque carecen de fundamentos suficientes. El pensamiento
racional es el basado en los hechos, mientras que el pensamiento irracional se
traduce en simple palabrerío hueco.
El que escribe con responsabilidad social, porque está imbuido en sus
problemas y trata de que su mensaje sea concreto, útil y accesible al ciudadano
común, es descalificado como “chapucero” por quienes escriben cuestiones
carentes de sentido y utilidad, lo que quizás ellos consideren como un síntoma
de profundidad y de liderazgo intelectual.
Ignoran completamente conceptos tan importantes como “ley natural”,
“actitud”, “adaptación cultural”, “evolución”, “orden natural”, etc. Luego,
hacen que muchos temas de la filosofía sean tratados directamente por las
ciencias sociales, como si ellos tuvieran el consentimiento de los filósofos
serios a hacer semejante concesión.
Tratan de ser “cabeza de ratón” en lugar de “cola de león”. Apuntan,
no a la universalidad de la ciencia y de la verdad, sino a destacarse ante
quienes los admiran por su aparente erudición.
Adhieren a todo tipo de nihilismo y relativismo, ya que ello los exime
de lograr objetivos intelectuales concretos. Si el filósofo y el científico buscan
la verdad, ¿qué busca en realidad el pseudointelectual
que no cree en la existencia de la misma?
Se refugian en las ramas del conocimiento que menos exigencias
presentan a su ingreso, tales como la filosofía y la sociología, posiblemente
porque sea menos fácil su detección. Una vez dentro de la filosofía, se
refugian en su historia, porque pocos aportes personales podrán lograr, por
cuanto de entrada renunciaron a la verdad.
Han infectado de tal forma la filosofía, que han movido a pensadores
como Mario Bunge a hacer un listado respecto de los
vicios que afectan a la integridad de la propia actividad. Bunge
hace el “trabajo sucio” al denunciarlos y es por ello el menos aceptado por los
pseudointelectuales. La lista es la siguiente:
1)
Reemplazo
de la vocación por la profesión
2)
Confusión
entre filosofar e historiar
3)
Confusión
entre profundidad y oscuridad
4)
Obsesión
por el lenguaje
5)
Subjetivismo
6)
Refugio
en miniproblemas
7)
Formalismo
sin sustancia y sustancia informe
8)
Desdén
por los sistemas: preferencia por el fragmento y el aforismo
9)
Divorcio
de los dos motores intelectuales de la cultura moderna: la ciencia y la técnica
10) Desinterés por los problemas sociales
Cuando un escritor como Mario Bunge, que lee la bibliografía filosófica y sociológica de
actualidad, presenta un listado de los vicios que atentan contra la filosofía
y, por otra parte, casi todos estos atributos pueden ser fácilmente observados
por el lector de un foro de Internet, se concluye de que existe bastante
coincidencia que sólo puede justificarse por la objetividad de ambas
descripciones.
Como contrapartida de los “diez mandamientos”
de Bunge, podemos citar los correspondientes “mandamientos”
propuestos por Paul Feyerabend:
1)
Las
tradiciones no son ni buenas ni malas, simplemente son. Entre el humanitarismo
y el antisemitismo no cabe un juicio «objetivo»: la racionalidad es una tradición
entre otras, y no el árbitro de ellas.
2)
Una
tradición adopta propiedades deseables o indeseables cuando se compara con otra
tradición.
3)
Las
tesis 2 y 3 pueden recordar al relativismo de Protágoras;
y efectivamente, dicho relativismo es razonable
y civilizado.
4)
Cada
tradición tiene sus formas peculiares de ganar adeptos: por convencimiento, por
la fuerza, por medio de la propaganda…
5)
Los
criterios de evaluación de un proceso histórico no pueden ser determinados
previamente, ni en general: surgen en virtud de las acciones que engendran dichos
procesos, y por lo mismo, sólo pueden ser evaluados por comprensión de esas acciones.
6)
Hay al
menos dos formas de decidir colectivamente una cuestión: el cambio dirigido y el cambio abierto. En el primero, algunos
partidarios (por ejemplo los educadores) adoptan una tradición bien determinada
y sólo aceptan las respuestas que se corresponden con esos criterios. En el
segundo, la tradición que ha de adoptarse no está determinada: se desarrolla a
medida que el cambio sigue su curso.
7)
Una
sociedad libre es una sociedad en la que se conceden iguales derechos e igual
posibilidad de acceso a la educación y a otras posiciones de poder a todas las
tradiciones.
8)
Una
sociedad libre no se impone: surgirá cuando la gente que resuelve problemas
concretos colabore en su creación.
9)
Las
discusiones para sentar las bases de una sociedad libre son discusiones
abiertas, y no dirigidas.
10) Una
sociedad libre insiste en la separación entre la ciencia y el Estado (De “Introducción
a la Metodología de la Ciencia” de Javier Echeverría – Ediciones Cátedra SA)