14 ACERCA DE HEIDEGGER

 

Por Juan José Sebreli

 

“Heidegger, en cambio, tuvo mejor suerte: su filosofía ofrecía facetas compatibles con la ideología imperante. Más aún, su figura junto con la de Nietzsche servirían como guías espirituales de la nueva doctrina. Si en el caso de Nietzsche esta apropiación post mortem podía ser discutida, en Heidegger no quedaba duda alguna. Se afilió por propia voluntad al partido nazi y pagó sus cuotas hasta la disolución del mismo; usaba la divisa con la cruz esvástica aun cuando viajaba al extranjero a ver a su colega Jaspers”.

 

“El mismo Heidegger aconsejaba que la filosofía y el pensamiento necesitaban alejarse de la ciencia o, mejor, deberían ser alógicos e irracionales puesto que, según él, no era posible circunscribirlos a las reglas fijas de la lógica, del discurso racional y ni siquiera de la gramática, de cuyas cadenas precisaba «liberarse el lenguaje». Quizás su frase «la ciencia no piensa» sintetizara sus ideas no sólo sobre cuestiones metodológicas sino sobre el abismo infranqueable que se abría, para él, entre ciencia y pensamiento”.

 

“El hermetismo, una de las claves de su éxito, permitía a sus seguidores ostentar el privilegio de la pertenencia a una minoría de elegidos, a quienes les había sido otorgado el aura de copartícipes de un secreto. Uno de sus discípulos, Hans Jonas, describió esa sensación:

 

«….me sentía como ante un gran misterio, pero con el convencimiento de que merecía la pena convertirse en un iniciado. No se trataba sólo de mi instinto, sino que los demás estudiantes también se sentían fascinados por ese lenguaje sugestivo, a pesar de que no estoy muy seguro de que entendieran mucho más que yo»

 

Sobre sus dotes histriónicas y su habilidad demagógica que lograban hipnotizar a sus alumnos ha dado testimonio Karl Löwith, otro de sus discípulos:

 

«…era un hombre pequeño y oscuro que hacía desaparecer ante sus oyentes por arte de magia lo que les acababa de mostrar. La técnica de su discurso levantaba una construcción sobre ideas que luego procedía a desmontar para colocar al oyente ante el problema y dejarlo en el vacío. Sus artes de persuasión tuvieron a veces graves consecuencias: atraía con más facilidad a las personalidades más psicopáticas, y una estudiante llegó a suicidarse después de años de conjeturas»

 

La oscuridad disimulaba a veces el vacío de las ideas; así, cuando Heidegger abandonaba la prosa críptica, caía en vulgaridades. La novedad de El ser y el tiempo –como lo señalara Luis Fernando Moreno Claros- radicaba más en su forma que en su contenido, simple y esquemático si se lo traducía a un lenguaje convencional. Después de recorrer treinta páginas incomprensibles de Sobre la esencia de la verdad (1943), se llegaba a la siguiente conclusión: «la esencia de la verdad es la verdad de la esencia»”

 

“El último Heidegger no admitía llamarse filósofo –amigo de la sabiduría- sino sabio, pensador del Ser a través del lenguaje: «El Habla es la casa del Ser»”

 

“La parte más conflictiva de la vida de Heidegger transcurrió durante el régimen nacionalsocialista. Pocos meses antes de que Hitler asumiera el poder terminaba su curso sobre Platón con la siguiente propuesta: «Sobre esto (la situación política) no hemos de seguir hablando, ahora se trata solamente de actuar». Por esos días circulaba entre los profesores un documento de Heidegger incitando a afiliarse al partido nazi. En marzo de 1933 le escribió a Karl Jaspers aconsejándole adherir al movimiento, sin importarle que la mujer de éste fuese judía”.

 

“Dos meses después del ascenso de Hitler al poder -abril de 1933- Heidegger fue nombrado rector de la Universidad de Friburgo. Mintió ante el tribunal de desnazificación cuando alegó haber aceptado el cargo a pedido del rector renunciante y de un grupo de profesores democráticos «para evitar algo peor». Por el contrario, hizo activas diligencias para conseguirlo y fue apoyado por el grupo de universitarios nazis”.

 

“Con un sentido efectivista del espectáculo, se presentaba en sus cátedras vestido con traje tirolés, pantalón tres cuartos abrochado en la rodilla y camisa abierta, como un aldeano de la Selva Negra; los estudiantes, no sin sorna, lo llamaban «traje existencial», en tanto que a los profesores les parecía un campesino endomingado. Esa vestimenta folklórica fue, en su periodo de rector, alternada con el uniforme pardo de los SA”.

 

“Su discurso «La autoafirmación de la Universidad Alemana» fue toda una declaración ideológica: aclamó el advenimiento de Hitler como «la grandeza y magnificencia de un comienzo» y desplazó la cultura y el conocimiento a un lugar secundario:

 

«…el mundo espiritual de un pueblo no es la superestructura de una cultura ni tampoco un arsenal de conocimientos y valores utilizables, sino es el poder de conservación más profundo de sus fuerzas de tierra y de sangre, en tanto que poder de emoción más íntimo y poder de estremecimiento más vasto de su existencia»

 

El discurso mereció el comentario despectivo de Benedetto Croce: «Es una cosa estúpida y al mismo tiempo servil. No me sorprende el éxito que su filosofar tendrá por algún tiempo: lo vacío y general siempre tiene éxito». Ese texto, como prueba de que Heidegger nunca había renegado de él, fue reeditado por su hijo Hermann en 1982”.

 

“Su rectorado no se limitó a la labor académica sino que encaró tareas de intensa agitación. A las directivas nazis, cumplidas puntualmente –uso de la esvástica en la solapa, saludo ritual al comienzo y final de clases- agregó ceremonias de su propia iniciativa: impuso a los estudiantes instrucción militar y en un gesto arcaizante restableció los duelos a espada. Lejos de considerarse un funcionario meramente administrativo, se definió a sí mismo Führer de la Universidad, como Hitler lo era del Estado”.

 

“El 3 de noviembre escribía en el órgano de estudiantes Freiburger Studenten Zeitung: «La revolución nacionalsocialista trae la completa subversión de nuestra existencia alemana» y recordaba a los jóvenes: «Las reglas de vuestro ser no son las máximas y las ideas. Sólo el Führer es la única realidad actual y futura de la acción alemana y de su ley»”.

 

“Su rectorado no fue ajeno a las prácticas discriminatorias, que no se limitaban a los judíos sino a todos los profesores conocidos como disidentes. En informes que le solicitaban funcionarios nazis y, a veces, en cartas secretas, denunció por propia iniciativa, entre otros, al profesor de química, Hermann Staudinger –futuro Premio Nobel- y a su antiguo amigo, el profesor Eduard Baumgarten, al que acusó de no simpatizar con los SA y de haberse «norteamericanizado»”.

 

“Si Hannah Arendt, víctima de ceguera de amor, no reaccionó ante estas señales, Jaspers las vio claramente y le respondió acusándolo de mantener viva una filosofía que alentaba los totalitarismos:

 

«Una filosofía que piensa y pronuncia frases como las de su carta, que evoca la visión de algo monstruoso, ¿no es acaso la preparación de otra victoria del totalitarismo puesto que se separa de la realidad? ¿No es la misma filosofía que circulaba antes de 1933 y que posibilitó el apoyo a Hitler? ¿Está pasando algo parecido?» 

 

“El antisemitismo temprano de Heidegger así como su expectativa en la aparición de un dictador nacionalista para detener la invasión judía se manifestaban crudamente en cartas privadas como la enviada el 18 de octubre de 1916 a su entonces novia Elfride Petri:

 

«La judaización de nuestra cultura y de las universidades es en efecto pavorosa y pienso que la raza alemana debería encontrar suficiente fuerza interior para alcanzar la cumbre….Para que la raza alemana alcance la cumbre tiene necesidad de un Führer»

 

(Textos extraídos de “El olvido de la Razón” – Editorial Sudamericana SA)

 

 

Por el bien de la humanidad, debemos poner al descubierto a los ideólogos (voluntarios o involuntarios) del totalitarismo: Nietzsche, Marx, Heidegger, etc. Son muchos los millones de seres humanos que han sido asesinados por los nazis y por los comunistas. En homenaje a ellos es necesario mostrar la verdad.

 

   ¡Basta de encubrimientos! Encubrir a los ideólogos del odio significa ser sus cómplices. Sólo un pseudointelectual puede hacer algo así. Un verdadero filósofo nunca se opone a la difusión de la verdad (…por sus frutos los conoceréis). El desprestigio de la filosofía se debe a que tales ideólogos han sido ubicados en un lugar importante.

 

   Cuando la gente decente trata de honrar la memoria de tantos millones de víctimas, trata de poner al descubierto las ideas básicas que justificaron tantas matanzas. La soberbia de los encubridores ni siquiera acepta el derecho al homenaje y el derecho a conocer la verdad. Un buen historiador de la filosofía debe ser fiel a la verdad y a la difusión de la verdad.

 

   Por el renacimiento de una filosofía con prestigio, deben ponerse al descubierto quienes la usan para prestigio personal aún a costa de no respetar los mínimos derechos del ser humano: el derecho a la vida y el derecho a conocer la verdad.   

 

 

 

15 FILOSOFÍA SUBJETIVA

 

Si consideramos las distintas actividades intelectuales del hombre, podemos reconocer dos extremos, más o menos definidos, en cuanto al grado de objetividad y subjetividad de los resultados obtenidos en esas actividades.

 

   Uno de los extremos está constituido por las ciencias exactas, como la física. Sus resultados son objetivos casi totalmente, porque si no hubiese existido el descubridor de alguna ley científica, otro habría llegado al mismo resultado, quizás en un tiempo muy breve. El resultado depende principalmente de la realidad, mientras que poco depende de las características personales de su descubridor.

 

   En el otro extremo tenemos el caso de una obra literaria en la cual, de no haber existido su autor, es prácticamente imposible que otra obra idéntica hubiese sido realizada por alguien con diferente personalidad. En este caso, la realización de la obra tiene un carácter predominantemente subjetivo. El físico y Premio Nobel Emilio Gino Segré escribió: “Si Newton no hubiese existido, algún otro habría inventado el cálculo infinitesimal y descubierto la fuerza de gravedad, pero sin Shakespeare no habría habido Hamlet” (De “De los rayos X a los quarks” – Folio Ediciones)

 

   En cuanto a la filosofía, podemos decir que es algo intermedio entre la ciencia y la literatura. La obra filosófica tiene un carácter más subjetivo que el de la ciencia, pero menos subjetivo que el de la literatura, ya que depende tanto de la propia realidad como de la personalidad del autor. Podemos hacer un esquema al respecto:

 

 

OBJETIVO

INTERMEDIO

SUBJETIVO

Ciencia

Filosofía

Literatura

 

 

Surge el siguiente interrogante: ¿Hacia dónde deberá moverse la filosofía? Muchos pensamos que debe moverse hacia la izquierda, tratando de identificarse con la ciencia. Al menos deberá tenerla presente y complementarse con ella. Otros dirán que la filosofía deberá moverse hacia la derecha, para quedar en una posición cercana a la literatura y el arte.

 

   Mientras más cercana esté de la ciencia, mayor cantidad de coincidencias habrá entre los distintos filósofos, que son quienes tienden a hacer los “sistemas de la filosofía”, idealmente ordenados en forma axiomática. En cambio, cuando se identifican con la literatura, aparecen filosofías netamente subjetivas, que coinciden generalmente con las posturas existenciales.

 

   Quienes pretendemos que la filosofía se mueva hacia la izquierda, hacia lo objetivo, vemos a la otra tendencia como un camino que la lleva a su destrucción, es decir, un escrito pasará a ser parte de la literatura, pero perderá sus atributos objetivos que le daban el prestigio de la filosofía de otras épocas.

 

   Como ejemplo de filosofía subjetiva, se sugiere al lector abrir al azar, en dos partes cualesquiera, al libro “El ser y el tiempo”, de Martín Heidegger, resultado que daremos ahora como ejemplo. Es posible que arribe a conclusiones similares a las que habremos de obtener:

 

(Página 314)

 

“La conciencia es la vocación de la cura que sale de la inhospitalidad del «ser en el mundo» y que avoca al «ser ahí» a volverse a su más peculiar «poder ser deudor». Como correspondiente comprender la invocación resultó darse el «querer tener conciencia». Ambas determinaciones no son armonizables sin más con la interpretación vulgar de la conciencia. Incluso parecen pugnar directamente con ella. Vulgar llamamos la interpretación de la conciencia porque en la caracterización del fenómeno y de su «función» se atiene a lo que uno conoce como conciencia, se atiene a cómo uno la siga o no la siga.

   Pero ¿necesita la exégesis ontológica concordar con la interpretación vulgar? ¿No es ésta fundamentalmente sospechosa bajo el punto de vista ontológico? Si el «ser ahí» se comprende inmediata y regularmente por aquello de que se cura e interpreta todas sus maneras de conducirse como un «curarse de», ¿no interpretará encubriendo y cayendo justamente aquel modo de su ser que como vocación quiere rescatarlo del «estado de perdido» en los cuidados del uno? La cotidianidad toma al «ser ahí» como algo «a la mano» de que se cura, es decir, que se administra y se calcula. La «vida» es un «negocio», lo mismo si cubre que si no cubre sus costos”.

 

(Página 404)

 

“El «ser ahí» no existe como una suma de vivencias que vienen una tras otra para desaparecer después de haber sido reales un momento. Este «una tras otra» tampoco va llenando paulatinamente un recipiente. Pues ¿cómo sería éste «ante los ojos», si solo es «real» la vivencia «actual» y los límites del recipiente, el nacimiento y la muerte, el uno por pasado y la otra por venidera, carecen de realidad? En el fondo tampoco piensa la concepción vulgar del «continuo de la vida» en un recipiente situado «fuera» del «ser ahí», que a su vez estaría situado dentro de él, sino que lo busca con razón en el «ser ahí» mismo. Pero el tácito asentar ontológicamente este ente como algo «ante los ojos» «en el tiempo» condena al fracaso todo intento de caracterización ontológica del ser «entre» el nacimiento y la muerte” (De “El ser y el tiempo” – Ed. Planeta-Agostini)

 

   Alguien que tenga un nivel de estudios universitario, o inferior, y no se haya especializado en Heidegger, seguramente no entenderá nada, ni tampoco le asociará sentido alguno. Es oportuno hacer notar que no ocurre lo mismo con muchos otros filósofos que, si bien en una primera lectura es posible que poco se entiendan, al menos a uno le quedará la sensación de que en un plazo razonable podrá entender las ideas básicas que subyacen al escrito.

 

   Hay quienes sostienen que Heidegger es un filósofo muy profundo y que por ello no se le puede entender, mientras que otros sostienen que en realidad se trata de un simple charlatán y hábil embaucador elevado a la categoría de gran genio por sus seguidores, lo cual les garantiza poder compartir el pedestal de la intelectualidad universal. Al respecto, Mario Bunge escribió:

 

La gravedad de la crisis de la filosofía actual es tal, que rinde fervoroso culto a dos notorios antifilósofos: Ludwig Wittgenstein y Martín Heidegger. El primero declaró que la filosofía es la enfermedad consistente en el uso incorrecto del lenguaje. Y el segundo tiene el dudoso mérito de ser el escribidor más oscuro de la historia. Ambos estaban obsesionados por la palabra e ignoraban las revoluciones científicas que estaban sucediendo bajo sus narices, y ninguno de ellos resolvió un solo problema filosófico.”

 

“Pero tanto el fundador de la filosofía del lenguaje ordinario como el padre del existencialismo moderno originaron sendas industrias académicamente lucrativas. Éstas ocupan a numerosos profesores empeñados en anotar, comentar, interpretar y reinterpretar los textos de los fundadores. Uno de los motivos de la popularidad de Wittgenstein y Heidegger es que su lectura no exige conocimientos previos. Los aforismos del primero son triviales. Las oraciones del segundo se dividen en inteligibles (pero triviales y falsas), e incomprensibles y por lo tanto intraducibles. El primero aburre y el segundo indigna a cualquier intelecto racional.” (De “Elogio de la curiosidad” – Editorial Sudamericana SA)

 

   Casi siempre, un escrito filosófico, tendrá cierta influencia en los lectores. Este tipo de lectura, como la de Heidegger, aparentemente no podrá tener influencia mientras no se le asocie sentido alguno. Sin embargo, su autor, luego de tanto “profundizar” con su pensamiento, terminó enrolado en las filas del nazismo. Matthew Stewart escribió:

 

Heidegger llevó una mortecina y apagada vida, con una excepción: el episodio nazi. Cuando Hitler llegó al poder, el rector de la Universidad de Friburgo fue obligado a dimitir, y Heidegger lo reemplazó. Sus discursos y escritos hacían palmario que no sólo se felicitó por la llegada de los nazis al poder, sino que consideró ésta como la culminación de su destino filosófico. Rápidamente puso su filosofía, completada con sus expresiones personales y su jerga sobre la autenticidad, al servicio del Reich. Diez meses más tarde, una vez que había demostrado ser un administrador ineficiente, abandonó su cargo. Aunque su relación con el partido se deterioró, nunca dejó Alemania, y prosiguió afirmando en varias formas una creencia en la «grandeza intrínseca» del movimiento. Tras la guerra y hasta su muerte en 1976, con la excepción de una evasiva entrevista publicada póstumamente, Heidegger nunca pidió perdón públicamente por su papel político ni afrontó nunca las implicaciones que para la civilización moderna y la filosofía tuvieron el holocausto y la guerra” (De “La verdad sobre todo” – Ed. Taurus)

 

Moraleja: Filosofía, muévete hacia lo objetivo, que allí estarás mejor y más segura.

 

 

 

 

16 EL CAMINO LARGO HACIA LA FILOSOFÍA

 

Se ha dicho que: “Si has de enseñar matemáticas a Juan, debes conocer tanto de matemáticas como de Juan”. En forma similar podemos decir que, si uno se ha de dedicar a la Filosofía de la Ciencia, debe saber tanto de filosofía como de ciencia.

 

   Mario Bunge es un filósofo de la ciencia que tuvo una formación básica en física, siendo un autodidacta en filosofía, aunque el autodidacta, en realidad, tiene en los libros al intermediario que lo pone en contacto con los grandes maestros.  Cuando se le consulta acerca del camino que alguien debe transitar si desea dedicarse a la filosofía de la ciencia, da algunas sugerencias como las que mencionamos a continuación:

 

“Estudie a fondo una ciencia o tecnología: Escoja una ciencia o tecnología que haya alcanzado madurez teórica o esté en vías de alcanzarla. Esto la pondrá en contacto con problemas filosóficos interesantes y difíciles, y la obligará a estudiar matemáticas, el lenguaje de toda ciencia madura. Pero, a menos que crea sentir una vocación irresistible por la física o la química, no escoja ninguna de éstas, porque hoy día necesita una decena de años de arduos estudios universitarios para llegar a la frontera de la física o la química. Escoja más bien una ciencia en desarrollo, de frontera más cercana, tal como la biología molecular, la biología matemática, la bioingeniería, la psicobiología, la sociología matemática, la investigación operativa, o la administración científica de empresas. Si lo hace podrá Vd. llegar con relativa rapidez a la frontera y podrá abordar problemas científicos y epistemológicos tan apasionantes como descuidados”.

 

“Estudie filosofía por su cuenta al mismo tiempo que estudia ciencia o tecnología, y ello aun a riesgo de que sus estudios científicos marchen con alguna lentitud. Para esto tendrá que programar cuidadosamente su estudio independiente de la filosofía. (Si se dedica por entero a la ciencia, dejando la filosofía para más adelante, podrá perder su interés actual por la segunda. Y si se dedica desde el comienzo exclusivamente a la filosofía, acaso llegue demasiado tarde a la ciencia. Al que logra lo más difícil poco le cuesta lo menos)”.

 

“Busque y ejerza la crítica pero no se deje aplastar por ella ni la ejerza por mero placer. Ejérzala con moderación y con ánimo de contribuir al avance de los conocimientos más que para sobresalir o para vengarse. Recuerde que la crítica destruye el error pero también puede matar la verdad. Recuerde que la mayoría de las personas ven con desconfianza las ideas nuevas. Y recuerde que, sea o no justificada, la crítica no sustituye la creación”.

 

“Si Vd., posible futura colega, logra recorrer el largo camino que le recomiendo, se convertirá gradualmente en una auténtica epistemóloga. Pero si no busca la autenticidad, sino tan sólo hacerse pasar por epistemóloga para ganarse la vida, ya sabe lo que no tiene que hacer”. “Escoja el camino largo, no sólo porque es el único que lleva a donde Vd. quiere llegar, y no sólo porque es el único honesto, sino también porque es el único interesante” (De “Epistemología” – Ed. Ariel SA).

 

   Existe un camino más largo aún que el propuesto por Bunge, y es el de intentar establecer una postura propia en el terreno de la filosofía. En realidad, uno trata siempre de encontrar un libro en donde pueda encontrar una visión de la realidad que responda a sus requerimientos, o a sus necesidades intelectuales. De tanto buscar y buscar, sin encontrar lo que busca, termina escribiendo ese libro.

 

   Las ideas básicas surgen trabajosamente cuando son originales, y siempre persiste la duda acerca de su veracidad. Así, el concepto de “actitud característica” surge en momentos en que su autor estudiaba Teoría de Circuitos Electrónicos. Uno de los problemas que ahí se presentaba era que un circuito, realizado con elementos lineales, mostraba una distinta respuesta característica según fuera el tipo de señal (o tensión eléctrica) aplicada. Luego, utilizando análisis de Fourier y variable compleja, se logra establecer una Función Característica única para cada circuito, válida para cualquier tipo de excitación eléctrica.

 

   Una idea tan interesante hace que a uno le venga a la mente la posibilidad de que los propios seres humanos tengamos una “respuesta característica” similar, es decir, única en cada persona. La hipótesis se plantea y uno se acostumbra a pensar en ella y a verificarla introspectivamente, y luego con las personas que conoce. Una vez que acepta la validez de la idea, comienza a verificar otras que surgieron en forma similar.

 

   Mientras se conoce la ciencia a través de su historia, uno se va habituando al método de prueba y error, que aparece en muchos relatos. Cuando, además, se familiariza con los sistemas realimentados, utilizados en la Teoría del Control Automático, no descarta la posibilidad de describir al propio método de la ciencia experimental como un sistema de ese tipo. Nuevamente pone a prueba la hipótesis hasta que logra otro fundamento más de la visión general que se está estableciendo. Pronto, por analogía, sospecha que el proceso de la lógica analógica, en base a imágenes, puede responder al mismo esquema, hasta que comprueba esa posibilidad y propone las operaciones mentales asociadas a ese proceso.

 

   Una descripción básica del comportamiento humano, que utiliza conceptos cibernéticos (siendo la cibernética la ciencia del control y la comunicación en organismos, animales y máquinas) sólo es accesible a los egresados de unas pocas ingenierías, al menos desde el punto de vista de la familiarización necesaria con conceptos a utilizar en nuevas aplicaciones.

 

   De a poco se va construyendo una nueva visión del hombre, de la sociedad, de la ciencia, etc. Es importante la búsqueda de coincidencias con otros autores de manera de sentirse respaldado, logrando mayor confianza en lo que hace. Así, luego de cierto tiempo de haber definido al amor y al odio en función de la actitud característica antes mencionada, uno se entera que Baruch de Spinoza dio unos siglos antes una definición esencialmente similar. Es de gran ayuda saber que lo que uno vio, también fue visto por personas lejanas en el tiempo y en el espacio. Es posible que se vaya por el camino correcto.

 

   Una vez que se ha desarrollado un sistema descriptivo más o menos completo, se dispone de una referencia concreta para seguir incorporando nuevas situaciones que se presentan, incluso tiene la posibilidad de poder evaluar otras posturas por simple comparación. El camino es lento, pero seguro. En lugar de subirse a la visión de posturas filosóficas establecidas, uno prefiere seguir paso a paso elaborando ideas propias que, como ladrillos de un edificio, se van acomodando día a día. Si los principios adoptados son accesibles a la verificación, se podrá decir que la descripción hecha será una teoría sociológica, de la cual se podrá decir luego que es válida, o no. 

 

   El camino relatado, que va desde los estudios de ingeniería hasta el establecimiento de una descripción propia, es el “camino muy largo” hacia la filosofía, o hacia la sociología. En realidad, el camino de la innovación, para quien lo realiza, resulta más sencillo que aprender varios sistemas alternativos para discernir entre las partes verdaderas y falsas de cada uno de ellos.

 

   La innovación a veces va seguida de la descalificación por parte de quienes suponen que conocer los temas de la filosofía implica que deben aprenderse solamente de los filósofos destacados. Se rechaza la posibilidad de conocerlos a través de una propia y original visión de la realidad. Aún cuando uno esté lejos de recibir cierto reconocimiento por haber intentado una empresa intelectual que requiere de mucho trabajo, le queda la enorme satisfacción de haber podido encontrar una nueva visión del “paisaje” que es la realidad. Es una sensación similar al del primer escalador que sube a una montaña desconocida.

 

   La descalificación que a veces uno debe soportar, sin que se le diga concretamente cuál de los aspectos básicos propuestos es falso, puede a uno desanimarlo, por cuanto nadie tiene la certeza absoluta de haber logrado el propósito buscado. También la descalificación hace que de uno surja con mayor ímpetu la reacción necesaria para apuntalar aquello que se ha intentado destruir. Lo que no mata, fortalece.

 

   Ante la severa crisis actual, asociada principalmente a la aceptación del relativismo moral, y debida también al tácito apoyo de muchos, e indiferencia de otros, respecto de las ideologías filosóficas que lo promueven, al menos a uno le queda la satisfacción de haber hecho un esfuerzo por poner al descubierto a tales ideologías.

 

   Nunca termina uno de sorprenderse cómo son aceptadas las filosofías que favorecen al odio y la maldad, con los efectos históricamente comprobados y conocidos, junto a la descalificación que debe padecer quien trata de fundamentar la ética cristiana, que promueve la cooperación entre los seres humanos.

 

   Cierta vez sucedió que la gente se burlaba de un predicador, en la corrompida Babilonia, por cuando nadie le hacía caso. Ante esta situación, se limitó a decirles: “Sólo trato de repetir mis prédicas en voz alta para no caer yo mismo en el pecado”.

 

 

 

17 ACERCA DEL MARXISMO

 

Por Karl R. Popper

 

“El ataque del marxismo a nuestra civilización occidental ha sido objeto de estudio de mi parte. La Revolución de Lenín y Trotsky de septiembre de 1917 marcó el comienzo de ese ataque. Su fracaso lo hemos experimentado todos los que estamos aquí como testigos de una época”.

 

“La victoria del marxismo en Rusia y las enormes sumas que los comunistas habían dedicado para fines de propaganda y para la organización de la revolución mundial, habían conducido por todas partes en Occidente a una polarización política radical entre izquierdas y derechas. Esta polarización preparó el camino al fascismo –primero en Italia bajo Mussolini, cuya política la copiaron enseguida movimientos fascistas en otros países, sobre todo en Alemania y Austria- y en determinadas regiones a la guerra civil, a una guerra civil muy unilateral, puesto que se llevó a cabo sobre todo por parte de los terroristas de derechas”.

 

“Por consiguiente, se desarrolló la siguiente situación: al Este, en particular la Unión Soviética, se encontraba bajo el dominio dictatorial de un marxismo sin escrúpulos, que se apoyaba en una poderosa ideología y en un inagotable arsenal de mentiras. El Oeste estaba continuamente amenazado por una violencia potencial (pero raramente real) procedente de las activas fuerzas de izquierda, que tenían detrás de ellas el influjo de los partidos marxistas, la propaganda y la fascinación ejercida por el poder de Rusia., así como la esperanza en la consecución de una sociedad socialista. Esto provocaba en la derecha una contraviolencia real y fortalecía así a los fascistas. Alemania, Austria y la parte sur de Europa alcanzaron el fascismo en vista de que se había agudizado la polarización entre las izquierdas y las derechas. En la cruenta Guerra Civil en España, que en última instancia significaba para los soviets y para los nazis alemanes un experimento en la moderna forma de hacer la guerra, esta polarización alcanzó su punto más álgido”

 

“Mi teoría para estos grandes y significativos acontecimientos de los que fuimos testigos a partir de 1989 y cuyo fin todavía no se adivina, mi teoría de la enfermedad que condujo a la muerte del marxismo, se puede resumir en la siguiente fórmula:

 

    El marxismo ha muerto de marxismo.

 

O, más exactamente dicho: el poder marxista ha muerto por la esterilidad de la teoría marxista. Puede ser que la teoría marxista, la ideología marxista, fuera muy inteligente, pero corría en sentido contrario a los hechos de la historia y de la vida social; se trataba de una teoría sumamente errónea y muy altanera. Y se disimulaban sus muchas fallas, sus cuantiosos errores teóricos con innumerables pequeños embustes y también con grandes mentiras. Las mentiras defendidas con un ejercicio del poder brutal y con la violencia se convirtieron muy pronto en la moneda intelectual corriente de la clase comunista que gobernaba con poder dictatorial en Rusia y de la ambiciosa clase de los dictadores con altas aspiraciones de fuera de Rusia”.

 

“Este universo de mentiras se contrajo en un agujero negro intelectual. Como ustedes saben, un agujero negro dispone de una fuerza ilimitada para tragarse todo, para destruirlo, para reducirlo a la nada. La diferencia entre verdad y mentira se desdibujó. El vacío espiritual terminó por devorarse a sí mismo. Consiguientemente, el marxismo ha muerto de marxismo, y, para ser exactos, ya hace largo tiempo. Sin embargo, me temo que millones de marxistas se aferrarán a él tanto en el Este como en el Oeste. De la misma manera en que lo han hecho siempre hasta la fecha, sin tener en cuenta lo que suceda en el mundo real: los hechos se pueden ignorar o dejar de explicar”.

 

“Voy a intentar desarrollar un poco más vivazmente mi discurso, contándoles una historia de mi primera juventud: cómo me hice marxista –o estuve muy cerca de serlo-, y cómo se explica  que me transformara para el resto de mi vida en un antagonista del marxismo”.

 

“Ahora quisiera describir esta trampa ideológica y finalmente relatar cómo me escapé de ella: para estos fueron decisivas la conmoción moral que me produjo una horrible experiencia, y una enorme repugnancia moral”.

 

“La teoría marxista, o la ideología marxista, tiene varios aspectos, pero el más importante con mucho es el siguiente: se trata de una teoría de la historia que al parecer está en situación de predecir con certeza absoluta y científica (aunque también sólo a grandes rasgos) el futuro de la humanidad. Expresado con más exactitud, sostiene poder predecir una revolución social de la misma manera que la astronomía newtoniana puede predecir un eclipse de sol o de luna. Marx fundamentó su teoría sobre el siguiente conocimiento fundamental: «La historia de todas las sociedades hasta la fecha es la historia de la lucha de clases»”

 

“En 1847 Marx anunciaba por primera vez, al final de su libro La miseria de la filosofía, que la lucha de clases tiene que culminar en una revolución social, y que ésta conduce a la instauración de una sociedad sin clases o comunista. Su argumentación era muy breve: puesto que la clase trabajadora (el «proletariado») es hoy como ayer la única clase oprimida, aparte de que representa a la única clase productiva y, además, es la clase a la que pertenece la gran mayoría, tiene que llevar necesariamente las de ganar”.

 

“Y puesto que la historia es la historia de la lucha de clases, esto significará el final de la historia. No habrá ninguna guerra más a partir de esa culminación, ni ninguna lucha, ni violencia ni opresión; el poder del Estado se reducirá a la nada. O expresado en términos religiosos: será el cielo sobre la tierra”.

 

“Los trabajadores de todos los países se unirán y la revolución social conducirá a la victoria. El capitalismo será destruido junto con sus capitalistas, éstos serán liquidados, y habrá paz sobre la tierra”

 

“Yo era desde el principio escéptico de alguna manera respecto a lo referente al paraíso que debía seguir a la revolución. Naturalmente, me desagradaba la sociedad de entonces en Austria, marcada por el hambre, la pobreza, el paro y la inflación galopante, tanto como por los especuladores de mercancías que conseguían sacar provecho de todo esto. No obstante, me intranquilizaba la patente intención del Partido de despertar en sus seguidores un instinto en mi opinión asesino contra el «enemigo de clase». Pero se me explicó que esto era necesario y que en cualquier caso no se pensaba demasiado en serio; en una revolución cuenta únicamente la victoria, puesto que bajo las condiciones del capitalismo se asesinarían cada día más trabajadores que en el curso de toda la revolución. Me quedé conforme con ello de mala gana, sin poder deshacerme del sentimiento de tener que pagar un alto precio en lo concerniente a mi credibilidad moral. Y además estaban las mentiras superiores del Partido”.

 

“Era obvio que decían un día una cosa y al día siguiente justo lo contrario y un día más tarde de nuevo algo totalmente distinto. A modo de ejemplo, primero negaban el Terror Rojo, para poco después afirmar que era necesario. Cuando protesté, me hicieron saber que estas contradicciones eran necesarias y no se debían criticar, puesto que la unidad del Partido era de una importancia decisiva para el éxito de la revolución. Podía ser, claro, que se cometieran errores, pero no estaba permitido denunciarlos públicamente: la lealtad a la línea del Partido tenía que ser absoluta. Pues sólo la disciplina del Partido podría acarrear más rápidamente la victoria. Y por más que yo aceptaba esto de mala gana, tenía el sentimiento de estar sacrificando al Partido algo así como mi integridad personal”.

 

“Y entonces sucedió la catástrofe: un día de junio de 1919 unos policías abrieron fuego sobre una manifestación de jóvenes camaradas desarmados respaldada por el Partido, y hubo algunos muertos (ocho, si mal no recuerdo). Yo estaba indignado con el proceder de la policía, pero también conmigo mismo”. “Me sentía responsable por ellos y la conclusión a la que llegué fue la siguiente: ciertamente tenía derecho a poner en juego mi vida por mis ideales. Pero, con seguridad, no tenía derecho a animar a otros para que arriesgaran su vida por mis ideales y todavía mucho menos por una teoría como el marxismo, cuya verdad posiblemente se podía poner en duda”

 

“Pero cuando llegué a la central del Partido me encontré con una actitud muy distinta: la revolución exigía semejantes víctimas; eran inevitables. Por lo demás, esto significaba un progreso, pues hacía que los trabajadores se enfurecieran cada vez más con la policía y velaba porque aquéllos tomaran conciencia del enemigo de clase…… No volví nunca más allí; me había escapado de la trampa marxista”.

 

“El capitalismo, en el sentido de Marx, ya no existe. La sociedad que Marx conocía ha pasado por grandes, mejor dicho, grandiosas revoluciones. El trabajo manual insoportablemente duro y agotador de antaño, que tenían que ejecutar millones de hombres y todavía más mujeres, ha desaparecido. Yo la he visto todavía [a esa sociedad], con mis propios ojos; y nadie que no la haya presenciado por sí mismo, puede hacerse una idea clara de la transformación radical que ha tenido lugar: de hecho, una revolución que tenemos que agradecer al tan denostado progreso de la tecnología”.

 

“Un «capitalismo» en el sentido histórico, en el que Marx empleaba el término, no ha existido nunca en este mundo: nunca ha existido una sociedad con una tendencia inherente en el sentido de la Ley de depauperización creciente de Marx o con una dictadura secreta de los capitalistas. Todo esto era y es puro autoengaño. Concedido, la vida al comienzo de la industrialización era enormemente dura. Pero industrialización significaba también productividad creciente y enseguida producción en masa. Obviamente, la producción en masa encontró finalmente su camino también hacia las masas. La interpretación histórica de Marx junto con su profecía no sólo es falsa –es imposible: no se puede producir algo de forma masiva, que según su doctrina esté predestinado para los cada vez menos numerosos ricos capitalistas. Por consiguiente, es un hecho: el capitalismo de Marx es un constructo mental imposible, una quimera”.

 

“Para destruir esta quimera, la Unión Soviética reunió sin embargo un arsenal de armas sin precedentes hasta la fecha, incluidas armas atómicas, en una magnitud que calculando equivale aproximadamente a 50 millones o todavía más de bombas-Hiroshima. Todo esto para aniquilar un infierno imaginario a causa de su supuesta inhumanidad. Ciertamente, la realidad no era celestial –pero mucho más próxima al cielo que la realidad comunista”.

 

(Extractos de “Consideraciones sobre el colapso del comunismo” en el libro “La responsabilidad de vivir” de Ediciones Altaya SA)

 

 

 

18 LOS ENEMIGOS INTERNOS DE LA FILOSOFÍA

 

Cada vez más nos asombramos de ciertos intelectuales debido a las posturas que promueven ya que éstas enfatizan errores evidentes, al menos en cuanto a los efectos que producen. Mientras que el individuo en crisis trata de buscar el sentido de la vida, la verdad y el bien, un gran sector, del ámbito de la filosofía, le indica que no existen esas metas y, por supuesto, que tampoco existen los caminos que puedan llevarnos hacia ellas. Clement Rosset escribió al respecto: “Terrorismo filosófico que asimila el ejercicio del pensamiento a una lógica de lo peor: partimos del orden aparente y de la felicidad virtual para concluir, al pasar por el necesario corolario de la imposibilidad de cualquier felicidad, en el desorden, el azar, el silencio y, en última instancia, en la negación de todo pensamiento. La filosofía se convierte así en un acto destructivo y catastrófico: ese pensamiento tiene como propósito el deshacer, el destruir, el disolver y, de un modo general, el privar al hombre de todo aquello que se ha proporcionado intelectualmente en calidad de provisión y de remedio en caso de desdicha” (De “Lógica de lo peor” – Barral Editores)

 

Las filosofías del absurdo predican la posible ausencia de sentido, tanto para el individuo como para la humanidad. De ahí que causa cierta sorpresa por cuanto uno espera de los intelectuales una propuesta acerca de un camino a seguir o una solución posible a nuestros problemas. Juan José Sebreli escribió: “El hombre parece no poder vivir sin dar un significado a su vida, y sin un sentido de la historia de la humanidad tampoco puede tener sentido la vida del hombre individual” (De “El asedio a la modernidad” – Editorial Sudamericana SA)

 

Incluso algunos pensadores han advertido acerca del auge de las filosofías del absurdo, ya que las ven como el obstáculo más serio que impide la adaptación cultural del hombre respecto del orden natural. Claude Tresmontant escribió: “Si hay fracaso, la culpa no deberá ser imputada al Universo, ni a la Creación, sino al hombre. Y Teilhard veía en las filosofías del absurdo y del abandono los signos inquietantes de un ‘aburrimiento’ que, para él, es el más grave, el único peligro que puede amenazar a la Evolución” (“Introducción al pensamiento de Teilhard de Chardin” – Ediciones Taurus SA)

 

Los movimientos intelectuales que favorecen el absurdo y los distintos tipos de relativismos (cognitivo, moral y cultural) se caracterizan por desconocer y, aún más, por oponerse a la ciencia. Desconocen totalmente la existencia de leyes naturales. Éstas tienden a imponer restricciones al pensamiento evitando la amplitud del “todo vale”. El desconocimiento de la existencia de leyes naturales nos hace recordar al “hombre masa”, que “desconoce instancias superiores y trata de imponer su vulgaridad”. Juan José Sebreli escribió: “El espíritu del tiempo intelectual de las últimas décadas se define por el abandono de la sociedad occidental de todo lo que significaron sus rasgos distintivos; el racionalismo, la creencia en la ciencia y la técnica, la idea de progreso y modernidad. A la concepción objetiva de los valores se opuso el relativismo; al universalismo, los particularismos culturales”.

 

Quien no es capaz de proponer alguna postura ética, o alguna teoría del conocimiento, opta por la solución más cómoda adhiriendo al relativismo moral y al cognitivo; para él no existe ni el bien ni la verdad, por lo cual tampoco se propondrá buscarlas. Entre las causas que justifican su accionar, puede mencionarse la simple necesidad de trabajar en cuestiones intelectuales por lo cual la necesidad lo impulsa a adoptar tal actitud. De ahí que tampoco sea extraño que tal personaje trate de hacer pasar sus oscuros y huecos escritos por eruditos y profundos. Respecto del relativismo, Mario Bunge escribió: “Si no existe una realidad independiente, si el mundo entero es una construcción social, y si los hechos son enunciados de un determinado tipo, no puede haber ninguna verdad objetiva. Dicho de otro modo, si no hay nada «fuera» que no haya estado anteriormente «dentro», la propia expresión «correspondencia de las ideas con los hechos» no tiene sentido. Y si no hay verdad objetiva, entonces la investigación científica no es una búsqueda de la verdad. O, expresado de un modo algo más moderado, «lo que se considera verdad puede variar de un lugar a otro y de una época a otra» (Collins). Este es el núcleo del relativismo epistemológico. Este es una parte esencial del relativismo cultural que, a su vez, es un componente filosófico del nacionalismo cultural” (De “La relación entre la sociología y la filosofía” – Editorial Edaf y Albatros SA).

 

Pareciera que desde la propia filosofía se nos “invitara” a dejarla de lado y a refugiarnos en las ciencias sociales. En el mundo científico no se descarta la existencia del bien (y la ética que lo estudia), de la verdad objetiva (y de la teoría del conocimiento que la estudia), incluso no se descarta la posibilidad de un sentido objetivo del universo. Sin embargo, quienes alertan sobre los peligros que ofrecen ciertos intelectuales, con sus posturas relativistas y subjetivas, son criticados como los que se oponen a la filosofía, siendo, por el contrario, los que la han usurpado y han anulado gran parte de los temas que caracterizan su propio ámbito, los que atentan contra ella.

 

 

  

 

 

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