6 DESOBEDIENCIA Y REBELIÓN
Cada individuo,
como integrante de una comunidad, debe acatar ciertas reglas aceptadas por el
grupo. Dichas reglas, que estructuran el orden social, pueden restringir su
libertad. De esa manera se logra, mediante concesiones individuales, la
integridad del grupo y el bienestar de todos. Cuando las concesiones
individuales son excesivas, puede surgir cierta actitud de desobediencia.
Incluso puede llegarse a la rebelión, que es una reacción hacia lo que se
considera injusto y opresivo.
Las normas de convivencia
aceptadas por las sociedades provienen, principalmente, del conjunto de
costumbres y tradiciones, las que dependen bastante de las creencias religiosas
y, en menor medida, de la filosofía y de la ciencia. Cuando algunos individuos
desobedecen las reglas del grupo, en especial las que son de origen religioso,
reciben la desaprobación de los demás por cuanto toda desobediencia trae
asociado un castigo; y ese castigo recaerá sobre todo el grupo. Este es el
origen de la disputa entre los obedientes y los desobedientes al Dios que
interviene en los sucesos humanos.
Desde tiempos remotos se
supone que Dios envía castigos a los hombres cuando éstos infringen las leyes
por él establecidas. La aparición de un cometa era interpretada como una señal
de las represalias que vendrían, mientras que las plagas y las enfermedades
eran interpretadas como los castigos asociados a los pecados cometidos por los
hombres. A partir de esa creencia, los “no pecadores” reaccionaban contra los
“pecadores”. Una de esas reacciones consistía en quemar a los sospechosos de
brujería. En el Antiguo Testamento se sugiere: “A la hechicera no dejarás que
viva”. Incluso algunos hombres se oponían a la utilización del pararrayos
ideado por Benjamín Franklin, el cual ofrece protección contra incendios.
Aducían que los rayos eran castigos de Dios y que el hombre no debería oponerse
a su voluntad.
Los Estados totalitarios
tratan de ocupar el lugar del Dios del Antiguo Testamento, ya que exigen
fidelidad y se atribuyen cierta infalibilidad. Recordemos la expresión de Mussolini: “El Duce nunca se
equivoca”. La discordia entre el Estado y parte del pueblo radica en que
existen culpables e inocentes de los males de
La vigencia de las ideologías
que promueven la decadencia del hombre, cuenta con la complicidad del que cede
el lugar para que ello ocurra. Si nos despreocupamos totalmente por las ideas
que a nivel social inducen las acciones individuales, seguramente observaremos
tendencias peligrosas para la integridad del orden social. José Ortega y Gasset escribió: “El fascismo tiene un cariz enigmático,
porque aparecen en él los contenidos más opuestos. Afirma el autoritarismo y a
la vez organiza la rebelión. Combate la democracia contemporánea y, por otra
parte, no cree en la restauración de nada pretérito. Parece proponerse la forja
de un Estado fuerte y emplea los medios más disolventes, como si fuera una
facción destructora o una sociedad secreta”. “Una de las paradojas más
inevitables en que en la batalla, el vencedor, para vencer, necesita que el
vencido le ayude. Es una abstracción hablar de la fuerza de un ejército. La
fuerza de un ejército depende de la del otro, y uno de sus ingredientes es la
debilidad del enemigo. Cabe decir que la mitad de nuestro ser radica en lo que
sean los demás y no se debiera olvidar que nuestro perfil depende en buena
parte del hueco que los demás nos dejan” (De “El espectador”).
Algunas tendencias
totalitarias promueven la discordia entre distintos sectores de la sociedad. De
ahí que sea también reprobable adherir con un silencio aprobatorio a las
ideologías y a los políticos que impulsan la violencia. Bertrand
Russell, en el capítulo titulado “Hombres eminentes
que he conocido”, escribió: “Cuando conocí a Lenín,
tuve mucha menos impresión de un gran hombre de lo que esperaba; mis más
vívidas impresiones fueron de fanatismo y crueldad mogólica. Cuando lo
interrogué acerca del socialismo en la agricultura, me explicó con júbilo cómo
había incitado a los campesinos más pobres contra los más ricos: ‘Y muy pronto
les colgaron de los árboles más cercanos –ja, ja, ja ¡’.
Sus risotadas ante el recuerdo de los muertos hicieron que la sangre se me
congelara” (De “Ensayos impopulares”).
Resulta sorprendente el hecho
de que se les perdone a los comunistas haber realizado matanzas por millones,
mientras que no ocurre algo similar respecto de los nazis, o de
El religioso es, en cierta
forma, alguien que se rebela contra Dios y su obra. Así, en nombre de la fe
algunos desprecian el mundo real y lo reemplazan por mundos imaginarios.
También rechazan la materia con la cual está todo construido y la reemplazan
por una variedad de espíritus de comportamiento caótico. Piden a Dios que
interrumpa sus leyes para que los sucesos resulten favorables al hombre. La
religión debe buscar el cambio en las actitudes humanas, y no el cambio en el
propio Creador.
Se dice que no existen
fenómenos psicológicos, sino sólo fenómenos sociológicos. Ello se debe a que es
muy importante la influencia del medio social sobre la conducta del individuo.
De ahí que nuestras acciones no sólo deben estar dirigidas hacia nuestro
mejoramiento individual, sino que también debemos tratar de lograr una mejora
del propio medio social. José Ortega y Gasset
escribió: “Yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo
yo”.
Existe una actitud
generalizada en la que el individuo se rebela contra el orden natural y contra
la sociedad, en una forma consciente y premeditada. Esta actitud es el cinismo
e implica desconocer cualquier tipo de norma ética y cualquier costumbre o
tradición social. Sus síntomas son la burla, la caradurez,
la falta total de intimidad, la exaltación de la genitalidad, la grosería, etc.
Acentuada por la televisión y legitimada por la adhesión al relativismo moral,
cada día logra nuevos adeptos mientras la crisis social avanza a idéntico
ritmo.
El escritor León Tolstoi se planteaba, en cierta etapa de su vida, algunos
interrogantes. Trataba de llegar a la esencia propiamente humana. Tales
interrogantes son los siguientes: “ ¿ Por qué vivo ?.
¿ Cuál es la causa de mi existencia y la de todos los demás hombres ?. ¿ Qué propósito tiene
mi existencia y la de cualquier otro ?. ¿ Qué
significa la división que siento dentro de mí entre el bien y el mal y qué
propósito tiene ?. ¿ Cómo debo vivir ?. ¿ Qué es la muerte ?. ¿ Cómo puedo salvarme ?” (De “El pensamiento vivo de Tolstoi” de Stefan Zweig).
Una adecuada descripción del
orden natural, incluido el hombre, debería responder a todos estos
interrogantes de manera tal que se produzca una masiva adhesión a la verdad;
para que la verdad de todos reemplace a los criterios sectoriales y
particulares, ocupando el lugar que siempre debió ocupar.
7 BUENAS NOTICIAS
El establecimiento definitivo del Reino de Dios, asociado al
triunfo del Bien sobre el Mal, es el proyecto más importante emprendido por el
hombre. Si bien la denominación tiene sentido para las religiones bíblicas, en
todo ser humano existe la esperanza de que, algún día, serán desterradas para
siempre las enfermedades del alma, como alguna vez fueron desterradas varias
enfermedades del cuerpo. Este proyecto tiene carácter universal y su
realización implica la activa participación de cada ser humano.
Las Buenas Noticias
(Evangelio) provienen de alguien que encontró la información necesaria para
hacer reales los anhelos más valorados por los hombres. Esta información logra
un éxito parcial ya que no todos la aceptan, porque “muchos son los llamados,
pero pocos los elegidos”. Incluso a éstos les cuesta bastante cumplir con los
mandamientos; pero, si alguien puede lograrlo, otros también lo podremos.
La aceptación de una ideología
está asociada a la confianza depositada en la persona que la emite, pero debería
aceptarse principalmente por la veracidad en ella existente. Los requerimientos
actuales exigen que dicha información sea compatible con el razonamiento y con
los lineamientos básicos de la ciencia experimental. De ahí que la búsqueda de
un éxito generalizado hace necesaria una actualización, reformulación, o
ampliación, que contemple el caudal de conocimientos logrados por el hombre
hasta la época actual, pero sin cambiar la esencia de las prédicas originales.
Cuando Cristo dice, respecto
de
Cuando dice: “No he venido a
llamar a los justos, sino a los pecadores”, no descarta la posibilidad de que
existan personas que favorezcan el Bien aun cuando no hayan recibido su
mensaje. Ello se debe a la existencia de leyes naturales que rigen todo lo
existente y cuya descripción es accesible a los hombres de cualquier época. Al
identificarlas con las leyes de Dios, se unifica la ciencia con la religión y
el conocimiento con la sabiduría.
Cuando dice: “No se echa el
vino nuevo en odres viejos, porque entonces se rompen los cueros, y se pierde
el vino y los cueros”, indica que sus prédicas no pueden ser aceptadas sin que
exista un cambio, o conversión, en las ideas básicas que orientarán las
decisiones individuales. De ahí que el cumplimiento de los mandamientos tan
sólo es una consecuencia de haber aceptado previamente las ideas existentes en
dichas prédicas. Por ello agrega: “Quien no nace de nuevo, no puede entrar al
Reino de Dios”, ya que la conversión mencionada se la simboliza como “nacer de
nuevo”, o nacer para la vida espiritual.El individuo
es el artífice del cambio, pero la humanidad es el objetivo.
La actitud del perdón adquiere
todo su significado cuando contemplamos los objetivos generales a los que
apuntan las prédicas mencionadas. Cuando sugiere “ofrecer la otra mejilla”,
trata de compensar al “ojo por ojo y diente por diente” del Antiguo Testamento,
para que el perdón prevalezca sobre la venganza. Anular la actitud vengativa
implica un cambio positivo en todo ser humano.
También parece enviar un
mensaje al actual ambiente televisivo: “Pero al que dé ocasión de pecado a uno
de estos pequeños que creen en mí, más vale que le aten al cuello una piedra de
molino y le echen al mar”. Esta es una expresión de disgusto, antes que de
violencia. Quienes reaccionan con ofuscación generalmente son los que se
interesan por la situación de la sociedad en que viven.
El egoísmo se opone a la
cooperación de la misma forma en que nuestra naturaleza biológica y competitiva
predomina sobre nuestra esencia espiritual. Por ello dijo: “El que quiere ser
el mayor entre vosotros, sea vuestro criado y el que quiera ser el primero
entre vosotros será siervo de todos, porque el Hijo del Hombre no vino para ser
servido, sino para servir”.
Generalmente, criticamos las
acciones de los demás sin prestar atención a nuestra propia actitud personal.
Por el contrario, la actitud práctica nos sugiere observar nuestros defectos
antes que los de los demás, porque son los que están a nuestro alcance para
disminuirlos. A veces, los hombres pretendemos hacer justicia con nuestras
propias manos y olvidamos que existe un orden natural que no busca el castigo,
sino que espera que seamos aptos para vivir de acuerdo a sus leyes. Por ello
dijo en cierta ocasión: “El que esté libre de culpa, que arroje la primera
piedra”.
Cuando recomienda no juzgar a
los demás, seguramente se refiere al caso en que se lo hace con un sentido
competitivo, ya que es inevitable y necesario prever el posible comportamiento
de las personas ante tomas de decisiones. Quienes no juzgaron adecuadamente a
un empleado, a un empleador o a un socio, terminaron en la ruina económica.
Las épocas de crisis viene asociadas a cierta desorientación y a la ausencia de
un sentido de la vida. La información orienta nuestras decisiones dándole un
significado trascendente a nuestra acción cotidiana, por lo que dijo: “Yo soy
la verdad, el camino y la vida”.
Cuando dice: “Id por el mundo y predicad
El Génesis bíblico puede ser
interpretado como la gradual adaptación biológica del hombre a su medio natural,
mientras que las Alianzas entre Dios y el hombre pueden ser interpretadas como
la gradual adaptación cultural del hombre a la ley de Dios. Mientras mayor sea
la rapidez con que se realice, tanto menor será el sufrimiento padecido. El
hombre es el principal artífice de la formación de la humanidad; de ahí que
Cristo se autodenominó el “Hijo de Dios”, siendo su principal colaborador.
Un edificio ha de ser estable
si sus cimientos son fuertes. La identificación del Génesis con la adaptación
biológica y las Alianzas con la adaptación cultural, permite establecer una
base científica de la religión. Sólo así será posible establecer el triunfo del
Bien sobre el Mal. No podemos darnos el lujo de prescindir de tanta información
y de tanto conocimiento logrado. Además, tal identificación será como un
“filtro” que sólo admitirá la religión verdadera, es decir, la que tiene en
cuenta a la ley natural.
La incoherencia básica
asociada a la generalizada interpretación del cristianismo radica en que muchos
basan sus creencias en la posible interrupción de la ley natural ante los
pedidos efectuados hacia Dios. El rechazo a sus leyes muestra cierta actitud de
rebeldía, que es tan mala como la que supone la inexistencia de dichas leyes.
Cristo dijo: “Porque Dios sabe que os hace falta antes que se lo pidáis”.
Antiguamente se creía que cada
acontecimiento trascendente implicaba la activa participación del Creador. Así
se interpretaba al Génesis, a las Alianzas, o a la destrucción de la corrompida
ciudad de Sodoma. De ahí la imagen del Dios
justiciero y vengativo del Antiguo Testamento. Incluso el propio Newton suponía
que Dios intervendría para eliminar una aparente inestabilidad del sistema
planetario solar. Todo se vuelve lógicamente coherente cuando describimos tales
acontecimientos como efectos de la acción humana dentro de una realidad regida
por leyes causales.
Quienes observan al
cristianismo sin comprenderlo del todo, suponen que se trata de una ideología
con poco sentido práctico, ya que “amar al prójimo como a uno mismo” es algo
difícil de lograr. También suponen que son hipócritas quienes no cumplen
estrictamente este mandamiento y se autodenominan cristianos. Incluso algunos
suponen que al cristiano se lo puede engañar o estafar sin que reaccione apenas.
Al respecto puede decirse que el mandamiento mencionado no es un objetivo
concreto a lograr, sino una tendencia a adoptar. De la misma forma en que
existen, en cada país, miles de educadores que no son perfectos ni hipócritas,
también existen personas que adoptan una postura religiosa que los orientará en
la vida, sin ser perfectos ni hipócritas.
El Reino de Dios puede ser
interpretado como la plena adaptación cultural del hombre al orden natural.
Cristo dijo: “Dios es Espíritu, y los que le adoren deben adorar en espíritu y
verdad”. Por otra parte, el pecado y el sufrimiento estarían asociados a la desadaptación a dicho orden.
Lo que es invariante es la
ley natural, pero no lo es el conocimiento que de ella poseemos. De ahí que la
humanidad no evitará su decadencia manteniendo los misterios, las incoherencias
lógicas y las tradiciones como el más preciado valor. Cristo dijo: “El día festivo
ha sido hecho para el hombre y no el hombre para el día festivo”. Esta
expresión podría generalizarse a la religión en sí. Además, lo sagrado ha de
ser la obra de Dios (el hombre) y no la obra del hombre (la religión).
Se invita al lector a
participar activamente en la difusión del ideal cristiano, ya sea porque se
trate de alguien interesado en los demás, o bien porque se sienta impulsado por
el simple “instinto de conservación” que lo lleva a no cruzarse de brazos
contemplando la caída de una sociedad sumergida en la decadencia.
El Evangelio es una ideología
mínima, en tamaño, pero ha de producir un efecto óptimo; no sólo en cada
individuo, sino en toda la humanidad. El cristianismo debe superar la
simbología y la tradición; de esa manera dejará de ser un anhelado proyecto
para convertirse en una inmediata realidad.