1 IDEALES Y EJEMPLOS
Cuando una sociedad cae en una crisis moral, se debe revertir la tendencia
lo más rápidamente posible. Para ello es imprescindible orientarnos en una
misma dirección. Muchos esperan la llegada de un líder, o de un mesías. Como son pequeñas las probabilidades de que
aparezca tal personaje, debemos buscar formas más seguras.
Una forma consiste en buscar,
en el pasado, el ejemplo de los hombres que dieron origen a
En los hombres públicos se
hace notoria la crisis moral, ya que son el aspecto visible de la crisis. Ello
no implica que sean los únicos culpables por la situación. Debido a la posición
que ocupan, la tolerancia hacia sus faltas ha de ser menor que en otros casos.
Respecto de la actitud del político,
Richard Muller-Freienfels
escribió: “Para el político, la sociedad es un medio, no un fin. La técnica, el
arte y la ciencia no tiene otro valor que el de medios
para conseguir el poder. El hombre sociable se contenta con ser miembro de una
sociedad, mientras que el político quiere dirigirla. Como César, prefiere ser
el primero en una aldea al segundo en Roma” (De “Tu alma y la mía”).
El político descripto es, en realidad, el pseudopolítico
que usa una actividad social para su propio beneficio y prestigio, sin
importarle apenas el bienestar de la sociedad. Por el contrario, el político
auténtico, como lo fue Gandhi, orientó y dirigió a su
pueblo ejerciendo una influencia educadora sobre cada individuo. El político
auténtico indica los defectos que su pueblo tiene, mientras que el pseudopolítico sólo emite alabanzas y otorga favores para
intercambiarlos por votos.
El hombre común se deslumbra
ante un título universitario y ante frases bien hechas, mientras que el hombre
instruido se asombra por el reducido nivel intelectual mostrado en el ámbito de los partidos políticos. La democracia
pasa a ser un sistema de gobierno ejercido por los que tienen mayor
habilidad para establecer frases con poco contenido.
Al menos en Mendoza, de cuyo
pueblo y suelo surgió el Ejército de Los Andes, no debemos ignorar el
acontecimiento más importante de nuestra historia. No debemos olvidar los
ideales que llevaron a San Martín a realizar su obra y que fueron imprimiendo
las características de la argentinidad. Una vez dijo: “Mis promesas para con
los pueblos en que he hecho la guerra están cumplidos: hacer la independencia y
dejar a su voluntad la elección de sus gobiernos”.
Su acción militar, en Sudamérica,
fue destinada a la liberación de las naciones que estaban bajo el dominio
español. Fiel a su ideal, rechazó cualquier posibilidad de intervenir en una
guerra entre argentinos, o una guerra entre sudamericanos. Esto contrasta
notablemente con la actitud de algunos influyentes pseudopolíticos,
como Perón, quien favoreció la división de los argentinos hasta hacernos ubicar
en situación próxima a una guerra civil. Instigando a la masa peronista, les
dijo: “Por cada uno de los nuestros, caerán cinco de los otros”. También la
actitud sanmartiniana contrasta con la del guerrillero Che Guevara, que buscaba
mediante la revolución (guerras civiles en los países sudamericanos) la
ampliación del ex–imperio soviético.
No debemos ignorar nuestra
historia y nuestro pasado, ni hacer una extraña mezcla de personajes opuestos
que difieren tanto en sus acciones como en sus ideales. San Martín dijo: “Los
hombres juzgan de lo presente según sus intereses, y solamente de lo pasado
según su verdadera justicia”.
En las épocas de San Martín,
cuando organiza el Ejército de Los Andes, el pueblo sacrifica su comodidad para
lograr la libertad. Durante las batallas se sacrifica la vida de numerosos
soldados. En nuestra época, por el contrario, el pueblo sacrifica su comodidad
y su seguridad para pagar la ineficiencia y el robo generalizado. Llegamos a
esta situación por ignorar el ejemplo de los grandes hombres y por confiar en
simples pseudopolíticos. San Martín escribió: “Cada
uno debe vivir con lo que gana”. “Declaro no deber ni haber debido nada a
nadie”.
Quien no pide prestado,
generalmente lo hace por temor a no poder devolverlo oportunamente. Teme llegar
a ser considerado como un estafador. Si en
La vida de San Martín estuvo
lejos de ser una vida cómoda. Así como el descanso es merecido cuando en un
premio al trabajo, la gloria y el honor son para los que lograron realizar sus
elevados ideales. Por el contrario, en las sociedades de consumo se busca la
comodidad como un objetivo en sí mismo. César Cantú escribió: “Peste y plaga de
la patria es la juventud ociosa, petulante, que alterna el café, la mesa y el
teatro; que lee por ocio; que venera y desprecia por moda y adopta la opinión
del periódico que lee”.
Los imperialismos, a quienes
se culpan de todos los males, son como las enfermedades que atacan a los cuerpos
débiles. Gandhi escribió: “Fuimos nosotros los que
ofrecimos la posibilidad de establecer su contralor sobre
La situación de crisis
favorece la acción constructiva del individuo. Gandhi
escribió: “El descontento es muy útil, ya que a un hombre que está satisfecho
de su situación no se le puede persuadir a que cambie”.
Una nación es un conjunto de
ideales que orientan a los individuos hacia el Bien común. Sin ellos, no existe
sino un conjunto caótico de hombres. Cuando el pueblo se siente orgulloso de
los ideales adoptados, surge el patriotismo, como un sentimiento hacia la
sociedad que los acepta y los cumple. Ernest Renan escribió: “Lo que constituye una nación no es hablar
una misma lengua ni pertenecer a la misma raza, sino poseer en común grandes
cosas en el pasado, y la voluntad de hacer otras en el futuro”.
Asociando los ideales
colectivos a la idea del Bien común, resulta evidente que el patriotismo que
surge en un país no ha de ser diferente del que surge en otros.
Hay veces en que los héroes
nacionales son los destinatarios de calumnias e injurias ya que éste es un
medio utilizado por quienes odian a la sociedad en que viven y encuentran en
este método un arma eficaz para herir los sentimientos patrióticos que puedan
existir.
2 UTOPÍA Y REALIDAD
A pesar del tiempo transcurrido desde la aparición de los primeros
hombres, la humanidad busca, todavía, ponerse de acuerdo respecto de varios
aspectos básicos, entre los que podemos mencionar la forma de gobierno, el
objetivo de la sociedad, el vínculo de unión entre sus integrantes, la célula
básica del orden social, etc. Las respuestas llevan implícitas las posibles
soluciones a los conflictos humanos. Una de las propuestas consiste en mejorar
a cada hombre siendo la sociedad una consecuencia del individuo. La otra
postura implica realizar un cambio en la sociedad para que, luego, afecte a
cada uno de sus integrantes.
El comportamiento del hombre,
como individuo, es accesible a una descripción científica, mientras que la
descripción de la sociedad sólo tiene sentido a partir de las conductas
individuales. Todo cambio, basado en el conocimiento seguro, ha de provenir de
la mejora del individuo.
Una de las posturas propone
que el hombre debe ser gobernado por el propio orden natural, una vez que logre
describir adecuadamente las leyes respectivas. El objetivo de la sociedad ha de
ser una adaptación creciente respecto de esas leyes. El vínculo de unión ha de
ser el amor, mediante el cual compartimos las penas y las alegrías de nuestros
semejantes, mientras que la familia ha de ser la célula básica del orden social.
El socialismo, por otra parte,
conduce al gobierno del hombre sobre el hombre, ya que el diseño de un orden
social implica adaptarse a la voluntad de su diseñador, que ha de ser el
objetivo a lograr. El vínculo de unión será materializado por los medios de
producción, mientras que el grupo humano es al mismo tiempo la célula básica,
ya que, a veces, se propone socializar a las mujeres y a los niños, siendo
éstos educados por la comunidad, y no por sus padres. Platón escribe: “Ninguno
tendrá mujer propia y los hijos serán comunes, y el padre no conocerá a su
hijo, ni el hijo al padre”.
Existen variantes a las
sociedades diseñadas por el hombre, aunque casi todas coinciden en abolir la
propiedad privada. El primer intento proviene de Platón quien escribió: “Mi
República existe sólo en nuestra mente, puesto que no está en parte alguna de
El hombre, guiado por las
pasiones, es competitivo y busca el dinero y el poder, perjudicando a toda la sociedad.
La postura que propone el mejoramiento individual busca que el hombre sea
guiado por la razón y abandone aquella actitud. Las posturas socialistas, en
cambio, proponen eliminar la propiedad individual de bienes materiales para
evitar los inconvenientes mencionados. Suponen que de esa forma eliminarán el
egoísmo. El filósofo Louis de Bonald escribió: “Los
hombres son perversos no tanto por la riqueza como por el afán de riqueza”.
Los intentos guiados por
ideales utópicos nunca llegaron a buenos resultados, principalmente porque
desconocieron los atributos esenciales (culturales) del individuo. De todas
formas, los ideales utópicos todavía existen como una esperanza oculta de los
hombres que llevan una vida poco feliz. Ludwig von Mises escribió: “En vastas extensiones de Europa (el
socialismo) es, desde hace años, el ideal a que aspiran en secreto millones y
millones de hombres. Es conocido por todos, aunque jamás se le haya definido
con claridad” (De “El socialismo”).
La esencia biológica del
hombre le hace vislumbrar una sociedad ideal en la que se satisfacen todos sus
deseos primarios: alimentos, vivienda, vestimenta: esta sociedad es el
comunismo. Se parece a un hormiguero en donde todos colaboran para lograr un
fin común y en donde existe una absoluta igualdad. Cuando el comunismo se lleva
a la práctica, se parece más a una colmena de abejas, en la que las abejas
obreras se parecen a la clase obrera, la reina se parece a la clase dirigente y
los zánganos serían los marginados por no trabajar o por oponerse a la clase
dirigente.
La esencia cultural del hombre
le hace vislumbrar una sociedad ideal en la que el aspecto afectivo es el
vínculo de unión. Se satisfacen así los deseos de libertad y de una realización
personal. El cristianismo promueve principalmente el mejoramiento de los
atributos afectivos o éticos, de manera de facilitar el establecimiento de ese
vínculo. La sociedad ideal aparecerá cuando la mayoría de sus integrantes
adopte para sus vidas la sugerencia cristiana. Mientras que el vínculo de la
sociedad comunista (los medios de producción) son logrados por métodos
violentos (la revolución), el vínculo de la sociedad cristiana se logra
pacíficamente y con mucho trabajo personal.
El Imperio Romano ofrecía
protección a sus aliados, los que ceden parte de su libertad, y de sus ahorros,
a cambio de seguridad. Por razones similares surgen los modernos Estados,
siendo su estructura favorable al gobierno del hombre sobre el hombre, ya que,
cuando alguien domina totalmente al Estado, dominará totalmente a la sociedad.
Hará la promesa, eso sí, de brindar protección y seguridad. De ahí surge el
totalitarismo, palabra que proviene del siguiente lema de Benito Mussolini: “Todo por el Estado, nada fuera del Estado, nada
contra el Estado”. También dijo: “Fuimos los primeros en afirmar que conforme
la civilización asume formas más complejas, más tiene que restringirse la
libertad del individuo” (Citado en “Camino de servidumbre” de F. Hayek).
Para describir adecuadamente
la acción de Mussolini, Hitler,
Lenín, Stalin y los
ideólogos respectivos, puede decirse que constituyeron el mayor peligro que
afrontó la civilización, por cuanto establecieron el gobierno del hombre sobre
el hombre ofreciendo protección respecto del “gran enemigo” de la sociedad: el
liberalismo económico y la democracia. En estos casos el remedio resultó peor
que la enfermedad.
Existen varios aspectos
comunes entre fascismo, nazismo y marxismo, siendo el principal la búsqueda del
dominio del Estado para controlar la sociedad y expandirse al mundo mediante
las armas y la propaganda. Cuando uno dice que el marxismo es una tendencia estatista y totalitaria, algunos contestan que uno no leyó
bien a Marx, por cuanto dijo que el Estado debía, a
la larga, desaparecer. Al robo de los medios de producción le llaman
“socialización”, en vez de “estatización”. De todas formas, ese agrupamiento en
manos de los dirigentes comunistas lleva necesariamente al totalitarismo.
Cuando se les mencionaba, a los dirigentes del antiguo Imperio soviético, la
abolición del Estado, propuesta por Marx, indicaban
que ello iba a ocurrir cuando el comunismo se estableciera a nivel mundial.
La gente acepta casi sin
inconvenientes que el establecimiento del comunismo en la ex–URSS haya costado
unas 20 millones de víctimas (según manifiesta Andrei
Sajarov en “Mi país y el mundo”), siendo de tres
millones ochocientas mil las cifras oficiales. Esta aceptación se debe a que
tuvo como finalidad el establecimiento del ideal secreto de las masas.
El cinismo de los silenciosos
admiradores de Marx los hace cómplices de la
violencia que ha existido en muchos países. Salomón dijo: “El que justifica al
impío, y el que condena al justo, ambos son abominables delante de Dios”.
Para el marxismo, el sistema económico
imperante determina la mentalidad generalizada de la sociedad, y es la que
determinará la de cada individuo. Las críticas adversas hacia el marxismo son
ignoradas por cuanto provienen de la “burguesía”. Para otras posturas, el
pensamiento individual influye sobre la mentalidad generalizada de la sociedad
y el orden económico dependerá de las ideas predominantes. La influencia de Marx en la sociología hace que esta rama de la ciencia
pierda seriedad, ya que algún día también podrá hablarse, con igual derecho, de
una “sociología nazi”. Ludwig von
Mises escribió: “Conforme a la concepción marxista, la existencia colectiva
determina la conciencia. Las ideas que expresa un autor las ocasiona el hecho
de que pertenezca a tal o cual clase social y no está en su poder salirse de su
clase y liberar su pensamiento de la tendencia que le prescribe su interés de
clase. Se refuta así la posibilidad de una ciencia general, válida para todos
los hombres sin distinción de clase” (De “El socialismo”).
Los marxistas tienden a
desarmar a la oposición por cuanto hablan en nombre de los pobres y de los
obreros. Le aseguran al que se siente fracasado que no es culpable de su
situación, sino que es culpa de la sociedad, o del sistema capitalista. Además,
en la sociedad comunista no tendrá necesidad de sentir envidia, ya que todos
tendrán la prometida igualdad económica.
La ciencia tiene como objetivo
describir al mundo real. En el caso de la sociología, tiene sentido estudiar
los grupos humanos y su relación con el individuo, cuando actúan en libertad.
Sin embargo, el marxismo supone que la ciencia sociológica implica diseñar una
sociedad utópica y obligar, mediante las armas, a que todo individuo se adapte
a la planificación establecida. Andrei Sajarov escribió: “La nuestra (URSS) es una economía
permanentemente militarizada a un nivel inverosímil en tiempos de paz, que
resulta opresiva para la población y peligrosa para el resto del mundo” (De “Mi
país y el mundo”). Con el avance tecnológico y la automatización de la
producción se desvanece el vínculo de unión de la sociedad utópica y el sentido
de la historia que, según algunos, lo justifica.
Debemos recordar que los
principales “fabricantes del odio y del marxismo” son los egoístas y poderosos,
que se desinteresan por los demás. El liberalismo tiene sentido sólo como el
aspecto económico de una postura que incluya una concepción religiosa o
filosófica del hombre.
La soberbia está asociada al
reino del hombre sobre el hombre, mientras que la verdad vendrá asociada al
Reino de Dios. Una dará siempre pobres resultados y traerá sufrimientos; la
otra siempre dará buenos resultados porque traerá la paz.
3 LA ÚLTIMA ALIANZA
Una alianza, en religión, implica un vínculo, o un acuerdo, entre Dios y
los hombres, a través de algún intermediario. Es la forma en que la humanidad
habría de conocer la voluntad del Creador para cumplir con sus designios. Este
conocimiento constituye una “verdad revelada”. Se considera como la última
alianza a la establecida a través de Cristo. Esta interpretación de la religión
se basa en la creencia en un Dios personal que interviene e influye sobre la
humanidad fuera de las leyes naturales establecidas.
También es posible una
religión basada en la existencia de un orden natural invariable. El hombre se
va adaptando progresivamente a dicho orden y da lugar a una “historia lineal”,
y no “cíclica”, como supone la tradición de varios pueblos. La adaptación
cultural a la que se hace referencia responde a la misma finalidad que la
adaptación biológica.
El nivel de conocimientos
aportados por la ciencia experimental hace que en nuestra época deba
contemplarse la posibilidad de unificar ciencia y religión. El efecto será
similar al producido por una alianza, por cuanto éstas se realizarían para que
haya unión y concordia entre los hombres. Ello implicará, además, una posible
unificación de religiones. Con ello se cumplirá con la aparente finalidad
implícita en el orden natural, o con la voluntad de Dios interpretada por los
profetas.
La unificación de ciencia y
religión no implica el reemplazo de ésta por aquélla, sino una compatibilización de ambas como ramas especializadas del
conocimiento humano, que actúan bajo una especie de “división del trabajo” y
apuntan hacia un mismo fin. La religión compatible con la ciencia, y con la
propia realidad, constituye la “religión natural”. Dicha religión surge del
hombre, y no de Dios. No supone un orden sobrenatural, además del orden
natural, sino sólo este último.
En la religión natural se
toma, como punto de partida, la propia realidad, mientras que en la religión
revelada se toma como referencia, justamente, la verdad revelada que aparece en
las Sagradas Escrituras. Para que cada individuo mejore su condición, sólo
bastaría lograr un acuerdo respecto de las normas éticas elementales. Si, por
el contrario, pretendemos imponer posturas filosóficas completas, la religión
seguirá siendo una gran fuente de discordia. Galileo Galilei
escribió: “..ésos (teólogos) pretenden poder obligar a
otros, con la autoridad de
Con el tiempo se fue aceptando
la existencia de una verdad única, y no de una verdad científica distinta de la
religiosa. El conflicto tiende a eliminarse en cuanto se tiene en cuenta que
los libros religiosos traen mensajes religiosos, y no científicos. Tales
mensajes apuntan a la obediencia a las leyes de Dios y a la salvación del
hombre. Tienen en cuenta el comportamiento ético del individuo antes que la
verdad estricta respecto a los aspectos básicos de la realidad. Baruch de Spinoza escribió: “Se
demuestra que
De todas formas, es necesario
e imprescindible buscar la unidad entre ciencia y religión, sin necesidad de
cambiar lo esencial de una y de la otra. Teniendo en cuenta que las distintas
religiones son aproximaciones a la religión natural, existe esa posibilidad.
Ella consiste en reinterpretar el origen y el fundamento de la religión de
manera tal que se observe una identidad con la ciencia. El proceso de
interpretación de teorías y experimentos ha desempeñado un importante papel en
el desarrollo de la física teórica y experimental. De todas formas, la realidad
ha de ser independiente de las interpretaciones y de los deseos humanos, pero
debemos tener presente la posibilidad mencionada.
La razón debe predominar sobre
la fe, por cuanto el razonamiento tiene como destino los aspectos objetivos de
la realidad. Por el contrario, la fe da lugar a variadas y opuestas
interpretaciones de la realidad, predominando un conocimiento subjetivo. Toda
posible unificación provendrá de acuerdos basados en el mundo real único. Baruch de Spinoza escribió: “Sólo
en cuanto vivan guiados por la razón los hombres se ponen siempre de acuerdo.
En cambio, en cuanto son movidos por los afectos que son pasiones, los hombres
son por naturaleza distintos y contrarios los unos a los otros” (Citado en “Spinoza” de Carl Gebhardt).
Cuando observamos
cotidianamente los conflictos que acontecen en la humanidad, notamos una
tendencia bastante preocupante. Incluso nos parece que la única solución
posible vendrá del cumplimiento de la profecía bíblica que promete el fin de
una época en la que predomina el Mal y el inicio de una era en la que triunfa
el Bien. Justamente, la lucha entre el Bien y el Mal es el tema central de
Hay quienes adoptan una actitud
optimista por cuanto aducen que “Dios va a arreglar al mundo y que no debemos
preocuparnos”. Por el contrario, el ciudadano común debería esforzarse en
evitar el derrumbe del orden social, mientras que el intelectual debería tratar
de acrecentar el nivel de conocimientos, no sólo para utilidad de la sociedad
actual, sino para que sirva para establecer, algún día, una gran síntesis que
permita la unificación de ciencia y religión, como se mencionó antes.
Cuando se habla de las
predicciones bíblicas, se las asocia al último de los libros: el Apocalipsis.
Realizado por San Juan Apostol, describe visiones
asociadas a lo que ocurrirá en el futuro. Hay quienes lo interpretan
textualmente y encuentran escenas de mucha violencia; propias del “Dios vengativo”
del Antiguo Testamento. En el otro extremo, hay quienes sólo encuentran incoherencias lógicas y no le
asignan valor alguno. Aquí es oportuno mencionar una expresión de Thomas Hobbes: decir que Dios nos habló en sueños implica que
soñamos que Dios nos hablaba.
En el caso que tratamos
debemos adoptar una actitud científica y valorar toda expresión en función de
su adecuación a la realidad, o a su coherencia lógica, sin importar el método utilizado
o el origen de quien lo expresa. Además, el libro del Apocalipsis (revelación)
no sólo debe ser compatible con la realidad futura, sino que debe adecuarse a
la profecía que, respecto del final de los tiempos, establece el propio Cristo.
De ahí que conviene referirnos a esta última preferentemente.
Una profecía, desde el punto
de vista de la religión natural, es un mensaje emitido hacia el futuro para que
alguien se encuadre en su contenido y la cumpla. Ha de ser como una posta
atlética en la que cada integrante de un equipo recorre una parte del trayecto
total. También es posible la existencia de leyes históricas más profundas y que
sean inaccesibles al hombre común.
Lo que más sorprende, acerca
de la “segunda venida de Cristo”, es la forma abrupta en que aparecerá. Así,
Cristo dijo: “Pues igual que el relámpago, cuando resplandece saltando desde lo
bajo hasta lo alto del cielo, así será el Hijo del Hombre en su día” (Lucas).
El propio Newton arriesgó una fecha para este acontecimiento y estimó que
sucedería en el siglo XXI.
La profecía nos describe la
“parusía”, que se traduce como “presencia”. La expresión “todo ojo le verá”
implica la existencia de un medio de comunicación masivo como lo es la
televisión satelital. Giovanni Papini escribió: “Pero
si Jesús no anuncia el día, nos dice las cosas que han de acontecer antes de
aquel día. Dos son estas cosas: que el Evangelio del Reino sea predicado a
todos los pueblos y que los Gentiles no hollen más el
suelo de Jerusalén. Estas dos condiciones se han cumplido en nuestros tiempos
y, acaso, el gran día se aproxima. Ya no hay más en el mundo nación civilizada
o tribu bárbara donde los descendientes de los Apóstoles no hayan predicado el
Evangelio. Desde 1918 los turcos no mandan más en Jerusalén y se habla de una
verdadera resurrección del antiguo estado judío (el Estado de Israel fundado en
1948)” (De “Historia de Cristo”.
El Apocalipsis, que
complementa la profecía, viene a ser una “filosofía de la historia”. Simboliza
la lucha entre el Bien y el Mal y el triunfo del primero. Incluso la lucha se
establece mediante cuatro jinetes. Uno de ellos (el Bien) derrota a los otros
tres (el Mal). Ello puede asociarse a las actitudes básicas del ser humano: el
amor (el Bien) derrota al odio, al egoísmo y a la negligencia (el Mal). De ahí
que este libro fue escrito para dar esperanzas a los primeros cristianos, que
eran perseguidos por los romanos en épocas de Nerón.
Para que la profecía tenga
sentido, ha de existir un cambio en el cristianismo. De ahí que la religión
vigente, como una religión revelada, posiblemente sea interpretada como una
religión natural. De no ser así, no existirá un cambio esencial. Quienes se
aferran a una actitud idólatra, afirman que la parusía es un simbolismo más y,
en cierta forma, rechazan la profecía. El propio Cristo nunca dijo que su
religión era natural o revelada, aunque pueda interpretarse de ambas formas.
Recordemos que
El reemplazo de la información
esencial y básica, por variados misterios, ha llevado a una progresiva división
y a un debilitamiento del cristianismo. De ahí que se deba abandonar el
oscurantismo y la idolatría, y deba asociarse a la ciencia para dejar de ser
algo simplemente tradicional. Will Durant escribió: “Los defensores más agudos de una fe son
sus grandes enemigos, pues sus sutilezas engendran duda y estimulan la mente”
(De “Historia de
Las alianzas entre Dios y la
humanidad lograrán un éxito definitivo en cuanto puedan inducir, en cada uno de
nosotros, una unión o una alianza personal con el orden natural. De ahí que la
unión de ciencia y religión ha de servir a ese fin. Y ello se debe a que la
ciencia nos acostumbra a ver un mundo regido por una innumerable cantidad de
leyes naturales, que nos habitúan a una actitud contemplativa hacia el orden
subyacente a dichas leyes.
Todo el mérito será para el
que tenga la habilidad y el magnetismo personal necesarios para cumplir con los
requerimientos de la profecía. Debe ser capaz de convencer, y de convertir
masivamente, a los demás hombres, transmitiendo ideas simples. Su mérito será
intelectual antes que ético. Deberá, además, cumplir con el “principio de J. Joubert”, quien escribió: “Si existe un hombre atormentado
por la maldita ambición de poner todo un libro en una página, toda una página
en una frase, y esta frase en una palabra, soy yo”. El principio puede
enunciarse así: Debemos transmitir la máxima cantidad de información en el
menor espacio posible.
4 CIVILIZACIÓN O BARBARIE
Cada individuo posee virtudes y defectos, los que pueden considerarse
como medidas del grado de adaptación al orden natural. En la terminología religiosa
se dice que un individuo está en estado de gracia (virtud) o bien bajo el
pecado (defectos), dependiendo del grado de acatamiento dispensado a la ley de
Dios. Si consideramos que las leyes naturales son idénticas a las leyes de
Dios, no hay diferencia esencial entre ambos aspectos considerados.
La actitud virtuosa da
prioridad a lo intelectual y a lo afectivo, mientras que la actitud pecadora la
da al cuerpo. La virtud surge de la necesidad de vincularnos a los demás; el
pecado surge al interesarnos con exclusividad de nosotros mismos. Las virtudes
y los defectos individuales se proyectan, a nivel social, hacia la civilización
y hacia la barbarie, respectivamente. Confucio escribió: “El hombre superior
piensa siempre en la virtud; el hombre vulgar piensa en la comodidad”.
Podemos decir que una
sociedad es civilizada cuando sus integrantes tienden a acatar las leyes
naturales. Ello implica cumplir también con las leyes naturales. Lo inverso, sin
embargo, no siempre se da, ya que podemos cumplir con las leyes humanas y no
con las naturales, ya que éstas son bastante más exigentes. La ley natural nos
sugiere hacer el Bien mientras que las leyes humanas sólo nos prohiben hacer el Mal.
La barbarie, o incivilización, es la tendencia a desconocer todo tipo de
ley o acuerdo para la vida en sociedad. Esencialmente, la barbarie surge del
descontento hacia la sociedad y la civilización. De ahí que debemos distinguir
claramente ambas tendencias para elegir el mejor camino.
A los términos anteriores se
los puede asociar al orden y al desorden, al cosmos y al caos, ya que toda ley
genera un orden. El orden social tiende a ser una reproducción del orden
natural existente. A medida que la civilización progresa, la barbarie
retrocede. El respeto a las leyes es una forma de hacer efectivo el respeto a
los demás. El nivel de civilización a alcanzar dependerá del grado de
conocimientos que poseamos respecto de la ley natural; de ahí que al término
“civilización” podamos asignarle el significado de “adaptación cultural al
orden natural”. William Harvey escribió: “La
civilización es, simplemente, una serie de victorias sobre la naturaleza”.
El carácter de civilizada, o
no, que tenga una sociedad, dependerá de las leyes y de los acuerdos aceptados,
y del grado de acatamiento que se tenga de ellos. Pero no cualquier ley o
costumbre hace de la sociedad una entidad civilizada, de la misma forma en que
no cualquier creencia o cualquier conocimiento hacen que una persona sea
virtuosa. Los resultados que se obtengan nos irán orientando respecto de la
veracidad de nuestras creencias o de la adecuación de nuestros acuerdos.
En cuanto a los objetivos de
las leyes humanas, podemos encontrar dos finalidades principales: adaptar al
hombre a su medio natural y también a la vida social. En el caso del medio
ambiente, podemos mencionar la existencia de una devoción religiosa hacia la
“madre Tierra” y al “Dios Sol”, en algunos pueblos antiguos. Este es el caso de algunos pueblos europeos
que no construían caminos para no producir deterioros al medio ambiente. En
cambio, existe también la postura del “hombre dominador de la naturaleza”, como
fue el caso de los romanos que construyen noventa mil kilómetros empedrados que
unirán todo el Imperio, y que serán utilizados por varias generaciones
posteriores.
Cuando el hombre no cuida el
medio ambiente produce un deterioro irreversible que lo perjudicará seriamente.
También lo perjudica desvincularse de sus semejantes. Como ambas tendencias
depende de cada individuo, se darán en forma simultánea. El sociólogo Emile Durkheim estudió las causas
de los suicidios y encontró que es un fenómeno social, y no sólo individual,
producido por tendencias autodestructivas motivadas, en muchos casos, por la
anomia (ausencia de normas). Ello se magnifica en el caso de personajes
públicos que dejan de sentirse limitados por la sociedad y tienden a no
respetar algunas de sus costumbres o a no compartir algunos de sus ideales. La
barbarie, como una tendencia a no respetar normas, lleva a la autodestrucción
de la sociedad, coincidiendo plenamente con las conclusiones obtenidas por Durkheim.
La decadencia y posterior
caída del Imperio Romano fue seguida por una gran crisis. Ello se debió a que Roma
imponía una ley, que fue desconocida por los bárbaros. Hippolyte
Taine escribió: “Por malo que sea un gobierno, hay
algo peor, y es la supresión del gobierno”.
La extrema manifestación de la
barbarie es la guerra. Desterrar la guerra es desterrar las causas que la
provocaron. En algunos casos, la reacción violenta se debe a una previa acción
violenta. Esta es la causa y aquélla el efecto. Generalmente se ven sólo los
efectos, mucho más visibles que las causas. En la consideración de largas
cadenas de causas y efectos (y a veces no tan largas), muchos se quedan a medio
camino en el proceso del razonamiento, y de ahí sus limitadas visiones de la
realidad. El pensamiento erróneo es, generalmente, un pensamiento incompleto. Herodoto escribió: “En la paz, los hijos entierran a los
pobres; la guerra altera el orden de la naturaleza y hace que los padres
entierren a sus hijos”.
La peor de las guerras es la
guerra civil y ocurre cuando una severa crisis encuentra a una nación dividida
en dos partes antagónicas definidas, como ocurrió previamente a la guerra civil
española. Una división similar, fue la promovida en
La historia de la humanidad
nos muestra una sucesión de éxitos y
fracasos que se alternan a cada tanto dependiendo del predominio de ideologías,
implícitas o explícitas, que orientan hacia la civilización o hacia la
barbarie. Francisco de Quevedo escribió: “Sale de la guerra paz; de la paz,
abundancia; de la abundancia, ocio; del ocio, vicio; del vicio, guerra”.
Si tenemos presentes a Hitler y a Stalin, vemos que
pertenecen a un tipo psicológico similar al de Nerón y Calígula.
A pesar de los casi dos milenios transcurridos desde unos a otros, sorprende
que sigan llegando hasta la cima del poder mundial tales personajes, haciendo
evidente la ausencia de progreso alguno. Indro Montanelli escribió sobre el emperador Claudio (bastante
más “civilizado” que Nerón y Calígula): “Cuando
estuvo listo (un canal) ofreció a los romanos, como postrer espectáculo, antes
de la desecación, una batalla naval entre dos flotas de veinte mil condenados a
muerte, que le dirigieron el famoso grito: ¡ Ave, César ¡ ¡ Los que van a morir
te saludan ¡, se echaron a pique unos a otros y se
ahogaron. El público, que llenaba las colinas circundantes, se divirtió
muchísimo” (De “Historia de Roma”).
La religión debería ser un
intermediario entre el individuo y el orden natural. Sin embargo, gran parte de
los conflictos entre naciones son de origen religioso. En muchos casos existe la
necesidad de materializar a Dios. Para muchos, creer en Dios no implica creer
en la existencia de la ley divina, o ley natural, sino creer en la existencia
de un ser real que está escondido en alguna parte observando el drama humano.
Al no ser capaces de captar ideas abstractas tales como la de “orden natural”,
o la del “vínculo invariante entre causas y efectos”, crean simbologías
subjetivas incompatibles entre ellas y con la propia realidad, y para colmo
pretenden gobernar mentalmente a gran parte de la población mundial. Voltaire escribió: “ ¿ Qué es más peligroso, el fanatismo o
el ateísmo ?. Sin duda lo es mil veces más el
fanatismo, pues el ateísmo no inspira pasiones sanguinarias, mientras que el
fanatismo, sí. El ateísmo no se opone al crimen, pero el fanatismo es causa de
que se cometan crímenes”.
Algunos programas deportivos,
por televisión, emiten escenas callejeras ocurridas antes o después de un
partido de fútbol. En esos hechos se muestran ofensas y burlas a los clubes
rivales. Con el tiempo, las burlas se contestan con balazos. Luego, los
periodistas se lamentan por la violencia y exigen el cambio de las leyes o una
mejor acción policial. Todos buscamos el cambio en los demás; de manera que
nada cambia.
Todavía resuena en nuestros
oídos la cínica ironía de la barbarie: “El SIDA no discrimina. Si vencemos
nuestros prejuicios, venceremos al SIDA”. Se supone que el que tiene
“prejuicios éticos y morales” es el culpable de la situación, y no los que
promueven el libertinaje. Los cínicos deberían inducir a sus propios hijos a
seguir comportamientos homosexuales antes que promoverlos masivamente a los
hijos de los demás.
Cuando observamos la grosería
generalizada en todos los espacios sociales, y su tácita aceptación, uno piensa
en las descripciones bíblicas en las que se relata el castigo de Dios a las
ciudades corruptas. En la actualidad pensamos que, de alguna forma, las
sociedades alejadas de la ley de Dios tienden a su propia autodestrucción, o
hacia su autocastigo. Debemos apuntar hacia el logro
de valores éticos para revertir la situación. Mientras no lleguemos a esos
valores, lo que hagamos será estéril. Sófocles escribió: “Solamente es duradero
lo que con virtud se consigue”.
No debemos creer que hace falta una gran dosis de heroísmo y de sacrificios para
adquirir un nivel ético que permita el resurgimiento de la sociedad. Recordemos
los relatos que nos llevan a la primera mitad del siglo XX, cuando en nuestro
país la mayoría de los negocios se hacían “de palabra”, sin contratos, como
actualmente es necesario establecer, por cuanto existía amor propio suficiente
como para no poder soportar la acusación o la sospecha de ser un estafador. Las
cosas han cambiado por cuanto el individuo ya no piensa en el honor, como recompensa
que su propia conciencia le concede, sino en la comodidad que lo material
brindará a su cuerpo y en el reconocimiento social posterior. Francesco Guicciardini escribió:
“Ambiciona honor, no honores”.
5 CONDUCTAS Y COSTUMBRES
Los individuos muestran conductas sociales que los caracterizan
individualmente. Además, existe la tendencia a imitar lo que se considera bueno
o agradable. Este comportamiento nos sugiere una analogía con un conjunto
numeroso de partículas pertenecientes a una substancia
gaseosa. Las partículas chocan sucesivamente, unas con otras, transmitiéndose
parte de sus movimientos. Francis Bacon escribió:
“Las conductas, como las enfermedades, se contagian de unos a otros”.
Así como existe una velocidad
promedio asociada a las partículas, existirá una mentalidad promedio, o
generalizada, del grupo social, que tenderá a influir sobre cada uno de sus
integrantes. Habrá personas influyentes, que impondrán sus personalidades sobre
los demás, y también habrá personas influenciables que actuarán principalmente
bajo la presión del medio social. De la misma forma en que caracterizamos a una
persona por su conducta social, podemos caracterizar a un pueblo por sus
costumbres, que no son otra cosa que un efecto de la mentalidad generalizada mencionada.
Miguel de Unamuno escribió: “La memoria es la base de
la personalidad individual, así como la tradición lo es de la personalidad
colectiva” (De “Del sentimiento trágico de la vida”).
Todo cambio social se logrará
disponiendo de información adecuada, mientras que existirá cierta oposición al
cambio. Esta se deberá a la “inercia mental” materializada por las creencias
infundadas y por las ideas erróneas existentes en las memorias individuales.
Thomas Carlyle escribió: “Toda reforma que no signifique
la de las costumbres será siempre inoperante”.
Es posible que una ideología
sólo ejerza sus efectos sobre las personas más influyentes; las que actuarán
como intermediarias entre la ideología y los demás. Aunque también podrá ser
efectiva una ideología de alcance general. Todo gobierno debe orientar al
individuo, ya que la política, sin ideología, es simple politiquería. En el
mejor de los casos puede llegar a ser una buena gestión administrativa,
considerando al Estado como a una empresa. La actividad política debe
contemplar los aspectos inherentes a las conductas individuales.
La crisis social aparece junto
a la desorientación del individuo, que en un momento realiza una acción que se
opone a otra del pasado. O cuando, en un momento dado, varios individuos
realizan acciones cuyos efectos se neutralizan anulándose. Así como la economía
de mercado se encuentra distorsionada por el accionar egoísta y delictivo de
varios de los actores económicos, el proceso natural de las conductas
individuales y de las costumbres emergentes, se encuentra distorsionado por el
uso inadecuado de los medios masivos de comunicación. De ahí que cualquier
irresponsable puede convertirse en alguien socialmente influyente.
Así como resulta difícil
predecir el futuro de un individuo, resulta difícil predecir sus aptitudes para
influir en los demás. Esa influencia se podrá ejercer despertando amor, temor,
admiración o algún otro sentimiento. Seguramente que pocos habrían vaticinado
que Mahatma Gandhi, con una personalidad débil en
apariencias, habría de convertirse en el importante líder que fue.
El aspecto más importante de
la conducta social es, precisamente, la actitud adoptada respecto del medio
social. En una forma inconsciente actuamos temerosos, indiferentes, optimistas,
antagónicos, solidarios, etc., como si el grupo social fuese una persona. Friedrich von Schiller
escribió: “Si quieres conocerte, observa la conducta de los demás; si quieres
conocer a los demás, mira en tu propio corazón”.
Se puede depender del grupo
social hasta llegar a perder nuestra propia identidad bajo dos formas extremas:
acatando todas sus costumbres, o bien reaccionando en forma opuesta a ellas.
Esta última postura implica que el individuo se siente excluido de la sociedad;
olvida que sus críticas y reclamos van dirigidas hacia personas que, como él,
dan muy poco a los demás. De ahí que es común, en una crisis social, los mutuos
reclamos de todos contra todos. El generoso con las riquezas y con el dinero ajenos, ataca a los que más tienen y se defiende,
simultáneamente, excluyéndose de los que no hacen nada por los demás. Juan Luis
Vives escribió: “Nadie cree que hace mal si los demás no juzgan que lo hace”.
Cierta vez, un alumno
secundario responde con burlas e insultos a un docente. Consultado por un
directivo acerca de lo sucedido, el alumno responde que “a mi padre siempre lo
perjudicaron”. Uno se asombra por la respuesta; luego piensa que tal alumno ve
a la sociedad como si ésta fuese una persona. Ve en el profesor, en ese momento,
el rostro visible de la sociedad, y busca vengarse por lo que le sucedió a su
padre. Actitudes similares a ésta explican los hechos de inusitada violencia
que ocurren en las sociedades en crisis.
Hay izquierdistas que emiten, a
través de los medios masivos de comunicación, sutiles ironías y burlas
encubiertas destinadas a enardecer a la gente. Pero la violencia estimulada
nunca va llegar a los políticos de EEUU, quienes residen a más de quince mil
kilómetros, sino que esa violencia ha de ser destinada al “consumo interno”.
Uno de esos violentos sugirió que debería juntarse un pequeño, pero suficiente,
porcentaje de desocupados para producir un gran efecto. La revolución (guerra
civil) es la meta de los que se
“preocupan” por la situación de la sociedad.
Así como el cero (cantidad
nula) permite describir las cantidades mediante un sistema de numeración
adecuado, la negligencia (acción nula) permite describir adecuadamente las
conductas individuales. Se ha llegado al extremo de que algunos jóvenes pidan a
la sociedad, a través del Estado, que les provea de una “casa digna”. Puede
decirse que una casa digna es la que se obtuvo mediante un trabajo digno. Wolfgang Goethe escribió: “La
negligencia y la disidencia producen en el mundo más males que el odio y la
maldad”.
Son frecuentes las críticas a
los empresarios porque se supone que en ellos recae toda la responsabilidad por
el funcionamiento de la economía nacional. El resto de la población debería
despreocuparse sin pensar en cómo ganarse la vida. La mentalidad actual sugiere
“pasarla bien y no hacer nada”. Deberíamos criticar, sobre todo, al que no hace
nada por los demás, y más aún al que no hace nada por él mismo. Juan B. Alberdi
escribió: “Los hechos en que consisten las dos causas naturales de la pobreza,
son: la ausencia del trabajo, por la ociosidad u otra razón accidental, y el
dispendio o la disipación de los productos del trabajo, por vicio o por error”
(De “Estudios económicos”).
Así como la estabilidad de una
estrella depende del equilibrio de dos fuerzas antagónicas (fusión nuclear y
gravedad), la estabilidad social depende del equilibrio de dos fuerzas
opuestas: competencia y cooperación. A la primera la asociamos al egoísmo y al
odio, mientras que a la segunda la asociamos a la solidaridad. El hombre parece
estar guiado por dos instintos básicos: el de supervivencia y el de
perpetuidad. En un caso se busca la supervivencia del cuerpo, mientras que en
el otro caso se busca la perdurabilidad del espíritu, en alguna de las diversas
formas posibles. Debemos buscar la forma en que las metas individuales no
afecten las metas de todos.
Si alguien, en
Hay hombres que sugieren a sus
hijos una actitud de desconfianza hacia el medio social, tal el caso de un
siciliano que le dice a su pequeño hijo: “Arrójate desde la pared que te
recibiré en mis brazos”. El niño confía; salta y se golpea contra el piso.
Entonces recibe como consejo: “No debes confiar ni de tu propio padre”.
Otros inculcan a sus hijos que
nunca perjudiquen a nadie, para que nadie tenga algo malo que decir de ellos.
Sin embargo, hay padres que los acostumbran a que siempre reclamen por sus
derechos, pero pocas veces les dicen que cumplan con sus deberes. De esa forma
se convierten en personas caprichosas, exigentes e intolerantes. Creen que de
esa forma parecerán personas de “elevado nivel social”. La escala de valores
imperante en una sociedad viene materializada por la actitud que los padres
inculcan a sus hijos.
El médico Bernardo Houssay, Premio Nobel de
Medicina, quien caminaba varios kilómetros al día para ahorrar algunas monedas,
relataba con orgullo: “Yo me mantengo solo desde los catorce años de edad”.
Llegó a lograr sus objetivos mediante talento, trabajo y disciplina. Pensaba
prioritariamente en sus obligaciones, mientras que los políticos y
sindicalistas (a pesar de quienes pudo realizar su obra de investigación)
acostumbraron al pueblo a pensar sólo en sus derechos. Los ejemplos personales
siempre están vigentes, aunque muchas veces se adoptan los equivocados.
Aún con la severa crisis
económica que padecemos, persiste el derroche de energía eléctrica en
reparticiones estatales. Así como el lujo es la forma de ostentación que tienen
los ricos, el derroche parece ser la forma de ostentación de los pobres. En
ambos casos son conductas antisociales.
La mentalidad predominante en
los países subdesarrollados parece tener como lema: “Lucha contra la sociedad
pensando en tu propio beneficio”, mientras que en los países desarrollados
parece predominar el lema; “Lucha a favor de la sociedad pensando en tu propio
beneficio”. La diferencia no parece surgir de una cuestión moral, sino de la profundidad
para pensar acerca de las intrincadas cadenas de causas y efectos que se
suceden en todo sistema social.