11 EDUCACIÓN EMOCIONAL

 

Si los sentimientos humanos nos guían a través de premios y castigos, tales como el placer y el dolor, la base de la educación debería ser, justamente, una educación emocional. Mientras que en la actualidad se ha dejado de lado el papel predominante de la religión, con sus mensajes que apuntan al mejoramiento ético, que no es otra cosa que el mejoramiento emocional, en la antigüedad la educación religiosa podía adecuarse de mejor manera a la realidad del ser humano. Daniel Goleman escribió: “Si existe un remedio, creo que debe estar en la forma en que preparemos a nuestros jóvenes para la vida. En la actualidad dejamos librada al azar la educación emocional de nuestros hijos, con resultados cada vez más desastrosos. Una solución consiste en tener una nueva visión de lo que las escuelas pueden hacer para educar al alumno como un todo, reuniendo mente y corazón en el aula” (De “La Inteligencia Emocional” – Ed. Vergara).

 

Las emociones son “impulsos para la acción” y surgen como una consecuencia de la mejora producida a través de la evolución biológica, si bien los aspectos afectivos se han de intensificar dentro del marco de la evolución cultural. La base de nuestra educación emocional ha de significar la plena conciencia de la existencia de los sentimientos humanos y de sus posibles desviaciones. Daniel Goleman escribe: “En esencia, todas las emociones son impulsos para actuar, planes instantáneos para enfrentarnos a la vida que la evolución nos ha inculcado”. “Los nuevos pensamientos sostienen que nuestra sociabilidad ha sido la estrategia de supervivencia primordial de las especies primates, inclusive nuestra”.

 

En esta psicología de los sentimientos, o de las emociones, el concepto básico es el de “empatía” respecto del cual Goleman escribe: “En la psicología de hoy en día, la palabra «empatía» es utilizada con tres sentidos diferentes: conocer los sentimientos de otra persona, sentir lo que esa persona siente y responder compasivamente a la aflicción de otro. Estas tres variantes de empatía parecen describir una secuencia 1-2-3: te veo, siento contigo y entonces actúo para ayudarte”. “Sentir con nos mueve a actuar para” (De “La Inteligencia Social”)

 

Es oportuno tener presente que los aspectos intelectuales y afectivos, son independientes en el ser humano. Goleman escribe: “Esas lágrimas repentinas podrían haber pasado inadvertidas. Pero darse cuenta de que el lagrimeo de alguien significa que está triste a pesar de que dice lo contrario, es un acto de comprensión tan claro como lo es el de desentrañar el sentido de las palabras de una página impresa. Uno es un acto de la mente emocional, el otro de la mente racional. En un sentido muy real, tenemos dos mentes, una que piensa y otra que siente”. “Así como la mente racional se expresa a través de palabras, la expresión de las emociones es no verbal. En efecto, cuando las palabras de una persona discrepan con lo que se manifiesta a través del tono de voz, los ademanes u otros canales no verbales, la verdad emocional está en la forma en que la persona dice algo en lugar de aquello que dice. Una regla empírica utilizada en la investigación de las comunicaciones es que el 90 % o más de un mensaje emocional es no verbal”.

 

El proceso que realiza el cerebro para establecer nuestra parte afectiva, o emocional, consiste en un sistema realimentado similar al que permite establecer el proceso cognoscitivo, o intelectual. De ahí que Goleman escribe: “Como depósito de la memoria emocional, la amígdala explora la experiencia comparando lo que está sucediendo ahora con lo que ocurrió en el pasado. Su método de comparación es asociativo: cuando un elemento clave de una situación presente es similar al pasado, puede llamarle «igual», y es por esa razón que el circuito resulta poco preciso: actúa antes de que haya confirmación plena”.

 

Desde tiempos remotos se viene enfatizando la idea de la ventaja de hacer prevalecer la razón a los sentimientos, algo que puede no contemplar la realidad de nuestra propia naturaleza. Goleman escribe al respecto: “Esto invierte la antigua comprensión de la tensión entre razón y sentimiento: no se trata de que queramos suprimir la emoción y colocar en su lugar la razón, como afirmaba Erasmo, sino encontrar el equilibrio inteligente entre ambas. El antiguo paradigma sostenía un ideal de razón liberado de la tensión emocional. El nuevo paradigma nos obliga a armonizar cabeza y corazón. Para hacerlo positivamente en nuestra vida, primero debemos comprender más precisamente qué significa utilizar la emoción de manera inteligente”.  

 

Es oportuno destacar la estrecha relación existente entre el aspecto emocional de los seres humanos y su comportamiento ético. Así, la capacidad de compartir penas y alegrías, identificada con el amor al prójimo, no es otra cosa que la “empatía” de la cual hablan los neurocientíficos. Goleman escribe: “Estas cuestiones morales están planteadas por Martín Hoffman, investigador de la empatía, que afirma que las raíces de la moralidad deben encontrarse en aquella, ya que es el hecho de empatizar con las víctimas en potencia –alguien que sufre un dolor, un peligro o una privación, por ejemplo- y de compartir su aflicción lo que mueve a la gente a actuar para ayudarlas”.

 

Las emociones son contagiosas, ya sean positivas o negativas. Tales estados de ánimo se transmiten a través del lenguaje gestual. Edgard Allan Poe escribió: “Cuando deseo averiguar lo bueno o lo malo que es alguien, o cuáles son sus pensamientos en un momento determinado, adapto la expresión de mi rostro, lo más ajustadamente posible, de acuerdo con la expresión del suyo, y entonces espero a ver qué pensamientos o sentimientos surgen en mi mente o mi corazón, para encajar o corresponder con esa expresión”. Mientras que Daniel Goleman escribe: “El cableado de los músculos faciales asegura que las emociones que giran dentro de nosotros serán exhibidas para que las lean otros (a menos que las reprimamos activamente). Y las neuronas espejo aseguran que en el momento en que alguien ve una emoción expresada en un rostro, de inmediato percibirá ese mismo sentimiento dentro de él. Así, nuestras emociones son experimentadas no sólo por nosotros, aisladamente, sino también por quienes nos rodean, tanto encubierta como abiertamente” (De “Inteligencia Social” Ed. Planeta SA)

 

Parece ser que, así como el aprendizaje intelectual produce ciertos agrupamientos específicos de las neuronas de nuestro cerebro, el aprendizaje, o influencia emocional también ha de dejar su huella. Goleman escribe: “Nuestras interacciones sociales desempeñan un papel incluso en el remodelado de nuestro cerebro, por medio de la «neuroplasticidad», que significa que experiencias repetidas esculpen la forma, el tamaño y la cantidad de neuronas y sus conexiones sinápticas. Llevando repetidamente nuestro cerebro a un registro dado, nuestras relaciones clave pueden moldear gradualmente ciertos sistemas de circuitos neurológicos. En rigor, ser lastimados y enojados crónicamente, o nutridos emocionalmente, por alguien con quien pasamos mucho tiempo todos los días a lo largo de años puede remoldear nuestro cerebro”. “Estos nuevos descubrimientos revelan que nuestras relaciones tienen sobre nosotros impactos sutiles pero poderosos y que duran toda la vida. Esta noticia puede no ser buena para aquellos cuyas relaciones tienden a ser negativas. Pero los mismos descubrimientos apuntan también hacia posibilidades de reparación, en cualquier momento de nuestra vida, a partir de nuestras relaciones personales”.

 

 

 

12 EDUCACIÓN Y CIENCIA

 

Los objetivos de la educación presuponen la existencia de una ética, mientras que los objetivos de la ética presuponen la existencia de un sentido de la vida previamente vislumbrado. También ese sentido presupone la existencia de una visión general del mundo real. De ahí que resulta inadecuado proponer una ética, o una educación, “en el aire”, sin una concepción filosófica o religiosa acerca del hombre. Aunque, en realidad, tanto la visión del mundo, como el sentido de la vida, como la ética y la educación, aparecen juntas en la mente de quienes proponen las distintas alternativas posibles.

 

   Se habla de una educación pluralista en contraposición a una educación única, en un ámbito social. La primera acepta la existencia de variadas antropologías vigentes, mientras que la segunda se basa en una de ellas, elegida previamente. Si la antropología tiene un fundamento científico, es indudable que alguna de ellas estará más cerca de la realidad. De ahí que deberá existir una tendencia hacia la educación única y universal, aunque por el momento no tengamos definida cuál es la mejor concepción antropológica del hombre.

 

   Debemos partir de la aceptación de la existencia de una verdad única, común a todos los hombres, si bien caben dudas respecto de quién estará más cerca de esa verdad. De lo contrario, si admitimos la existencia de “distintas verdades”, estamos aceptando cierto relativismo de la verdad, algo opuesto a la tendencia predominante en la ciencia experimental.

 

   El hombre medieval tenía una visión del mundo muy distinta de la nuestra. Estaba convencido de ocupar el centro del universo y de ser la criatura preferida de Dios. Era sencillo encontrar un sentido de la vida y una ética para establecer los fundamentos de la educación, por cuanto todo derivaba de esa visión.

 

   Pero la astronomía de Copérnico nos desplazó de ese lugar. La biología de Darwin nos alejó de la anterior imagen de Dios, hasta que la astronomía del siglo XX nos hizo evidente el tamaño real del universo y la pequeñez humana. De ahí que la tarea que ahora nos imponen las circunstancias actuales es la de volver a tener una visión del mundo que nos vislumbre un sentido del universo y un sentido objetivo de la vida. Si bien muchos siguen creyendo en la existencia de un mundo cercano al de la visión medieval, son muchos los que siguen un pensamiento cercano al de la visión científica de la realidad.

 

   Si reinterpretamos adecuadamente la religión bíblica, es posible asociarla a una religión natural, en donde nuestra adaptación al orden natural nos ofrece un sentido de la vida aun más importante que el del simple espectador de la creación de Dios. Es decir, antes considerábamos que el hombre era importante por ser un testigo de la obra de Dios, mientras que ahora nos sentimos importantes por ser colaboradores en la formación de esa obra, tal el proceso de la adaptación cultural al orden natural.

 

   Frederick Mayer escribió: “Thomas Henry Huxley pensaba que la educación era la instrucción del intelecto acerca de las leyes de la naturaleza, entre las cuales incluía, no sólo las cosas y sus fuerzas, sino también los hombres y sus usos, y la modelación de los sentimientos y de la voluntad, hasta convertirlos en un serio y amante deseo de actuar en armonía con esas leyes” (De “Historia del pensamiento pedagógico” – Editorial Kapeluz).

 

   Los contenidos de la educación provienen de la ciencia experimental, mientras que las técnicas pedagógicas forman parte, en realidad, del arte de la educación. Los contenidos tienen una objetividad y una universalidad reconocidas, mientras que las formas de transmitir esos conocimientos tienen una subjetividad propia de todo proceso de comunicación social. De ahí que la educación es tanto ciencia como arte, para que estén a gusto tanto los científicos como los artistas.

 

   Pero la ciencia no sólo nos ha de ofrecer contenidos para la educación, sino también una visión que nos permite asociar un sentido del universo y de la vida del hombre. De ahí a una ética natural hay un solo paso. Se cumpliría así el objetivo de disponer de una educación única, impuesta por el conocimiento antes que por la fuerza disponible por algún sector de poder.

 

   Lo esencial del método científico no es el proceso en sí mismo, sino la actitud imparcial del que busca la verdad de todos, antes que la validación de sus creencias o de sus anhelos personales. La experimentación es como un requisito de seguridad impuesto por quienes desean conocer la verdad por sobre todas las cosas.

 

 

 

 

 

 

  

 

 

 

 

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