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DIMENSIONES HUMANAS
Podemos asociar a cada persona una dimensión espacial, es decir, podemos
describirla, como al espacio, mediante tres variables matemáticas: X, Y, Z.
Diremos que cada hombre tiene una dimensión estética (X), una dimensión
intelectual (Y) y una dimensión ética (Z). De ahí que la educación debe tratar
de dar un desarrollo equilibrado de estas tres dimensiones del hombre.
Los sentimientos están
asociados al comportamiento ético, y constituyen los valores más importantes
del hombre. Wolfgang Goethe,
para afirmar la superioridad de los sentimientos respecto del intelecto, dijo:
“Lo que yo sé, todos pueden saberlo, pero el corazón es sólo mío”. En cambio,
el destacado filósofo y matemático René Descartes, quizás justificando su solterío, expresó: “He preferido la verdad a la belleza”.
Podemos caracterizar a todo
ser humano, incluso a todo grupo social, mediante estos tres aspectos:
estético, ético e intelectual, ya que existe cierta independencia entre los
mismos. Esto se debe a que existen personas de reconocida belleza exterior,
pero con pocos valores éticos e intelectuales, o bien personas con reconocida
belleza interior, pero con pocos atributos físicos e intelectuales, y así todas
las demás posibilidades. El hombre plenamente adaptado al orden natural será el
que tenga un desarrollo equilibrado de los tres aspectos.
La vida espiritual es la que
caracteriza nuestra naturaleza propiamente humana y, a veces, los aspectos
afectivos e intelectuales crecen como compensación a una pobre valoración
estética. Así, tanto Pascal, como San Francisco, como Spinoza
y como Kierkegaard poseían una salud precaria,
posiblemente tendrían poco atractivo estético y los tres vivieron alrededor de
los cuarenta años, pero pasan los siglos y sus atractivas personalidades siguen
despertando curiosidad. Dijo François Mauriac sobre Pascal: “…al cabo de tres siglos él aún está
ahí, vivo, tomando parte en nuestras disputas. Hasta sus mínimos pensamientos
nos confunden, entusiasman o incomodan, pero él es comprendido al momento,
desde la primera palabra, mucho mejor que en su propio tiempo…”.
Si tuviésemos que elegir una
edad óptima para detener el paso del tiempo, un deportista la elegiría entre 25
o 30 años. Un científico entre 35 y 45 años, un filósofo quizás algo más,
mientras que la edad óptima para quien basa su vida en sus vínculos sociales y
afectivos, podrá elegir una edad mayor aún. De ahí que una valoración excesiva
de la belleza física hará sentir poco feliz a quien posee una edad que excede a
la del ideal respectivo. Lograr el desarrollo equilibrado de nuestras tres
dimensiones equivale hacer más intensa nuestra propia vida.
Si tuviésemos que elegir al
“modelo de hombre feliz”, quienes viven en la fase estética pensarán en algún
millonario que vive lujosamente. En cambio, quienes viven en la fase ética e
intelectual, podrán elegir una vida como la del médico Edward
Jenner, quien alguna vez habrá podido decir con
orgullo: “…con mi vacuna podré salvar 60 millones de vidas por siglo”, ya que
esa fue la cantidad estimada de víctimas de la viruela durante el siglo XVIII.
Por su obra podemos decir que era “creyente”, en el sentido religioso, aunque
no sepamos cuáles eran sus pensamientos al respecto.
La evolución tecnológica y la
vida moderna exigen al hombre un mínimo esfuerzo físico en sus actividades
cotidianas, mientras que nuestra propia naturaleza requiere de cada uno de
nosotros una actividad muscular permanente para el logro de una vida sana. El
ejercicio físico y el deporte son necesarios e imprescindibles para el logro de
una vida plena; fortalecen al cuerpo y prolongan la vida. Ayudan a embellecer
el aspecto exterior como también han de servir para ejercitar la voluntad y la
disciplina; aspectos necesarios para nuestro cotidiano vivir. John Locke escribió: “Educar es
obtener un alma sana en un cuerpo sano”.
Los pueblos, como las
personas, presentan características que predominan sobre las demás. Así, los
romanos tenían una mentalidad práctica. Realizan, por ejemplo,
7 EDUCACIÓN Y ADAPTACIÓN
Considerando la existencia de sufrimiento y conflictos que afectan a
los hombres y a las distintas sociedades, se presentan dos alternativas
extremas para lograr un posible mejoramiento: la educación y la revolución. En
este caso denominamos como “revolución” a un cambio abrupto promovido por
medios violentos, cercano a una guerra civil, y que es promovido y alentado por
el marxismo. La otra alternativa es la educación, ya que producirá efectos
duraderos. El filósofo Johann Fichte escribió: “El
único medio que propongo para salvar la existencia de la nación alemana es la
transformación completa de la educación vigente hasta hoy”. “Mediante la nueva
educación, queremos unir a todos los alemanes en un solo cuerpo” (De “Discursos
a la nación Alemana”.
Francis Bacon
escribió: “El hombre, servidor e intérprete de la naturaleza, ni obra ni
comprende más que en proporción de sus descubrimientos experimentales y
racionales sobre las leyes de la naturaleza; fuera de ahí, nada sabe ni nada
puede” (De “Novum Organum”).
Esto nos sugiere que debemos tomar como
referencia a la propia realidad y no a la autoridad reconocida de algún hombre.
Así, Galileo Galilei (1564-1642) inicia la física
experimental dejando de lado la autoridad científica de Aristóteles de Estagira (384-
La idea de una educación única
y objetiva, que sea válida para todos los pueblos y para todas las épocas, ha
sido un objetivo a lograr. Y esto ha de ser posible debido a que la educación
se ha de fundamentar, en última instancia, en la ciencia experimental (en
cuanto a contenidos). En cuanto a procedimientos, se ha de fundamentar en la
psicología y en la lógica (como apoyos para el arte individual de la
enseñanza). Giovanni Gentile dijo: “La educación fue
orientada en cada tiempo y lugar según los diversos conceptos que se tuvo del
hombre”.
La ciencia de la pedagogía
aparece en épocas en que se trata de encontrar una religión natural, es decir,
una religión vinculada a las leyes naturales que rigen a todo individuo. Wilhelm Dilthey escribió: “La
pedagogía actual nació en los siglos XVI y XVII y compone una parte de aquel
sistema natural que se desenvolvió entonces como derecho natural, religión o
teología natural y moral universal…” (De “Teoría de la concepción del mundo” – Ed. Fondo de Cultura Económico).
La educación tiene como
objetivo principal la adaptación del hombre al orden natural, o al mundo en que
vive, por lo que los contenidos y los métodos deberán formar parte de algún
sistema filosófico o religioso, vinculado al mundo real. William James
escribió: “La educación es la formación de hábitos de acción capaces de adaptar
al individuo a su medio ambiente y social”.
Inmanuel
Kant decía que los dos problemas más difíciles de
resolver eran el del arte del gobierno y el de la educación. Desde el punto de
vista de la adaptación del hombre al orden natural, es posible considerarlos
como un solo problema, con una posible solución. Dicha adaptación materializa
la idea del gobierno (o Reino) de Dios, que es también la finalidad de la
educación. John Dewey dijo:
“La educación no es una preparación para la vida, es la vida misma”.
El físico Albert
Einstein escribió: “No olvidéis nunca que las cosas
maravillosas que aprendéis en la escuela son obra de muchas generaciones,
producto del esfuerzo entusiasta y del trabajo incansable de todos los países
del mundo. Se deposita todo esto en vuestras manos como herencia para que lo
recibáis, lo honréis, lo aumentéis y podáis transmitirlo un día fielmente a
vuestros hijos. Así es como nosotros, los mortales, alcanzamos la inmortalidad
en las cosas permanentes que creemos en común. Si nunca olvidáis esto, hallaréis
un sentido a la vida y al trabajo, y adoptaréis la actitud más correcta hacia
otras naciones y otras épocas” (De “Contribuciones a la ciencia” ).
Debido a que el individuo
posee una actitud característica, la educación impartida deberá ser única.
Desde este punto de vista no tiene sentido hablar de una “educación sexual”, o
de una “educación vial”, por cuanto, al orientar debidamente la actitud de cada
individuo, mediante una única educación ética, se lo educará en una forma
integral. Las educaciones especializadas surgen como un reflejo del fracaso
logrado en la educación general.
La educación a impartir
presentará cuatro aspectos básicos: ético, intelectual, físico y laboral.
Muchas veces, el hombre relega a un segundo plano los valores netamente
humanos, por lo que resulta conveniente recordar las sugerencias dadas por
Sócrates: “Atenienses, os respeto y os amo, pero obedeceré a Dios antes que a
vosotros y mientras viva no dejaré de filosofar diciéndole a cada uno cuando lo
encuentre: Buen hombre, ¿cómo siendo ateniense y ciudadano de la más grande
ciudad del mundo por su sabiduría y su valor, cómo no te avergüenzas de no
haber pensado más que en amontonar riquezas, en adquirir créditos y honores, en
despreciar los tesoros de la verdad y de la sabiduría, y en no esforzarte para
hacer a tu alma tan buena como pueda serlo?”.
El éxito del proceso educativo
depende de la valoración social del conocimiento. En todas las épocas ha
existido un automarginamiento de quienes ignoran los
avances de la ciencia y del progreso cultural. El astrónomo Nicolás Copérnico expresó bastante decepcionado: “Lo que agrada a
la muchedumbre, yo no lo comprendo; lo que yo comprendo no agrada a la
muchedumbre. Hay un abismo entre nosotros”. Podemos decir que el docente ha de
ser un intermediario entre el sabio y el hombre común.
Muchas veces, religión es
sinónimo de fanatismo y superstición, de irracionalidad y de odio intenso. Sin
embargo, si se considera la existencia de una moral natural, implícita en las
propias leyes que nos rigen, la religión podrá seguir ocupando el lugar central
que históricamente ha ocupado en la educación. Mejorar la educación significa
también mejorar la religión. Miguel de Unamuno
escribió: “Creer en Dios es anhelar que le haya y es además conducirse como si
le hubiera”.
Si bien el conocimiento
transmitido presenta contenidos variados, el educador debe acentuar su tarea en
la parte ética, tratando que cada alumno muestre el mejor aspecto de su
personalidad. Wolfgang Goethe
dijo: “Trata a la gente como si fuera lo que debería ser y la ayudarás a
convertirse en lo que es capaz de ser”.
8 MOTIVACIÓN Y EDUCACIÓN
Posiblemente, el éxito del proceso educativo depende, en un 70 al 90%,
de la motivación, o interés, de alumnos y profesores, por los temas que se
tratan. Por ello deben acentuarse, en toda sugerencia educativa, los aspectos
profundos e interesantes de los distintos contenidos, en lugar de preocuparnos
demasiado en metodologías y planificaciones. Éstas, muchas veces, sólo
restringen la libertad del pensamiento y de la acción. Albert
Einstein definía a la inteligencia como “la capacidad
para formularse problemas”, priorizando el interés y la necesidad de
conocimientos como base de todo aprendizaje.
El ambiente propicio para el
desarrollo cultural de una sociedad ha de ser similar al ambiente propicio para
el desarrollo de la ciencia. De ahí que poco se ganará a través de “leyes
transformadoras de la educación”, mientras persista un generalizado desinterés
por el conocimiento y por la ciencia. Las transformaciones educativas deben
surgir desde los propios educadores, y no de los políticos, que muchas veces
ven en la educación pública un medio para el simple adiestramiento laboral. Las
auténticas revoluciones no son las de la violencia ni las de la demagogia, sino
las de la inteligencia.
Los libros de historia de la
ciencia, y los de divulgación científica, tienen una gran importancia por
cuanto despiertan el entusiasmo y la pasión por una rama determinada del
conocimiento. Así, muchos médicos aseguran haber leído en su juventud al libro
“Cazadores de microbios” de Paul de Kruif. También Einstein se sintió
favorecido por tales libros, por lo que escribió: “Entre los 12 y 16 años me
familiaricé con los rudimentos de la matemática al tiempo que con los
principios básicos de los cálculos diferencial e integral. Tuve la inmensa
fortuna de topar con libros no
especialmente notables en cuanto a su rigor lógico, deficiencia que
compensaban sobradamente al presentar los aspectos fundamentales del tema clara
y sinópticamente…También tuve la suerte de empezar a conocer los resultados y métodos esenciales de las
ciencias de la naturaleza en excelentes exposiciones popularizadoras
que recogían casi exclusivamente los aspectos cualitativos…un trabajo que leí
con atención expectante” (Citado en “El cerebro de Broca” de Carl Sagan).
El conocimiento debe brindarse
y recibirse pensando en el bienestar que produce su tenencia, por lo que no
resulta conveniente competir con los demás ni tampoco con uno mismo
imponiéndose metas difíciles de alcanzar. El físico Richard Feynman
cierta vez dijo: “A esta edad ya no podré realizar grandes cosas, por ello,
desde ahora me divertiré con la física”.
Posteriormente sus trabajos fueron reconocidos con el Premio Nobel de su especialidad. Albert Einstein escribió: “La insistencia exagerada en el sistema
competitivo y la especialización prematura en base a la utilidad inmediata
matan el espíritu en que se basa toda vida cultural, incluido el conocimiento
especializado. Es también vital para la educación fecunda que se desarrolle en el joven una capacidad de
pensamiento crítico independiente, desarrollo que corre graves riesgos si se le
sobrecarga con muchas y variadas disciplinas. Este exceso conduce
inevitablemente a la superficialidad” (De “Contribuciones a la ciencia”).
Los contenidos educativos,
respecto de su cantidad, oscilan entre dos extremos: el enciclopédico y el
especializado. Es atractiva la idea de impartir amplios y variados conocimientos,
pero ello sólo es posible tan sólo en el caso de las ideas básicas. Para lograr
este objetivo, la enseñanza debe estar dirigida a la “memoria natural” del
alumno. También existe una “memoria artificial” (biblioteca, Internet, etc.),
que complementará a la memoria natural. Alfred N. Whitehead sugería: “No enseñar demasiadas materias y, lo
que se enseñe, enseñarlo a fondo” (De “Los fines de la educación”). Por lo
general, los científicos más destacados se acercan al ideal enciclopedista,
antes que a la estricta especialización. Sheldon L. Glashow escribió: “Murray Gell-Mann sabe casi todo de casi
todo” (ambos Premios Nobel de Física).
José Ortega y Gasset habla de la “barbarie del especialismo”,
del que “sabe todo de nada”, como uno de los peligros de la excesiva
especialización. El matemático Joseph L. Lagrange
advertía al padre del futuro matemático Augustín Cauchy: “No le dejéis abrir un libro de Matemática hasta
que tenga 17 años”. “Si no os apresuráis a dar a Augustín
una sólida educación literaria, sus gustos le alejarán de ella, y será un gran
matemático, pero no sabrá cómo escribir su propio idioma” (Citado en “Los
grandes matemáticos”, de E.T. Bell
– Ed. Fondo de Cultura Económico”).
9 IDEOLOGÍAS
Los hombres de nuestra época, como también lo hicieron los hombres de
épocas pasadas, nos cuestionamos nuestro presente y nuestro futuro, tanto
individual como colectivo. Disponemos de una gran cantidad de información, que
excede ampliamente nuestras necesidades intelectuales y nuestra curiosidad,
pero aún así, persiste cierta desorientación.
Nuestra personalidad depende
de nuestras características heredadas como también de la influencia recibida
del ambiente en donde se desarrolla nuestra vida. Podemos hacer una analogía
con una computadora digital: la computadora tiene un “hardware” (circuitos) y
un “software” (programación). Los hombres traemos un “hardware” de nacimiento y
adquirimos un “software” mediante la influencia recibida.
Si intentamos escalar una
montaña muy alta, deberemos adquirir un buen entrenamiento previo y, además,
deberemos seleccionar un equipaje mínimo que nos permita lograr nuestro
objetivo. Un equipaje excesivo o insuficiente impedirá ese logro. También para
el tránsito por este mundo necesitamos un repertorio mínimo de ideas que, al
llevarlas depositadas en nuestra memoria, nos permitirán hacer de nuestra vida
una experiencia agradable e importante. Pero el hombre es un ser social y esas
ideas básicas deberán ser comunes y útiles a todos los hombres; ello
constituirá una “ideología”. Una ideología adquirida permite transformar a un
hombre de la misma manera en que un nuevo programa de computadora cambia la
utilidad y el comportamiento de la misma.
Al menos hemos encontrado el
principio del camino que nos llevará a la solución de los conflictos
individuales y colectivos. Pero el problema es mucho más complejo por cuanto no
resulta fácil establecer una “ideología mínima” ya que deberá tener una
generalidad tal que sea aceptada y comprendida por la mayoría de los hombres y,
además, deberá tener validez para todas las épocas. Las ideologías de validez
individual o sectorial generalmente producen divisiones y antagonismos, por lo
que tendrán una relativa importancia. Además, el proceso educativo no sólo
requiere de la buena predisposición del que enseña, sino también del que
aprende, ya que varios destacados educadores del pasado murieron por decisión
de aquellos a quienes pretendían educar, tales los casos de Sócrates, Cicerón, Séneca,
Cristo y Gandhi.
Cristo advierte: “No se echa
el vino nuevo en odres viejos, porque entonces se rompen los cueros, y se
pierden el vino y los cueros; sino que el vino nuevo se echa en cueros
recientes, y se conservan ambas cosas”. El “vino nuevo” es la ideología mínima
implícita en sus enseñanzas y que, para que pueda ser aceptada, requiere
seguramente del abandono de otras ideologías menos eficaces. Cuando se aceptan
dichas ideas en toda su amplitud, se tiene la sensación de que es lo más valioso
que hayamos podido adquirir, e inmediatamente sentiremos la necesidad de
compartirlas con los demás.
Debido a la influencia
cotidiana que recibimos de los demás, ya sea en forma directa o bien a través
de los medios masivos de comunicación, comienza a formarse en cada grupo social
una especie de mentalidad generalizada del grupo. En una sociedad, esta
mentalidad gobierna las vidas de las personas más influenciables uniformando
actitudes y comportamientos, y pasa a ser una “ideología implícita” que no viene
escrita en ninguna parte, pero cuyos efectos pueden llegar a ser negativos para
el individuo.
Mediante las armas y el
dinero, el hombre puede restringir la libertad de sus semejantes, pero mediante
las ideologías es posible lograr un dominio mucho más efectivo, que es el
dominio de la mente. Uno de los caminos más utilizados es el de las ideologías
religiosas que no admiten razonamientos, ni confrontaciones con las leyes
naturales; otro de los caminos es el establecido por las sociologías pseudocientíficas que tampoco las tienen en cuenta. Estas
ideologías se caracterizan por dividir pueblos y crear conflictos.
Respecto del ser humano y de
su complejidad, parece más fácil “describir” al ser humano ideal que a los
millones de seres humanos reales. En realidad una ideología ha de orientarnos
hacia esa idealización. No importa que sea inalcanzable, ya que lo que más nos
interesa es lograr una orientación concreta, antes que alcanzar un punto
concreto de llegada. Un educador no debe tratar de convertirse en un ejemplo
para los demás, sino en llegar a ser un orientador hacia ese hombre ideal.
Ya que existe una mentalidad
generalizada de la sociedad, formada por sus integrantes, y que a su vez forma
a sus integrantes, el mejoramiento de la sociedad se producirá a través del
mejoramiento del individuo, siempre que sea posible encontrar y transmitir una
ideología que defina claramente a ese hombre ideal.
Quienes tenemos la esperanza
de solucionar, en parte, el viejo problema del sufrimiento humano, no poseemos
virtudes fuera de lo común, ya que el sufrimiento proviene de nuestros
defectos, y quien mejor los conoce es quien los lleva encima, aunque con la
intención de disminuirlos. Por el contrario, cuando un hombre dedica su vida a
la obtención de pequeños placeres egoístas, y se desentiende de los demás,
pierde su dimensión social, que es una de las características inherentes al ser
humano. Cuando mediante el razonamiento y la imaginación se llega a vislumbrar
lo que deberá ser un hombre auténtico, con cierta dimensión social, dejaremos
de quedarnos de brazos cruzados observando cómo predominan ideologías que
impiden el crecimiento del hombre, ya sean formuladas en forma explícita o se
den en una forma implícita en cada sociedad real. John
Stuart Mill escribió:
“Únicamente son felices aquellos (creo) que tienen sus mentes fijas en un
objeto que no sea su propia felicidad; en la felicidad de los demás, en el
perfeccionamiento de la humanidad, incluso en algún arte o tarea, acometido no
como medio, sino como fin ideal en sí mismo. Apuntando hacia otra cosa,
encuentran la felicidad de esa manera” (De “Autobiografía” – Colección Austral
– Ed. Espasa Calpe SA).
La verdadera y auténtica
felicidad se transmite a los demás, porque su naturaleza es tal que incluye a
las demás personas, mientras que el egoísmo tan sólo promueve cierta
indiferencia en quienes conocen muy bien al mundo en que vivimos, y también
envidia en quienes muy poco lo conocen.
El razonamiento guía nuestras
vidas, ya que muchas veces nuestros sentimientos y nuestra conducta quedan
retrasados respecto de nuestros pensamientos. La existencia de ideales y de
proyectos para realizar en el futuro caracterizan al espíritu de cada ser
humano, siendo jóvenes quienes se proyectan hacia el futuro y viejos quienes
viven mirando hacia el pasado. Estas actitudes pueden no responder a la edad
cronológica de cada individuo. También la existencia de ideales está
relacionada con el sentido que hemos de dar a nuestra vida, ya que la
desorientación en la vida equivale precisamente a no encontrar un “sentido” o
una finalidad que trascienda lo meramente superficial y cotidiano.
Ser idealista no significa
adoptar una actitud de escape del mundo real, sino, al contrario, significa
luchar sin descanso por una sociedad posible que ha de ser accesible a nuestras
decisiones. El idealista no desespera ante la poca trascendencia de su lucha,
por cuanto encuentra tranquilidad al saber que hizo todo lo que estaba a su
alcance para lograr los fines propuestos.
La mentalidad generalizada de
la sociedad actúa como una “inercia mental” que se opone a cualquier cambio, ya
sea favorable, o no, por lo que lleva cierto tiempo el efecto de una acción
ideológica. En el camino aparecerán reacciones del que se opone a todo cambio,
por cuanto su vida, a nivel individual, le resulta placentera. Esto nos
recuerda la frase de Andrei Sajarov:
“Atrincheradas en su bienestar las minorías satisfechas…”.
10 EDUCACION SEXUAL
Debido a los
inconvenientes que las acciones humanas libres producen en la sociedad, es
recomendable una educación adecuada referida a cada uno de los aspectos del
comportamiento humano. De ahí que se propone establecer una educación sexual en
los establecimientos educacionales con el fin de evitar nacimientos indeseados,
abortos, contagios de enfermedades, etc.
Existe, sin
embargo, cierto temor en cuanto al criterio con que se ha de establecer esa
educación. Incluso se sospecha que podrá ser una simple legitimación de cierto
libertinaje básico de la sociedad con algunos agregados de información sobre la
salud y los aspectos reproductivos del individuo. Se establecería en realidad una
especie de “educación genital” por cuanto se habrían desvinculado los aspectos
afectivos del comportamiento sexual básico.
Es indudable que
lo sexual, en el hombre, responde a la previa existencia de sentimientos y
afecto existentes entre individuos de distinto sexo. De ahí que, para mejorar
el aspecto sexual de los seres humanos, debería mejorarse simultáneamente el
aspecto emotivo, o los sentimientos humanos, lo que implica, además, una mejora
en el aspecto ético del individuo. Por lo tanto, se llega a la conclusión de
que no existe una educación sexual distinta o separada de la educación general
basada en la ética individual.
Es oportuno
mencionar que nuestra propia conducta está constituida por procesos
fisiológicos regulados por leyes naturales invariantes, y que el hombre no sólo
deberá adaptarse al medio social sino al propio orden natural.
Si deseamos
orientar a la juventud hacia una vida sexual plena, en primer lugar habría que
informarla de que, para su logro, debe establecerse una actitud afectiva
sólida, que no es otra cosa que el sentimiento del amor. Si no existe ese
sentimiento básico, al menos en grado suficiente, todo lo sexual se convierte
en genital y las sensaciones eróticas ya no serán sentidas en el “corazón”
(como se dice habitualmente) sino exclusivamente en los propios órganos
sexuales. Ello lleva a desvirtuar los vínculos íntimos entre hombre y mujer. El
hombre deja de tener “alma” para tener sólo órganos sexuales.
Uno de esos aspectos
desvirtuados es la tendencia hacia la eliminación de las sensaciones de
intimidad, ya que se supone que los vínculos afectivos sólo son promovidos por
gente que trata de limitar la libertad llenando al individuo de prejuicios que
atentan contra la efectiva realización individual. Se va llegando a la búsqueda
del sexo-diversión y del sexo-perversión, porque se ha dejado de lado el
fundamento afectivo de esa búsqueda.
Uno de los
problemas que afrontan los individuos es el de la impotencia sexual. Motivada
en muchos casos por problemas físicos, nos interesa en este caso la motivada
por problemas psicológicos. Es oportuno mencionar cómo se va deteriorando la
conducta sexual individual a partir de cierta mentalidad generalizada que se va
imponiendo en la sociedad. Noël Lamare
escribió:
“Se trata, en
efecto, de un verdadero fenómeno social, de una nueva manifestación –una más y
no de las menores- de la sinrazón que se ha apoderado de nuestras sociedades
modernas. Nos referimos a esta forma de «educación» -o de no educación- que
consiste en hacer del niño simplemente un dios. Un dios tiránico a placer, al
cual se le satisfacen sistemáticamente todos los caprichos, todas las
fantasías. Adulado, idolatrado, mimado, manda, exige y obtiene todo lo que
quiere. Sus más extravagantes deseos son complacidos, peor todavía, previstos.
Tanto en los medios más elevados, como en los más modestos, es decir, los más
necesitados, se comporta como dueño. Nunca una voluntad se opone a la suya, o
si casualmente, «casualidad extraordinaria» alguno de sus familiares se excede,
y aparenta querer resistírsele, estalla un drama formidable y el adulto
capitula sin lucha, llegando a prestarse a las más humillantes exigencias”.
“Para el niño-rey
de los tiempos actuales, todo está permitido. Le basta decir «quiero», o, si
todavía no sabe expresarse suficientemente, designar el objeto deseado,
«levantar el dedo meñique», para ser obedecido y servido. Ningún límite existe
para sus fantasías. Y además, no se contentan con dejárselo hacer todo, sino
que le animan continuamente a querer cada vez más”.
“¿Puede imaginarse
para el pequeño-hombre peor condicionamiento psíquico, moral y social que esta
inconcebible relajación de las más elementales reglas de educación?
Acostumbrado, arrastrado como está a obtener el placer desde el momento en que
formula el deseo, habituado a ver sus caprichos inmediatamente satisfechos,
¿Cómo puede adquirir el niño la noción de esfuerzo y de mérito? ¿Cómo
aprenderán a ver la existencia distinta a cómo se le enseña, es decir
espantosamente fácil?”.
“¿De qué modo
estará preparado para una existencia viril, es decir caracterizada, por
definición, por la acción, cuando se le inculca el gusto y el culto a la
pasividad?”.
“Ahora bien, la
pasividad es una característica de esencia femenina. Por ello un hombre pasivo
se encuentra en estado de desequilibrio y no puede asumir su destino sexual. El
sujeto que ha crecido en la ilusión constantemente mantenida de que la
satisfacción no es asunto personal sino asunto de otros, ¿cómo podrá aprender
que nada se obtiene sin sacrificio, y que la vía que lleva de la necesidad a la
satisfacción es, normalmente, larga y sembrada de obstáculos, que antes de
entrar en posesión de lo que se desea hay que esperar, que no basta proponerse
un fin para conseguirlo?”
“Si insistimos
hasta tal punto sobre estas nociones de mérito, de esfuerzo, de acción, de
voluntad, es porque revisten una importancia capital con respecto a todas las
funciones que dependen del psiquismo y de la función sexual especialmente, de
la cual estas nociones condicionan estrechamente el feliz ejercicio. Su
ignorancia o su inobservancia engendran ineluctablemente una disfunción que se
traduce en la práctica por una impotencia social y erótica responsable de
numerosos tormentos, tanto para el individuo como para aquellos que le rodean”.
(De “El conocimiento sexual del hombre” – Editorial Fontanella)
En los escritos
mencionados se hace evidente que el hombre actual no necesita una educación
sexual, sino de una educación ética general. Cuando están en crisis varios
sistemas sociales en forma simultánea, se debe al simple hecho de que es el
individuo quien está en crisis.