1 EDUCACION Y SOCIEDAD
Si asociamos la cultura al conocimiento universal (ciencia, filosofía,
religión), podemos decir que la educación es el medio que dispone una sociedad para
difundir dicho conocimiento entre sus integrantes. Así, el docente es el
intermediario entre quienes lo generan y quienes lo han de recibir.
En la educación podemos
distinguir un contenido y un método, asignando a la palabra “método” el
significado de “camino al objetivo”. El contenido de la educación ha de ser
universal por cuanto la ciencia, la filosofía y la religión tienen ese
carácter, o deberían tenerlo. De ahí que es posible hablar de una “ciencia de
la educación”
Así como el contenido de la
educación ha de ser común y universal, la transmisión del conocimiento ha de
depender bastante de las aptitudes de quien la imparte. La forma de transmitir
información es una cuestión bastante personal ya que a ella está asociada la
creatividad individual, por lo que debemos hablar también del “arte de la
educación”. Dicho arte consiste en optimizar la transferencia de ideas
sintetizándolas hasta un mínimo, que podrá ser depositado en la memoria y que
permitirá realizar razonamientos al respecto. Será como una semilla que podrá
germinar si el terreno es el adecuado.
Los objetivos de la educación
apuntan al individuo, para que sea consciente del lugar que el hombre ocupa en
el cosmos. También existirán objetivos sociales, ya que todo individuo deberá
adaptarse a su medio social. Wolfgang Goethe escribió: “Trata a la gente como si fuera lo que
debería ser y la ayudarás a convertirse en lo que es capaz de ser”.
Cada postura filosófica
propone un contenido y un método para la educación, pero también debemos
proponerlos desde una postura científica. Así, los contenidos inherentes a la
adaptación cultural del individuo provendrán de una “teoría de la acción”,
mientras que los métodos para la aceptación de esos contenidos provendrá de una “teoría del conocimiento”.
El conocimiento le permite al
hombre dedicar sus pensamientos a cosas importantes. Es la única forma de
evitar su dedicación a las trivialidades cotidianas, a la vulgaridad y al
desmedido afán de lujo y comodidades. El intelectual, desinteresado de lo
material, adopta esa actitud sin tener que realizar el esfuerzo de sacrificar
algo valioso. Ello ocurre porque lo material, para él, sólo significa un medio
para que su vida sea más segura y cómoda. Por el contrario, la gente ignorante
asigna mayor categoría social a quien más dinero posee. Y sólo por esas
personas puede sentir envidia.
Los ideales de la educación no
han de diferir esencialmente de los ideales de la ciencia, de la filosofía y de
la religión, los que pueden sintetizarse en la búsqueda de la verdad. Todos los
demás objetivos se darán como una consecuencia de esa búsqueda. La educación
universal tenderá a unificar culturalmente a todos los pueblos. Cristo dijo: “..la verdad os hará libres”; libres respecto de nuestros
defectos y también respecto del posible dominio que sobre cada uno puedan
ejercer los demás hombres.
El conocimiento universal nos
hace sentir ciudadanos del mundo, y nos hace dejar de lado los nacionalismos
exagerados que generan antagonismos. Así como al sentirnos partes de la
sociedad no dejamos de pertenecer a una familia, al sentirnos partes de la
humanidad no dejaremos de pertenecer a nuestra propia Nación. El nacionalismo
debe darse simultáneamente con el universalismo, de la misma manera en que el
amor propio debe darse junto con el amor al prójimo.
El conocimiento de la verdad
nos hace vislumbrar la esencia de la eternidad, porque la verdad es el
conocimiento de lo eterno. El hombre común debería acercarse a la obra de los
buscadores de la verdad, y no seguir los pasos de los buscadores de lo efímero
y de lo circunstancial. Si asociamos nuestra vida a la búsqueda y a la difusión
de la verdad, encontraremos el sentido de la vida que las leyes eternas han
asignado a todos los hombres.
La escuela materializa sólo
una de las causas influyentes en la formación de cada individuo. Esta
influencia será compartida con el medio familiar y con los medios masivos de
comunicación. Cuando se habla de la “crisis de la educación”, generalmente se
supone que los contenidos y los métodos utilizados son anticuados, y se sugiere
cambiarlos totalmente. En realidad, lo que está en crisis es la propia
sociedad; la que valora muy poco al conocimiento y a la propia cultura. Poco se
ganará si se trata de cambiar aspectos poco relevantes respecto de otros
factores de mayor importancia.
Las masas ejercen su poder a
través de la posibilidad de elegir el contenido de los programas televisivos,
ya que la adhesión popular impone lo que exalta lo primitivo y lo vulgar. De esa
forma se promueve una mentalidad que crea nuevos adeptos y favorece la
contracultura.
En cuanto a los métodos de
enseñanza, su efectividad depende de la aptitud del docente para impartir
conocimientos ordenados a partir de cierta coherencia lógica previamente
existente en su mente. De ahí que ciertos objetivos mínimos deban ser
claramente expuestos buscando que queden para siempre ubicados en la memoria de
los alumnos. Dicha coherencia lógica provendrá de conocer adecuadamente una
secuencia histórica o bien una forma deductiva o bien una forma inductiva. La
secuencia histórica implica una sucesión lineal de hechos, mientras que la
forma deductiva permite ir desde lo general a lo particular. La forma
inductiva, finalmente, permite describir los contenidos desde lo particular a
lo general. Estas últimas posibilidades provienen de haber podido organizar el
conocimiento en una forma axiomática. De todas formas, es parte de la libertad
del docente y de su arte pedagógico elegir entre estas alternativas o bien
otras no mencionadas aquí.
El arte de la educación
consiste esencialmente en transmitir ideas básicas que sólo pueden establecerse
a partir del adecuado conocimiento de los contenidos que van a enseñarse. De
ahí que muy pocas veces se podrá suplir el conocimiento con aptitudes
pedagógicas. Incluso en los ámbitos educativos se supone que bastan muy pocos
libros para lograr un nivel cultural y científico adecuado. Conocimientos y
capacidad de síntesis, por parte del docente, e interés y entrenamiento mental
por parte del alumno, son los elementos básicos del proceso educativo.
En la actualidad, desde un
punto de vista empresarial, se valora más el conocimiento que el capital y el
trabajo. El hombre compite con la máquina y subsiste laboralmente el que es
servido por una máquina, y no el que la sirve. Peter Druke escribió: “El cambio de significado del saber, que
empezó hace doscientos cincuenta años, ha transformado a la sociedad y a la
economía. El saber convencional se considera a la vez el recurso personal clave
y el recurso económico clave. El saber es hoy el único recurso significativo.
Los tradicionales ‘factores de producción’, suelo (recursos naturales), mano de
obra y capital, no han desaparecido, pero se han convertido en secundarios; pueden
obtenerse, y con facilidad, siempre que haya saber” (De “La sociedad
poscapitalista”).
A veces, el exagerado uso de
la tecnología perjudica al estudiante. Así, se pierde la posibilidad de
entrenamiento mental al realizar cálculos elementales con calculadoras
digitales, mientras que se pierde entrenamiento imaginativo al disponer de
imágenes televisivas durante gran cantidad de horas. De esta manera, a la
mayoría le resulta dificultoso realizar cálculos mentales o leer libros sin
figuras. Este proceso está favorecido por el ideal tácitamente aceptado de
buscar comodidades a toda costa, aún para que no trabaje nuestra propia mente.
El hombre regido por el
“principio del placer”, coloca una alfombra de algodón a los pies de sus hijos
para que no sufran el menor malestar. De esa forma sólo consiguen desadaptarlos de la
sociedad y de la realidad, convirtiéndolos en personas egoístas, soberbias,
caprichosas y exigentes. Si un docente comparte alguna información con sus
alumnos, prestándoles libros o revistas, es altamente probable que no reciba su
devolución. Este es un síntoma de que el subdesarrollo económico y tecnológico
es sólo una consecuencia del subdesarrollo cultural.
Así como la biología trata de
conocer el código genético del ser humano buscando resolver gran parte de
nuestras debilidades físicas, las ciencias sociales buscan (o deberían hacerlo)
la información mínima (ideología) que todo hombre debería llevar en su mente de
manera de solucionar nuestros problemas sociales. La libertad del pensamiento
ha de surgir a partir de la posesión de verdades elementales y evidentes. Con
ellas se ha de elaborar un pensamiento cercano a la realidad. El poder de las
ideas simples puede sintetizarse en la siguiente expresión de Cristo: “Es
parecido el Reino de los Cielos a un grano de mostaza que un hombre tomó para
sembrar en su campo; y, aún siendo la más pequeña de todas las semillas, cuando
crece es mayor que todas las plantas del huerto, y se hace un árbol, adonde
vienen los pájaros del cielo a cobijarse en sus ramas” (Mt).
2 EL PROBLEMA EDUCATIVO
Cuando en una sociedad se presentan conflictos, debemos solucionarlos,
pero, previamente, debemos conocer las causas que los provocan. Los arreglos
provisorios casi nunca logran los efectos deseados, de ahí que debemos buscar
soluciones para el mediano y el largo plazo. Así, no sólo se logrará solucionar
el problema educativo, sino todos aquellos que tienen su origen en el propio
individuo. Tal solución consiste en una mejora ética. La dificultad esencial
consiste en convencer al individuo de las ventajas que ofrece el comportamiento
ético respecto de los demás.
Muchos opinan que todos los
problemas sociales se deben a factores económicos y proponen solucionarlos
cambiando el sistema de producción y de distribución de bienes y servicios. De
ahí que los economistas deberían conducir la sociedad desplazando a filósofos,
sociólogos, educadores, etc., ya que, en principio, la solución sería muy
simple.
Si todo dependiera de los
medios económicos disponibles, la mayoría de los alumnos que provienen de
familias adineradas serían los mejores, mientras que los peores provendrían del
grupo social menos favorecido; algo que no ocurre en la realidad. También el
problema educativo existiría tan sólo en los países pobres.
Los contenidos de la educación
provienen, en su mayoría, de la ciencia; la que progresa impulsada
principalmente por la necesidad de conocimientos de quien produce alguna innovación.
No se tiene en cuenta una posible aplicación posterior, sin que haya
inconvenientes de que ello ocurra. Para el científico, la utilidad está
asociada a su propia realización intelectual; aspecto dejado de lado en las
sociedades de consumo, ya que los adultos, quizás sin quererlo, transmiten a
niños y adolescentes su desinterés por el conocimiento.
Así como una mujer se sentirá
incómoda si buscan utilizarla como un objeto de placer, sin que haya
previamente un vínculo afectivo, la “diosa de la ciencia”, si estuviese
personificada en una mujer, rechazaría a quienes la valoraran sólo por los
beneficios materiales que pueda brindar.
La necesidad de conocimientos
es la base de todo proceso educativo. Si no existe en el individuo esta
necesidad básica, poco éxito se logrará. La propia sociedad, dominada por una
actitud consumista, sólo valora el conocimiento que podrá constituirse en un
medio laboral adecuado; lo que no es una finalidad criticable si previamente
existe una actitud “afectiva” hacia la ciencia.
La excesiva utilización de los
adelantos tecnológicos perjudica el normal adiestramiento de los alumnos. Así,
el uso de calculadoras impide el aprendizaje de las operaciones aritméticas,
pero, sobre todo, impide la utilización de las matemáticas como un importante
entrenador mental que ha de favorecer la eficacia del pensamiento, en todos sus
aspectos. Si utilizáramos el automóvil aún para cubrir pequeñas distancias,
perderíamos nuestras aptitudes físicas deteriorando nuestra salud.
El lenguaje posibilita la
comunicación, mientras que la lectura permite acrecentar nuestra capacidad
imaginativa y la elaboración de ideas. De ahí que leer libros sin imágenes
favorece tales atributos. Por el contrario, al reemplazar el libro por la televisión,
se producen resultados opuestos a los deseados.
En otras épocas, el lector
estaba en contacto directo con los intelectuales más destacados. Su formación
llevaba impresa la influencia de las mentes más brillantes de la humanidad. En
la actualidad, sin embargo, la formación de la juventud se ve afectada por la
influencia del ámbito televisivo, que está lejos de un nivel cultural adecuado.
La excesiva exaltación de los
derechos del niño, y del adolescente, hace que pocas veces se mencionen los deberes
asociados. De esa manera se está gestando una sociedad compuesta por personas
caprichosas y exigentes. No hace falta mirar a otros países para encontrar una
mejora en la educación; sólo debemos mirar hacia nuestro pasado de algunos años
atrás.
También es conveniente
abandonar la tendencia a buscar criterios y métodos opuestos a los que se
empleaban en el pasado, y casi por ese único motivo, ya que en el pasado se
lograban mejores rendimientos.
Las protestas generalizadas
contra los distintos sectores de la sociedad no tienen en cuenta que los
efectos no deseados son una consecuencia necesaria e inevitable de una
mentalidad generalizada tolerada y aceptada por la mayoría.
3 COMUNICACIÓN Y ACTITUDES
Cuando hace frío o hace calor, nos abrigamos o nos refrescamos, según
sea la temperatura dominante. Es una forma elemental de ser aptos para vivir en
nuestro universo. Decimos que existe un orden natural por cuanto todo está
regido por leyes naturales. También
nuestra conducta individual está regida por dichas leyes y por ello debemos
adaptarnos al orden mencionado de la misma forma en que nos abrigamos o nos
refrescamos. En este caso intentamos adaptarnos proponiendo una ética, que nos
protegerá del sufrimiento.
La palabra “sistema” nos indica
la existencia de un conjunto de partes reunidas con cierta finalidad. En este
sentido, el orden natural es un sistema cuyas partes están vinculadas siguiendo
un criterio determinado. El orden social ha de ser una imagen de ese orden
natural y se irá construyendo a través de los sistemas descriptivos que
heredarán la propia consistencia interna del orden de referencia. Baruch de Spinoza escribió: “Todo
sistema que es inaplicable a la práctica es falso en teoría”.
Un sistema que transmite
información está constituido por una fuente, un mensaje y un receptor. El
proceso adaptativo (cultural) puede considerarse como
un sistema de información en el que la fuente es el filósofo, el profeta o el
sociólogo, que transmite el mensaje constituido por la información asociada al
orden natural. Los demás hombres serán los receptores de ese mensaje. De ahí
que el filósofo deba “sintonizarse” con el espíritu de la ley natural ante de
transmitirlo a los demás.
L. van Beethoven
pretendía, a través de la música, transferir al oyente los mismos sentimientos
que poseía en el momento en que creaba la composición musical. De ahí que la
música pueda considerarse como un lenguaje capaz de transmitir emociones o
estados de ánimo. Platón escribió: “La música da alma al universo, alas a la
mente, vuelos a la imaginación, consuelo a la tristeza y vida y alegría a todas
las cosas”.
Es distinto conocer muchos
datos que adquirir un conocimiento organizado y sintético. La efectiva
transmisión del conocimiento ha de consistir en lograr algo similar a la
difusión de la música. Quien genera el conocimiento, deberá organizarlo para
poder transferirlo con eficacia. Inmanuel Kant escribió: “La belleza artística no consiste en
representar una cosa bella, sino en la bella representación de una cosa”.
De todos los conocimientos
posibles, algunos serán más importantes que otros, ya que serán útiles a
nuestra adaptación. En religión se dice que son útiles para nuestra salvación.
El mensaje transmitido tendrá un carácter objetivo, pero la forma de establecer
la comunicación dependerá bastante del arte pedagógico asociado al autor.
La transmisión de información
entre las distintas partes de un sistema, constituye el vínculo que le dará ese
carácter. De ahí que no habrá sistema si no existe un intercambio de
información. Incluso una persona que esté incomunicada con el resto de la
sociedad implicará estar excluida de la misma. Así, una pena severa, utilizada
en épocas pasadas, consistía en prohibir, a los miembros de una comunidad, todo
vínculo con quien se deseaba castigar. Este fue el caso del filósofo Baruch de Spinoza, excomulgado
por la sinagoga a la que pertenecía.
La retórica es el arte de la
persuasión; de hacer que los demás compartan nuestro punto de vista. Esta es
una exigencia básica que deberá cumplir una ideología que pretenda orientar a
los demás. De ahí que su autor deba estar seguro de que su conocimiento sea
completo, verdadero, organizado y transmisible a los demás. Por el contrario,
la información que circula en una sociedad en crisis estará caracterizada por
el intercambio de mentiras y de creencias erróneas.
La sociedad de consumo se basa
en el intercambio de bienes materiales destinados al cuerpo. Se supone que ello
llevará, a la larga, a una sociedad con otras aspiraciones superiores. Sin
embargo, el hombre sigue dedicando todos sus esfuerzos a lograr, en forma casi
ilimitada, mejores niveles de comodidades. Sería adecuado que la sociedad se
orientara hacia el intercambio de conocimientos teniendo presente la existencia
de valores intelectuales.
Así como existen personas que
dominan un amplio espectro del conocimiento acumulado, existe una mayoría que
renuncia a poseer cierto “atractivo intelectual”, ya que ni siquiera puede establecerse
con ellos una conversación con cierto interés, respecto de cualquier tema. Los
atributos intelectuales son valorados especialmente cuando nos encontramos con
personas que carecen de ellos.
La televisión color ha sido
uno de los grandes logros de la tecnología moderna. Para su realización se han
debido superar dificultades mayores que las presentadas para la realización de
la computadora digital. Sin embargo, observamos a diario cómo se la utiliza
para reducir el nivel ético de una sociedad. No sólo se le falta el respeto al
espectador, sino también a los propios inventores de dicho medio de
comunicación. Lee de Forest, inventor de la válvula triodo y pionero de la radiotelefonía, escribió: “ ¿ Qué han hecho ustedes con mi criatura ( la radio) ?. Fue
concebida como un poderoso instrumento para la cultura, la buena música, la
elevación de la inteligencia de las masas estadounidenses. La habéis rebajado,
la habéis enviado a vagar por las calles…” (Citado en “Los nuevos alquimistas”
de Dirk Hanson).
Así como un docente, que es
escuchado por un grupo de alumnos, se impone una autocensura temiendo influir
negativamente en los adolescentes, el comunicador social, con una influencia
muchísimo mayor, debería establecer una autocensura acorde a dicha influencia.
Incluso cuando los niveles de violencia y de corrupción aumentan en forma
alarmante, los propios Estados deberían establecer la censura correspondiente.
Sin embargo, la mayoría prefiere el libertinaje a la censura.
La organización es esencial en
todo sistema. De lo contrario se pierde el concepto de “organismo”. Se dice que
la “unión hace la fuerza”, a lo que podemos agregar que “la desorganización
promueve la debilidad”. Se atribuye al físico Albert Einstein haber expresado, durante su viaje a
El biólogo Charles Darwin
expresó luego de su estadía en el país (1833): “Los habitantes respetables del
país ayudan invariablemente al delincuente a escapar; pareciera que piensan que
el hombre ha pecado contra el gobierno y no contra el pueblo”. El político y
periodista Georges Clemenceau
dijo: “Argentina crece gracias a que sus políticos y gobernantes dejan de robar
cuando duermen”. El actor mexicano Mario Moreno (Cantinflas) expresó: “
La efectividad de una
ideología dependerá de la masiva distribución del conocimiento aportado. Así se
lograra la autonomía de cada ser humano, en vez de depender de las ideas
predominantes en la sociedad. Ya que sólo nos quedan en la mente unas pocas
ideas luego de haber leído un libro completo, debemos intentar resumir, en poco
espacio, la información que produzca un efecto similar a su lectura completa.
Aunque sólo lo logremos parcialmente, al menos a ello debemos apuntar.
4 CULTURA, POLÍTICA Y ECONOMÍA
En su intención de lograr la felicidad, el hombre debe satisfacer
necesidades intelectuales y afectivas (asociadas a la mente). De esas
necesidades surge la tendencia a vincularse con los demás (sociabilidad).
También debe satisfacer necesidades materiales (asociadas al cuerpo). Por ello,
no ha de ser feliz quien carezca totalmente de uno, o más, de los tres aspectos
considerados. Ellos se proyectan sobre la sociedad dando origen a tres
subsistemas: cultural, político y económico. Para que una sociedad funcione
como un organismo, deben armonizar estos tres aspectos y la solución de los
conflictos implica la solución de todos ellos.
La cultura viene asociada al
conocimiento universal y busca la adaptación del hombre al orden natural. La
política, que es inherente al Estado, ha de establecer un ordenamiento jurídico
que garantice lo cultural y lo económico dando satisfacción a las elementales
necesidades de supervivencia y de seguridad individual. La economía busca el
mayor nivel económico posible para la mayor cantidad de gente.
Si bien los tres aspectos
considerados deben evolucionar juntos, debemos tener presente que en el futuro,
al existir un nivel creciente de adaptación, tanto la política como la economía
no necesitarán de una intervención estatal; y así se disolverá el Estado. De
ahí que el aspecto cultural ha de ser prioritario, es decir, si alguna vez se
anularan completamente el odio, el egoísmo y la negligencia, no habría
necesidad de policías, jueces, militares, etc., pero, mientras estemos en
camino hacia la plena adaptación cultural, ha de ser imprescindible la
ingerencia estatal tanto en la cultura, como en la política y en la economía.
Para lograr la felicidad, el
hombre necesita disponer de libertad; principalmente respecto de las decisiones
de otros hombres. La tendencia política compatible con ese requisito es la
democracia, si bien el objetivo final ha de ser una teocracia, ya que la plena
adaptación del hombre al orden natural puede interpretarse como el gobierno de
Dios sobre el hombre. El liberalismo político trata de imponer el imperio de
las leyes, y no de los individuos, mientras que en el plano económico, esta
tendencia se prolonga en el liberalismo económico y propone a la propiedad
privada como una parte esencial de la libertad individual. La economía de
mercado se ajusta bastante bien a la tendencia sugerida desde lo cultural y lo
político. De ahí que la religión natural, tanto como el liberalismo político y
el económico constituirán la referencia que tendremos para comparar otras
posturas y, principalmente, para conocer las distorsiones que se producen
cuando se las toma como un fin y no como un medio que nos oriente hacia el
logro de la felicidad de la mayor parte de los hombres.
Aceptando la existencia
de leyes naturales invariantes y de una posible adaptación del hombre,
consideraremos a esas leyes como nuestro “verdadero gobierno”. Se descarta así
el gobierno del hombre sobre el hombre, que tiene tres formas principales; a
través del Estado (especialmente cuando se elimina la propiedad privada), a
través del poder económico ejercido por la disponibilidad del capital, y a través de las ideologías religiosas, o
filosóficas, que ignoran la ley natural y tienden a gobernar la mente de cada
individuo.
La mayoría de los países
tienden a aceptar al liberalismo político y económico, aunque las condiciones
para el ejercicio de la libertad se prestan también para que se ejerza el
libertinaje. Así, en el aspecto económico, la actual tendencia hacia la
concentración de capitales ha distorsionado el concepto de “mercado”, como
sistema autorregulado. Esta tendencia se
opone a los objetivos del liberalismo económico, que implica la utilización de
la libertad como un medio para optimizar la producción.
En realidad, se culpa directamente
al liberalismo por el libertinaje económico (especulación), pero esta postura
es similar a la actitud del que critica al propio Creador por la existencia del
sufrimiento, siendo éste el precio que el hombre ha de pagar por la libertad,
ya que esa libertad nos permite elegir entre el Bien y el Mal, y muchas veces
elegimos el Mal. De ahí que el liberalismo que no surja de un nivel moral
adecuado, no podrá lograr buenos resultados, debido precisamente a que el
aspecto cultural es prioritario.
El objetivo de la humanidad, y
de cada hombre, no debe ser “inventado” por el propio hombre, sino que debe ser
descubierto a través de la interpretación adecuada del espíritu de la ley
natural. Si el objetivo no se “inventa”, tampoco ha de serlo el camino para su
logro. Dicho camino no debe implicar el sacrificio del individuo en beneficio
de la sociedad, ni tampoco a la inversa, sino que debe contemplar el beneficio
de todos. Jeremy Bentham
escribió: “La naturaleza ha puesto a la humanidad bajo el gobierno de dos
señores soberanos, el dolor y el placer. Sólo a ellos corresponde señalar lo
que debemos hacer así como determinar lo que haremos. La norma del bien y del
mal, por un lado, por otro la cadena de causas y efectos, se hallan sujetas a
su trono. Nos gobiernan en todo lo que hacemos, decimos o pensamos: todos los
esfuerzos que hagamos para sacudir nuestra dependencia sólo servirán para
demostrarla y confirmarla”.
En las distintas épocas, y en
los distintos pueblos, han aparecido ideales de hombre que encarnan las
ambiciones y los sentimientos colectivos. Así, en la antigua Grecia se
preparaba al individuo para el ejercicio de la ciudadanía. En la antigua Roma
se lo preparaba para ser capaz de dar su vida por la patria. En
Una de las debilidades de la
democracia es la demagogia. Quienes hablan en nombre de los pobres y de la clase
obrera, reducen cualquier posible oposición. Quien no esté de acuerdo con
ellos, se supone que está en contra de los pobres y será una “mala persona”.
Esta es la pantalla utilizada por varios usurpadores de la confianza pública
(nazis, fascistas, marxistas, peronistas, etc.) y de los objetivos de la
democracia. La gente prefiere, sin embargo, al que hace promesas diciendo lo
que la gente quiere escuchar, mientras que nunca elegirá, en una votación, al
que dice la verdad. Luego, la gente protesta contra quienes reciben el apoyo
electoral y no cumplen con las promesas realizadas.
A veces, los partidos
políticos constituyen el “robo organizado”. Ni siquiera responden, como
institución, por los delitos cometidos por sus integrantes. Incluso forman
verdaderas clases sociales que al pueblo le cuesta mucho mantener. De ahí que
se diga que “el mejor sistema de gobierno es la monarquía,...ya que el pueblo
debe mantener a una sola familia”.
Los demagogos alientan el odio
de las masas, especialmente el destinado hacia los países poderosos. Lo hacen
para constituirse en sus protectores. La gente común admira al político que
logra popularidad basándose en la “fuerza del odio”, tales los casos de Hitler, Mussolini, Lenín, Perón, etc. Deberíamos admirar a quien se basó en la
“fuerza del amor y la verdad”, tal el caso de Gandhi,
quien buscó en el aspecto cultural del pueblo el fundamento de su accionar. La
dictadura de las masas, o la del proletariado, instigadas por quienes las dirigen,
son las peores dictaduras.
Así como existen quienes
suponen que el resurgimiento del hombre dependerá sólo de la política, hay
quienes piensan que sólo depende de la economía. Es interesante analizar el
fundamento económico sobre el cual descansa la planificación económica que ha
pretendido universalizar el marxismo. Es el fundamento concreto del intento de
establecer el “gobierno definitivo del hombre sobre el hombre”, ya que la
política y la filosofía marxista giran en torno a la economía.
Tal fundamento se refiere al valor de una mercancía, que vendría dado
por el trabajo social necesario para producirla. Para el hombre que elige en
libertad, no es importante saber si lo que adquiere ha sido producido por una o
por varias personas, en un tiempo breve o en uno extenso; sólo tiene en cuenta
su utilidad y su precio. Al no tenerse en cuenta la escasez o la abundancia,
tampoco la oferta y la demanda, toda la sociedad debe adaptarse a la “voluntad
de Marx”. Mario Bunge
escribió: “La concepción ricardiana y marxista del
valor implica que el comercio no agrega valor, lo que lleva a menospreciarlo.
Consecuencia práctica: en los países socialistas la distribución está tan mal
organizada que la población pierde horas de trabajo haciendo colas para adquirir
artículos de consumo básicos” (De “Vistas y entrevistas”).
Si la ciencia tiene como
objetivo describir leyes naturales, para una posterior adaptación, implica que
quien establece “leyes artificiales”, para una posterior adaptación, toma una
actitud anticientífica. Pero el mayor inconveniente no consiste en ser
antagónico a la ciencia y a la verdad, sino en ser promotor de la muerte de
millones de seres humanos como consecuencia del veneno ideológico que el
marxismo ha sembrado, y sigue sembrando, desde el siglo XIX.
La ciencia económica describe
el accionar económico de la sociedad a partir de las decisiones humanas, con
sus virtudes y sus defectos. Estas decisiones están ligados
a los aspectos psicológicos propios de cada individuo. Así, se dice que la
inflación es favorecida por el miedo a la inflación. Seguramente que también la
recesión ha de estar favorecida por el miedo a la misma. De ahí que las
soluciones a la economía vendrán desde fuera de su propio ámbito.
La igualdad de los hombres
sólo tiene sentido desde la perspectiva de la ley natural; que es la ley de
Dios. Así, cuando las penas y alegrías de los demás sean nuestras penas y
alegrías, diremos que los demás son nuestros “iguales”, precisamente porque
todo lo que a ellos les suceda producirá efectos similares en cada uno de
nosotros. Ser feliz es exactamente igual de difícil que amar al prójimo como a
uno mismo.
5 DISCORDIA Y PACIFICACIÓN
La discordia entre las personas surge de una predisposición para hacer
recaer en los demás cierto descontento personal. Cuando existe una gran
diferencia entre lo que aspiramos lograr, ser o tener, y lo que realmente
alcanzamos, aparece ese descontento que, a veces, genera conflictos. Debemos
distinguir, en cada caso, entre el que inicia la acción conflictiva y el que
reacciona a la misma.
También surge descontento en
quienes toman como referencia los logros de otras personas. Ya no son sus
propias metas, ni tampoco las metas objetivas que nos impone
el orden natural, las que orientarán sus vidas, sino lo que hacen y poseen los
demás. Esta actitud se basa en una postura competitiva en la que están siempre latente los futuros conflictos.
Teniendo presente que el
hombre aparece hace un millón de años y que al sistema planetario solar le quedan
unos cinco mil millones de años, antes de su extinción, concluimos con que
estamos entre los primeros grupos humanos que habitamos el planeta, ya que nos
seguirán miles de generaciones futuras. Quizás por ello todavía existen
guerras, hambre y otras causas de sufrimiento. Por ahora, la discordia vence a
la paz.
Los conflictos se superarán
cuando cada hombre advierta la existencia de niveles de vida superiores. Así,
quien tiene ideas importantes en su mente, tendrá poca predisposición a
mezclarse en bajezas asociadas a cualquier mezquina competencia.
La envidia es un sentimiento
negativo que hace sufrir a quien lo padece. Consiste en entristecernos por la
alegría ajena. La burla y la envidia son los síntomas del odio: actitud que surge
en las personas que están dominadas por el Principio de Competencia. No buscan
tanto la felicidad como el hecho de superar, y a no ser superado, por los
demás, en cualquier aspecto que pueda tener cierto valor social. Arthur Schopenhauer escribió: “Entre
el ganar y el lograr se desliza la vida humana”.
La discordia podrá
generalizarse debido a la influencia que un individuo tiene en su medio social.
Incluso los grupos despersonalizados a veces son orientados por actitudes
generalizadas que llevan al antagonismo entre naciones. Santiago Ramón y Cajal escribió respecto de
En épocas cercanas a la de
La concordia entre naciones se
ha mantenido, en muchos casos, en base al concepto de “paz romana”, es decir,
una paz favorecida por la fuerza militar. Es una paz condicionada e inestable.
Alguna vez, posiblemente, llegaremos en el mundo a una “paz cristiana”, basada
en el fortalecimiento ético individual.
La historia de la humanidad
puede ser vista como una sucesión interminable de conflictos, como si se
tratara de luchas entre distintas especies del reino animal. Casi siempre han
existido pueblos que se han comportado como “enemigos naturales” de otros
pueblos. Así, la historia nos recuerda a Atenas y Esparta, a Roma y Cartago,
Alemania y Francia, EEUU y
Tampoco los grandes pensadores
han estado ausentes en las disputas. Así, dos de los grandes científicos del
siglo XVIII, Newton y Leibniz, se acusan mutuamente
de plagio, por el descubrimiento del cálculo infinitesimal. El conflicto afectó
también a sus respectivos seguidores; el tiempo fue borrando tan penoso hecho.
No sólo existen rivalidades
entre científicos de distintos países, o de un mismo país, sino entre
científicos de una misma familia. Este es el caso de los matemáticos suizos, y
hermanos, Jacob y Johann Bernoulli, enemistados por
una rivalidad intelectual. El caso más sorprendente ocurre cuando Johann
sugiere, a quien edita un libro de su autoría, que le imprima, como fecha de
realización, la correspondiente al año anterior. Con ello logra amargarle la
vida a su propio hijo, Daniel Bernoulli, el creador
de la hidrodinámica.
Podemos describir las acciones
humanas como si el hombre fuese un sistema autorregulado, o realimentado. Como
referencia ubicamos las metas u objetivos (lo que deseamos lograr). Como
respuesta del sistema ubicamos los logros obtenidos. A través de la conciencia,
o de la introspección, comparamos los logros alcanzados con aquellos deseados. La diferencia motivará nuestra acción. De esa
manera, puede definirse la acción humana como un proceso mediante el cual el
hombre tiende a igualar metas con realizaciones, buscando cierta tranquilidad
espiritual (cuando el sistema se ha estabilizado). André
Dumas escribió: “El fracaso es ciertamente una toma de conciencia humana”.
Podemos expresar la diferencia
mencionada como:
Tensión
básica = Pretensiones − Éxitos
La diferencia anterior es la “tensión básica” que promueve la acción en
cada individuo. Si una persona tiene pocas metas, o tiene objetivos fácilmente
alcanzables, la acción correspondiente será casi nula. De ahí que, seguramente,
será reducido el nivel de felicidad que habrá de lograr.
Cuando esa diferencia es muy
grande, aparecerán dos posibilidades extremas: en un caso, el individuo
realizará grandes esfuerzos por hacer que la diferencia se reduzca. En el otro
caso el individuo permanecerá inactivo debido a una pobre autoestima. De ahí
que, a veces, es necesario replantearse las metas que nos hemos propuesto.
La autoestima fue definida por
William James como:
Éxitos
Autoestima =
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Pretensiones
Según esta expresión, quien tiene metas, objetivos o pretensiones difíciles
de alcanzar, es posible que no logre obtenerlas y sea baja su autoestima.
Los romanos utilizaban la
palabra “exitus” para denotar “salida”. De ahí que la
palabra “éxito” se la asocia a haber podido cumplir con la meta propuesta
(luego de varios intentos). Por el contrario, utilizaban la palabra “stupere” para significar “quedarse quieto”; no alcanzar la
salida, no poder lograr la meta propuesta. De ahí surge la palabra “estúpido”; tan dolorosa para nuestro orgullo personal y para
nuestra autoestima. Frank Crane
escribió: “Los hombres que tienen éxito son los que saben cómo utilizar los
fracasos”.
También debemos tener presente
la existencia de metas que el orden natural impone a todos los hombres. Estas
metas colectivas nos liberan de toda posible competencia e imponen una paz
espiritual básica que servirá de soporte para el mejor cumplimiento de las
metas individuales. Las metas sugeridas por la religión (adaptación al orden
natural) serán metas accesibles a nuestra acción y a nuestras decisiones.
Podemos decir que la religión actúa como un “factor de seguridad” que ha de
permitir un nivel de felicidad básico y accesible.
Este factor de seguridad,
además, tratará de impedir que los individuos intenten ”llenar
un recipiente sin fondo” con bienes materiales, vanidad, etc. El fondo del
recipiente ha de ser, precisamente, el objetivo que el orden natural ha
impuesto a todos y a cada uno de nosotros.
La persona con reducida
autoestima es la que siente poco amor por sí mismo. Si “ama al prójimo como a
ella misma”, será un amor débil. De ahí que sea conveniente recomponer nuestra
autoestima a través de la búsqueda de metas básicas que el orden natural ha
asignado a cada hombre. Lucio Anneo Séneca escribió:
“Sabed que cuando uno es amigo de sí mismo, lo es también de todo el mundo”.
Las metas adoptadas por cada
individuo materializan su propia “escala de valores”, ya que tratará de
alcanzar prioritariamente aquello que considera como lo más valioso. Pero dicha
escala dependerá bastante del medio social en donde se encuentre. Esta es una
de las formas en que la sociedad influye sobre cada individuo.
Cuando nuestras metas tienen
en cuenta las leyes asociadas al orden natural, el hombre adquiere libertad. En
cambio, cuando las metas están asociadas a lo que otros poseen, o a lo que
impone la sociedad, el hombre pierde su libertad y su autonomía. Deja de estar
bajo el “gobierno de Dios” para someterse al “gobierno del hombre”. No debemos
dejar de lado los aspectos afectivos y los intelectuales. Las crisis sociales
se caracterizan porque se abandonan esos valores y sólo se busca lo material.
Alguien escribió: “Cristo nos enseñó a amar al prójimo y a aprovecharnos de las
cosas; el hombre occidental ha invertido esta enseñanza”.
Cuando las metas son elegidas
inadecuadamente, o cuando se teme no poder cumplirlas, puede decrecer la
autoestima, y ello puede ocasionar ciertos estados depresivos. Ello ocurre
cuando hay resignación ante la aparente imposibilidad de vencer los obstáculos
que se presentan en nuestro camino. Otras veces, la reducida autoestima hace
que una persona se torne violenta y descargue su malestar con las personas
cercanas. También puede suceder que comience a “hacer trampas” y busque obtener
éxito a cualquier precio. B. Jernes escribió: “A los
débiles puede alentarlos la victoria, pero a los fuertes los alienta la
derrota”.
Cuando conocemos los
sorprendentes e intrincados procesos que ocurren dentro de una célula, de una
molécula o de un átomo, pensamos en un ente Creador que ha tenido presente
todos los detalles asociados a nuestro cuerpo y a nuestra mente, y que ha
reservado a la vida inteligente un importante papel para desempeñar. Llegar a
una paz verdadera implica elevar nuestros pensamientos cotidianos profundizando
el vínculo que existe entre el hombre y el orden natural.
La misión prioritaria de la
religión, de la filosofía y de las ciencias sociales, consiste en establecer
una ética que actúe como una referencia para nuestra vida. Esto ha de surgir
luego de interpretar la “voluntad de Dios”, o la “voluntad de la naturaleza” o
la “aparente finalidad” del orden natural. Quien propone una ética, observa lo
que el hombre es y lo compara con lo que el hombre debe ser, según el criterio
anterior. Por ello, la humanidad, en conjunto, participa del mismo proceso adaptativo en que lo hace cada uno de nosotros. El filósofo
ha de ser la “conciencia de los pueblos”; una especie de “lazo de
realimentación” que surge, principalmente, en épocas de severa crisis moral.
La discordia ha de estar
favorecida por la elección de metas equivocadas. La pacificación estará
favorecida por la adopción de metas comunes a todos los hombres. La paz
cristiana es posible.