1 ANTROPOLOGÍA Y CULTURA
La supervivencia del hombre está asociada a su herencia cultural. Si
ignorásemos, por ejemplo, los últimos adelantos de la medicina, seguramente descendería
nuestro tiempo promedio de vida. Ralph Linton escribió: “Sin la presencia de la cultura, que
conserva las conquistas anteriores y forja a la generación que sigue…el homo sapiens no sería más que un primate antropoide de
Cada acción humana surge desde
nuestra estructura biológica, producto de millones de años de evolución, y
también de nuestra esencia cultural, que se ha ido formando desde la aparición
de los primeros seres humanos. Así como los organismos vivientes están regidos
por leyes naturales, el hombre establece acuerdos, tácitos o explícitos, que
permiten el surgimiento de un ordenamiento social. Si no se establecieran esos
acuerdos, o no se los cumpliera, la integridad social se debilitaría. William
James escribió: “Un organismo es lo que es, porque cada miembro cumple con su
deber, confiado en que los demás van a cumplir también con el suyo. A base de
esta condición, existe un gobierno, un ejército, un sistema comercial, un
barco, un colegio o un equipo atlético: sin ella, no sólo no se logra nada,
sino que ni se intenta siquiera” (Citado en ”El
estudio de la humanidad” de Stuart Chase).
Puede considerarse a la
cultura como una respuesta que la sociedad da al nuevo conocimiento adquirido,
mientras que la antropología estudia la forma en que surge la cultura. La
información aportada por un individuo puede comunicarse al resto de los hombres
y mantenerse a través del tiempo para ser transmitida a las generaciones
futuras. De ahí que la antropología se ocupe de temas tales como organización
social, derecho, religión, raza, lenguaje, moral, arte, etc. Si bien estos
temas también son estudiados por la sociología y otras ciencias sociales, el
enfoque antropológico apunta a describir las etapas del surgimiento de la
cultura en los distintos pueblos y las comparaciones que pueden establecerse. R.R. Marett escribió: “La
antropología es la historia total del hombre, animado y penetrado por la idea
de la evolución. El hombre en evolución –tal es, en toda su vastedad- el objeto
de
El punto de partida, hace unos
50.000 años, es la época en que el hombre llega a un estado evolutivo similar
al del hombre actual, en cuanto a su estructura biológica, pero con un mínimo
nivel cultural. Para facilitar la descripción podemos suponer que ese hombre es
biológico en un 100% y culto al 0%, por cuanto nada tiene para heredar. El
punto de llegada, como una tendencia posible, ha de ser el hombre culto, o
espiritual, que habrá podido incorporar a sus pensamientos cotidianos gran
parte de la información adquirida por las sucesivas generaciones humanas. De
ahí que este hombre del futuro será biológico en un 10% y culto en un 90%, por
decir alguna cifra. Los porcentajes estimados se refieren a la información
asociada a la herencia genética, en un caso, y a la adquirida por la humanidad,
acumulada a través de todas las épocas, en el otro caso.
Un aspecto notable de la
influencia que la ciencia tiene sobre la humanidad es el cambio que produce en
la visión que en cada época nos formamos del mundo. Antes se pensaba que el
hombre era un ser viviente ya formado en una etapa previa, mientras que ahora
vemos que debemos construirnos a nosotros mismos, como una tarea inesperada.
Podemos decir que el Creador nos ha hecho partícipes de su obra. Nuestra
evolución cultural es una actividad prevista por la naturaleza, y no una
intromisión del hombre en el plan asociado al orden natural.
El hombre surge luego de
sucesivas mutaciones genéticas, cuyos resultados fueron seleccionados mediante
el proceso de prueba y error (selección natural). En una forma similar aparecen
los distintos cambios culturales y científicos. La cultura adoptada por cada
pueblo es la más adecuada a la sociedad, o la que mejor parece serlo. Ante la
innovación, se estiman los posibles efectos, o bien se considera lo que ocurrió
en otros pueblos en similares circunstancias.
El espíritu de cambio, que
tiende a rechazar parcialmente al pasado, puede servir tanto para mejorar como
para empeorar el nivel cultural de una sociedad. Si se busca el cambio por el
cambio mismo, sólo se buscará contradecir todo lo anterior. Tanto el innovador
como el reaccionario tratan de imponer cambios en la estructura social. Al
principio no son descubiertos como tales, ya que el tiempo será el que logrará
darles su verdadera importancia. Son como “mutaciones sociales” que pueden
tanto favorecer como perjudicar al organismo social.
Los distintos intentos
culturales que se suceden a través del tiempo, hacen creer a muchos que es
legítimo cierto relativismo cultural por cuanto no existiría una cultura
objetiva, especialmente en cuestiones éticas, dando lugar al relativismo moral.
No debemos olvidar que los distintos ensayos morales sólo son distintos
intentos por lograr el método óptimo para nuestra plena adaptación al orden
natural.
El progreso humano debe estar
asociado a la evolución cultural. De ahí que no sea meritorio poseer una
cultura distinta a la de los demás pueblos en busca de una supuesta identidad
cultural, sino que el mérito ha de consistir en poder lograr que nuestros
aportes lleguen a ser, alguna vez, patrimonio de toda la humanidad, tal como lo
fue el derecho romano, la filosofía griega, la ciencia europea, etc. Los
pueblos que sólo se enorgullecen por el idioma que poseen, o por su arte, o por
las costumbres que los caracterizan, sin hacer aportes a la cultura universal,
nos hacen recordar a quienes buscan destacarse exclusivamente por su origen
social o por algún rasgo étnico heredado.
El hombre que desconoce su
esencia cultural, no busca la “felicidad espiritual” sino la “felicidad
biológica”. De ahí surgen los excesos que llevan a separar lo sexual de todo
vínculo afectivo; la búsqueda del lujo, mediante el cual el hombre rinde culto
a su propio cuerpo, o el poder material buscado para que los demás rindan culto
a su persona. Tal biologismo se ve estimulado por los
medios masivos de comunicación, que parecen ser el cerebro de una sociedad sin
alma.
Mientras que la eternidad es
reclamada por el individuo que encuentra breve y desdichada su propia vida,
otros parecen aceptar que les sobran años por cuanto no saben qué hacer con el
tiempo disponible. Parecieran desconocer la esencia cultural del hombre, ya que
sólo utilizan sus aptitudes intelectuales para satisfacer los aspectos
materiales necesarios para la supervivencia cotidiana.
Los animales pueden luchar por
su existencia por estar dotados de información genética suficiente, que será
transmitida a sus descendientes. El hombre, a través de la cultura, no sólo
debe tratar de mantener su existencia, sino a perpetuarla. Muchos conflictos
aparecen cuando tratamos de trascender individualmente, mientras que no habría
conflictos si intentásemos trascender como partes de toda la humanidad. De esa
forma, cada aporte individual llevaría una finalidad social.
La tendencia a imponer las
propias creencias y costumbres culturales, ha sido una de las causas de muchos
conflictos a lo largo de la historia. En realidad, muchas veces ha sido un
pretexto para lograr dominio sobre otros hombres y la posesión de sus bienes.
La historia de la humanidad no debería escribirse a partir de las luchas por el
poder, o de los intentos por conquistarlo. Por el contrario, debería
enfatizarse la forma en que se va logrando la gradual adaptación cultural al
orden natural. De ahí que el interés debería recaer en la historia de la
ciencia, de la filosofía, del arte, de la técnica, de la religión, etc.
Pierre Teilhard
de Chardin identifica la evolución cultural con la
aparición del hombre espiritual, como la última etapa del proceso evolutivo. Le
da una interpretación religiosa a un hecho surgido en el ámbito de la ciencia.
La biosfera (base biológica) será la fuente y el soporte de la noosfera
(realización cultural). Las predicciones bíblicas, acerca del futuro, pueden
contemplarse a partir del conocimiento antropológico.
Las ideas religiosas
evolucionan desde la supuesta existencia de dioses especializados, a quienes se
les rendían homenajes para que sus decisiones fueran favorables a los hombres,
hasta un Dios único que espera del hombre un comportamiento ético adecuado.
Finalmente, la religión natural queda como la última alternativa para lograr la
unión definitiva de pueblos y culturas diversas. Teilhard
de Chardin denomina a esta etapa como el “punto
omega”, una “mutación social” identificada con la parusía (presencia) de las
profecías mencionadas.
La evolución cultural ha de
ser el punto de partida de varias ideas filosóficas. Puede considerarse a la
filosofía como el complemento esencial de la ciencia. Así, las leyes naturales
abarcan varios fenómenos descriptos, pero, a partir de ahí, deberán extraerse
conclusiones que no están expresamente definidas en la formulación de dichas
leyes. Es un caso similar al del juez que tiene que interpretar el espíritu de
la ley para adaptarlo a los múltiples casos que no han podido contemplarse por
razones prácticas.
Si el hombre va adquiriendo
información respecto del orden natural, implica que progresa tanto en el nivel
de adaptación como en el grado de consciencia que
tiene respecto de su inserción en el mundo. Refiriéndose al pensamiento de F. Schelling, Bryan Magee escribió: “La vida es una creación de la naturaleza,
la cual en su día sí que fue un mundo de materia inerte. La naturaleza aparece
como el conjunto de la realidad, que se encuentra en perpetua evolución. De
este modo, si al principio no había nada más que materia muerta, en un momento
dado aparece la vida”. “El hombre forma parte de la naturaleza, por lo que la
creatividad humana es una parte de la productividad de la naturaleza. Con el
hombre, la naturaleza ha alcanzado la autoconsciencia”
( De “Historia de
La vida de cada individuo se
ha de tornar más significativa en cuanto seamos conscientes del proceso del que
formamos parte. De esa manera cada hombre se sentirá liberado de la necesidad
de perdurar en forma individual, sin descartar tampoco esa posibilidad. Baruch de Spinoza escribió: “El
amor hacia las cosas eternas e infinitas es lo único que alimenta la mente con
un placer libre de toda aflicción. El mayor bien es el conocimiento de la unión
que el espíritu tiene con toda la naturaleza” (Citado en “Historia de
Si las leyes naturales que
rigen a la sociedad fuesen accesibles e inmediatas, posiblemente hubiésemos
logrado un progreso permanente. En cambio, la humanidad pasa por etapas de
ascenso, estabilidad y decadencia. La asincronía entre las ciencias exactas y
las sociales nos ha llevado a un paso de nuestra autodestrucción, y ello se
debe a que todavía no disponemos de una visión unificada del hombre y de su
inserción en el mundo real.
El cambio social no debe
buscarse prioritariamente en el cambio económico o tecnológico, sino en el
cambio cultural, que es el incremento de información útil que debe predominar
en la mente de cada hombre. El sentido de la vida ha de estar asociado al
aporte cultural, a su difusión y a su asimilación. Todo apunta al predominio de
la actitud culta y solidaria sobre la actitud biológica y competitiva; cuando
sea habitual compartir las penas y las alegrías de los demás antes que ser indiferentes
a lo que les pueda suceder.
Tanto la solución liberal como
la marxista, propuestas para los problemas actuales, implican acciones dentro
del marco biológico, mientras que el cristianismo propone resolver los
problemas humanos en el plano cultural. De ahí que no es sólo una religión que
contemple el futuro a partir de las profecías establecidas, sino a partir de lo
que indica el propio orden natural.
2 BIOLOGÍA Y CULTURA
Las decisiones humanas son una consecuencia de la suma de herencia e
influencia. La distinción entre biología y cultura viene asociada,
respectivamente, a la herencia genética y a la influencia social. Nuestra
estructura cerebral es un producto de la evolución biológica, mientras que la
información por ella procesada es un producto de la evolución cultural. Al
considerarse aspectos concretos tales como el cerebro y la información, deja de
tener sentido práctico la antigua discusión acerca de la unidad, o no, del
cuerpo y de la mente.
La evolución biológica y la
interacción cuerpo-mente son aspectos decisivos a favor de la postura que
supone la existencia de una substancia única. La
aceptación de la unidad del cuerpo y de la mente parece ser un requisito previo
a la unificación entre ciencia y religión. Ello implica que lo verdadero en
religión ha de ser verdadero en la ciencia, y viceversa.
Así como tenemos preferencia
por los alimentos naturales en lugar de los envasados, nos parece más seguro lo
de Dios (lo biológico) que lo del hombre (lo cultural). J.J.
Rouseau afirmaba que el ser humano nace bueno, pero
se corrompe a medida que la sociedad lo contamina. Pero no debemos olvidar que
la evolución cultural, y la adaptación al orden natural, asociada a la vida
inteligente, toma como referencia la tendencia y la finalidad impuesta por la
evolución biológica y la adaptación respectiva.
El comportamiento ético se
acentúa cuando el individuo prioriza lo cultural sobre lo biológico. De lo
contrario, no tiene sentido cualquier sugerencia al respecto. De ahí que toda
situación de crisis social proviene, en última instancia, del predominio de los
aspectos biológicos sobre los culturales.
La biología dio un paso
adelante cuando el naturalista Carl Linneo propuso una denominación universal, a través de
palabras latinas, para el reconocimiento de las distintas especies y variedades
animales y vegetales. En forma algo similar, algunos filósofos que integraban
el Círculo de Viena, propusieron suprimir en la filosofía a los pseudoproblemas que sólo serían combinaciones lógicas de
palabras sin significado concreto.
Nuestra estructura cerebral y
la información en ella grabada, constituyen la base concreta a partir de la
cual deberemos realizar los distintos razonamientos. En cambio, si partimos de
conceptos definidos con palabras de distinto significado para cada persona, el
pensamiento filosófico se desvincula del pensamiento científico y no podrá
incorporarse al pensamiento social o colectivo.
La evolución cultural del
hombre no es otra cosa que un sistema realimentado que tiende hacia alguna
finalidad. La vida inteligente adquiere información acerca del orden natural y
busca adaptarse al mismo modificando sus creencias y sus propias actitudes
personales. De ahí que la religión tiene sentido, no sólo en la imagen de un mundo
“teledirigido”, sino en la imagen de un mundo “autoorganizado”. Esta última
postura es compatible con la ciencia experimental.
El lazo de realimentación,
constituido por los “buscadores de la verdad”, es el conjunto de hombres que
buscan reproducir en sus propias mentes al orden natural existente. Desde este
punto de vista, no existe diferencia esencial entre ciencia, filosofía y
religión, sino que tan sólo existe una “división del trabajo” que tiende hacia
actividades intelectuales especializadas.
La “solución” adoptada por las
distintas posturas consiste, principalmente, en suprimir a sus adversarios.
Así, desde cada religión se ignora a las demás, o se supone que la ciencia tan
sólo debería dedicarse al mundo material. Otros suponen que las distintas
posturas religiosas son equivalentes, ya que constituyen algo que no debería
tomarse muy en serio. También desde la ciencia algunos suponen que la religión
es pura superstición y que desaparecerá con el tiempo. La idea que sugiere la
existencia de un proceso autoorganizado es la que permite compatibilizar a la
ciencia con la religión. Esta es la convergencia que Teilhard
de Chardin denominó “punto Omega”, denominación que,
seguramente, proviene de la visión apocalíptica en la que Cristo dice; “Yo soy
el Alfa y el Omega; el que es, el que era, el que viene”, Además, denomina
“biosfera” a la vida y “noosfera” al espíritu, y afirma que la materia es la
matriz del espíritu. La evolución biológica sólo requiere tiempo, mientras que
la evolución cultural requiere de nuestra habilidad adaptativa. Así, la conversión religiosa puede
interpretarse como un cambio desde lo biológico a lo cultural.
Es notoria la diferencia
existente entre el hombre culto y el hombre biológico. Uno busca información
acerca del mundo que le rodea; el otro sólo valora lo que favorece su
bienestar. Se atribuye al astrónomo Nicolás Copérnico
la siguiente expresión: “Lo que agrada a la muchedumbre, yo no lo comprendo; lo
que yo comprendo, no agrada a la muchedumbre. Hay un abismo entre nosotros”.
Existen problemas sin solución
dentro de cierto ámbito pero, al llevarlos a otros ámbitos, aparecen las
soluciones. El problema de cada individuo, y de la humanidad, se soluciona
pasando desde el nivel biológico al cultural. También los problemas económicos
resultan insolubles dentro de la economía, pero adquieren solución en el nivel
cultural.
Las clases sociales se forman,
a veces, por el descenso de los que se autodiscriminan
antes que por el ascenso de los demás. José Ortega y Gasset
escribió: “Y es indudable que la división más radical que cabe hacer en la
humanidad es esta en dos clases de criaturas: las que se exigen mucho y
acumulan sobre sí mismas dificultades y deberes, y las que no se exigen nada
especial, sino que para ellas vivir es ser en cada instante lo que ya son, sin
esfuerzo de perfección sobre sí mismas, boyas que van a la deriva” (De “La
rebelión de las masas”).
El hombre biológico no sólo se
caracteriza porque no intenta cambiar su condición de tal, sino que trata de
imponer su postura a la sociedad. Este es, justamente, el fenómeno descripto por Ortega y Gasset. Durante el siglo XX se da el auge de tales
movimientos (fascismo, nazismo, comunismo, peronismo, etc.). En todos los casos
apuntaron hacia el dominio del Estado como medio para el posterior dominio de
la sociedad.
Los agitadores de masas
promueven el totalitarismo. Siempre logran adeptos porque prometen el bienestar
y la seguridad “cambiando el sistema”, sin que el individuo cambie en lo más
mínimo. Karl Marx parece
tratar de solucionar los problemas sociales dentro del aspecto biológico.
Observa distintas clases sociales y describe la situación considerando que son
especies rivales en la lucha por la subsistencia y por el poder. En realidad,
promueve la lucha para que quede una clase social única. El cambio violento que
propone para lograr la “solución” siempre ha hecho dudar acerca de las
verdaderas intenciones que motivaron su accionar.
Lo que anteriormente distinguía
la filosofía y la religión de las ciencias humanistas, es que éstas describían
lo que el hombre es, mientras que aquéllas trataban de buscar lo que el hombre
debe ser. En la actualidad, la propia ciencia se cuestiona acerca de lo que el
hombre debe ser.
Soren
Kierkegaard escribe sobre las dos dimensiones del
hombre: lo ético y lo estético, que también pueden identificarse con lo
cultural y lo biológico, respectivamente. De todas formas, no significa que lo
estético sea algo malo en sí mismo: lo que resulta inadecuado es el predominio
de lo estético sobre lo ético. Uno de sus libros se titula “Lo uno o lo otro”
refiriéndose a ambos aspectos mencionados. El título nos sugiere la elección
más importante que debemos realizar a lo largo de nuestra vida, ya que implica,
a la larga, la elección entre la felicidad y el sufrimiento.
3 INTELECTUALISMO Y
CONTRACULTURA
Los intelectuales constituyen un conjunto de hombres que elaboran ideas
que han de influir en el resto de la sociedad. Cada nación tendrá su propia
“clase intelectual”, como una subclase de la intelectualidad universal. Incluso
pareciera que una nación ha de caracterizarse por las ideas que sus intelectuales han llevado a un lugar
predominante, o que la propia sociedad ha permitido que lleguen.
La intelectualidad de los
antiguos hebreos proviene de la religión y estuvo constituida por los profetas.
Cuando se habla de
intelectualidad, se hace referencia a un conjunto de pensadores. En ese
conjunto, cada uno se informa de lo que hace la mayoría, por medios de los
libros, y así recibe su influencia. El pensamiento es un proceso estrictamente
individual en el que el hombre se coloca frente a la realidad tratando de
comprenderla. Ya se ha superado la actitud individualista de Girard Desargues, el matemático
creador de la geometría proyectiva (siglo XVII) quien se jactaba de realizar
sus trabajos sin leer los libros que hacían los demás.
En filosofía y en ciencia, ser
un autodidacta presenta ventajas y también desventajas. Como ventaja puede
mencionarse que un individuo no tendrá que luchar contra ideas preconcebidas, o
inculcadas. Como desventaja, especialmente en el ámbito de la ciencia, se
observa que perderá tiempo al tener que
redescubrir lo que ya se ha descubierto. Como ejemplo de autodidacta puede
mencionarse al matemático hindú Srinivasa Ramanujan (1887-1920), quien sorprendía tanto por “sus
conocimientos como por sus desconocimientos”. Al no asistir a la universidad,
ignora temas elementales, redescubre teoremas ya hechos y hace aportes
originales en gran cantidad y calidad. Richard Askey
comentó: “El trabajo de ese año, mientras se estaba muriendo, era equivalente a
una vida entera de trabajo de un matemático muy grande. Lo que él consiguió,
era increíble. Si fuera una novela, nadie la creería” (Citado en “Hiperespacio” de Michio Kaku).
El ideal del intelectual puede
identificarse con las palabras que Humayun Kabir dedica al escritor Rabindranath
Tagore: “La función del genio es la de hallar la
expresión de las emociones e ideas que vivifican el espíritu inconsciente y
subconsciente de la colectividad. Entre el genio y el pueblo se establece un
vínculo, lo cual explica la admiración y el asombro con que se le acoge,
pasando los primeros instantes de sorpresa. Sus palabras y sus actos encarnan
sentimientos y aspiraciones vagamente sentidos que nunca pudieron manifestarse
antes. Al genio también le favorece esa relación: su fuerza y energía derivan
precisamente de los sentimientos inexpresados y de las vagas aspiraciones que
abriga la mente del hombre común” (De
La cultura está asociada al
conocimiento universal que sigue, históricamente, la secuencia
religión-filosofía-ciencia, tal como ocurre en el caso de la intelectualidad
dominante en las distintas épocas. El físico Richard Feynman
escribió: “Por último, permítaseme agregar que la intención principal de mis
clases no ha sido prepararlos para un examen –tampoco prepararlos para trabajar
en la industria o en las fuerzas armadas. El propósito mayor ha sido hacerles
apreciar lo maravilloso que es el mundo y cómo lo encara el físico, porque creo
sinceramente que esto constituye una gran parte de la verdadera cultura de los
tiempos modernos (hay profesores de otras materias que probablemente lo
objetarán, pero en mi opinión están completamente equivocados). Tal vez ustedes
no sólo hayan llegado a la valoración de este aspecto de la cultura; quizás
quieran participar también en la aventura más grandiosa que jamás haya
emprendido la mente humana” (Del epílogo
de “Lecciones de Física”).
La expresión anterior surge de
alguien que asocia la cultura al conocimiento universal, mientras que también
existen quienes denominan “hombre culto” sólo al que conoce o ha leído los
clásicos de la literatura y de la filosofía. Esta postura surge, generalmente,
de quien pretende estar en la “cima del conocimiento”. Stephen
Jay Gould escribió: “El Nobel británico Peter Medawar, un científico de educación humanista y clásica,
decía que no era justo que un científico que conocía poco el arte y la música
fuera considerado entre la gente de letras como un imbécil y un filisteo,
mientras que ellos no se sentían en absoluto obligados a conocer la ciencia
para considerarse cultos” (De “La tercera cultura”, editado por John Brockman).
Existe una definición de
“cultura” que ignora completamente al conocimiento. Mediante tal definición se
supone que toda realización humana forma parte de la cultura de una región o de
un pueblo. Jorge Bosch escribió: “Porque para los
antropólogos todas las relaciones sociales que no se derivan directamente del patrimonio
genético poseen carácter cultural; todas, independientemente de cualquier
sistema de valores. Desde el punto de vista antropológico, son rasgos
culturales las ceremonias de casamiento y las formas de delincuencia, las
honras fúnebres y las estafas. Las modalidades del trabajo y los métodos de
corrupción de las conciencias” (De “Cultura y contracultura”.
De la misma forma en que el
cinismo es favorecido por la idea del relativismo moral, el cual nos exime de
todo trabajo de mejoramiento individual, la contracultura será favorecida por
el relativismo cultural, que nos exime de todo trabajo por lograr un
mejoramiento intelectual.
La cultura, asociada al
conocimiento universal, es una fuerza unificadora de pueblos y naciones,
mientras que las “culturas” regionales, promueven fuerzas de disolución. Ello
puede comprobarse a través de los antagonismos étnicos y religiosos que se
mantienen en gran parte del planeta, mientras que la comunidad de científicos
forma “una clase universal” que los hace sentir “ciudadanos del mundo”.
La contracultura es la
tendencia a reemplazar al conocimiento acumulado durante milenios, por ideas
que orientan hacia “ninguna parte”. Una de esas ideas es la “revolución”,
mediante la cual se busca la solución de los problemas por métodos violentos.
Jorge Bosch escribió: “Las personas auténticamente
interesadas en la cultura pero que ceden a la presión del snobismo
revolucionario, no advierten que están ayudando a preparar el sacrificio en el
cual ellas mismas serán víctimas propiciatorias”.
Para entender los variados
aspectos asociados a la contracultura, debemos considerar la actitud básica de
los revolucionarios. Parecen estar sometidos a un complejo de persecución y ven
en todos los vínculos sociales la relación dominante-dominado. Así, en la
economía sólo existirán explotadores y explotados. En las comunicaciones
consideran que el que emite información es el productivo y creativo, mientras
que el que la recibe es el pasivo y consumista. Para impedir que existan “consumistas”,
sugieren actividades creativas aunque sean de pobrísima calidad.
Un aspecto sorprendente se da
en las sugerencias pedagógicas; se busca la actitud creativa antes que la
actitud cognoscitiva. Se trata de rechazar las ideas “prefabricadas”, mientras
que la educación tradicional se basa en la habilidad del docente para
transmitir sus propios conocimientos de la mejor forma posible. Jorge Bosch escribió: “Parte de este snobismo consiste en
fomentar hasta la insensatez la ´creatividad´ de
cualquier cosa, la ´expresión personal´
de cualquier tontería”. “Se les pide (a los docentes) que se limiten a ´estimular´ a los
alumnos para que éstos planteen y resuelvan problemas, como si todo fuera
cuestión de resolver problemas, como si no se necesitara partir de una base
firme de conocimientos, como si no se necesitara el contacto directo con las
grandes obras de la cultura”. “La relación dominante-dominado se usa (en forma
sumaria, naturalmente) para socavar todo tipo de autoridad, aún la más legítima
y saludable. Para ello se cuenta con la colaboración de un grueso sofisma, que
consiste simplemente en identificar autoridad con autoritarismo” (De “Cultura y
contracultura”).
El relativismo moral supone
que no existe el Bien ni el Mal en un sentido objetivo, que sea independiente
de las opiniones y de los gustos humanos. El relativismo cultural supone que no
existe una verdad objetiva, sino que, en cuestiones humanas, la verdad
dependerá de la época y del lugar, y será una verdad relativa. Sin un Bien y una
verdad por alcanzar, no existirá un sentido objetivo de la vida, ni metas
comunes a todos los hombres.
Existe un factor
contracultural de primer nivel, y es la televisión pública. Se ha convertido en
corruptora de menores, ya que se trata de que los niños y los adolescentes
tenga en cuenta a la homosexualidad como una “variante normal” de la
sexualidad. De esa forma se favorece el cambio del género natural, es decir, se
favorece la degeneración.
Alguien dirá que uno tiene la
posibilidad de cambiar de programa o de apagar el televisor. Con esta
mentalidad, a alguien se le ocurrirá arrojar piedras en una calle concurrida y
pedirá, a quien no desee recibir una pedrada, que se cambie de calle. Así como
existen lugares públicos que debemos respetar, existe un conocimiento público
que también debemos respetar. Si no nos parece bien que alguien utilice la
violencia material y destruya una plaza, o un edificio público, tampoco
deberíamos aceptar que alguien tienda a destruir la cultura milenaria que tanto
esfuerzo ha costado.
Los que adhieren al
relativismo moral y cultural sólo responden, respecto de los contenidos de los
programas televisivos, diciendo que “unos están de acuerdo y otros no” y que
“nadie es el dueño de la verdad”. De la misma forma en que la televisión
produce un avasallamiento de la privacidad y de la dignidad de las personas, en
la calle existe una actitud similar respecto de la propiedad privada y de la
seguridad personal. Los ladrones y asaltantes manifiestan que roban “porque ese
es su trabajo”, que es una respuesta casi similar a la que puede dar un medio
televisivo.
4 CULTURA Y ADAPTACIÓN
El orden natural está estructurado a partir de las partículas
subatómicas. Con ellas se forman los átomos, con los que se hacen las moléculas,
luego las células, organismos, etc.,en
una complejidad creciente. La secuencia culmina con la aparición de la vida
inteligente, que constituye el aparente sentido del universo, como una
tendencia hacia cierto objetivo. Es también la aparente voluntad del Creador,
implícita en las leyes eternas e invariables que gobiernan todo lo existente.
Encontrar un sentido al universo es encontrar un sentido a la humanidad y un
sentido a la vida de cada hombre, ya que el vacío existencial en el individuo
generalmente se proyecta como un vacío ideológico en la sociedad.
Los hombres tratamos de
reproducir en nuestra mente al mundo real buscando mejores niveles de
adaptación. Nuestra aptitud para habitar al planeta es una consecuencia de la
evolución biológica (proceso compartido con los demás seres vivientes) y de la
evolución cultural (que proviene de nuestra inteligencia); de ahí que la
palabra “cultura” la asociaremos a “conocimiento universal”. El conocimiento
nos lleva a ser conscientes de la existencia del orden natural y a ver la
realidad “bajo una perspectiva de eternidad”, como expresara Baruch de Spinoza, de donde surge
el sentimiento religioso que nos hace buscar la armonía entre nuestra vida y
las leyes eternas establecidas.
El hombre es un ser viviente
relativamente nuevo, por lo que estamos transitando etapas de sufrimiento
generalizado, siendo un indicio de que todavía somos pocos aptos para la vida
en sociedad. La adaptación más difícil de lograr es la que debe existir entre
los propios seres humanos. El problema perdura porque las actuales “culturas”
no se basan en el conocimiento universal, sino en variadas tradiciones de
grupos que buscan trascender a través de las diferencias en vez de hacerlo a
través de nuestras realizaciones comunes. Para que desaparezca el sufrimiento,
no hacen falta las poco comunes virtudes altruistas, sino tan sólo un mínimo de
sentido común (el menos común de los sentidos) que nos ha de permitir reconocer
en el Bien simultáneo la clave del éxito de todos.
Cuando predomina nuestra
esencia biológica, predomina la competencia (odio, egoísmo), mientras que el
predominio de nuestra esencia cultural llevará a la felicidad compartida
(amor). La esencia biológica está asociada a las pasiones, mientras que la
esencia cultural está asociada al razonamiento. Así como el individuo actúa por
herencia y por influencia, la humanidad hereda caracteres genéticos y también
culturales, siendo el hombre un partícipe activo en el proceso formativo de la
humanidad.
La evolución de nuestro
cerebro es el despertar de la autoconciencia del universo. Como producto de la
evolución biológica, el cerebro está constituido de la misma esencia que todas
las demás cosas y está regido por leyes naturales invariantes, lo que permite
describir los fenómenos del individuo y de la sociedad con el mismo método
científico que tan buenos resultados ha dado en otros ámbitos del conocimiento.
La verdad es el punto culminante de la autoconciencia y el punto de encuentro
de las distintas opiniones.
Podemos decir que existe una
cultura universal, y no varias culturas sectoriales. Por el contrario, cuando
se habla de aspectos culturales que son el origen de conflictos entre pueblos,
en realidad se trata de subculturas que alejan al
hombre de la tendencia impuesta por el propio orden natural. Así, los aztecas
realizaban diariamente el sacrifico de una vida humana como un pedido para que
ese día saliera el Sol. Cuando se intentó cristianizar a ese pueblo, no se
intentó destruir su “cultura”, sino que se trató de ofrecerles parte de la
cultura universal. Esta interpretación optimista de la historia americana puede
no corresponder a toda la verdad, ya que el “espíritu inquisidor” que
prevaleció en la conquista de América desvirtuó totalmente la esencia del cristianismo.
La ciencia experimental nos
ofrece fundamentos para una cultura científica, ya que da conocimientos
bastante confiables. También nos ofrece criterios para valorar las antiguas
creencias e ideologías religiosas y filosóficas, lo que conduce a una posible
unificación. Los conflictos humanos surgen de la frecuente actitud de ignorar
las leyes naturales tratando de imponer creencias particulares en reemplazo de
los hechos. La existencia de cien mil millones de estrellas por cada galaxia y
de cien mil millones de galaxias en el universo, son un signo elocuente de la
diferencia esencial que existe entre el universo y el hombre, en cuanto a las
dimensiones espaciales; lo que nos lleva a sospechar que existe una similar
diferencia en cuanto a la información que el hombre dispone respecto de toda la
información posible. De ahí que no debemos considerar a las opiniones humanas
como referencias directas de la verdad, sino tan sólo indirectas. Blaise Pascal escribió: “Por el espacio el universo me
abarca y me absorbe como un punto: por el pensamiento yo lo comprendo”.
No debemos disociar la cultura
de conceptos tales como el Bien y
La historia de la humanidad
parece consistir en una interminable “lucha por el poder”, ya que pasamos por
una etapa en la que prevalece la evolución biológica. El gobierno del hombre
sobre el hombre alguna vez se manifestó mediante la muerte del bando perdedor,
luego de una lucha. La esclavitud fue una mejora respecto de la muerte. La
servidumbre medieval fue una mejora respecto de la esclavitud. También hoy, en
nombre de la religión, existe un gobierno mental del hombre sobre el hombre,
que puede ser tan perjudicial como los anteriores.
La identidad cultural de los
pueblos debe lograrse mediante aportes realizados al conocimiento universal.
Así, Roma se caracterizó por el derecho y la tecnología, mientras que Grecia lo
hizo con la ciencia y la filosofía. La progresiva identidad cultural se logrará
al acercarnos al conocimiento universal. De esa manera, las distintas
identidades culturales convergerán hacia la unidad de los pueblos.
Históricamente, los pueblos más exitosos han sido los que han aceptado aportes
y conocimientos de otros pueblos.
Acerca de cómo eliminar las
guerras, la corrupción, el sufrimiento, etc., debemos pensar que son efectos de
una causa más profunda: las ideologías implícitas y explícitas que desconocen
la ley natural. De ahí que el Reino de Dios, anunciado por Cristo, e
interpretado como la adaptación cultural al orden natural, será el objetivo a
lograr. El sentimiento religioso, que une al individuo con el universo, es una
consecuencia inmediata del razonamiento basado en el conocimiento. Pierre Teilhard de Chardin escribió:
“Ser más es unirse más”.
5 DEPENDENCIA Y CULTURA
Al existir países con un elevado
nivel económico y también países con uno reducido, la descripción inmediata,
acerca de las causas que producen este desequilibrio, consiste en suponer que
los países desarrollados son los culpables directos de esa situación. Esta
descripción se conoce como la “teoría de la dependencia”. La realidad,
posiblemente, consista en una culpabilidad compartida, en distintas
proporciones según los casos.
Quienes culpan a los demás por
todos los males que padecen, poseen la fórmula infalible para el fracaso,
porque jamás buscan conocer sus propios errores para lograr así su posterior
fortalecimiento. Desde un punto de vista práctico podemos decir que no tiene
sentido medir el “grado de maldad” real del país supuestamente opresor. Por el
contrario, conviene suponer que es mucho peor de lo que en realidad es. De esa
manera, el país débil se hace consciente de que no tiene margen para cometer
nuevos errores, y así podrá afrontar mejor el futuro.
Algunos justifican el
desinterés de la sociedad por adquirir conocimientos (lo que se hace notorio en
el bajo nivel de los alumnos secundarios) en el “interés de los países
poderosos” de que los alumnos no estudien. Muchos profesores tienen un nivel de
conocimientos similar al de veinte años atrás, mientras que muy pocos se
dedican a realizar alguna investigación. En la dependencia justifican la
inacción, la incapacidad, la vagancia. Quienes no compartimos la teoría de la
dependencia tratamos de investigar, de saber más, de trabajar, porque buscamos
valorar nuestra vida. Si supiéramos que alguien está interesado en que ello no
ocurra, tendríamos un motivo más para continuar con nuestra acción cotidiana.
Las relaciones entre los
países se parecen, en parte, a las relaciones entre las personas. De ahí que
existen países históricamente “amigos”, o aliados, “enemigos”, o rivales,
“dominantes”, o imperialistas, etc. La diferencia esencial en esta analogía
radica en que los países cambian de actitud cuando cambian los gobiernos
respectivos. No son los mismos
Hace algunos años, los países
tendían a agruparse en dos sectores: los que adherían al capitalismo privado (liberalismo),
liderados por los EEUU, y los que adherían al capitalismo estatal (socialismo),
liderados por la ex –URSS. La rivalidad fue desapareciendo en cuanto se
admitieron las ventajas de la primera forma de producción. A partir de la
globalización económica, favorecida por la tecnología y las comunicaciones, han
comenzado a surgir grupos con una identidad cultural común, especialmente
religiosa. Es una tendencia a no “caer en el anonimato”. Sanuel
Huntington escribió: “Las pretensiones universalistas
de Occidente le hacen entrar cada vez más en conflicto con otras
civilizaciones, de forma más grave con el Islam y China” (De “El choque de
civilizaciones”).
Luego del atentado a las
torres de New York, pudo
comprobarse una inusitada alegría en muchos países al observar el sufrimiento
de miles de víctimas inocentes. New York siempre fue una puerta abierta a las personas que en
sus propios países no tenían trabajo ni esperanzas. Justamente, el poderío
económico de EEUU, cuyas empresas dominan el 40% de la economía mundial, está
asociado a la asimilación de muchos extranjeros. Al igual que en el antiguo
Imperio Romano, quien acepta la pluralidad de razas, creencias y culturas, se
beneficia con ello. Por el contrario, el fanatismo excluyente e intolerante tan
sólo busca destruir lo distinto a sus creencias. También es posible que, al
igual que Roma, los EEUU busquen beneficios unilaterales favoreciendo su propio
desprestigio y su propia decadencia.
Los excesivos gastos militares
de los grandes imperios recaen sobre sectores de la población cada vez más
numerosos. Es posible que la caída del Imperio Romano haya sido favorecida por
este aspecto. En la ex –URSS, los elevados gastos militares terminan con el
imperio soviético. Los EEUU tienden a elevar sus gastos militares favoreciendo
en descontento de muchos sectores.
Generalmente se culpa de todos
los males a
Cuando ocurren atentados
terroristas, se buscan los “autores intelectuales” de la violencia. Las
ideologías violentas casi siempre vienen disfrazadas con frases humanitarias e
idealistas. Hitler prometía maravillas a los
trabajadores del mundo, pero también afirmaba: “Cuando combato al judío,
combato a favor de la obra del Señor”. Perón alertaba: “Por cada uno de los
nuestros, caerán cinco de los otros”. Marx escribe
con Engels: “Por lo cual proclama abiertamente (el
Partido comunista) que sus propósitos no pueden ser alcanzados sino por el
derrumbamiento violento de todo el orden tradicional” (Del “Manifiesto
comunista”). Por otra parte, Mahoma expresa: “La espada es la llave del cielo y
del infierno; todos los que la sacan en defensa de la fe serán recompensados
con beneficios temporales; cada gota de sangre que derramen, cada peligro y
tribulación que padezcan quedarán registrados en lo alto y se les atribuirá más
mérito que al ayuno y a la oración” (Citado en “Mahoma” de W. Irving). Los
judíos mantienen en vigencia la venganza equitativa del “..ojo
por ojo y diente por diente”, que aparece en
El biólogo Francois
Jacob escribió: “No sólo por intereses se matan los hombres entre sí. También
por dogmatismo. Nada hay tan peligroso como la certeza de tener razón. Nada
resulta tan destructivo como la obsesión de una verdad tenida por absoluta.
Todos los crímenes de la historia son consecuencia de algún fanatismo. Todas
las matanzas se han llevado a cabo en nombre de la virtud, de la religión
verdadera, del nacionalismo legítimo, de la política idónea, de la ideología
justa; en pocas palabras, en nombre del combate contra la verdad del otro, del
combate contra Satán”. “Haber contribuido a acabar con la idea de una verdad
intangible y eterna, tal vez sea uno de los logros más importantes de la
ciencia” (De “El juego de lo posible”).
En 1871 se produjo
A Cristo le toca vivir en un
país dependiente del Imperio Romano. Sin embargo, sugiere a cada individuo responder
al orden natural, o a Dios, antes que al “orden artificial” impuesto por otros
hombres. De ahí la expresión “Dad al César lo que es del César y a Dios lo de
Dios”. Unos siglos más tarde, la verdad por él impartida es aceptada por el
propio Imperio Romano. Durante el siglo XX, Gandhi
vive una situación similar y confía en la fuerza del amor y la verdad, y así
logra liberar a
Quienes creen en un Dios que
interviene en los acontecimientos humanos, se preguntan porqué Dios favorece a
algunos pueblos y se olvida de otros. En forma similar, hay quienes se
preguntan porqué el Fondo Monetario Internacional favorece a algunos pueblos y
perjudica a otros. Debemos suponer, además, que quizás existan otros factores
que determinan el éxito o el fracaso de un país. Cuando alguna vez se envió
dinero para hacer resurgir a Alemania, ese dinero fue aprovechado eficazmente.
Cuando va hacia los países
latinoamericanos, la mayor parte termina en patrimonios particulares y el país
respectivo debe afrontar una enorme deuda. De todas formas, el FMI tiene la
misión de ayudar a los países que no pueden pagar sus abultadas deudas
contraídas especialmente con bancos internacionales.
En
Mientras que en los países
adelantados promueven en cada adolescente su pronta capacitación para ganarse
la vida, en
La globalización, como un
mercado mundial único, requiere de un nivel tecnológico comparable entre
empresas y países. De lo contrario, los más eficaces eliminarán a los demás.
Toda adaptación requiere tiempo; de ahí que la total apertura de las fronteras
puede ocasionar graves problemas a un corto e, incluso, a un largo plazo; si
bien hay quienes suponen que la pobreza y el hambre son un justo castigo para
los pueblos que no supieron desarrollar economías competitivas.
Se comenta que cierta vez se
encuentran dos hombres: uno proviene de un país imperialista y el otro de un
país dependiente. El primero se jacta diciendo: “Nosotros luchamos por el honor
y la gloria, mientras que ustedes tan sólo luchan por la comida”, a lo que recibió
como respuesta: “Cada uno lucha por aquello que más le hace falta”.
La verdad siempre se enfrenta
con el poder temporal. A la larga vence la primera, mientras que los imperios
sólo pasan a la historia como ejemplos de las debilidades humanas. Debemos considerar el ejemplo de Cristo y el
de Gandhi, porque sólo ellos tenían “sentido
práctico”.