6 EL TEMPLO DE LA CIENCIA
Albert Einstein escribió: “Algunos hombres se
dedican a la ciencia, pero no todos los hacen por amor a la ciencia misma. Hay
algunos que entran en su templo porque se les ofrece la oportunidad de
desplegar sus talentos particulares. Para esta clase de hombres la ciencia es una especie de deporte en cuya práctica hallan un regocijo,
lo mismo que el atleta se regocija con la ejecución de sus proezas musculares.
Y hay otro tipo de hombres que penetra en el templo para ofrendar su masa
cerebral con la esperanza de asegurarse un buen pago. Estos hombres son
científicos tan sólo por una circunstancia fortuita que se presentó cuando
elegían su carrera. Si las circunstancias hubieran sido diferentes podrían
haber sido políticos o magníficos hombres de negocios. Si descendiera un ángel del
Señor y expulsara del Templo de la Ciencia a todos aquellos que pertenecen a
las categorías mencionadas, temo que el templo aparecería casi vacío. Pocos
fieles quedarían, algunos de los viejos tiempos, algunos de nuestros días.
Entre estos últimos se hallaría nuestro Planck. He
aquí por qué siento tanta estima por él” (Del prólogo de “¿Adónde va la
ciencia?” de Max Planck –
Editorial Losada SA).
También existen quienes
utilizan la ciencia en la búsqueda de cierto prestigio personal, ya sea porque saben
muy poco o bien porque tienen conocimientos aceptables sobre el tema. Los
primeros son, generalmente, los pseudo científicos. Los segundos son los que se
oponen a cualquier intento de innovación científica, ya que pocos les interesa
la verdad y no aceptan que otros puedan descubrirla. Son los que se “negaron a
mirar por el telescopio” cuando Galileo se los ofreció, porque la innovación
derriba sus creencias particulares. Imitan a los científicos confundiendo la
crítica científica con la oposición irracional y destructiva.
Respecto de la pseudo ciencia,
Mario Bunge escribió: “¿Qué es lo malo de la pseudo
ciencia? No sólo ni precisamente el que sea básicamente falsa, puesto que todas
nuestras teorías factuales son, a lo sumo,
parcialmente verdaderas. Lo malo de la pseudo ciencia es, en primer lugar, que
se niega a fundamentar sus doctrinas
y que no puede, además, hacerlo porque rompe totalmente con nuestra herencia
científica –cosa que, por cierto, no ocurre en las revoluciones científicas,
todas las cuales son parciales, puesto que toda nueva idea tiene que estimarse
por medio de otras que no se ponen en discusión en el contexto dado. En segundo
lugar, que la pseudo ciencia se niega a someter
a contraste sus doctrinas mediante la experimentación propiamente dicha;
además, la pseudo ciencia es en gran parte incontrastable, porque tiende a
interpretar todos los datos de modo que sus tesis queden confirmadas ocurra lo
que ocurra; el pseudo científico, igual que el pescador, exagera sus presas y
oculta o disculpa todos sus fracasos.”
“En tercer lugar, que la pseudo ciencia carece de mecanismo autocorrector: no puede
aprender nada ni de una nueva información empírica (pues se la traga sin
digerirla), ni de nuevos descubrimientos
científicos (pues los desprecia), ni de la crítica científica (pues la rechaza
con indignación). La pseudo ciencia no puede progresar porque se las arregla
para interpretar cada fracaso como una confirmación, y cada crítica como si
fuera un ataque. Las diferencias de opinión entre sus sectarios, cuando tales
diferencias se producen, dan lugar a la fragmentación de la secta, y no a su
progreso. En cuarto lugar, el objetivo primario de la pseudo ciencia no es
establecer, contrastar y corregir sistemas de hipótesis (teorías) que reproduzcan
la realidad, sino influir en las cosas y en los seres humanos: como la magia y
como la tecnología, la pseudo ciencia tiene un objetivo primariamente práctico, no cognitivo, pero, a diferencia de la
magia, se presenta ella misma como ciencia y, a diferencia de la tecnología, no
goza del fundamento que da a ésta la ciencia” (De “La Investigación Científica”
– Siglo XXI Editores)
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