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«...Quiero
hacer una ofrenda de incienso en el templo de Apolo
-¿A esta hora?
-Los dioses no conocen horarios
-¿Que te mueve a tanta devocion?
-Un lugubre presagio. En pleno vuelo un cisne se estrello contra la entrada
del macellum y canto con voz plañidera. Rufo dice que eso significa
desgracia
-Rufo es un hombre sabio- replico Verecundo- ¡Pero por Apolo! ¿Que
necesidad tiene de emitir presagios?
-¿No crees en los vaticinios? Inquirio Afrodisio con cautela
-No en los de cisnes ni de visceras de animales sacrificados
-Sin embargo, presagios similares anunciaron la muerte del divino Cesar.
Verecundo cogio el brazo del muchacho. -Creeme, Afrodisio, el divino Cesar
hubiera muerto bajo las dagas de sus asesinos, aun sin esos presagios...»
Philipp
Vandenberg, "El pompeyano", cap. I
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