Por
encima de la bruma que ahora formaba cuerpo con la tierra, emergian las torres
de Pompeya, los techos de tejas rojas, las columnatas imponentes de los templos
del Foro y del Arco de Triunfo, coronadas de estatuas.
A lo lejos, las montañas, limpias de niebla, mostraban sus contornos
bajo los cambiantes colores de la aurora.
La nube que tanto tiempo permaneciera en las alturas del Vesuvio, se disipo
de pronto, y el monte, orgulloso y pelado, parecio sonreir a las bellas campiñas
que le rodeaban.
Por las puertas de la ciudad, abiertas desde muy temprano, penetraban sin cesar jinetes y carros, asi como grupos de peones que gozosos se esparcian por las calles, que pronto, henchidas de vecinos y forasteros, movian gran algazara"
B. Lytton