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Es
la quinta hora del dia. Su padre ha salido hacia el Foro para cumplir
con sus negocios. Su madre dispone los preparativos para la cena dando
indicaciones a la servidumbre.
En
la casa se oyen los ruidos habituales de la mañana; apenas se escuchan
los ruidos de la calle barullera y risueña, escurriendose canciones
de musicos ambulantes y la vociferante algazara de los mercaderes encandilando
con el embrujo de sus exoticas mecancias llegadas apenas ayer al puerto de
Pompeya
El
constante murmullo de colmenar no llega a la joven que, abstraida, aspira
con fruicion unas flores. Embelesada, apenas presta atencion a su pequeña
hermana que se queja por que los pajaros no acuden hoy a su convite.
La
joven se ha vestido esplendidamente esa mañana, una cadena de oro ciñe
su esbelto talle y un brazalete tambien de oro asoma en su tobillo; en instantes
se cubrira con velo tejido con hilos del mismo precioso metal y saldra por
la puerta, acompañada de una criada... se dirige hasta el Cuartel de
los Gladiadores, y en ese ambito que rezuma masculinidad, austero aspero se
encontrara -¡por fin!- con aquel heroe de la arena, objeto de adoracion
de sus amigas que compiten por una palabra suya, que se desviven por coquetear
y seducirlo...
¡Que
de envidiosos comentarios despertara entonces cuando se pavonee de su conquista
ante sus amigas! ¿Acaso le dedicara -a ella, solamente- su proximo
triunfo en el Anfiteatro?
Pero
¡Ay! algo absurdo sucede entonces, estando ya el monastico cuarto de
ese semidios, casi se diria una disparatada, increible broma. Otro fastidioso,
inoportuno temblor llena el recinto de fino polvillo y estremece los muros,
si no fuera por la intranquilidad del momento, podria haber significado una
excelente excusa para abrazarse al campeon, buscando asustada su proteccion
entre sus brazos. Pero juzgan conveniente salir al gran patio, no sea cosa
que los hieran pedazos de mamposteria. Sin embargo, algo excepcional ocurre
ese dia, una copiosa lluvia de cenizas cae sobre ellos y otra gran cantidad
de gente que despavorida se ha congregado en el mismo lugar mirandose los
unos a los otros desconcertados y preguntandose de que se trata este insolito
fenomeno. La montaña truena y el mediodia se convierte de repente en
noche, se hace dificil respirar ante semejante aluvion de piedras y detritus,
entonces vuelven a refugiarse dentro, al amparo de un techo...
Y
bajo este mismo techo, esperaran, sin sospechar que se tratara de una larga
union de dieciseis siglos... hasta que el pico de un obrero ponga al descubierto
aquel secreto y antiguo rendez-vous. Apenas quedaran de su celo por parecer
bella sus inutiles brazaletes de oro y, pegados a sus despojos, sucios y manchados
trozos de aquella tunica que alguna vez reflejo radiante, los rayos de un
sol de hace casi dos mil años
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