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Pompeya...
¿que no se ha dicho ya sobre ella? ¿que no se ha escrito? Pompeya
siempre fascina, siempre es noticia y constantemente nuevos y mas perfectos
documentales nos informan de descubrimientos y resultados de investigaciones.
Pompeya
es, sencillamente, fascinante y es fascinante por su historia y por lo que
hoy vemos de ella.
Millones de personas en los dos ultimos siglos han sucumbido a su irresistible
seduccion. Millones de personas la conocieron por su fantastico y apocaliptico
fin.
Pompeya
simboliza en el imaginario colectivo la clasica historia de una bella, rica
y despreocupada sociedad clasica, con sus columnas, prados y jardines, templos
y residencias, en fin, el cuadro idilico de una Atlantida y la imaginacion
no puede menos que identificarla con la imagen -casi naif- de gente bella
y refinada vistiendo tunicas griegas y tocando la lira, hasta que un dia,
imprevistamente, la furia de la naturaleza aniquila todo ese mundo que queda
sepultado, tras una agonica destruccion: Pompeya constituye la perfecta imagen
del cine catastrofe.
Y
otra imagen surge de aquel insconciente colectivo: la idea ancestral del castigo
biblico que escarmienta ejemplificadoramente a pueblos entregados a la lujuria
y el lucro, a la crueldad y el egoismo: una Sodoma real y concreta, palpable.
Porque
Pompeya representa eso y mucho mas. Pompeya es el "Titanic" de hace
dos mil años: Majestuosa, opulenta y refinada, feliz refugio de ricos
aristocratas romanos y pujante, prospera ciudad comercial; abundante en trabajo
y placeres. Hasta que un dia, se diria en el cenit de su esplendor, se hunde
catastroficamente en las entrañas de la tierra y vuelve a resurgir,
casi intacta, algo deslucida, pero con la misma arrogancia y altivez con la
que supo alardear un dia.
¿Fue
Pompeya realmente aquella ciudad descansando placidamente en las laderas del
Vesubio que le servia de soberbio marco decorativo una imagen idilica, el
sueño, la ilusion anhelada de una sociedad casi perfecta?
Todos los elementos conducen a esta idea.
Edificada frente a la indescriptible belleza del golfo de Napoles, rodeada
de prados y viñedos, poblados de pastores y alegres quintas de recreo,
Pompeya, bajo su cielo azul representa aquella Arcadia mitica y soñada.
Y
se ha repetido hasta el cansancio la idea de que no cuesta demasiada imaginacion
volverla a poblar de sus habitantes, muebles y enseres. Y es verdad. Existen
en el mundo antiguo vestigios mas grandiosos de civilizaciones pasadas: Egipto,
Babilonia... la misma Roma, pero son ruinas casi deshumanizadas; impactantes,
es cierto, pero pareciera que quienes las construyeron hubieran sido fantasmas,
no seres humanos reales, de carne y hueso, a quienes nos cuesta revivir.
Pompeya en cambio, se nos presenta enteramente familiar e intima. Nos ofrece
generosamente visitar sus jardines tal cual fueron diseñados por sus
exquisitos dueños, sus tabernas y lupanares; sus templos, foros, teatros
y anfiteatro como si fueramos los protagonistas, como si fueramos los familiares
de aquellos que la habitaron, vivieron y sufrieron.
Y
el espiritu queda pasmado al contemplar, tan lejos en el tiempo, aquella civilizacion,
ordenada, pulcra y comoda; con sus calles pavimentadas y servicios de cloacas
y agua corriente; comodidades que hasta hace muy poco tiempo no fueron superadas
por muchisimas "modernas" ciudades, mucho mas atrasadas en el bienestar
de sus ciudadanos.
Habla
Pompeya a traves de sus famosos graffitis y asi escuchamos las voces, reclamos
y maldiciones de aquellas personas que trabajaron y se divirtieron en ella,
que pasearon por su foro, que asistieron a sus teatros y se relajaron en sus
termas; que, inclinados en sus lechos, degustaron, a la luz de candiles exoticos
manjares mientras escuchaban poesias y platicaban sobre politica, chismes
y novedades.
Y
tambien nos habla de su propio, diriase absurdo, fin. Aquel inesperado cataclismo
que sorprendio a esta buena gente ensimismada en sus ocupaciones y preocupaciones.
El vino en las anforas, el plato de aceitunas, la ropa por limpiar, aquella
fatal cita de amor en el Cuartel de los Gladiadores... su desconcierto y estupor
por esa interrupcion abrupta del quehacer cotidiano.
Es
como si de pronto, en la tranquilidad de nuestros hogares, estallara un huracan
incontrolable, denso y ardiente; que haga temblar las paredes y oscilar nuestras
lamparas, ¿que nos preguntariamos? ¿a donde iriamos? ¿que
recogeriamos? ¿a quien buscariamos? ¿tendriamos conciencia de
que apenas nos quedan minutos de vida? Cuantas y cuantas preguntas se habran
hecho aquellos cientos de pompeyanos que de pronto sufrieron aquel fenomeno
del cual ignoraban sus -fatales- consecuencias.
¿Que
pasaria con nuestros proyectos, odios y pasiones? ¿que hariamos si
supiesemos que, imprevistamente, dormiremos para siempre? ¿de que nos
arrepentiriamos, en que y quienes pensariamos? ¿que cosas habrian valido
o no la pena? ¿que cosas nos afligiria no haber hecho... haber declarado
nuestro amor por alguien? ¿no haber reido lo suficiente? ¿no
haber vestido aquella ropa por temor al ridiculo? ¿no ser y mostrarnos
autenticamente como somos o pensamos? ¿de no ser -en lo posible- todo
lo libres que pudieramos querido podido haber sido?
No.
Seguramente aquel cuadro idilico se ha magnificado. Entre los asombrosos hallazgos
de estos seres, en Herculano, se hallaron los restos de una jovencita intentando
proteger a una niña. Muy cerca habia una dama de origen patricio. Sus
despojos eran bien diferentes, mientras una delataba aquel origen y una vida
comoda y gratificante; la jovencita, una criada encargada de la custodia de
su hija revelaba un pasado duro, muy duro... por no decir terrible.
Empero, nuestro habitual sentimentalismo nos hace imaginar que aquella jovencita
habria sido rescatada por esta rica familia de algun patron cruel, quien la
habria explotado en el campo, o quizas que llegada hacia esas felices costa
en algun barco de esclavos de algun lejano pais hubiera encontrado refugio
(y la paz) en la calidez de aquella familia. ¿quien lo sabria?
No.
Seguramente no se trato de una sociedad perfecta: sus castas y su insensibilidad
quedan plasmadas en su esclavitud y sanguinarios espectaculos publicos.
De todos modos, Pompeya se nos muestra mucho mas amable y humana: la dama
dando una limosna a un pordiosero; la alegria de sus trabajadores, sus chistes
y "comics", sus musicos ambulantes; sus pasiones y perversiones
plasmadas en sus paredes rezuman alegria por vivir. Una vida sana y libre,
potente y aprovechada. Porque en Pompeya se moria mucho, y pronto.
Y
entonces aquella pequeña ciudad provinciana nos parece muchisimo mas
cercana en el tiempo a nuestros afectos y sentimientos, pues, ¿como
no conmoverse con los garabatos de los niños, o con aquella ternura
con que los enamorados estrenan su casa?, son nuestros propios sentimientos
los que vemos reflejados como asi tambien, nuestro gusto por rodearnos de
cosas bellas.
Esa es la gran leccion de Pompeya, no sentirnos ajenos y distantes con aquellos
seres, con quienes, finalmente, nos identificamos, nos reencarnamos...
Y
a proposito, nunca estuve en Pompeya; aunque a veces, y gracias a la sangre
de aquella bisabuela napolitana, he jugado con la idea de que, a traves de
un complicado juego de generaciones, algo de aquellos felices hombres, alguna
magica herencia, palpita en mi interior y por eso a veces, me imagino asomado,
espiando tras una columna del Foro viendolos, observandolos, escuchando sus
voces y risas y entonces algo estremece mi espiritu: Los he comprendido y
entendido, y por eso, manifiesto mi gratitud de la unica forma posible a la
distancia en el espacio y el tiempo, con este silencioso y emocionado homenaje.
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