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Año
tras año, siglo tras siglo, el humus se sumo a las cenizas, a las escorias,
a los restos y devoro incluso, pacificamente esta vez, la cima de algunos monumentos
del foro que emergian aun en algunos puntos.
A pesar de Plinio, a pesar de Tacito, el recuerdo de las ciudades del Vesuvio
se borro.
Las
leyendas populares conservaron la tradicion de ciudades magnificas, azotadas
por el fuego del cielo, como Sodoma y Gomorra en la Biblia.
Pero no se sabia nada mas.
Alli, donde antaño se extendia, por ejemplo la bella y feliz Pompeya,
descansaba en el fondo de la tierra algo cuyo nombre ya nadie conocia.
Cuando
se hablaba de ella, se decia civitas, la ciudad, y eso era todo.
Sobre esta gigantesca catastrofe va a pesar un silencio de dieciseis siglos.
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