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Hermosa,
dulce y suave amanecio al fin la aurora en la tremula superficie de las olas.
Dormian los vientos...; expiraba la espuma en el azul de aquel delicioso mar.
Por Oriente, ligeros vapores iban adquiriendo gradualmente los colores de rosa
anunciadores de la mañana. La luz iba a recuperar su imperio.
A
lo lejos veianse sobrios y macizos, pero tranquilos, los fragmentos rotos
de la nube destructora, orlados de bandas rojizas que, debilitandose mas y
mas, indicaban que las llamas aun rodaban de la montaña por los campos
abrasados.
Ya
no existian las blancas paredes ni las brillantes columnas que habian decorado
aquellas graciosas playas. Melancolica y triste aparecia la costa, coronada
ayer por las ciudades de Herculano y de Pompeya, joyas arrancadas para siempre
de sus engarces, arrebatadas a las caricias del mar sus hijas predilectas.
Siglos
y siglos extendera la poderosa madre sus azulados brazos; no las encontrara
ya, y gemira sobre las tumbas de sus dos hijas.
Los
marineros no saludaron la aurora con sus gritos de jubilo; habian tardado
tanto en llegar y estaban tan fatigados, que no tenian alientos para tan vivos
clamores de alegria.
Pero dieron gracias en silencio, despues de haber velado tan larga y horrible
noche.
Miraronse unos a otros, sonriendo; cobraron animo; conocieron de nuevo que
existia a su alrededor un mundo y un Dios en el cielo. Persuadidos de que
el momento de peligro habia pasado, los mas extenuados descansaron y se durmieron
dulcemente.
La barca se deslizaba rapida sobre la tersa superficie.
Otras lanchas aparecian en distintos parajes, llevando fugitivos, y tambien
ellas, ligeras, con sus blancas velas, bogaban silenciosamente...
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Un
marinero ligeramente adormecido en el puente, oyo un chapoteo en el agua,
como unapalpitacion de ondas. Entreabriendo perezosamente los ojos pareciole
ver a la popa de la barca, que surcaba rapidamente las ondas, un ave inmaculada
que flotaba sobre la blanca espuma y se desvanecia de subito en la onda azul.
El marinero volvio la cabeza, durmiose de nuevo y soño con su casa
poblada de niños...
B.
Lytton
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