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"...Una
claridad roja y viva alumbro de pronto el lugar. La volcanica montaña,
deslumbrante de siniestro resplandor, alzabase ancha y gigantesca cual columna
de fuego, incendiando el cielo y la tierra. Llameo su cumbre partida en dos,
mostrando dos monstruosas figuras, una frente a la otra, como demonios que se
disputasen el mundo.
La atmosfera aparecia color de sangre, y abajo, los valles, en medio de los
cuales se elevaba el Vesuvio, estaban sumidos en la oscuridad, excepto en tres
lugares por donde serpenteaban tres arroyos de lava derretida de un rojo vivo,
que rodaban lentamente hacia la ciudad condenada.
Sobre el monte que dominaba la mas ancha de aquellas corrientes se alzaba, una
especie de arco enorme e irregular, que cual nuevo Flegeton, vomitaba por su
boca terribles aguas hirvientes.
Resonaba sordamente
en el aire tranquilo el estruendo de las rocas desprendidas descendiendo de
la montaña y tinñendose de rojo en el horno de los arroyos y
flotando en su superficie restos terrorificos.
B.
Lytton
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"La
ceniza caia sobre los navios; a medida que se aproximaban se hacia mas calida
y mas densa; se veian tambien piedras pomez; guijarros negros quemados que
estallaban por el fuego; acababa de surgir un bajio y las rocas fundidas impedian
llegar a la orilla. Vacilo un instante: ¿Seria mejor volver hacia atras?
A su piloto, que se lo aconsejaba, le respondio: «La fortuna favorece
al valor; dirigete hacia donde mora Pomponianus». Plinio
el Joven
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