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En
tanto, en la aristocratica Herculano, residencia de poderosisimos personajes
la masa de lodo liquido continuaba avanzando; una vez llegada a la orilla,
avanzo doscientos metros sobre el mar. Ya no quedaban huellas de Herculano.
El gran templo de Cibeles, reconstruido con grandes gastos por Vespasiano,
la villa de la gens Pisonia, su incomparable coleccion de estatuas de bronce,
la biblioteca del filosofo Filodemo, el foro, los monumentos publicos, la
basilica o las estatuas ecuestres y los bronces que inmortalizaban a los miembros
de la familia Balbia, todo eso ya no existia.
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"-¡Oh,
desventura! ¡Oh, dolor! ¡Dios se adelanta para el Juicio,
hace bajar el fuego del cielo sobre los hombres! ¡Ay de vosotros,
los ricos, y los fuertes! ¡Ay de vosotros los portadores de fasces
de purpura! ¡Ay de vosotros , los que derramais la sangre de los
elegidos y os regocijais con las mortales convulsiones de los hijos de
Dios! ¡Ay de la ramera del mar! ¡Maldicion sobre ella! ¡Maldicion! Los
cristianos pasaron lentamente; brillaban sus antorchas en la tormenta
y sus voces, alejandose, repetian las amenazas y las solemnes amonestaciones
como uan profecia de desastre y aniquilamiento. Poco a poco, mortal silencio
volvio a reinar y las sombras invadieron de nuevo el templo..."
B. Lytton
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