|
"...Mas,
de pronto una sombra espesa empezo a extender de pronto sus impenetrables velos
sobre la ciudad condenada, y ante aquel obstaculo sin limites se detuvo y miro
a la montaña.
¡Oh, prodigio! Una de sus dos colosales crestas se estiraba y se movia
de derecha a izquierda, ondulando de repente en espiral. Luego, con un estruendo,
que no hay palabras para pintar, desprendiose de su abrasada base y rodo como
inmenso alud de fuego. Una humareda asfixiante invadio el cielo, la tierra y
el mar...
Sucedieronse sin interrupcion turbiones de cenizas, cada vez mas abundantes,
precipitandose en las calles con furor diabolico, sembrando la desolacion por
doquiera..."
B. Lytton |
|
|