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En
la casa de Paquius Proculus, siete niños jugaban en una habitacion. Al
desplomarse el primer piso los sepulto los escombros.
En
las proximidades se levantaba un edificio construido sobre un gran sotano
cuyos tres lados bordeaba un jardin. La boveda parecio constituir un abrigo
seguro para sus habitantes y alli se refugiaron, pero cuando semi asfixiados,
quisieron salir al jardin con la cabeza cubierta por lienzos, se hundieron
en las ceniza. Una joven que habia tratado de hallar ayuda y proteccion junto
a su madre, se apreto contra ella en su desesperacion.
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No
lejos de alli, en una empresa de lavanderia, propietarios y clientes sorprendidos
por la erupcion, hallaron la muerte. Fue en la calle cerca de las antiguas
termas vecinas al foro, meta de los que huian, donde las victimas fueron mas
numerosas. Entre ellas los fugitivos de ultima hora, los enfermos y los impotentes;
una mujer embarazada perteneciente a la buena sociedad perdio sin duda un
tiempo precioso recogiendo sus joyas, su plata y monedas de oro; luego, antes
de partir, tomo la precaucion de cerrar con llave la casa.
Ese retraso le resulto fatal. Cayo sobre la ceniza humeda al pie de la escalera
que llevaba a la calle.
Detras
de su cadaver se han encontrado los de una mujer y una niña de catorce
años. La mujer, sin duda de origen patricio, era delgada y esbelta.
En uno de sus dedos lucia dos bellos anillos de plata. Cerca de ella se encontraban
tres pares de pendientes y un centenar de monedas de plata, asi como dos vasos
de hierro. Antes de exhalar el ultimo suspiro la niña habia apoyado
la cabeza, cubiera por su vestido, sobre el brazo. Mas lejos un gigante, verdadero
atleta que acompañaba a las mujeres para protegerlas, habia caido de
espaldas, sin vida, incapaz de ayudar a sus señoras. Llevaba un anilo
de hierro en un dedo y en los pies sandalias, conservadas en parte.
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"Las
tinieblas los envolvieron otra vez, semejantes a un velo. ¡Era demasiado!
Glauco, rendido, desesperado al cabo, se refugio bajo una arcada rota del Foro,
se echo sobre las ruinas ardientes, y alli, estrechando a Ione contra su corazon...
espero, resignado, la muerte..."
B. Lytton |
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"Aqui
y alla, en el suelo, las cenizas llegaban a la altura de las rodillas y la hirviente
lluvia que vomitaba el volcan penetraba en las casas, impregnandolas de una
atmosfera sofocante.
En algunas partes, inmensos fragmentos de piedras caian sobre los techos de
las casas que se desmoronaban, convirtiendo las calles en confuso monton de
ruinas, obstruyendolas.
Bajo los escombros retorcianse los cuerpos espantosamente mutilados. Conforme
avanzaba el dia, se notaba con mas claridad el temblor de la tierra cuyo suelo
parecia huir bajo los pies, y ni carro ni litera, podian conservar mucho tiempo
el equilibrio."
B. Lytton |
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