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Luego
del terrible terremoto del 63 comenzo la reconstruccion de la ciudad. La reparacion
de los edificios publicos fue mas lenta que la de las casas particulares,
ya que estas acaparaban casi la totalidad de los arquitectos y la mano de
obra.
A menudo, las casas habian cambiado de propietarios que, no contentos con
rehacer la ornamentacion a su gusto, modificaban la disposicion original.
El
mejor ejemplo lo constituye la celebre villa de los Misterios, en el exterior
de la puerta de Herculano.
Su primera propietario vendio a desconocidos ese edificio de forma cuadrada,
rodeado de un peristilo que daba al mar, con su criptoportico y salon adornado
con pinturas que representaban ceremonias del culto a Baco.
Indiferentes a los valores artisticos, los nuevos dueños se interesaron
sobre todo en la importancia del emplazamiento.
Se supone que la mujer del primer propietario fue sacerdotisa de Dionisio
y que encontro la muerte durante el temblor de tierra. En un muro, se hallo
la caricatura de un hombre calvo, con la cabeza coronada de laureles y la
inscripcion: «Rufus». ¿Era el retrato del comprador?
Este
decidio convertir en granja la morada patricia. Sacrificando deliberadamente
magnificos frescos del segundo estilo pompeyano, los cubrio con pinturas realizadas
a la ultima moda.
Estas representaban arquitecturas irreales, rebuscadas, cargadas de ornamentos.
Simbolizan el cambio de estetica y el alejamiento de las formas sencillas
del arte helenico.
Sin embargo, el nuevo propietario sintio, mas que comprendio, que los frescos
representaban misterios que constituian un conjunto pictorico unico y los
conservo.
La villa tenia noventa habitaciones que permanecieron vacias, salvo la parte
reservada a los trabajadores agricolas y a los obreros ocupados en los trabajos
de restauracion.
En
la misma Pompeya, la reconstruccion y remodelacion de las habitaciones privadas
se hacia a buen marcha. Los funcionarios velaban para que todo lo que recordaba
la epoca prerromana, y en particular las inscripciones en lengua osca o samnita,
desapreciera.
El pasado estaba muerto. Los mas encarnizados eran, por supuesto, los romanos
que habian adquirido moradas antiguas que pertenecieron a pompeyanos emigrados.
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"...A
intervalos, el resplandor de los relampagos parecian rasgar la solida masa
de la nube y ofrecia a la vista formas extravagantes de hombres o de monstruos
que se perseguian en las tinieblas, empujandose unos a otros, aniquilandose
entre si.
Despues de aquellos combates, se esfumaban los fantasmas en caotico abismo
de sombras semejantes a gigantes, heraldos del terror y de la muerte...".
B.
Lytton
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La
bella joven apretaba su espejo
En
la Villa de los Misterios, desde hacia poco transformada en explotacion agricola,
la lluvia de cenizas sorprendio a tres mujers en la primera planta de la casa.
El techo y el suelo se desplomaron precipitandolas al nivel inferior; con
los miembros partidos murieron asfixiadas por las emanaciones sulfuricas.
Una de ellas, una joven muy bella, apretaba contra si un pequeño espejo
de bronce.
Los obreros ocupados en los trabajos de reparacion se refugiaron en el
subsuelo, donde murieron.
En el momento en que sintiendo la asfixia quisieron huir, la unica puerta
de salida se habia derrumbado. Una joven habia logrado abrirse camino hasta
la entrada de la villa, luego cayo vencida por la fatiga y los gases.
Un hombre, sin duda el portero, habia vagado de habitacion en habitacion,
antes de decidirse por un reducto exiguo, hermeticamente cerrado.
La muerte le sorprendio alli; su mano lleva aun un simple anillo de hierro
adornado con una cornalina que representa una silueta femenina. La villa estaba
semivacia: una parte de los ocupantes habia logrado huir, solo se encontraron
ocho cadaveres.
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