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"...De
vez en cuando las piedras mas enormes caian y, entrechocandose, se rompian en
innumerables pedazos haciendo saltar chispas que incendiaban todos los combustibles
encontrados a su paso.
Entonces se disipaba la oscuridad, y aquellas claridades intermitentes, se añadian
a las de las antorchas, prontamente apagadas por la lluvia y el viento y que
se habian encendido por los ciudadanos en las plazas publicas, en las encrucijadas,
en los porticos de los templos y en las avenidas del Foro.
Parecia
entonces mas amenazadora y sombria que nunca aquella doble oscuridad cuanto
que demostraba la impotencia de los esfuerzos humanos ante los elementos desencadenados.
Muchas
veces se encontraban grupos de fugitivos al resplandor de las antorchas; los
unos, procedentes de la ribera de la que el mar se habia retirado como espantado;
los otros, yendo hacia ella; los mas, huyendo hacia las afueras de la ciudad.
Sobre las encrespadas y mugientes olas del mar llovian piedras, fuego y cenizas...
Profundas tinieblas envolvian su seno, resultando el agua aun mas peligrosa
que la tierra
Aterrados,
perdidos y sin abrigo, se encontraban aquellos grupos, sin tiempo para hablar,
consultarse o discurrir, porque las avalanchas que caian del cielo apagaban
las antorchas bajo cuya luz vacilante distinguian mutuamente sus facciones."
B.
Lytton
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