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Fuga
ilusoria |
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Dos
niños pequeños con las manos enlazadas
En
el seno de este horror, intensamente presente en la actualidad, cuando se
visitan las ruinas de la ciudad y el Museo de Napoles , se desarrollaron escenas
emocionantes.
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«veianse
sus rostros palidos al azulado resplandor de los relampagos...»
B. Lytton
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Cerca
de la puerta de Nocera, tres familias se habian reunido para protegerse de los
lapillis primero, luego de las cenizas mezcladas con lluvia torrencial.
Intentaron salir. Un esclavo que avanzaba primero llevaba sobre el hombro un
saco, cargado probablemente con provisiones para el camino. Cayo bajo el peso
del fardo y por la fuerza del viento contra la que debia luchar.
Detras, dos niños pequeños con las manos unidas, llevaban una
teja o un trozo de hierro para protegerse. Una pareja les seguia con una niña.
La mujer cayo de rodillas apretando contra su boca un trozo de tela para intentar
protegerse de los vapores mortales. El hombre mayor que cerraba la marcha cayo
y trato desesperadamente de incorporarse, apoyandose en los dos brazos para
socorrer a los suyos o quizas para echarles una ultima mirada.
En tres horas, desde la diez de la mañana a la una del mediodia, la
muerte habia actuado sobre Pompeya.
En Herculano habia sucedido lo mismo pero de una manera un poco mas lenta:
entre la una y las seis de la tarde.
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"Entre
tanto, el gentio habia disminuido en las calles; todos trataban de ponerse
a salvo. Las cenizas empezaban a inundar las partes bajas de la ciudad. No
obstante, aqui y alli se oian los pasos de algunos fugitivos que corrian con
precaucion; veianse sus rostros palidos al azulado resplandor de los relampagos,
o bien a la luz de las antochas mediantes las cuales se esforzaban en asegurar
su marcha.
Mas a cada instante, las hirvientes aguas o las cenizas que caian, o el repentino
soplo de algun viento misterioso que se alzaba y moria al punto, apagaban
aquellas luces errantes, y, con ellas, la ultima esperanza de los que las
llevaban..."
B.
Lytton |
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«...trato desesperadamente de incorporarse, apoyandose en los dos
brazos para socorrer a los suyos o quizas para echarles una ultima mirada...» |
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