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En
la via de los Sepulcros que iba desde la villa de Diomedes a la puerta de
Herculano, al principio de la erupcion tenia lugar un banquete funebre.
Los asistentes estaban agrupados en el triclinio adornado con frescos realizados
a este efecto.
Murieron asfixiados sobre los lechos; mientras festejaban el entierro de su
pariente, era el suyo propio el que celebraban.
Muy cerca,
una mujer con brazaletes y pendientes adornados con perlas que llevaba un
niño, se refugio en un mausoleo rodeado de columnas; dos jovenes se
encontraban en el. El monumento se derrumbo sobre las cuatro infortunadas.
Siempre sobre
la via de los Sepulcros, delante de la puerta de Herculano, reinaba un desorden
indescriptible.
Presa del panico, la gente se empujaba y los cuerpos se amontonaban cerca
de la muralla.
Todos los que intentaban llegar al mar, entonces mas cerca de Pompeya que
hoy, debido a que la acumulacion de cenizas alejo la orilla, convergian hacia
ese punto, creyendo encontrar la salvacion.
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La
puerta de Herculano y el comienzo de la Via de los Sepulcros. Podemos imaginar
a la multitud enloquecida que pugnaba por escapar de la ciudad, caballos y
carros cubiertos de enseres y personas, envueltos en la oscuridad bajo una
espesa y ardiente lluvia de cenizas mientras se derrumbaban casas y muros
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"...Apresuraron
los pasos los tres, mientras llovian sobre sus cabezas cenizas calientes y
finas. Pero, ¡Ay! ¿Donde irian? Eran tan espesas las tinieblas,
que no veian nada delante de si.
Formidables detonaciones desgarraban el aire. La incertidumbre y el espanto
les rodeaban por todas partes, y la muerte de que se habia librado Glauco
le parecio que solo habia cambiado de forma para acrecentar el numero de sus
victimas..."
B.
Lytton
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| En
una casa de la calle Estabias, que tiene su umbral adornado con un bello
mosaico que representa a un perro y que subraya la advertencia: Cave canem
(cuidado con el perro), dos jovenes perdieron minutos preciosos mientras
buscaban sus joyas.
Los obreros
que trabajaban en la reconstruccion de las termas centrales tambien habian
huido.
Mas lejos,
en la casa cuyo atrio se adornaba con la estatua de un fauno danzante, verdadero
palacio que comprende salones y habitaciones en gran numero y un peristilo
cuyas veinticuatro columnas jonicas rodeaban el jardin, los ocupantes no podian
decidirse a abandonar sus riquezas. Con los ojos dilatados por el terror veian
como penetraba el lapilli en el compluvio y como rebotaba sobre la estatua
de bronce.
Casi todos se refugiaron en la casa. Precipitadamente, la dueña reunio
sus joyas mas valiosas: brazaletes de oro en forma de serpiente, anillos,
horquillas, pendientes, un espejo de plata y un saco lleno de oro. Luego se
dispuso a huir. Pero aterrorizada por las cenizas que caian, volvio a entrar
en el tablinum, habitacion de recepcion.
Apenas habia penetrado cuando el techo se desplomo sepultando a la desdichada
con sus tesoros. Los demas habitantes murieron asfixiados en sus refugios.
Confundidos en la adversidad, banqueros, dunviros, esclavos y servidores murieron
o huyeron.
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