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En pocos instantes
la villa del amante de la musica Lucius Herennius Florus, construida sobre
el flanco del Vesuvio frente a Pompeya, fue devastada. El temblor de tierra
del año 63 la habia dañado seriamente destruyendo su peristilo
de veinte columnas corintias. Precisamente se estaban haciendo los trabajos
de restauracion. Solo las salas comunes, la bodega y el lagar, estaban habitados.
El 24 de agosto
del año 79, las cubas estaban vacias y el vino del año anterior
vendido o sellado en las anforas.
El propietario de la casa se encontraba vigilando los trabajos de reparacion
en las habitaciones y en los baños. La lluvia de cenizas y de piedras
provoco el panico.
Bajo las sacudidas, la casa oscilaba sobre su base. El propietario, el intendente
y un esclavo, intentaron huir, pero en la oscuridad, intoxicados por los vapores
de azufre, regresaron y buscaron un refugio seguro.
Precipitadamente se reunio el tesoro de la casa, las joyas, las copas, las
crateras de plata repujada y mil piezas de oro nuevas que un esclavo de confianza
fue encargado de enterrar en el subsuelo de la villa.
Los gases
deletereos le habian precedido. El desgraciado se derrumbo y murio en medio
de las riquezas que habia transportado. Su mujer y dos de sus compañeros,
que se protegian el rostro con lienzos, corrieron la misma suerte en el patio
del lagar.
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Podemos
asi, imaginar a L. Albucius Celsus, su ultimo propietario, rodeado por su
familia, aterrados todos mientras sentian crujir bajo sus pies el pavimento
y abrir los ojos desorbitados ante esa densa y copiosa lluvia de cenizas que
caia por el compluvium formando una inmensa montaña sobre el impluvium
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El terrible
azote continuaba extendiendose. Mas alejada del Vesuvio que Herculano, Pompeya
sufria la lluvia de piedras y cenizas. ¿Como escapar? Los que disponian
de un caballo o de un carro se apresuraban a abandonar Pompeya.
Otros, los
mas numerosos, se refugiaban en los sotanos, bajo las bovedas, en reductos,
en espera del final de la pesadilla. Murieron asfixiados por los vapores deletereos
arrastrados por el viento.
Algunos robaron plata y objetos preciosos y cubriendose la cabeza con el manto,
un cojin, o con lienzos, se hicieron a la mar.
Antorchas y lamparas de aceite iluminaban debilmente la escena. Mientras
que los fugitivos se abrian camino a traves de la capa de lapilli, numerosos
pompeyanos continuaban muriendo asfixiados en la calle, victimas de los
vapores sulfuricos.
La ceniza humeda se pegaba a las piernas y los que no habian huido a tiempo
tuvieron un final atroz. Las escenas de horror que se produjeron fueron innumerables;
ningun hombre o animal pudo evitarlas.
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"...Aqui
y alla, en el suelo, las cenizas llegaban a la altura de las rodillas y
la hirviente lluvia que vomitaba el volcan penetraba en las casas, impregnandolas
de una atmosfera sofocante.
En algunas partes, inmensos fragmentos de piedras caian sobre los techos
de las casas que se desmoronaban, convirtiendo las calles en confuso monton
de ruinas, obstruyendolas.
Bajo los escombros retorcianse los cuerpos espantosamente mutilados. Conforme
avanzaba el dia, se notaba con mas claridad el temblor de la tierra cuyo
suelo parecia huir bajo los pies, y ni carro ni litera, podian conservar
mucho tiempo el equilibrio."
B.
Lytton
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