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Marco
Tulio Ciceron, fue orador, politico y literato. Habia nacido en Arpinas (106-43
a.C.), desempeño entre otros cargos los de cuestor, edil, pretor y,
por ultimo, consul. Descubrio la conspiracion de Catilina y lo acuso ante
el Senado en las famosas Catilinarias, hecho que le valio el titulo de Padre
de la patria; pero sus enemigos, sirviendose de maquinaciones, consiguieron
al poco tiempo que fuera desterrado a Tesalonica, donde vivio 17 años.
Llamado a Roma por Pompeyo, se hizo partidario de su protector, pero despues
de la batalla de Farsalia se sometio a Cesar. Posteriormente se declaro por
Octavio contra Antonio, a quien ataco con vehemencia en sus Filipicas. Antonio,
reconciliado con su rival, pidio la cabeza del orador, y Octavio fue lo bastante
cobarde para entregarsela.
Es
imposible determinar con exactitud el numero de sus discursos, pues apenas
paso un dia sin que hablase. Extraordinario dialectico, Ciceron arrastraba
consigo a cuantos escuchaban. Correctisimo en la diccion, examinaba cuidadosamente
el sentido propio y figurado de las palabras, hasta conseguir la exactitud,
armonia y precision maximas, con lo que dio gran riqueza y flexibilidad al
idioma. Sus obras pueden dividirse en cuatro partes: Discursos juridicos y
politicos, Tratados de retorica, Tratados de Filosofia y Correspondencia.
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Ciceron,
Roma, Museo Vaticano. Nuestro fondo: estatua procedente de Baiae
"Tomados
en conjunto, los ensayos filosoficos de Ciceron no llegan a mas que menguados
resultados. Lo mismo que su arte de gobierno, se adhieren con excesivo afan
a lo ortodoxo y tradicional. Tenia Ciceron toda la curiosidad de un cientifico
y toda la timidez de un burgues; incluso al ocuparse de filosofia seguia
siendo un politico que no queria perjudicar a ninguna eleccion. Recogia
las ideas de otros y a tal punto equilibraba los pros y contras que, al
cabo, salimos, luego de estar con el, por la misma puerta por donde entramos.
Solo hay una cosa que salva a estos opusculos: la sencilla belleza de su
estilo. ¡Que grato es el latin de Ciceron, que facuil de leer y con
que suavidad y transparencia fluye la corriente de su lenguaje! Cuando narra
sucesos conserva algo de la viveza de sus cautivantes discursos; cuando
describe a un personaje, lo hace con tal maestria que se lamenta de no tener
tiempo para ser el mas grande historiador de Roma".
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"...Su
increible vanidad se presenta aqui mas amable que en sus oraciones, en las
que parece que llevara consigo su propia estatua dondequiera que fuese; y,
sonriendo, confiesa que "mi propio aplauso es lo que tiene mas valor
para mi". Asegura, con enternecedora inocencia, que "si hubo nunca
un hombre ajeno a la vanagloria, ese soy yo".
Resulta divertido encontrar tantas cartas sobre dinero y que hable tanto de
sus numerosas casas. Ademas de sus modestas quintas de Arpino, Asturas, Puteoli
y Pompeya, Ciceron tenia una heredad en Formias valuada en 250.000 sestercios,
otra en Tusculo, que valia 500.000, y un palacio en el Palatino que le costo
3.500.000. Tal bienestar parece insultante en un filosofo.
Mas ¿Quien es tan virtuoso que pueda conservar su reputacion despues
de publicada su correspondencia intima? La verdad es que, a medida que avanzamos
en la lectura de estas cartas, su autor llega caso a hacersenos agradable.
No tenia mas defectos que nosotros y quiza tampoco mayor vanidad; incurrio
en el error de inmortalizarlos en una prosa perfecta.
En su faceta mejor, se nos aparece como un aplicado trabajador, un padre cariñoso
y un buen amigo.
Vemoslo en su hogar, amante de sus libros y sus hijos, y esforzandose por
amar a su mujer, la reumatica e irritable Terencia, cuya riqueza y elocuencia
se igualaban a las de el.
Eran demasiado ricos para ser felices; sus riñas y pendencias giraban
siempre en torno a cifras elevadas; al cabo, en su ancianidad, Ciceron se
divorcio de ella por alguna disputa de caracter economico.
De alli a poco se casaba con Publilia, que le atrajo por tener mas dinero
que años; mas como la nueva esposa llegara a mostrar antipatia por
su hija Tulia, se separo tambien de Publilia.
A Tulia le profeso inmenso amor, que iba mas alla de lo razonable; cuando
ella murio casi se volvio loco de pesar y quiso erigirle un templo, como a
una deidad. Tuvo aun la tristeza de perder tambien a su hija, entonces Ciceron
se inclino mas resueltamente que nunca a la esperanza de la inmortalidad personal.
Muchos años antes, en el "Sueño de Escipion", con
el que terminaba su "Republica", habia tomado de Pitagoras, Platon
y Eudoxo un mito complejo y elocuente de una vida allende la tumba en la que
los muertos buenos e ilustres gozaban de eterna dicha.
Pero en su correspondencia privada -aun en las cartas de condolencias por
la perdida de amigos- no hay alusiones a una vida despues de la muerte"
W.
Durant, "Historia de la civilizacion"
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