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Durante
sus juegos amorosos con su insaciable hermano, Agripina tuvo noticias de las
historias increibles que se desarrollaban en la peñascosa isla de Capri.
Gayo Cesar era huesped frecuente en aquella isla sin puerto, a la que solo
podia llegarse en pequeñas embarcaciones conducidas por diestros pilotos.
Tiberio habia convertido a Caprea, como se llamaba entonces la isla, en un
paraiso, pero solo por fuera. Lo que ocurria en el interior de las doce villas
y palacios recien construidos, en las rocas donde reverberaba el sol, en las
centelleantes grutas de aguas turquesas, dejaba a Agripina atonita y al parecer
le produjo una conmocion permanente de la que no pudo librarse en toda su
vida.
En
aquella epoca Tiberio Claudio Neron merecio de sus contemporaneos el mote
de Biberio Caldio Mero, el cual hacia alusion a sus inclinaciones de borracho,
homosexual y bebedor de vino puro.
Pero esta clase de chistes era harto peligrosa. "Jamas" -informa
Tacito- "vivieron los ciudadanos en mayor angustia y temor. Cada uno
trataba de cubrirse hasta de sus amigos mas intimos". Tan pronto Agripina
abandonaba su morada era seguida. Ella lo sabia. Y al regresar, su primera
tarea consistia en revisar la casa en busca de posibles e indeseables fisgones
y espias. Ya no se estaba seguro ni siquiera mientras se dormia. |
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Tito
Sabino, un noble romano que visitaba a menudo a Agripina, a quien compadecia
publicamente, fue tan perseguido por los espias del emperador, que en cierta
ocasion para informar a un amigo sobre las ultimas noticias truculentas de
Tiberio, lo llevo al dormitorio porque alli creia estar a salvo. Pero el cielorraso
tenia oidos: cuatro hombres apostados en el altillo escucharon a traves de
las juntas del techo artesonado la relacion del infortunado. Una carta al
emperador y Tito Sabino acabo su existencia en la prision.
Eran
particularmente temidas las tropas de esclavos que por aquel entonces recorrian
en todas direcciones la ciudad y la campaña en busca de tiernos y bellos
niños de ambos sexos -cuanto mas jovenes mejor- para llevarlos a las
mansiones de placer imperiales de Capri.
Si los padres se oponian a la entrega de sus hijos, los agentes se retiraban
sin decir palabra y a los pocos dias los niños desaparecian para siempre.
Los romanos conjeturaban acerca de lo que ocurria con ellos y se contaban
las cosas mas extrañas, pero pocos sabianla verdad. Agripina la conocio
por boca de su hermano.
El
atroz anciano de Capri era impotente y por esta razon trataba de mantener
encendida la ultima chispita de su sexualidad mediante las practicas mas depravadas.
La Gruta Azul, en la actualidad meta de millares de inocentes turistas, vio
escenas indescriptibles. Las antorchas fijadas a los muros de piedra adornados
con esculturas eroticas trocaban la boveda rocosa con su suelo cristalino,
en un mar centelleante y fulguroso. Alli nadaba Tiberio en medio de una manada
de bellos muchachitos a los que llamaba "mis pececitos" y que habian
sido adiestrados para chupar, morder y acariciar el pene de Su Majestad bajo
el agua. Igual procedimiento practicaba Tiberio fuera del agua, en sus mansiones
de placer, pero entonces utilizaba a lactantes que aun no habian sido destetados.
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En
la mesa, el libidinoso anciano preferia hacerse servir por precoces doncellas
desnudas y en su "salon de los sofas" contemplaba con apagado entusiasmo
todos los jeugos morbosos imaginables practicados por dos doncellas y un mancebo
o tambien por dos hombres y una muchacha..
Tiberio
debio inventar dos nuevos sustantivos para los ejecutantes de aquel espectaculo.
Los llamo spintria y sellaria.
En
todos los jardines y grutas de la isla el emperador habia instalado las llamadas
plazas de Venus, donde bellos mancebos y niñas caracterizados de faunos
y ninfas respectivamente, invitaban a hacer el amor.
En sus diversos dormitorios alternaban las esculturas y los cuadros que representaban
lascivas escenas del acto sexual. La pieza mas valiosa de esta coleccion era
un autentico Parrasio, el Boucher de la Antiguedad, cuyo valor era de un millon
de sestercios y reproducia a la heroina de Arcadia, Atalante, en el momento
de llevar a Meleagro al supremo extasis sexual con la boca y la lengua. Cuando
se saciaba de ver su coleccion, Tiberio se entrenia con la obra ilustrada
Figurae Veneris de la autora pornografica Elefantide, libro que tenia un lugar
permanente en su mesa de noche
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