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Meses
despues de la erupcion, agosto del del 79, la comision de investigacion entrego
su informe al emperador Tito. Establecia el balance exacto de la castastrofe.
Los investigadores recomendaban hacerse cargo de los sobrevivientes y reconstruir
las ciudades destruidas, salvo Pompeya, que quedo arrasada y Herculano sepultada.
Al año
siguiente, el emperador Tito visito Campania para estudiar la situacion. Fue
de la misma opinion que los senadores, de modo que la suerte de las dos ciudades
quedaba sellada para siempre.
Tito se encontraba
todavia en viaje, cuando le llego la noticia de que Roma habia sido devastada
por un incendio. El fuego habia durado tres dias y la mitad de la capital
estaba en cenizas. Tras el incendio, la peste producia muchos millares de
victimas por dia.
Esta nueva calamidad desvio por un momento la atencion de la catastrofe que
habia afectado a Campania, pero no por ello se olvido.
La tragica suerte de Pompeya y Herculano habia dejado profunda impresion en
todo el imperio.
Poetas y escritores contemporaneos aluden a ella, en una forma o en otra.
Estacio dedica un poema a la desaparicion de las dos ciudades. Segun el, Jupiter
habia arrancado las entrañas del Vesubio antes de proyectarlas al aire
y dejarlas caer sobre sus victimas.
Mas adelante, Estacio se pregunta a si mismo si las generaciones futuras creeran
que ciudades enteras pudieron quedar sepultadas con sus habitaciones, luego
agrega que un dia los campos verdes recubriran esos terrenos devastados.
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"Finalmente
la bruma negra se atenuo y se desvanecio como lo hace el humo; muy pronto
la verdadera luz del sol brillo; sin embargo, era livido, igual que cuando
se produce un eclipse. A los ojos aun temblorosos, todo se ofrecia bajo
un aspecto nuevo, cubierto como de nieve por una espesa capa de cenizas."
Plinio
el Joven, carta a Tacito
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