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El
Foro parecia un campo de batalla. Yacian en el centenares de personas. Se
abrio paso entre los cuerpos y se dirigio tambaleante hacia el templo de Jupiter,
del cual solo se habia derrumbado una columna.
Desde el interior manaban oscuras nubes de humo que se mezclaban afuera con
el polvo blanco-grisaceo de la piedra.
Como el redoble del tambor de un heraldo, al principio contenido y luego cada
vaz mas sonoro, un nuevo temblor se anuncio con ronco tronar. Afrodisio se
detuvo, miro a su alrededor en busca de auxilio, se sintio alzado por una
onda, y en seguida la vio avanzar cual una ola del mar en derechura al templo
de Jupiter, hacer embate sobre las gradas como contra la proa de una nave,
levantarlas hasta hacer estallar la escalera y romperla en pedazos como madera
quebradiza, golpear contra las columnas del portico y levantarlas con fuerza
incontenible.
El
grandioso y soberbio templo de Jupiter se encabrito como un potro atado a
la rienda, resistio un instante en esa posicion y luego, con mayor rapidez
de la que podia esperarse de tan colosal construccion, se derrumbo entre crujidos
y resoplidos. Una nube de polvo se elevo al cielo, el sol se ensombrecio y
Afrodisio empezo a rezar. Al principio lo hizo en voz baja, pero profirio
su oracion con iracundia: ¡Oh Jupiter Optimus Maximus, tu que arrojas
rayos y truenos con tu cetro, tu que permites el temblor de la tierra, el
viento y las olas, deja que esta ciudad viva!
Como
si Jupiter hubiera escuchado los ruegos del pompeyano se acallo el fragoroso
tronar de la tierra, pero perduraron los gritos, el estruendo fantasmagorico
de piedras aisladas que aun caian. Afrodisio solo pudo avanzar a duras penas.
El macellum, situado a la derecha, parecia haber soportado mejor el sismo.
Tal vez el arco de triunfo de Tiberio hubiera sobrevivido a la catastrofe,
pero en su caida el templo de Jupiter habia provocado el derrumbe de ese monumento.
Todo habia quedado convertido en montañas de escombros y detritos sobre
los cuales se cernian causticas nubes de polvo que penetraba hasta los pulmones,
y Afrodisio escupio una baba blanca.
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Pensar
en sus padres, en el patron siempre bondadoso con el, lo impulso a seguir
adelante. La calle del Foro estaba anegada. Las cañerias de plomo de
las termas ubicadas a la izquierda habian reventado, los poderosos atlantes
que sustentaban las artisticas bovedas de la entrada se habian hundido. Su
esperanza de que el temblor hubiera respetado las obras arquitectonicas menores
se vio frustrada.
No habia quedado piedra sobre piedra en el pequeño templo de la Fortuna
Augusta, y las moradas a lo largo de la calle de la Fortuna yacian convertidas
en ruinas, como aplastadas por un puño gigantesco.
Afrodisio
empezo a correr tanto como lo permitian sus piernas. La idea de que sus padres
pudieran estar sepultados bajo los escombros de la casa, vivos tal vez y a
la espera de socorro, acelero sus pasos, aun cuando cada uno era un tormento.
Tenia los píes desollados y en la canilla de la pierna derecha, una
profunda herida abierta.
Frente a la casa de Appio, mejor dicho, frente a las ruinas de la casa, dos
mujeres vociferantes se interpusieron en su camino y trataron de arrastrarlo,
imploraron su ayuda, le suplicaron que despejara los escombros con sus propias
manos, pero el joven se libro de ellas. El dolor, la impotencia y la desesperacion
pintados en los rostros de las dos mujeres le hicieron brotar lagrimas.
No recordaba
haber llorado jamas. "Como hijo de un esclavo te endureceras, te estamparan
una marca con un hierro candente y te convertiras en una herramienta dotada
de habla, habras de vivir alli donde se te indique, hacer lo que te recomienden,
podras ser flagelado cuando te acusen de mentir y el castigo de la ley sera
para ti mucho mas severo que para un ciudadano libre. Y aun cuando Seneca,
el viejo filosofo domestico del divino Neron, haya predicado miles de veces
que los esclavos tambien son seres humanos, tu seguiras siendo un individuo
inferior a quien le esta vedado usar toga".
Sintio que
los latidos del corazon ascendian a su garganta cuando doblo en la esquina
para tomar por la calle hacia Estabia. ¡Gracias a Jupiter, la casa todavia
estaba en pie! Solamente parecia haberse derrumbado la fachada. Sin embargo,
al acercarse mas, se percato de la densa humareda que salia por las ventanas
laterales. Las entradas (la morada de Sereno tenia dos; una privada y otra
que daba acceso al sector administrativo de la casa) estaban sepultadas. De
los escombros salia humo y propagaba un hedor nauseabundo.
No fue sino
entonces que advirtio que la casa oscilaba y temblaba, en forma lenta pero
constante, como la punta de un arbol muy alto. El piso superior con la galeria
circundante solo descansaba sobre las columnas del patio interior, el muro
frontal y lateral se habia derrumbado. La entrada lateral era la unica que
ofrecia aun acceso al interior.
-¡Padre!!
- clamo atormentado- ¡Madre! ¿Me escuchais?
Por toda respuesta le llego a traves de la angosta entrada el rumor del fuego
crepitante...
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"El
grandioso y soberbio templo de Jupiter se encabrito como un potro atado a
la rienda, resistio un instante en esa posicion y luego, con mayor rapidez
de la que podia esperarse de tan colosal construccion, se derrumbo entre crujidos
y resoplidos. Una nube de polvo se elevo al cielo, el sol se ensombrecio..."
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