El dueño de la villa adosada a las murallas de Pompeya era envidiado:
el largo portico se extendia 80 m. con 43 columnas y desde el, se podia admirar
y disfrutar de un panorama magnifico panorama hacia el mar: La curva del golfo,
su horizonte verde, navios y huidizos peces de plata disparados como saetas
hacia Capri, Procida e Ischia conformaban una esplendida vista cuando el sol
se hundia tras el horizonte.
Su
afortunado propietario, indudablemente tenia un gusto exquisito, tal como
lo demuestra su inmenso comedor de 6 por 8,80 metros: un verdadero sibarita,
cuyas paredes estaban alegre y adecuadamente decoradas con bacantes y satiros.
Pero
aquel dia, aterrados, mientras muros y columnas caian casi jocosamente qusieron
imitar a las figuras de Icaro y Dedalo representadas en otra pared y volar
hacia la salvacion.
De
su destino, nada se sabe. La agradable y gran residencia fue abandonada sin
contemplaciones y, 16 años despues, cuando el Vesubio tendio finalmente
su telon a la majestuosa vista panoramica nadie en la desierta villa estaba
para contemplar la escena final. |